Me llamo Carlos. Tengo veinte años y estoy en mi segundo año de carrera en Administración y Dirección de Empresas. Voy a la facultad con dos amigos que conozco desde el instituto, Cristian y Marcos. Ninguno teníamos muy claro qué hacer con nuestras vidas por lo que entre los tres elegimos esta carrera ya que era una para la que nos daba la nota, parecía tener salidas laborales decentes, y, sobre todo, queríamos vivir la vida universitaria los tres juntos. Con Cristian siempre he tenido más complicidad. Tenemos personalidades parecidas, pero aunque yo no me considere tímido, si puedo ser más callado o reservado, por lo que Cristian siempre me ha ayudado muchas veces dándome un empujón. A Marcos siempre le he considerado un gran tío, pero siempre ha ido un poco más por libre. Por ejemplo, cuando salíamos de fiesta, era el primero que se separaba del grupo en busca de alguna chica en lugar de pasar más tiempo entre nosotros.
Nuestros planes de colegueo universitario cambiaron cuando conocimos a Nerea y Silvia. Ellas se habían hecho amigas en la universidad y se sentaban juntas en cada clase. Como Marcos faltaba varias veces, ya sea porque el día anterior había estado de fiesta o simplemente porque no le apetecía ir, Cristian y yo empezamos a sentarnos con ellas para tontear un poco. Finalmente una cosa acabó llevando a la otra y los cuatro acabamos teniendo una relación con Cristian saliendo con Silvia y yo con Nerea. Silvia se parecía a Cristian. Era más directa, más lanzada, más de decir lo que pensaba sin filtros. Se picaban entre ellos, discutían juguetonamente y desde el principio se notaba que se gustaban. Nerea, en cambio, parecía más tímida. Al principio casi no hablaba. Respondía con monosílabos y sonrisas cortas. Pero cuando la conoces, cuando consigues que se suelte, es muy divertida y con una personalidad que no esperas. Las dos son muy guapas además, cada una a su manera. Silvia es morena y más delgada, mientras que Nerea es rubia y tiene más desarrollado el pecho.
Obviamente, en la universidad los cuatro pasábamos todo el tiempo juntos. Clases, descansos, sesiones de estudio en la biblioteca, comer en la cafetería…. A veces se nos unía Marcos a quien no parecía importarle que nos hubiéramos echado novias. Es más, parecía pasárselo en grande pinchándolas para ver cómo reaccionaban. A ellas Marcos no les caía demasiado bien. Creían que no se tomaba nada en serio, que era el típico heterobásico que solo pensaba en fútbol, fiesta y sexo. Pero le toleraban por cariño a nosotros. Alguna vez, en confianza, nos habían reconocido que era guapo, pero que era tan idiota que jamás se la presentarían a una amiga.
Pasó un año y todos avanzamos a segundo, incluso Marcos, que a pesar de todo cuando se ponía sacaba las cosas adelante. Podía pasarse todo el curso sin abrir un libro y luego repasar apuntes para aprobar casi todo. Nuestras relaciones sentimentales se mantuvieron iguales solo que cada vez eran más serias. Todo cambió el día que un profesor decidió mandar a toda la clase un trabajo donde debíamos simular una empresa, el cual se podía hacer en solitario o en grupos de hasta cinco personas. Obviamente, las dos parejas nos juntamos siendo cuatro en el grupo, pero a Cristian y a mi nos preocupaba Marcos. Aprobar exámenes de última hora podía hacerlo, ¿pero un trabajo de este tipo? Ni de broma, y si le plantaban un cero sacar el crédito de la clase podría volverse muy difícil. Como sus amigos, nos apiadamos de él y le propusimos a las chicas que se uniera a nosotros.
-¿En serio?- Preguntó Silvia poniendo los ojos en blanco.
-Está colgado. No tiene grupo. Me lo comentó ayer cuando íbamos a casa- Le dijo Cristian queriendo darle pena.
-Por algo será- Respondió Silvia-. Nadie lo quiere.
-Es nuestro amigo- Intervine ya que no me gustó oírle decir eso de que nadie lo quería-.
-Es un vago- Dijo Silvia-. No aportará ninguna idea, su parte la hará de mala manera y nos hará bajar la nota. Nos estáis pidiendo que saquemos peor calificación para que ese cabeza chorlito pueda aprobar.
Silvia resopló y miró a Nerea.
-¿Tú qué dices?
Nerea se encogió de hombros.
-No me cae bien. Pero tampoco me cae mal. Es Marcos. Le conocemos desde hace dos años. Sabemos cómo es. Si le decimos que tiene que trabajar, igual lo hace.
-Ya, seguro- Dijo Silvia-.
-Le dejaremos claro que esta vez es importante- Dijo Cristian-. O trabaja, o se queda fuera.
Silvia lo pensó un momento. Luego miró a Nerea que asintió. Era alguien que se sentiría demasiado culpable dejando tirado a alguien. Silvia se limitó a suspirar.
-Vale. Pero si no hace nada, no me pienso cortar. Y te haré responsable a ti- Dijo señalando a su novio.
Así que cuando Marcos llegó a clase, Cristian y yo nos acercamos y se lo propusimos.
-¿Trabajar en grupo? ¿Con vosotros cuatro? ¿Las dos parejitas?
-Sí- Dijo Cristian-. Pero tienes que trabajar. En serio, me estoy jugando el cuello por ti.
-Literalmente- Proseguí-. Yo estoy bien, aunque suspendamos creo a Nerea le ha gustado que defienda así a un amigo.
-Je, que gracioso. Bueno, ¿qué dices?- Preguntó Cristian a Marcos.
-Tranquilo, tío. Ya sabes que cuando quiero puedo. Os lo agradezco de verdad, no os voy a dejar tirados.
El proyecto se desarrolló sorprendentemente bien. Marcos fue, como era de esperar, el más errático de todos pero cumplió su promesa de esforzarse y de vez en cuando hasta ofrecía buenas ideas, por lo que las chicas no pudieron poner ninguna pega. La presentación iba a ser un lunes y para el viernes teníamos todo acabado, pero aún así quedamos para repasar que todo estuviera bien. La reunión se produjo en casa de Cristian el viernes por la tarde. Sus padres se iban a una boda y no volverían hasta el día siguiente al mediodía, por lo que teníamos la casa para nosotros solos. Alrededor de las 8 de la tarde lo teníamos todo preparado, así que recogimos todo y empezamos a sacar unas cervezas y pedimos unas pizzas para celebrarlo. La noche se fue alargando y empezamos a sacar juegos de mesa mientras que el alcohol pasó de cerveza a cosas un poco más fuertes del mini bar del padre de Cristian.
En un momento dado Silvia se levantó para ir al baño. Tardó un poco, pero cuando volvió, tenía una sonrisa rara. Era como si se aguantara la risa. Se sentó en el sofá al lado de Cristian.
-¿Qué?- Preguntó Cristian.
-Nada- Dijo Silvia, pero se rió
Marcos, que volvía de la cocina, anunció que no quedaba hielo y que iba a bajar a por más.
-Oye, que no vamos a pasarnos toda la noche bebiendo- Le dije.
-Hombre, pero una última copa habrá que echar. Sé que estáis deseando daros el lote, pero me he esforzado mucho, dejarme celebrarlo.
-Venga, tira de una vez- Le respondí. En verdad me lo estaba pasando bien y no tenía necesidad de que la noche acabara.
Cuando Marcos se marchó, Silvia se volvió a reír con más fuerza.
-Bueno, ¿qué pasa?- Insistió Nerea.
-He encontrado algo en el baño. En el armario de arriba. Un bote.
-¿Qué bote?- Preguntó Cristian.
-Viagra. De tu padre.
Cristian se puso rojo como un tomate.
-Joder, Silvia.
-¡No estaba cotilleando!- Se defendió riéndose-. Solo lo he visto mientras me lavaba las manos.
Nerea y yo nos reímos también
-No me lo puedo creer- Protestó Cristian.
-Oye no pasa nada- Dijo Silvia-. Es normal. Tu padre tiene una edad pero le tiene que seguir dando caña a tu madre, ja, ja, ja.
-Silvia, por favor.
-Vale, vale. -Silvia levantó las manos-. Pero...Se me ocurre una cosa.
-No- Dijo Cristian.
-Ni siquiera sabes lo que voy a decir.
-No quiero saberlo.
-Es una broma. Una broma inofensiva.
Yo me interesé.
-¿Qué tipo de broma?
Silvia sonrió.
-¿Y si le echamos una a Marcos en la bebida?
-¿Estás loca?- Dijo Cristian.
-Es una broma. Solo una pastilla. A ver qué pasa.
-No sé, tía- Dijo Nerea-. Eso puede ser peligroso. Estamos bebiendo alcohol y…
-No es peligroso. Es viagra. ¿Crees que los señores que se toman una no se han metido antes veinte copas antes? Marcos es un chaval joven, lo puede soportar bien
-No sé, Silvia. No me gustan estas bromas crueles- Contestó Nerea.
-No es cruel. Es una broma normal y corriente. ¿Piensas que Marcos se va a enfadar por tener una erección? ¿Cuántas veces nos ha tomado el pelo él a nosotros?
Los cuatro nos quedamos callados analizando la situación. A mi me parecía una idea interesante, y me preguntaba como reaccionaría Marcos cuando viera que de repente se le empezara a levantar. Viendo que nadie decía nada, Silvia reaccionó.
-Voy a por el bote.
-¡Silvia!- Gritó Cristian.
Pero ella no escuchó y volvió con una pastilla en la mano. Cristian suspiró.
-Vale. Pero como tengamos que ir a urgencias vamos a declarar todos en tu contra.
-No le va a pasar nada.
Nerea me miró y al ver que yo no tenía mucha cara de oposición, aceptó.
Marcos volvió un par de minutos con el hielo.
-¿Quién quiere otra?- Dijo mientras ponía hielo en su vaso.
-Yo- Dijo Silvia-. Pero me lo preparo yo, que tú siempre lo haces muy cargado.
-Como quieras.
Marcos le echó a Silvia unos hielos y esta empezó a servirse ron.
-Dame tu vaso y te echo- Le dijo a Marcos.
-Toma, pero a mí ponme un dedo más.
Silvia empezó a echar el ron en el vaso de Marcos y seguidamente terminó de llenar ambos vasos con cola. Aprovechando que Marcos dejó de mirarla un instante, echó la pastilla de viagra que tenía en la mano en su vaso.
-Toma.
-Gracias.
Marcos cogió el vaso y bebió. Un trago largo. Luego lo dejó en la mesa y se recostó en el sofá.
-Venga, seguimos jugando- Dijo Cristian mientras él también se preparaba una copa con ginebra.
-Sí, vamos- Añadí yo.
Empezamos una partida de trivial de chicos contra chicas, pero ninguno de nosotros cuatro prestaba atención al juego y todos mirábamos a Marcos de reojo. Realmente tenía mis dudas de que fuera a tragarse la pastilla porque pensaba que la notaría al entrar en su boca. Preguntaría que qué era eso, admitiríamos todo y nos reiríamos, pero hasta ese momento no había dicho nada, por lo que seguíamos esperando sin saber cuándo y si le haría efecto. Debieron pasar entre 15 y 20 minutos cuando Marcos empezó a hacer movimientos extraños en el sofá como ajustarse demasiadas veces el pantalón. Ahí me di cuenta que se había tragado la pastilla y que le estaba haciendo efecto.
-Pregúntale a Nerea- Dijo Cristian a Marcos señalando las cartas esbozando una sonrisa.
-Vale, vale- Marcos cogió una carta-. ¿En qué año...?
Se calló y se movió otra vez. Todos miramos a su entrepierna y su erección era ya tan evidente que se veía a través del pantalón. Nerea se tapó la boca con la mano y Silvia soltó una risita ahogada.
-¿Estás bien?- Preguntó Cristian con cierto tono de burla que Marcos no pudo detectar.
-Sí. Sí. Es que...No sé- Marcos se movió otra vez-. Creo que algo me ha sentado mal.
-Vaya, y yo que pensaba que realmente estabas disfrutando con este juego- Dijo Silvia provocando que nos tuviéramos que aguantar la risa.
-¿Qué?- Preguntó Marcos que no parecía prestarnos atención del todo.
-Nada, nada. Venga, pregunta.
Marcos leyó la pregunta y el juego continuó, pero él siguió bastante callado. Su incomodidad era claramente evidente, y tras un par de minutos Cristian le volvió a preguntar.
-Tío, ¿te pasa algo?
-No. Sí. No sé- Respondió Marcos que debía andar mareado entre la erección, la vergüenza y el alcohol-. Me voy al baño un momento.
Se levantó y no había opción de que no viéramos su erección totalmente marcada.
-¡Lo sabía!- Estalló Silvia, muerta de risa.
-Joder, tío- Dijo Cristian, que trataba de no burlarse pero tampoco podía aguantarse la risa.
-Pobre- Dijo Nerea, pero también se reía.
-Ten cuidado no te gires con brusquedad que me puedes dejar KO como me des en la cabeza- Le dije a Marcos, provocando la carcajada general.
Marcos ya empezó a detectar que esto no era una situación normal.
-¿Qué cojones me habéis hecho?
-¡Viagra!- Dijo Silvia partiéndose- ¡Te hemos echado una viagra en el ron!
Marcos nos miró a todos. Uno por uno. Y después de un segundo, se pasó la mano por la cara.
-Sois la hostia. ¿Sabéis el mal rato que he pasado? No os podéis imaginar lo que me duele ahora mismo.
-Perdona, tío- Dijo Cristian, todavía con una sonrisa-. Era una broma inocente.
-¿Inocente? Me habéis metido una puta viagra sin saberlo. ¿Y eso te parece inocente?
-Vale, vale, lo sentimos- Dije yo-. De verdad. Pero tampoco es para tanto. Es solo una pastilla, las toma todo el mundo.
-Me da igual. ¿Tú ves esto?- Dijo señalando su entrepierna-. Me duele. Me duele de verdad.
Nerea se levantó del sofá.
-¿Quieres que te traiga un vaso de agua?
-No. Quiero que esto se me baje. ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?
Silvia, que había dejado de reírse pero seguía con una sonrisa en la cara, se encogió de hombros.
-Pues... No sé. Vete al baño. Hazte una paja. Al eyacular deberías quedarte más tranquilo. Al menos es lo que le pasa a Cristian, ja, ja, ja.
Marcos la miró con cara de pocos amigos.
-¿En serio?
-Es lo lógico. Te la machacas un poco, te corres, y se te baja. A lo mejor con la viagra te tarda un poco más, pero ya no debería ser para tanto.
-Genial….
Cristian levantó las manos.
-Tío, es lo único que se me ocurre. O eso o aguantarte hasta que se te pase. Pero si dices que duele...
Marcos resopló. Miró a Nerea, que le observaba con una mezcla de pena y diversión, y también a mí, que tampoco tenía mucho que aportar.
-Vale. Vale. Me voy al baño- Dijo resignado-. Pero esto no ha terminado.
-¡Ánimo, campeón!- Le gritó Silvia cuando Marcos desapareció por el pasillo.
-¡Dale duro!- Añadió Cristian, riéndose.
-¡Trata de no pensar en nosotros!- Dije yo.
Nerea no continuó la broma pero se reía con cada comentario.
Oímos la puerta del baño cerrarse. Decidimos darle un poco espacio y nos quedamos en el salón comentando la situación, pero pasaron los minutos y Marcos no salía. Debieron pasar unos diez minutos cuando oímos un ruido sordo. Como si alguien hubiera dado un puñetazo a la pared.
-Se la va a dejar echa polvo a este ritmo- Susurró Cristian.
-Pobre, creo que nos hemos pasado- Dijo Nerea.
-De pobre nada. Si le hubiésemos propuesto hacérselo a Carlos o Cristian habría dicho que sí- Dijo Silvia.
En el baño se oían ruidos del grifo abriéndose, pasos, y algún que otro suspiro. Finalmente la puerta del baño se abrió. Marcos salió con el pelo revuelto y una expresión de desesperación. Cuando llegó al sofá todos lo vimos: la erección seguía ahí igual marcada.
-No puedo- Dijo, dejándose caer en el sofá-. No hay manera. Me he...Bueno, ya sabéis. Pero nada. Sigue igual. Y encima me duele más.
-¿Cómo que no puedes?- Preguntó Cristian.
-Que no puedo, tío. Lo he intentado. En serio. Pero no hay forma. Y tampoco ayuda que estéis todos ahí fuera pendientes de que me corra.
Silvia dejó de sonreír.
-Joder, lo siento. Pensaba que funcionaría.
-Pues no funciona- Marcos se pasó las manos por la cara-. Me duele mucho. En serio. Esto no es normal.
-Vale, vale- Dije poniéndome serio-. Siéntate y relájate. Ya se te bajará. Dale tiempo.
-¿Tiempo?- Marcos me miró con los ojos muy abiertos-. ¿Cuánto tiempo? Porque llevo así más de media hora y va a peor. Me duele de verdad, no es una broma.
-Pues no sé. Tiempo. Una hora. Dos. Se te acabará pasando.
-No quiero esperar dos horas. Quiero que se me baje ahora. ¿Y si me ha hecho algún efecto extraño?
-Es solo viagra. No es peligroso- Dijo Silvia que ya no sonaba tan segura.
-Eso dijiste antes. Y mírame.
-Habría que llevarlo al hospital- Dijo Nerea, que parecía la más preocupada-. En serio. Si le duele tanto y no se le baja, puede ser peligroso.
-¡Ni de coña!- Respondió Marcos, casi gritando-. No pienso ir al hospital con esto. ¿Te imaginas? Sentado en urgencias con todo el mundo viéndome, que un gracioso me haga una foto para redes sociales, y que venga un médico a pincharme la polla. Y una mierda.
-Pero Marcos…- Intentó protestar Nerea.
-He dicho que no.
-Además- Traté de aportar-, le hemos dado viagra sin su consentimiento. Eso es como drogar a alguien, como si le hubiésemos echado una pastilla a una chica en la discoteca. Podrían denunciarnos.
Silvia se quedó quieta.
-Joder, Carlos. No lo había pensado así- Dijo Silvia.
-La que has liado- Le respondió Cristian a su novia.
-¡No, no! -Silvia levantó las manos-. Fue idea mía, sí. Pero todos estuvisteis de acuerdo. Tú también, Cristian.
-Yo dije que no.
-Dijiste que no al principio pero luego dijiste que venga vale. Eso es estar de acuerdo.
-Bueno, da igual quién fue -Dije yo-. El caso es que ahora está así. Y si esto va a más, podemos tener un problema porque si Marcos quiere, nos denuncia. Y con razón.
-¿Denunciarnos?- Cristian me miró como si acabara de decir una locura-. ¿Cómo va Marcos a denunciarnos?
-Seguramente él no lo haría, pero tal vez en el hospital confiese sin querer cuando le pregunten y estos podrían dar parte. Yo que sé.
Entre el alcohol y la presión de la situación no sabía si lo que decía tenía algún sentido.
Mientras discutíamos, Marcos seguía incómodo en el sofá y respirando con fuerza.
-No puedo más- Dijo, con la voz entrecortada-. Lo siento. Pero no puedo tenerla metida así más tiempo.
Marcos se desabrochó el pantalón y se sacó la polla delante de todos nosotros, quedándose algo más aliviado. Los cuatro nos quedamos mudos al instante. Silvia se tapó la boca, Nerea abrió los ojos como platos, y Cristian y yo sufrimos una especie de golpe que solo los hombres podemos sentir. La polla de Marcos no solo estaba dura como una piedra. Era enorme. Fuera del porno solo he visto erecta la mía, pero claramente estaba por encima de la media. Varios centímetros más grande que la mía. Realmente me costaba entender como había logrado volverse a poner los pantalones al salir del baño.
-Hostia- Dijo Silvia, sin poder evitarlo.
Nerea no dijo nada, solo miraba, pero de una forma que a mí como novio suyo se me clavaba en el estómago.
Marcos nos miró a todos. Tenía la cara roja y una expresión de vergüenza que nunca le había visto.
-Ya- Dijo-. Ya lo sé. Pero es lo que hay. Tenerle metida dentro del pantalón hacía que me doliese mucho más. Al menos ahora siento algo de alivio.
Nos quedamos un instante en silencio asimilando la situación hasta que Silvia se pronunció-
-Pues…- Silvia se quedó pensando si continuar con lo que iba a decir. Miró la polla de Marcos y luego nos miró a los demás-. Se me ocurre una cosa.
-¿Qué?- Preguntó Cristian con agresividad como si presintiera lo que iba a decir.
-Que yo le haga una paja.
-¿¡Qué!?
-Que le haga una paja. A lo mejor si se la hace una chica, se excita más y se corre. Ya ha intentado él solo y no ha podido. Pero conmigo lo mismo es diferente.
-¿Estás loca?- Cristian estaba claramente enfadado-. ¿Tú? ¿A él?
-Pues no sé, ¿quieres hacerlo tú? Porque no te creo muy dispuesto, pero por mí adelante.
-¡Pero eres mi novia! No quiero que le hagas una paja a otro.
-Lo sé, pero también él es tu amigo y esto ha sido culpa mía. Bueno, nuestra. Y quiero arreglarlo.
-Silvia, no me jodas.
-Cristian, mírale- Silvia señaló a Marcos-. Dice que le duele y si no hacemos algo, vamos a acabar la noche en urgencias.
-Pues vamos al hospital, me da igual
-Ha dicho que no quiere, y le entiendo. No tiene que ser humillado así por nuestra culpa.
-No quiero que le hagas una paja a Marcos.
-¿Y qué quieres que hagamos entonces? ¿Tienes una idea mejor?
Cristian no respondió. Se pasó las manos por la cara. Miró a Marcos y este le devolvió la mirada con una expresión sentirlo pero que no le parece mala idea. Cristian no dijo nada pero puso cara de resignación.
-Vale- Dijo Silvia agarrando a Marcos de la mano-. Vamos a la habitación.fin del primer capitulo
Nuestros planes de colegueo universitario cambiaron cuando conocimos a Nerea y Silvia. Ellas se habían hecho amigas en la universidad y se sentaban juntas en cada clase. Como Marcos faltaba varias veces, ya sea porque el día anterior había estado de fiesta o simplemente porque no le apetecía ir, Cristian y yo empezamos a sentarnos con ellas para tontear un poco. Finalmente una cosa acabó llevando a la otra y los cuatro acabamos teniendo una relación con Cristian saliendo con Silvia y yo con Nerea. Silvia se parecía a Cristian. Era más directa, más lanzada, más de decir lo que pensaba sin filtros. Se picaban entre ellos, discutían juguetonamente y desde el principio se notaba que se gustaban. Nerea, en cambio, parecía más tímida. Al principio casi no hablaba. Respondía con monosílabos y sonrisas cortas. Pero cuando la conoces, cuando consigues que se suelte, es muy divertida y con una personalidad que no esperas. Las dos son muy guapas además, cada una a su manera. Silvia es morena y más delgada, mientras que Nerea es rubia y tiene más desarrollado el pecho.
Obviamente, en la universidad los cuatro pasábamos todo el tiempo juntos. Clases, descansos, sesiones de estudio en la biblioteca, comer en la cafetería…. A veces se nos unía Marcos a quien no parecía importarle que nos hubiéramos echado novias. Es más, parecía pasárselo en grande pinchándolas para ver cómo reaccionaban. A ellas Marcos no les caía demasiado bien. Creían que no se tomaba nada en serio, que era el típico heterobásico que solo pensaba en fútbol, fiesta y sexo. Pero le toleraban por cariño a nosotros. Alguna vez, en confianza, nos habían reconocido que era guapo, pero que era tan idiota que jamás se la presentarían a una amiga.
Pasó un año y todos avanzamos a segundo, incluso Marcos, que a pesar de todo cuando se ponía sacaba las cosas adelante. Podía pasarse todo el curso sin abrir un libro y luego repasar apuntes para aprobar casi todo. Nuestras relaciones sentimentales se mantuvieron iguales solo que cada vez eran más serias. Todo cambió el día que un profesor decidió mandar a toda la clase un trabajo donde debíamos simular una empresa, el cual se podía hacer en solitario o en grupos de hasta cinco personas. Obviamente, las dos parejas nos juntamos siendo cuatro en el grupo, pero a Cristian y a mi nos preocupaba Marcos. Aprobar exámenes de última hora podía hacerlo, ¿pero un trabajo de este tipo? Ni de broma, y si le plantaban un cero sacar el crédito de la clase podría volverse muy difícil. Como sus amigos, nos apiadamos de él y le propusimos a las chicas que se uniera a nosotros.
-¿En serio?- Preguntó Silvia poniendo los ojos en blanco.
-Está colgado. No tiene grupo. Me lo comentó ayer cuando íbamos a casa- Le dijo Cristian queriendo darle pena.
-Por algo será- Respondió Silvia-. Nadie lo quiere.
-Es nuestro amigo- Intervine ya que no me gustó oírle decir eso de que nadie lo quería-.
-Es un vago- Dijo Silvia-. No aportará ninguna idea, su parte la hará de mala manera y nos hará bajar la nota. Nos estáis pidiendo que saquemos peor calificación para que ese cabeza chorlito pueda aprobar.
Silvia resopló y miró a Nerea.
-¿Tú qué dices?
Nerea se encogió de hombros.
-No me cae bien. Pero tampoco me cae mal. Es Marcos. Le conocemos desde hace dos años. Sabemos cómo es. Si le decimos que tiene que trabajar, igual lo hace.
-Ya, seguro- Dijo Silvia-.
-Le dejaremos claro que esta vez es importante- Dijo Cristian-. O trabaja, o se queda fuera.
Silvia lo pensó un momento. Luego miró a Nerea que asintió. Era alguien que se sentiría demasiado culpable dejando tirado a alguien. Silvia se limitó a suspirar.
-Vale. Pero si no hace nada, no me pienso cortar. Y te haré responsable a ti- Dijo señalando a su novio.
Así que cuando Marcos llegó a clase, Cristian y yo nos acercamos y se lo propusimos.
-¿Trabajar en grupo? ¿Con vosotros cuatro? ¿Las dos parejitas?
-Sí- Dijo Cristian-. Pero tienes que trabajar. En serio, me estoy jugando el cuello por ti.
-Literalmente- Proseguí-. Yo estoy bien, aunque suspendamos creo a Nerea le ha gustado que defienda así a un amigo.
-Je, que gracioso. Bueno, ¿qué dices?- Preguntó Cristian a Marcos.
-Tranquilo, tío. Ya sabes que cuando quiero puedo. Os lo agradezco de verdad, no os voy a dejar tirados.
El proyecto se desarrolló sorprendentemente bien. Marcos fue, como era de esperar, el más errático de todos pero cumplió su promesa de esforzarse y de vez en cuando hasta ofrecía buenas ideas, por lo que las chicas no pudieron poner ninguna pega. La presentación iba a ser un lunes y para el viernes teníamos todo acabado, pero aún así quedamos para repasar que todo estuviera bien. La reunión se produjo en casa de Cristian el viernes por la tarde. Sus padres se iban a una boda y no volverían hasta el día siguiente al mediodía, por lo que teníamos la casa para nosotros solos. Alrededor de las 8 de la tarde lo teníamos todo preparado, así que recogimos todo y empezamos a sacar unas cervezas y pedimos unas pizzas para celebrarlo. La noche se fue alargando y empezamos a sacar juegos de mesa mientras que el alcohol pasó de cerveza a cosas un poco más fuertes del mini bar del padre de Cristian.
En un momento dado Silvia se levantó para ir al baño. Tardó un poco, pero cuando volvió, tenía una sonrisa rara. Era como si se aguantara la risa. Se sentó en el sofá al lado de Cristian.
-¿Qué?- Preguntó Cristian.
-Nada- Dijo Silvia, pero se rió
Marcos, que volvía de la cocina, anunció que no quedaba hielo y que iba a bajar a por más.
-Oye, que no vamos a pasarnos toda la noche bebiendo- Le dije.
-Hombre, pero una última copa habrá que echar. Sé que estáis deseando daros el lote, pero me he esforzado mucho, dejarme celebrarlo.
-Venga, tira de una vez- Le respondí. En verdad me lo estaba pasando bien y no tenía necesidad de que la noche acabara.
Cuando Marcos se marchó, Silvia se volvió a reír con más fuerza.
-Bueno, ¿qué pasa?- Insistió Nerea.
-He encontrado algo en el baño. En el armario de arriba. Un bote.
-¿Qué bote?- Preguntó Cristian.
-Viagra. De tu padre.
Cristian se puso rojo como un tomate.
-Joder, Silvia.
-¡No estaba cotilleando!- Se defendió riéndose-. Solo lo he visto mientras me lavaba las manos.
Nerea y yo nos reímos también
-No me lo puedo creer- Protestó Cristian.
-Oye no pasa nada- Dijo Silvia-. Es normal. Tu padre tiene una edad pero le tiene que seguir dando caña a tu madre, ja, ja, ja.
-Silvia, por favor.
-Vale, vale. -Silvia levantó las manos-. Pero...Se me ocurre una cosa.
-No- Dijo Cristian.
-Ni siquiera sabes lo que voy a decir.
-No quiero saberlo.
-Es una broma. Una broma inofensiva.
Yo me interesé.
-¿Qué tipo de broma?
Silvia sonrió.
-¿Y si le echamos una a Marcos en la bebida?
-¿Estás loca?- Dijo Cristian.
-Es una broma. Solo una pastilla. A ver qué pasa.
-No sé, tía- Dijo Nerea-. Eso puede ser peligroso. Estamos bebiendo alcohol y…
-No es peligroso. Es viagra. ¿Crees que los señores que se toman una no se han metido antes veinte copas antes? Marcos es un chaval joven, lo puede soportar bien
-No sé, Silvia. No me gustan estas bromas crueles- Contestó Nerea.
-No es cruel. Es una broma normal y corriente. ¿Piensas que Marcos se va a enfadar por tener una erección? ¿Cuántas veces nos ha tomado el pelo él a nosotros?
Los cuatro nos quedamos callados analizando la situación. A mi me parecía una idea interesante, y me preguntaba como reaccionaría Marcos cuando viera que de repente se le empezara a levantar. Viendo que nadie decía nada, Silvia reaccionó.
-Voy a por el bote.
-¡Silvia!- Gritó Cristian.
Pero ella no escuchó y volvió con una pastilla en la mano. Cristian suspiró.
-Vale. Pero como tengamos que ir a urgencias vamos a declarar todos en tu contra.
-No le va a pasar nada.
Nerea me miró y al ver que yo no tenía mucha cara de oposición, aceptó.
Marcos volvió un par de minutos con el hielo.
-¿Quién quiere otra?- Dijo mientras ponía hielo en su vaso.
-Yo- Dijo Silvia-. Pero me lo preparo yo, que tú siempre lo haces muy cargado.
-Como quieras.
Marcos le echó a Silvia unos hielos y esta empezó a servirse ron.
-Dame tu vaso y te echo- Le dijo a Marcos.
-Toma, pero a mí ponme un dedo más.
Silvia empezó a echar el ron en el vaso de Marcos y seguidamente terminó de llenar ambos vasos con cola. Aprovechando que Marcos dejó de mirarla un instante, echó la pastilla de viagra que tenía en la mano en su vaso.
-Toma.
-Gracias.
Marcos cogió el vaso y bebió. Un trago largo. Luego lo dejó en la mesa y se recostó en el sofá.
-Venga, seguimos jugando- Dijo Cristian mientras él también se preparaba una copa con ginebra.
-Sí, vamos- Añadí yo.
Empezamos una partida de trivial de chicos contra chicas, pero ninguno de nosotros cuatro prestaba atención al juego y todos mirábamos a Marcos de reojo. Realmente tenía mis dudas de que fuera a tragarse la pastilla porque pensaba que la notaría al entrar en su boca. Preguntaría que qué era eso, admitiríamos todo y nos reiríamos, pero hasta ese momento no había dicho nada, por lo que seguíamos esperando sin saber cuándo y si le haría efecto. Debieron pasar entre 15 y 20 minutos cuando Marcos empezó a hacer movimientos extraños en el sofá como ajustarse demasiadas veces el pantalón. Ahí me di cuenta que se había tragado la pastilla y que le estaba haciendo efecto.
-Pregúntale a Nerea- Dijo Cristian a Marcos señalando las cartas esbozando una sonrisa.
-Vale, vale- Marcos cogió una carta-. ¿En qué año...?
Se calló y se movió otra vez. Todos miramos a su entrepierna y su erección era ya tan evidente que se veía a través del pantalón. Nerea se tapó la boca con la mano y Silvia soltó una risita ahogada.
-¿Estás bien?- Preguntó Cristian con cierto tono de burla que Marcos no pudo detectar.
-Sí. Sí. Es que...No sé- Marcos se movió otra vez-. Creo que algo me ha sentado mal.
-Vaya, y yo que pensaba que realmente estabas disfrutando con este juego- Dijo Silvia provocando que nos tuviéramos que aguantar la risa.
-¿Qué?- Preguntó Marcos que no parecía prestarnos atención del todo.
-Nada, nada. Venga, pregunta.
Marcos leyó la pregunta y el juego continuó, pero él siguió bastante callado. Su incomodidad era claramente evidente, y tras un par de minutos Cristian le volvió a preguntar.
-Tío, ¿te pasa algo?
-No. Sí. No sé- Respondió Marcos que debía andar mareado entre la erección, la vergüenza y el alcohol-. Me voy al baño un momento.
Se levantó y no había opción de que no viéramos su erección totalmente marcada.
-¡Lo sabía!- Estalló Silvia, muerta de risa.
-Joder, tío- Dijo Cristian, que trataba de no burlarse pero tampoco podía aguantarse la risa.
-Pobre- Dijo Nerea, pero también se reía.
-Ten cuidado no te gires con brusquedad que me puedes dejar KO como me des en la cabeza- Le dije a Marcos, provocando la carcajada general.
Marcos ya empezó a detectar que esto no era una situación normal.
-¿Qué cojones me habéis hecho?
-¡Viagra!- Dijo Silvia partiéndose- ¡Te hemos echado una viagra en el ron!
Marcos nos miró a todos. Uno por uno. Y después de un segundo, se pasó la mano por la cara.
-Sois la hostia. ¿Sabéis el mal rato que he pasado? No os podéis imaginar lo que me duele ahora mismo.
-Perdona, tío- Dijo Cristian, todavía con una sonrisa-. Era una broma inocente.
-¿Inocente? Me habéis metido una puta viagra sin saberlo. ¿Y eso te parece inocente?
-Vale, vale, lo sentimos- Dije yo-. De verdad. Pero tampoco es para tanto. Es solo una pastilla, las toma todo el mundo.
-Me da igual. ¿Tú ves esto?- Dijo señalando su entrepierna-. Me duele. Me duele de verdad.
Nerea se levantó del sofá.
-¿Quieres que te traiga un vaso de agua?
-No. Quiero que esto se me baje. ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?
Silvia, que había dejado de reírse pero seguía con una sonrisa en la cara, se encogió de hombros.
-Pues... No sé. Vete al baño. Hazte una paja. Al eyacular deberías quedarte más tranquilo. Al menos es lo que le pasa a Cristian, ja, ja, ja.
Marcos la miró con cara de pocos amigos.
-¿En serio?
-Es lo lógico. Te la machacas un poco, te corres, y se te baja. A lo mejor con la viagra te tarda un poco más, pero ya no debería ser para tanto.
-Genial….
Cristian levantó las manos.
-Tío, es lo único que se me ocurre. O eso o aguantarte hasta que se te pase. Pero si dices que duele...
Marcos resopló. Miró a Nerea, que le observaba con una mezcla de pena y diversión, y también a mí, que tampoco tenía mucho que aportar.
-Vale. Vale. Me voy al baño- Dijo resignado-. Pero esto no ha terminado.
-¡Ánimo, campeón!- Le gritó Silvia cuando Marcos desapareció por el pasillo.
-¡Dale duro!- Añadió Cristian, riéndose.
-¡Trata de no pensar en nosotros!- Dije yo.
Nerea no continuó la broma pero se reía con cada comentario.
Oímos la puerta del baño cerrarse. Decidimos darle un poco espacio y nos quedamos en el salón comentando la situación, pero pasaron los minutos y Marcos no salía. Debieron pasar unos diez minutos cuando oímos un ruido sordo. Como si alguien hubiera dado un puñetazo a la pared.
-Se la va a dejar echa polvo a este ritmo- Susurró Cristian.
-Pobre, creo que nos hemos pasado- Dijo Nerea.
-De pobre nada. Si le hubiésemos propuesto hacérselo a Carlos o Cristian habría dicho que sí- Dijo Silvia.
En el baño se oían ruidos del grifo abriéndose, pasos, y algún que otro suspiro. Finalmente la puerta del baño se abrió. Marcos salió con el pelo revuelto y una expresión de desesperación. Cuando llegó al sofá todos lo vimos: la erección seguía ahí igual marcada.
-No puedo- Dijo, dejándose caer en el sofá-. No hay manera. Me he...Bueno, ya sabéis. Pero nada. Sigue igual. Y encima me duele más.
-¿Cómo que no puedes?- Preguntó Cristian.
-Que no puedo, tío. Lo he intentado. En serio. Pero no hay forma. Y tampoco ayuda que estéis todos ahí fuera pendientes de que me corra.
Silvia dejó de sonreír.
-Joder, lo siento. Pensaba que funcionaría.
-Pues no funciona- Marcos se pasó las manos por la cara-. Me duele mucho. En serio. Esto no es normal.
-Vale, vale- Dije poniéndome serio-. Siéntate y relájate. Ya se te bajará. Dale tiempo.
-¿Tiempo?- Marcos me miró con los ojos muy abiertos-. ¿Cuánto tiempo? Porque llevo así más de media hora y va a peor. Me duele de verdad, no es una broma.
-Pues no sé. Tiempo. Una hora. Dos. Se te acabará pasando.
-No quiero esperar dos horas. Quiero que se me baje ahora. ¿Y si me ha hecho algún efecto extraño?
-Es solo viagra. No es peligroso- Dijo Silvia que ya no sonaba tan segura.
-Eso dijiste antes. Y mírame.
-Habría que llevarlo al hospital- Dijo Nerea, que parecía la más preocupada-. En serio. Si le duele tanto y no se le baja, puede ser peligroso.
-¡Ni de coña!- Respondió Marcos, casi gritando-. No pienso ir al hospital con esto. ¿Te imaginas? Sentado en urgencias con todo el mundo viéndome, que un gracioso me haga una foto para redes sociales, y que venga un médico a pincharme la polla. Y una mierda.
-Pero Marcos…- Intentó protestar Nerea.
-He dicho que no.
-Además- Traté de aportar-, le hemos dado viagra sin su consentimiento. Eso es como drogar a alguien, como si le hubiésemos echado una pastilla a una chica en la discoteca. Podrían denunciarnos.
Silvia se quedó quieta.
-Joder, Carlos. No lo había pensado así- Dijo Silvia.
-La que has liado- Le respondió Cristian a su novia.
-¡No, no! -Silvia levantó las manos-. Fue idea mía, sí. Pero todos estuvisteis de acuerdo. Tú también, Cristian.
-Yo dije que no.
-Dijiste que no al principio pero luego dijiste que venga vale. Eso es estar de acuerdo.
-Bueno, da igual quién fue -Dije yo-. El caso es que ahora está así. Y si esto va a más, podemos tener un problema porque si Marcos quiere, nos denuncia. Y con razón.
-¿Denunciarnos?- Cristian me miró como si acabara de decir una locura-. ¿Cómo va Marcos a denunciarnos?
-Seguramente él no lo haría, pero tal vez en el hospital confiese sin querer cuando le pregunten y estos podrían dar parte. Yo que sé.
Entre el alcohol y la presión de la situación no sabía si lo que decía tenía algún sentido.
Mientras discutíamos, Marcos seguía incómodo en el sofá y respirando con fuerza.
-No puedo más- Dijo, con la voz entrecortada-. Lo siento. Pero no puedo tenerla metida así más tiempo.
Marcos se desabrochó el pantalón y se sacó la polla delante de todos nosotros, quedándose algo más aliviado. Los cuatro nos quedamos mudos al instante. Silvia se tapó la boca, Nerea abrió los ojos como platos, y Cristian y yo sufrimos una especie de golpe que solo los hombres podemos sentir. La polla de Marcos no solo estaba dura como una piedra. Era enorme. Fuera del porno solo he visto erecta la mía, pero claramente estaba por encima de la media. Varios centímetros más grande que la mía. Realmente me costaba entender como había logrado volverse a poner los pantalones al salir del baño.
-Hostia- Dijo Silvia, sin poder evitarlo.
Nerea no dijo nada, solo miraba, pero de una forma que a mí como novio suyo se me clavaba en el estómago.
Marcos nos miró a todos. Tenía la cara roja y una expresión de vergüenza que nunca le había visto.
-Ya- Dijo-. Ya lo sé. Pero es lo que hay. Tenerle metida dentro del pantalón hacía que me doliese mucho más. Al menos ahora siento algo de alivio.
Nos quedamos un instante en silencio asimilando la situación hasta que Silvia se pronunció-
-Pues…- Silvia se quedó pensando si continuar con lo que iba a decir. Miró la polla de Marcos y luego nos miró a los demás-. Se me ocurre una cosa.
-¿Qué?- Preguntó Cristian con agresividad como si presintiera lo que iba a decir.
-Que yo le haga una paja.
-¿¡Qué!?
-Que le haga una paja. A lo mejor si se la hace una chica, se excita más y se corre. Ya ha intentado él solo y no ha podido. Pero conmigo lo mismo es diferente.
-¿Estás loca?- Cristian estaba claramente enfadado-. ¿Tú? ¿A él?
-Pues no sé, ¿quieres hacerlo tú? Porque no te creo muy dispuesto, pero por mí adelante.
-¡Pero eres mi novia! No quiero que le hagas una paja a otro.
-Lo sé, pero también él es tu amigo y esto ha sido culpa mía. Bueno, nuestra. Y quiero arreglarlo.
-Silvia, no me jodas.
-Cristian, mírale- Silvia señaló a Marcos-. Dice que le duele y si no hacemos algo, vamos a acabar la noche en urgencias.
-Pues vamos al hospital, me da igual
-Ha dicho que no quiere, y le entiendo. No tiene que ser humillado así por nuestra culpa.
-No quiero que le hagas una paja a Marcos.
-¿Y qué quieres que hagamos entonces? ¿Tienes una idea mejor?
Cristian no respondió. Se pasó las manos por la cara. Miró a Marcos y este le devolvió la mirada con una expresión sentirlo pero que no le parece mala idea. Cristian no dijo nada pero puso cara de resignación.
-Vale- Dijo Silvia agarrando a Marcos de la mano-. Vamos a la habitación.fin del primer capitulo
0 comentarios - le metemos viagra en la bebida a escondidas a un amigo