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Compendio III
66: DEPURACIÓN Y PRUEBAS DE SOFTWARE +
- ¿Estás bromeando? - pregunté, atónito, después de que Cassidy me dijera que me desvistiera hasta quedar en calzoncillos.
Cassidy soltó una risita, mordiéndose el labio con una sonrisa depredadora.
• ¡No estoy bromeando, cielo! - respondió con ese sensual acento texano, su voz vibrando con una energía juguetona. - ¡Agradece que no te esté pidiendo más!
Para mi sorpresa, no se limitó a la orden; ella también empezó a desvestirse. Sus pantalones cortos de mezclilla y su crop top volaron a un lado con un movimiento experto de muñeca, dejándola en una tanga amarilla diminuta y un sujetador a juego que parecía estar hecho de poco más que cintas y buenos deseos.

Ya sabía que la elección de ropa de Cassidy no se debía solo a una actitud coqueta. Dentro de la bóveda de la computadora principal, el aire es opresivamente caliente, un calor espeso y estancado que se siente como entrar en una sauna. Aun así, mientras colgaba mi camisa, chaqueta y corbata en el perchero, no pude evitar desconfiar un poco de ella. Había entrado antes y el patrón era familiar: una excusa profesional conduce a un espacio apartado, lo que lleva a una repentina falta de ropa.
Especialmente cuando clavó sus ojos en mis abdominales y en la forma creciente bajo mis calzoncillos.
• ¡Es la temporada! - gorjeó, percibiendo mi escepticismo. Señaló con el dedo una luz de emergencia roja que parpadeaba rítmicamente contra las paredes blancas y estériles, un detalle que no había notado durante mi última visita.
Debajo, una seria etiqueta de advertencia corporativa se aferraba a la pared, recordando a todo aquel que entrara que, si la luz parpadeaba, se recomendaba precaución. Exigía que todo el personal informara si estaba trabajando solo y advertía que los turnos no debían exceder las dos horas sin la hidratación adecuada. La obsesión de la empresa con la seguridad era irónica, dado que la bóveda actualmente se sentía como un horno abandonado.

• ¿Esos preciosos informes de fin de año que tanto les gustan a ustedes, los chicos de la junta? -explicó Cassidy con un suspiro, su voz cortando el aire pesado. - ¡En este momento se están procesando justo aquí! ¡Toda la información de las computadoras está pasando por aquí!
Me impactó que las condiciones dentro de la bóveda reflejaran los entornos volátiles de los yacimientos mineros.
- ¡Guau! ¿Entonces realmente hay estaciones? - pregunté, genuinamente asombrado.
Se sentía como si la bóveda de servidores fuera algún planeta alienígena con su propio ecosistema sintético, una naturaleza digital donde el clima estaba dictado por el peso abrumador del procesamiento de datos.
Cassidy infló su atractivo pecho, con una expresión de orgullo genuino cruzando sus rasgos.
• ¡Ya lo creo! Al menos dos o tres veces al año. - canturreó. - Principalmente entre octubre y noviembre, y luego de nuevo de febrero a marzo. Ya sabes, cuando termina la temporada de impuestos y todo ese lío.
Y ahora, todo tenía sentido sobre por qué Cassidy era la elección perfecta para programadora jefa; haber nacido en Texas significaba que ya estaba condicionada al calor extremo y seco. Mientras yo sentía que estaba entrando en un horno, ella se movía con una gracia tranquila y rítmica, completamente imperturbable ante la atmósfera opresiva.

De hecho, cuando la pesada puerta de la bóveda de computadoras se abrió, el calor se sintió tan intenso como el escape de un horno. Cassidy, por otro lado, apenas si se inmutó.
• ¡Deja tu botella de agua lo suficientemente caliente para hacer té, osito! - bromeó ella, con los ojos bailando con un brillo picarón mientras me guiaba más adentro de la bruma reverberante de la bóveda.
A medida que avanzábamos por la neblina trémula de la bóveda, mi atención se desvió de la temperatura opresiva hacia el balanceo rítmico de las caderas de Cassidy. Había algo hipnóticamente seductor en su paso; el tanga amarillo que llevaba era apenas una sugerencia de tela, desapareciendo prácticamente en la profunda curva de sus glúteos con cada paso confiado. Me encontré siguiéndola ligeramente desde atrás, cautivado por la vista, hasta que su voz me devolvió a la realidad.

• ¡Deja de mirar, galán! - chirrió Cassidy, con su voz cortando la bruma opresiva. No disminuyó el paso ni cambió su zancada; al contrario, acentuó el balanceo rítmico de sus caderas, sabiendo exactamente cómo la delgada tira de tela amarilla se desvanecía en la profunda curva de su parte trasera. - ¡Ya habrá tiempo para coger después!
Sus palabras actuaron como un jarro de agua fría, desviando momentáneamente mi atención del ritmo hipnótico de sus caderas. A medida que nos adentrábamos en la bóveda, el aire se volvía más denso, brillando con una neblina visible que distorsionaba las filas de racks de servidores como un espejismo en el desierto. Intenté cambiar la conversación hacia algo profesional, aunque fuera solo para mantener la compostura.
- Cassidy, ¿Por qué no has informado a Cristina o a Edith sobre esto? - pregunté, sintiendo que las palabras pesaban en mi garganta mientras el calor empezaba a agobiarme. - Estoy seguro de que ayudarían.
Ella soltó un suave bufido de risa, y el sonido resonó contra el zumbido de los servidores.
• Cariño, ¡Esta habitación tiene el aire a tope! – respondió, como si fuera la cosa más lógica del mundo. - Cuando hicieron este edificio, lo diseñaron para albergar todas las plantas de minería bajo un mismo techo. Pero esos bastardos tacaños nunca pensaron que terminaríamos manejando más de cien.
- ¿Pero por qué quedarse aquí? - pregunté, abanicándome con la mano, aunque el gesto era inútil contra un calor que se sentía como un peso físico presionando mi piel. - ¿Por qué no mudarse a otro lugar? Seguramente la empresa puede permitirse una instalación que no intente cocinarnos vivos.
Nuevamente, ella bufó, divertida por mi ingenuidad.
• ¿Estás loco, terroncito? - preguntó ella, lanzando una mirada sobre su hombro que prometía problemas. - Justo ahora, este edificio tiene espacio de sobra para expandirse. Además, estar cerca del edificio corporativo nos permite detectar errores más rápido. Mover toda la granja de servidores sería una pesadilla logística; estaríamos desconectados durante semanas. La gerencia tendría un ataque al corazón antes de que se desenchufara el primer cable.
Finalmente regresamos a la misma terminal donde Cassidy había presentado la beta de su plataforma durante mi última visita. Esperaba que la estación estuviera vacía, una isla silenciosa de silicio y circuitos bajo el calor, pero al doblar la última fila de servidores, me di cuenta de que ya estaba ocupada.
- ¿Kaori? - pregunté, y mi voz sonó pequeña frente al zumbido monolítico de los bastidores de servidores.

• ¡Cierra la boca, bombón! ¡La geek de la computación está trabajando! - siseó Cassidy, mientras su mano subía rápidamente para cubrir mi boca con una presión juguetona y prolongada.
Me tomó unos segundos procesar realmente la imagen frente a mí. Kaori estaba despojada de su armadura habitual: esa vestimenta negra, unisex y extra-grande que servía como escudo corporativo, enmascarando todo, desde sus intenciones hasta su silueta. Verla en ropa interior fue como descubrir una galería secreta; llevaba un conjunto sencillo de sujetador y bragas en color gris carbón. La tela era utilitaria, carente de los encajes o cortes atrevidos que prefería Cassidy, pero la modestia de la prenda solo servía para resaltar la curva natural y encantadora de su cuerpo.
La forma en que sus pechos llenaban aquel sujetador color carbón era nada menos que encantadora. A pesar de su actitud corporativa, usualmente estoica, había en ella una suavidad innegable: una redondez gentil que parecía encarnar perfectamente el arquetipo de una waifu, mezclando una delicadeza inocente con una fuerza atlética oculta. De pie, bajo el calor reverberante de la bóveda, Kaori parecía menos una cazadora corporativa y más una escultura viviente de marfil y sombras.
• ¡Vaya, miren quién tiene una tienda de campaña montada! - La voz de Cassidy cortó el zumbido de los servidores, goteando un hambre lúdica y depredadora. No solo notó mi reacción; prácticamente la celebró, mientras su mirada descendía hacia donde mis bóxers luchaban por contener mi excitación. - ¡Y yo estoy empezando a tener antojo por comer carne!
Mi miembro dio un espasmo violento ante las palabras de Cassidy, una respuesta reflexiva al hambre pura de su voz. Conocía esa mirada; era la mirada de una mujer que veía mi excitación como una invitación personal a un banquete.
Pero, a pesar de no llevar puesto algo tan tentador como Cassidy, Kaori se veía más femenina de lo que jamás había percibido. Sin la armadura de sus trajes negros extra-grandes, su elegancia quedaba al descubierto; las suaves y juveniles curvas de su cuerpo y la simetría de sus rasgos ya no estaban ocultas por la sombra corporativa que solía habitar.
Sin embargo, noté algo más aparte de sus atractivas curvas: Kaori estaba equilibrando un bolígrafo horizontalmente sobre su labio superior, sujetándolo con una precisión delicada que imitaba un delicado bigote de tinta negra. Era una imagen surrealista: la asistente corporativa más temida de la empresa, una mujer capaz de congelar una sala de juntas con una sola mirada, fingiendo ser un caballero victoriano mientras escribía a una velocidad vertiginosa.

• ¡Es su manía! - susurró Cassidy, captando mi expresión de desconcierto y soltando un suspiro de complicidad. - Eso la ayuda a entrar en zona. Concentración total, cielo. El bigote es la puerta de entrada a su modo dios de la entrada de datos.
En efecto, Kaori seguía escribiendo con una intensidad rítmica y mecánica, completamente ajena a nuestra presencia. Parecía existir en un vacío de datos, con un enfoque tan absoluto que el calor reverberante de la bóveda y la proximidad de dos personas casi desnudas eran mero ruido de fondo.
- Pero, ¿No se suponía que tú estarías monitoreando...? - susurré, mirando la intensidad enfocada de la silueta de Kaori.
Había asumido que Cassidy sería quien supervisara la entrada de datos, o al menos quien vigilara el proceso.
• ¡Está ocupando a mi bebé para trabajar, Marco! - interrumpió Cassidy, cambiando su tono de juguetón a posesivo en un abrir y cerrar de ojos. - Si Kaori se mete con mi laptop bebé, la empresa tendrá que lidiar con ella después de que yo termine de arrancarle los dientes.
Vi el fuego intenso en los ojos de Cassidy; era un destello territorial que sugería que incluso Maddie, la de Recursos Humanos, con todas sus certificaciones en resolución de conflictos, habría tenido dificultades para mediar en un enfrentamiento entre estas dos.
o ¡Y listo! - finalmente exclamó Kaori, y esa exclamación triunfal hizo que el bolígrafo se cayera de sus labios y tintineara sobre la estación de trabajo. - ¡Ahora, Kaori! ¡Ejecuta la prueba!
Fue entonces cuando los ojos de Kaori se abrieron de par en par, las irises azul glacial y verde oliva expandiéndose en un destello sincronizado de asombro al notar, finalmente, mi presencia. Por un instante, pareció que hubiese visto un fantasma, con su postura congelada a mitad de un giro.
o ¡Marco! ¿Cuándo llegaste? - La voz de Kaori saltó, y su compostura se fracturó mientras procesaba la escena.

Su mirada me recorrió, comenzando por mi pecho desnudo y deslizándose hacia abajo, hasta la silueta inconfundible y pulsante que se tensaba contra la tela de mis bóxers. Se quedó gélida, con sus ojos heterocromáticos abriéndose en un destello sincronizado de shock.
Cassidy se burló de la reacción de Kaori con una sonrisa depredadora y cómplice.
• ¡Relájate! - gorjeó, mientras su mano se deslizaba sobre mi piel con una familiaridad posesiva, sus dedos danzando sobre mis abdominales antes de darle a mi entrepierna un apretón juguetón y prolongado. - ¡Traje al semental de la empresa para unas pruebas beta, cielo!
Kaori me miró con los ojos muy abiertos, su mirada heterocromática clavada en la silueta pulsante que se tensaba contra mis bóxers. Sentí un impulso instintivo de cubrirme, una súbita oleada de vergüenza que chocaba con la excitación masculina y cruda que estaba experimentando. Sin embargo, Cassidy leyó la situación mejor que yo.
• ¡Aww, cariño! - arrulló Cassidy, su acento tejano mezclando un consuelo genuino con un filo de burla. - ¿Te pusiste nerviosa porque este grandulón atrapó tu manía? ¡No te preocupes, cielo! ¡Este cabeza dura tiene sus propias manías enormes!
Yo no me había dado cuenta de que Kaori había estado hablando consigo misma, dejando escapar su diálogo interno en un momento de enfoque triunfante. Ahora, permanecía allí, su mirada heterocromática moviéndose de un lado a otro entre Cassidy y yo en una danza rítmica y confundida. Parecía estar evaluando el nivel de confianza entre nosotros, o quizás calculando la naturaleza exacta de la cercanía que Cassidy y yo compartíamos. Pero a medida que sus ojos derivaban inevitablemente hacia abajo, el cálculo cambió. La curiosidad era palpable; no solo estaba mirando, estaba evaluando la escala real de la forma que tensaba mis bóxers, sus pupilas dilatándose ligeramente bajo el calor opresivo.
- ¡Perdón si te asusté! - me disculpé, intentando devolver alguna apariencia de normalidad a esta situación errática. Cambié el peso de mi cuerpo, aunque el movimiento solo sirvió para hacer que la silueta en mis bóxers fuera aún más prominente. - Estabas tan concentrada en tu trabajo que no quería distraerte.
Cassidy resopló de nuevo, con el pecho agitándose con una energía juguetona y triunfante.
• ¡Nah, no te preocupes tú tampoco, pookie! - Su burla volvió hacia mí, con una voz que goteaba una travesura espesa como la miel. - ¡Estos ojitos lindos no querían que vieras cómo se divertía con ese bolígrafo!
Esto hizo que Kaori bajara la mirada, avergonzada.
- ¿Puedo preguntar qué estabas haciendo? - pregunté, con la voz esforzándose por sonar cortés mientras mi cuerpo me traicionaba por completo.
Kaori soltó un suspiro largo y fatigado, y su mirada finalmente se desvió de mis bóxeres hacia la pantalla brillante de la terminal.
o He estado tratando de encontrar las conexiones entre las condiciones de archivo de los sitios. -explicó, y su voz recuperó parte de su precisión clínica. - He estado creando reglas de mapeo para que Cassidy pueda leerlas, pero es una pesadilla. Algunos campos parecen ser numéricos, mientras que otros son solo texto, y absolutamente ninguno de los sitios se pone de acuerdo en un único formato de archivo. Es... caótico.
• Bueno, los campos numéricos se sugieren, no se imponen, dulzura. - intervino Cassidy con un suspiro juguetón, apoyándose en un bastidor de servidores. - Solo tienes que acostumbrarte a ellos.

Kaori soltó otro suspiro fatigado, y su mirada parpadeó momentáneamente hacia la silueta pulsante de mis bóxeres antes de volver bruscamente a la pantalla.
o ¡Odio a esta empresa! - masculló, y la confesión sonó casi como una oración a los dioses de los datos.
- Sí, me sorprende que sigan haciendo eso. - admití, soltando una risita mientras miraba los datos caóticos de la pantalla. - Sinceramente, pensé que esas discrepancias se habrían suavizado con el tiempo. Supongo que algunos hábitos están demasiado arraigados para morir.
o ¿A qué te refieres? - preguntó Kaori, con la voz impregnada de una confusión genuina y los ojos intrigados.
- Allá en Broken Hill, cuando era gerente de sitio, solía presentar los informes en Excel y dejaba la puerta abierta a modificaciones posteriores. -dije, con una sonrisa nostálgica asomando en mis labios. - Hannah, la jefa de mantenimiento, solía subir los suyos en PDF, ya que estaba segura de que sus números eran correctos e inmutables. Y luego estaba Tom, su segundo al mando. No era precisamente un mago de la tecnología; se limitaba a tomar fotos borrosas de los registros escritos a mano con su celular y suplicaba ayuda para subirlos.
o ¡Pero ahora eres su jefe! ¡Puedes ordenárselo! - sugirió Kaori, con la voz teñida de una especie de esperanza obligatoria, como si creyera que el caos de los datos podía resolverse con un simple decreto ejecutivo.
Solté una carcajada sincera.
- No, Kaori. Lo siento. Simplemente no puedo. - dije, mientras una risa genuina escapaba de mí y me limpiaba una lágrima perdida del ojo.
o ¿Por qué no? ¿Porque eres débil? - se burló Kaori, con sus ojos heterocromáticos entornados.
La pregunta fue cortante, una aguja de agresión repentina que llevaba el eco inequívoco de la implacabilidad corporativa de Inga.
Cassidy también se tensó ante la indirecta, entornando los ojos mientras se preparaba para defender mi honor con ese fuego texano tan característico, pero levanté una mano para calmarla.
- No, no es eso. - repliqué, con una voz baja y seria que exigía atención. - Kaori, los jefes de obra tienen todas las edades y tipos. La mayoría son hombres cercanos a los sesenta, ya asentados en sus costumbres. Los más jóvenes son más maleables; con ellos realmente puedes colaborar. ¿Pero los mayores? Son tercos como mulas. No puedes obligarlos a adoptar un sistema nuevo; simplemente recibes lo que ellos quieran darte. A sus ojos, Kaori, nosotros somos los forasteros. Esta gente gestiona sus obras como si fueran feudos personales, y se sienten orgullosos de ello. Presentan su trabajo de la única manera que conocen. Me corresponde a mí cerrar esa brecha, correr detrás de ellos y sincronizar los calendarios de mantenimiento con su disponibilidad, porque esos tipos manejan mundos enteros por sí mismos. Verás, el liderazgo no consiste solo en decir a la gente qué hacer; consiste en comprender qué es lo que te están entregando.
Kaori nunca había considerado el factor humano, por lo que mis palabras calaron hondo. Se quedó paralizada, procesando lo que le decía, mientras sus ojos heterocromáticos escudriñaban mi rostro.
• ¡Pookie, eres una amenaza triple! - la voz de Cassidy cortó el pesado silencio, haciendo añicos el puente filosófico momentáneo que yo había construido con Kaori. Dio un paso adelante, con los ojos brillando por una mezcla de orgullo y lujuria sin filtros. - Tienes el cerebro, tienes el aspecto y tienes el paquete grande entre las piernas. ¡Con razón todos los corazones de las chicas suspiran por tu amor!

La actitud impulsiva de Cassidy actuó como un faro, ya que tanto Kaori como yo sentimos que nuestra mirada se clavaba en ella, saliendo de nuestros respectivos trances.
• ¡Ahora hazte a un lado, ojitos lindos! - chirrió Cassidy, recuperando su autoridad juguetona mientras empujaba a Kaori lejos de la consola brillante. - ¡Este gran bronco se llevará a Betsy a dar una vuelta!
- ¿Betsy? - pregunté, frunciendo el ceño mientras miraba desde la terminal brillante hacia Cassidy.
o Sí. - respondió Kaori, aunque su mirada permaneció fija en mí. - Ella llama a su plataforma Betsy y, según ella, es una vaca.
• ¡Oye! Tú tienes tus manías y yo las mías. - rezongó Cassidy, poniéndose una mano en la cadera y apoyándose hacia atrás con un toque teatral. - Y no puedes decir que no ha sido una dama muy linda.
Inicié sesión en la plataforma y la diferencia era asombrosa. Mientras que la primera beta se sentía como un boceto tosco, esta versión parecía casi una pintura terminada.
o Actualmente estamos trabajando a baja escala. - explicó Kaori, recuperando su tono clínico mientras se acercaba al monitor. - Solo cinco sitios fueron los que estandarizamos manualmente. He cargado bases de datos de 2020 para establecer una línea base.

La plataforma era impresionante. Mientras navegaba por la interfaz, encontré un menú sofisticado que renderizaba mapas del sitio simultáneamente. Con unos pocos clics, pude superponer los planos geológicos de 2020 contra el año actual, observando cómo evolucionaba la infraestructura en un brillo fantasmal de oro y azul.
- ¡Esto es increíble! - susurré, con el resplandor del monitor reflejado en mis ojos. Me giré hacia Kaori, cuya postura clínica se había suavizado bajo el calor opresivo. - Kaori, eres una de las pocas personas en toda esta empresa que realmente desearía que fuera mi asistente personal. Honestamente, empiezo a envidiar a Inga.
Sorprendentemente, Kaori se sonrojó ante mis palabras; un tono rosado y suave trepó por su cuello y tiñó sus mejillas, contrastando marcadamente con sus ojos heterocromáticos.
• ¿Por qué? ¿Porque ojitos lindos también tiene un par de tetas enormes? - preguntó Cassidy, con una voz sedosa y coqueta mientras apoyaba el hombro contra un bastidor de servidores, con los ojos bailando con picardía.

Prácticamente irradiaba con la sugerencia, con la mirada oscilando entre el rostro sonrojado de Kaori y la curva orgullosa de sus pechos, sostenidos por aquel sujetador utilitario de color carbón.
- No solo por eso. - respondí, con la voz desvaneciéndose mientras volvía a mirar la pantalla, apenas consciente de lo sincero que estaba siendo. - Es solo que las habilidades de Kaori son tan diferentes a las mías, que estoy seguro de que complementaría mis puntos débiles a la perfección.
Los hermosos ojos de Kaori lucían atónitos, sus pupilas dilatándose mientras procesaba la sinceridad en mi voz. Probablemente, nunca imaginó un mundo donde su utilidad fuera valorada más allá de ser la herramienta de Inga.
Sin embargo, otra sorpresa surgió mientras navegaba hacia el menú de reportes. Mis ojos captaron una pestaña pequeña y modesta etiquetada como *Conversión de Formato*. Me detuve, con el cursor flotando sobre una lista de opciones que no deberían existir en un menú de datos estándar.
- ¿Qué es esto? - pregunté, con el cursor suspendido sobre el mini menú.
• Bueno, como ojitos lindos no dejaba de quejarse de los diferentes formatos, me puse a pensar en hacer que Betsy hablara vaca... - explicó Cassidy, su voz vibrando con una satisfacción presumida mientras tomaba el control de la terminal.
No se limitó a explicarlo; lo demostró. Con unos pocos clics hábiles, cargó un reporte que no era más que la foto escaneada y granulada de un registro escrito a mano. Seleccionó un formato de destino y presionó un botón. En un abrir y cerrar de ojos, la imagen caótica desapareció, reemplazada por un archivo de Excel perfectamente estructurado.
• Puse la IA a leer algunos marcadores de formato. - explicó Cassidy, con la voz rebosante de un orgullo que casi eclipsaba su picardía habitual. - Todavía tienen algunos errores, y Betsy no lee muy bien la letra manuscrita. Así que, tal vez tengas que enseñarles a esos mineros cochinos a escribir solo en imprenta.
- ¡Wow, chicas! ¡Son increíbles! - dije finalmente, mientras exploraba más a fondo la plataforma. - ¡Son realmente extraordinarias!
Es curioso cómo un cumplido sincero puede hacer que una mujer se sonroje y tenga un ligero espasmo. Incluso una mujer como Kaori, que no había sido abiertamente muy femenina, pareció suavizarse, bajando los hombros un centímetro mientras procesaba la sinceridad en mi voz.
• ¿Te gusta lo que ves, guapo? - preguntó Cassidy, con su sensual acento tejano deslizándose sobre las palabras con un doble sentido deliberado y meloso. Se inclinó, con el pecho casi rozando mi hombro.
- Sinceramente, sí. - respondí, sin siquiera mirar a Cassidy, ya que mi atención seguía fija en la pantalla. - Pero, ¿Se dan cuenta de que, si este proyecto funciona, ambas formarán parte de la historia corporativa de nuestra sucursal?
Mis palabras congelaron el juego seductor de Cassidy como una ducha fría; la chispa juguetona de sus ojos fue reemplazada momentáneamente por una expresión de genuina curiosidad. Incluso la mirada de Kaori se afiló, y sus ojos heterocromáticos se abrieron más al procesar la magnitud de mi afirmación.
• ¡Ay, caray, cielo! ¡Diablo de lengua plateada! - Cassidy intentó restarle importancia con un juego de ojos, pero la habitual chispa depredadora de su mirada había sido sustituida por un destello de incertidumbre genuina.
- No, Cassidy. Lo entiendes todo mal. - dije, retrocediendo y alejándome de la terminal para que pudieran verme. - Chicas, esto es lo que la mayoría de los tipos en las instalaciones han estado deseando durante años. Kaori, tú misma dijiste que es un fastidio lidiar con los informes de un sitio a otro. Bueno, piensen en lo que significa para un gerente de sitio abrumado cuando busca el precedente de un fallo crítico dentro de la base de datos. Esto, chicas... tu Betsy, Cassidy, es en realidad la Piedra de Rosetta de nuestra sucursal australiana. Es una llave poderosa para todos los gerentes de sitio. De hecho, si lo implementamos y se vuelve funcional, el comando central podría incluso pedirles que lo repliquen en otras sucursales. Chicas, ¡Lo que estoy diciendo es que están haciendo historia!
Las chicas parecieron quedar abrumadas por mis palabras; la fricción juguetona que compartíamos se evaporó en un silencio compartido y atónito.
• ¡Vamos, Marco! ¡No te atrevas a jugar con mi joven corazón! - exclamó Cassidy, con la voz quebrándose ligeramente. Por una vez, la depredadora texana había desaparecido, reemplazada por una mujer genuinamente humillada por la escala de la visión que yo estaba pintando.
- Cassidy, tu Betsy es la máquina de vapor de la era industrial. - insistí, con una voz de convicción sincera. Las miré a ambas a los ojos. - Esto es el teléfono de Bell reemplazando al telégrafo. Este es su propio Apolo 11 para la exploración espacial.
Todavía no podían creérmelo, sus expresiones atrapadas en un vacío de incredulidad.
- Chicas, armen a Betsy y, como mínimo, recibirán ciento diecisiete notas de agradecimiento de los jefes de obra. - continué, acercándome. - Dupliquen o tripliquen eso si consideran los diferentes departamentos. Y el hecho de que dos mujeres del área corporativa hayan construido algo que podría facilitar la vida de cientos de mineros... eso es sencillamente asombroso.
Cassidy tenía los ojos llorosos; su armadura habitual de confianza coqueta se derretía, convirtiéndose en algo crudo y vulnerable. Kaori permanecía estoica, pero su mirada estaba fija en mí con una intensidad que sugería que mis palabras habían cambiado algo fundamental en la percepción de su propio valor. El zumbido de los servidores pareció desvanecerse en el fondo, dejando solo la pesada tensión eléctrica de la bóveda.

- Ahora, chicas, avísenme cualquier cosa que necesiten de mí y se la conseguiré. - dije, con la adrenalina del descubrimiento aún recorriendo mi cuerpo. - Les daré prioridad absoluta y me aseguraré de que tanto Cristina como Edith también las apoyen.
Cassidy ya no pudo contener sus emociones...
• ¡Gracias, semental! - gritó Cassidy, lanzándose hacia mí con una fuerza que casi me derriba. Me rodeó el cuello con los brazos y apretó mi pecho con una intensidad feroz y desesperada, presionando sus suaves curvas contra mi piel desnuda y sacándome efectivamente el aire de los pulmones. - ¡Has hecho a esta chica muy feliz!
Sin embargo, resultaba evidente para mí (y probablemente también para Kaori) que la atmósfera profesional se había evaporado por completo. El calor de los servidores no era nada comparado con la fricción del cuerpo de Cassidy contra el mío; apretó mis glúteos con un agarre posesivo, mientras sus pechos se aplastaban contra mi pecho de una manera que no dejaba lugar a las dudas. Entre nosotros, la forma erecta que tensaba mis bóxers era un testimonio fuerte y palpitante del efecto que ella tenía sobre mí.
Cassidy soltó un bufido excitado, un sonido que era mitad risa y mitad gruñido, mientras apretaba más fuerte mi parte posterior.
• Ojitos lindos, sigue programando, ¡Mientras yo saco a este pueblerino de la bóveda! - anunció Cassidy en voz alta, pero su voz había pasado de un tono juguetón a un susurro hambriento. No me soltó; en su lugar, comenzó a guiarme lejos de la terminal, deslizando su mano desde mis glúteos para agarrar mi muñeca con una fuerza sorprendente. - Tardaré un tiempo, porque tengo algo grande que manejar...
A medida que me conducía más profundamente en el laberinto de racks de servidores, la tensión entre nosotros se convirtió en un peso casi físico, más pesado que el aire húmedo. Cassidy no solo caminaba; se balanceaba, y su cadera chocaba con la mía en una cadencia rítmica y depredadora que mantenía mi excitación en el punto máximo.
- Cassidy, ¿Estás loca...? - logré jadear, y las palabras apenas salieron de mi garganta antes de que mi mente se quedara en blanco.
Ella ya estaba de rodillas, devorando mi masculinidad con desesperación. El súbito y húmedo calor de su boca contra mi piel envió una sacudida eléctrica directamente a mi columna, devolviendo mi mente al presente.

El aire en la bóveda seguía espeso y sofocante, oliendo a polvo ionizado y al tenue aroma metálico de la circuitería sobrecalentada.
- Cassidy, estamos en medio de… - mi protesta murió a medio decir mientras ella intensificaba la succión, su lengua girando con una intensidad rítmica, la vibración de su garganta sacudiéndose contra mi miembro, enviando una ola de intensidad a través de mi mitad inferior.
Bajé la mano, mis dedos enredándose en el rubio dorado de su cola de caballo, acercándola más mientras ella me miraba con esos ojos color uva, brillando con un hambre cruda y depredadora. No quería una conversación; quería un festín, y estaba tratando mi excitación como el plato principal de un banquete largamente esperado.
No se detuvo; solo me miró, sus ojos verde uva brillando con una mezcla de triunfo y deseo puro, su cola de caballo rubia cayendo sobre un hombro. El silencio de la bóveda amplificaba cada sonido: el zumbido distante y rítmico de los ventiladores de enfriamiento, el latido frenético de mi propio corazón y los sonidos húmedos y rítmicos de su devoción. Mi respiración surgió en jadeos irregulares, el aroma de su perfume floral mezclándose con el ozono seco y eléctrico de la habitación.
Miré hacia abajo, viendo el marcado contraste de su piel pálida y el encaje amarillo contra el suelo gris carbón de la bóveda. La sensación física era abrumadora; cada roce de su lengua se sentía como un ataque directo a mi resolución, un golpe de precisión que me dejó aturdido.
- ¡Vas... vas a hacer que nos atrapen! - logré articular, aunque mis caderas me traicionaron, arqueándose instintivamente hacia ella.
Cassidy soltó una risita ahogada y juguetona contra mi piel, mientras sus manos se deslizaban por mis muslos con un calor posesivo. La fricción de sus palmas, combinada con el vacío intenso de su boca, me empujó hacia un precipicio que no estaba preparado para cruzar tan rápido. Sentí que mis músculos se bloqueaban y mis dedos de los pies se contraían contra el frío suelo industrial mientras el mundo se reducía al único y palpitante punto de contacto entre nosotros.
Mi mayor preocupación era que Kaori nos atrapara, pero esa preocupación no pasaba por la mente de Cassidy. Si acaso, el riesgo era el condimento que hacía que la comida fuera más sabrosa para ella.

• ¡Solo te estoy dando un reconocimiento bien merecido, cielo! - logró decir Cassidy entre respiraciones, su voz un zumbido sordo y vibrante contra mi piel. No solo usaba su boca; me adoraba con sus manos y el suave y pesado volumen de sus pechos, presionando su calor contra mis muslos. - Además, quiero que "ojitos bonitos" nos escuche.
- ¿Qué? - logré preguntar, con una voz que sonaba como la de un extraño, pero la pregunta fue engullida por la repentina fuerza, similar a un vacío, de su boca.
Me atacó con una intensidad rítmica y giratoria, su garganta vibrando contra mí como una lavadora centrífuga en su ciclo más alto.
• ¡Es virgen! - anunció Cassidy, y las palabras saltaron de su boca mientras me soltaba con un chasquido húmedo y audible. Sus palabras me dejaron más atónito que el propio placer.
El aire se sentía como un peso físico, presionando el aroma a silicio quemado y el perfume de vainilla de Cassidy contra mis poros.
- ¿Virgen? ¿Cómo es eso siquiera posible? - susurré, y mi voz me resultó ajena, densa y forzada.
Cassidy no respondió con palabras; en su lugar, se apoyó hacia atrás sobre sus talones, con la tanga amarilla clavándose en sus caderas mientras me miraba con un brillo depredador.
• ¡Es una pequeña monja, cielo! Pura como la nieve recién caída. - se burló Cassidy, con una voz que era un ronroneo texano, bajo y vibrante, que parecía ondular a través del aire húmedo. - ¿Crees que esa gatita perezosa y su sombra tuvieron tiempo de conocer a algunos chicos? ¡Pookie, por favor!
Cassidy casi acaba conmigo con un último y rápido baile de su lengua, dejándome sin aliento y temblando. Pero no fue solo la sensación física lo que me dejó trastornado; fue la semilla de una idea que ella había plantado profundamente en mi alma. ¿Tanto Kaori como Inga... vírgenes?

- ¿Cómo... cómo lo sabes? - logré preguntar, mi voz apenas un rasguño en el aire húmedo.
Divertida, Cassidy comenzó a apretar firmemente mi virilidad con sus brazos, con un agarre posesivo y cálido.
• ¡Porque ella me lo dijo, cielo! - respondió, con la voz goteando una satisfacción traviesa mientras sentía que yo pulsaba en sus manos. - Cuando pasas cuatro horas al día programando codo con codo, las chicas hablan... en fin, quiero que le muestres lo que se está perdiendo...
Mi corazón martilleaba contra mis costillas, y el sonido resonaba en el silencio opresivo de la bóveda de servidores. El calor parecía intensificarse, convirtiendo el aire en una manta espesa y húmeda que se adhería a mi piel desnuda.
- ¿Mostrárselo? - tartamudeé, con la mente recorriendo una docena de escenarios diferentes. - Cassidy, ella es una profesional. Es la mano derecha de Inga. No puedo simplemente...
Cassidy no dejó que terminara. Se inclinó hacia adelante, presionando su pecho suave y cálido firmemente contra mis muslos, envolviéndome entre sus suaves montículos, con sus ojos color uva verde clavados en los míos con una intensidad que rozaba lo hipnótico.

• ¡Hablo de un poquito de provocación, pookie! - susurró Cassidy, con una voz que era una vibración sensual y que parecía rebotar en los bastidores metálicos de los servidores. - ¡Haz que me escuche, gimiendo por ti!
Sentía que estaba perdiendo la cordura. Claro, Kaori es sexy y la idea era innegablemente tentadora: el pensamiento de ser quien finalmente rompiera esa coraza clínica y profesional. Pero Cassidy era una fuerza de la naturaleza, un torbellino de calor texano y encaje amarillo que asumía su papel de mi "yegua" con una devoción que rozaba lo religioso.
Aun así, la idea de añadir a Kaori "a mi establo" parecía una locura.

- Vale. - me sorprendí diciendo, sin saber muy bien cómo.
Cassidy se limitó a sonreír. Se apoyó en un rack de servidores, habiéndose despojado de sus bragas hacía ya rato.
• ¡Fóllame, bebé! - provocó Cassidy, con una voz que era un rasgueo sensual y exigente. - ¡Márcame con tu semen!
Ya no podía resistirme a ella. Cassidy es salvaje y apasionada; una perra en celo cuando quiere serlo. Y verla inclinada sobre el rack, esperando mi penetración, fue simplemente demasiado.
Mi masculinidad estaba pulsando y congestionada una vez más. La puta (si se me permite llamarla así, porque eso era exactamente lo que era en esos momentos) miraba por encima del hombro, lamiéndose los labios con anticipación. Mientras me empujaba dentro de su pequeña vagina, apretada y abrasadoramente caliente, sentí como si hubiera entrado en el cielo.
Es cierto. Estaba excitado en parte por la idea de quitarle la virginidad a Kaori. Pero otra parte de mí se sentía atraída por el atractivo salvaje de Cassidy.
• ¡Rayos, azúcar! ¡Tu enorme verga me está matando! - La voz de Cassidy no solo llenaba el aire; utilizaba la bóveda de servidores como una caja de resonancia, el sonido rebotaba en los armarios de acero y regresaba a nosotros en un bucle distorsionado y amplificado.
Eso me volvió aún más loco. La agarré de los pechos por detrás y le pellizqué los pezones; aquellas dos maduras colinas texanas parecían casi derretirse en mis palmas.

• Te gustan las tetas grandes, ¿Verdad, chico? - gimió suavemente. - ¡Apriétalas más fuerte, bastardo de verga enorme!
El sabor metálico de los racks de servidores se mezclaba con el aroma embriagador, salino y dulce, de la piel de Cassidy a medida que aumentaba la fricción. Cada embestida resonaba contra el hormigón pulido y los armarios de acero zumbantes, creando un sonido rítmico y húmedo que parecía vibrar a través del mismo suelo. El calor opresivo de la bóveda actuaba como un catalizador, volviendo nuestro sudor viscoso y resbaladizo, convirtiendo nuestros cuerpos en dos piezas deslizantes de mármol caliente.
- Dios, Cassidy... - gemí, con la voz quebrándose. Agarré sus caderas, hundiendo mis dedos en la carne blanda de su cintura, tirando de ella hacia atrás contra mí con una fuerza desesperada.
Ella arqueó la espalda, presionando su pecho contra el metal frío y perforado del rack de servidores. El contraste (el acero gélido contra su piel ruborizada y el calor abrasador de mi cuerpo detrás de ella) hizo que soltara un jadeo agudo y desesperado.
• ¡Más fuerte, pookie! ¡Dámelo como si intentaras romper algo! - instó ella, con la cabeza echada hacia atrás y su cola de caballo rubia azotando mi antebrazo.
Deslicé mis manos desde sus caderas hasta sus pechos, apretándolos con una intensidad posesiva. Podía sentir su corazón martilleando a través de las costillas, como un pájaro frenético atrapado en una jaula. La textura de su piel era como terciopelo empapado en aceite caliente. Me acerqué, mordiendo la sensible unión donde su hombro se encontraba con el cuello, saboreando la sal y el rastro persistente de perfume de vainilla.

- ¡Estás... estás loca! - jadeé en su oído, mientras el calor de la habitación hacía que mis pulmones sintieran que respiraban vapor.
• ¡Loca por ti, osito! - gritó ella, con una voz que subía en un crescendo que seguramente recorrió los pasillos hacia donde Kaori seguía escribiendo. - Te siento... eres tan malditamente grande... ¡Me estás llenando!
La sensación era abrumadora. La estrechez de sus paredes, combinada con el lubricante de nuestro sudor compartido, creaba una succión similar a la de un vacío con cada movimiento. Sentí la presión acumularse en la parte baja de mi espalda, como un resorte enrollado de tensión que alcanzaba rápidamente su límite. Pero quizás, la cereza del pastel era que ni Cassidy ni yo llevábamos protección.
Sé que es algo común entre mis amantes. Pero ese riesgo, esa ligera vulnerabilidad de que eventualmente pueda dejar embarazada a una de ellas, me vuelve loco. Porque sé que, con la mayoría, aplasto sus úteros y las lleno hasta el borde. Pero incluso después de vigilar sus ciclos menstruales y asegurarme de que tomen anticonceptivos regularmente, o de comprar el plan B la mayoría de las veces que puedo, ese riesgo constante (similar a bailar sobre una vía ferroviaria mientras viene un tren de carga) siempre hace que empuje con más fuerza y las chicas... bueno, simplemente les encanta.
La respiración de Cassidy era una serie de jadeos cortos y desesperados mientras luchaba por mantener el equilibrio en el suelo resbaladizo, y sus uñas dejaban tenues medias lunas rojas en mis muslos.
• ¡Dios, Marco! ¡Eres enorme! - gritó ella, un sonido crudo y salvaje que despojó toda la picardía texana, dejando solo un hambre animal.
Seguí embistiendo en ella, cada vez más fuerte, sin importar cuántos orgasmos alcanzara. Para mí, cuando se trata de follar, no se trata solo de mi propio placer; se trata de la aniquilación absoluta de la pareja.
Cassidy sabía esto. Sabía que yo ya había reclamado a su jefa, Cristina, y a la jefa de Recursos Humanos, Maddie. Para ella, ser pulverizada por mi peso y mi tamaño no era simplemente sexo: era un privilegio. En la jerarquía no escrita del personal femenino de la empresa, yo era un "activo de alto valor", y Cassidy saboreaba cada segundo de la inversión.
La descarga final me golpeó con la fuerza de un tifón. Agarré las caderas de Cassidy con tanta fuerza que mis nudillos se volvieron blancos, anclándome mientras lanzaba cuatro estocadas finales y estruendosas. Con un rugido gutural que resonó en los armarios de los servidores, me vacié profundamente dentro de ella, y el calor de la liberación reflejó la temperatura opresiva de la bóveda.
Cassidy dejó escapar un gemido largo y estremecedor, intensificándose cada vez que yo penetraba más profundamente, con su cuerpo desplomándose contra el bastidor del servidor. Durante unos segundos, los únicos sonidos fueron el zumbido frenético y rítmico de los ventiladores de refrigeración y la jadeo pesado y sincronizado de nuestra respiración. El aroma a sexo y ozono flotaba espeso en el aire, una bruma húmeda que hacía que mi piel se sintiera pegajosa.

Como siempre, e irónicamente, igual que un caballo con su yegua, nos quedamos atascados un rato; la presión húmeda y succionante de su sexo tembloroso no soltó mi pene, ahora hinchado, durante unos minutos. Cuando finalmente ocurrió, Cassidy se deslizó por el estante, colapsando en un montón de cabello rubio y piel sonrosada sobre el suelo gris carbón. Me miró, con los ojos vidriosos y las pupilas dilatadas, mientras una sonrisa triunfante y agotada bailaba en sus labios.
• Dios... cielo... - jadeó, con la voz convertida en una sombra ronca de su habitual acento sureño. - Casi me pasas por la trituradora.
Me quedé inmóvil un momento, con el pecho agitado y el sudor goteando desde mi frente sobre el suelo de carbón en golpes pesados y rítmicos. El esfuerzo físico bajo este calor sofocante se sentía como correr un maratón dentro de una sauna; el aire estaba tan cargado de polvo ionizado y humedad que cada inhalación se sentía como aspirar terciopelo cálido. Miré a Cassidy; era un hermoso y caótico desastre de cabello rubio enredado y piel reluciente, con su sujetador amarillo peligrosamente desplazado hacia un lado, enmarcando el valle sonrosado de su pecho.
- ¡Eres un peligro, Cassidy! - susurré, aunque no había convicción en mi voz.
Ella soltó una risita, un sonido suave y burbujeante, y estiró la mano para darme una palmadita en el muslo.
• Un peligro que sabe exactamente cómo tratar a un semental corporativo.
Cassidy limpió mi verga una vez más, con movimientos lentos y acostumbrados, haciendo que mi respiración se entrecortara en el aire pesado y húmedo. Era más que un acto residual de lujuria; era su forma de darme las gracias. Una gratitud silenciosa por haber creído en ella y en Betsy, por la validación profesional que le había brindado y por el placer puro y pulverizador de los últimos minutos. Pero también había una promesa sutil y depredadora en sus ojos: quería más de mí, y lo quería a menudo. Mientras succionaba una última vez, profundamente, sentí que mis sentidos se fracturaban. Cuando finalmente se apartó con un chasquido húmedo y resonante, sentí como si una parte de mi alma hubiera sido succionada por su lengua.
A medida que la adrenalina empezaba a menguar, la realidad de nuestra ubicación regresó a golpe de golpe. Estábamos a solo unos pasillos de Kaori. El silencio de la bóveda se sentía precario ahora, como si el aire mismo estuviera conteniendo la respiración, magnificando el zumbido pesado y rítmico de los servidores hasta convertirlo en un latido de anticipación.
- ¡Tenemos que limpiarnos! - susurré, mirando hacia las estaciones de trabajo. - Si Kaori viene hacia aquí a preguntarte algo...
• ¡Que venga! - bromeó Cassidy, aunque empezó a impulsarse desde el suelo de carbón. - Que vea cómo se ve un hombre de verdad cuando acaba de terminar su trabajo.
- ¡No seas absurda! - respondí, aunque una parte de mí (la parte que aún vibraba con la idea de la inocencia de Kaori) disfrutaba el pensamiento.
La noción de esa mirada disciplinada y heterocromática posándose sobre mí en mi estado más primitivo era una chispa peligrosa sobre un barril de pólvora.
Cassidy se levantó lentamente, con las piernas ligeramente inestables; el encaje amarillo de su sujetador aún se adhería a su piel sonrojada como una segunda capa de armadura, más provocativa. Se estiró y agarró un paño de microfibra cercano (grado industrial, destinado a limpiar los conductos de ventilación de los servidores) y, con un guiño travieso, comenzó a limpiar los restos de nuestro encuentro de sus muslos. La tela emitía un sonido suave, un rasgueo contra su piel reluciente, un ritmo doméstico que contrastaba drásticamente con el pesado zumbido mecánico de la bóveda.

• ¡Vamos, pookie! Vamos a vestirte antes de que el monje pequeño decida comprobar sus progresos. - susurró, inclinándose para darme un beso prolongado y salado que sabía a sudor y victoria.
Mientras buscaba mis calzoncillos, noté que el clic rítmico del teclado había cesado abruptamente. Durante la última hora, aquel sonido (la diligencia inquebrantable de Kaori) había sido la banda sonora ambiental de la bóveda, fundiéndose perfectamente con el zumbido subterráneo de los bastidores de memoria. Ahora, el silencio era ensordecedor. Mi corazón dio un salto, una fría punzada de adrenalina atravesando la bruma postcoital.
No ayudó que el silencio fuera ahora un peso denso y opresivo, amplificado por el almizcle espeso y cargado de erotismo que se adhería a Cassidy y a mí como una segunda piel. Mientras ella movía las caderas para subirse ese ridículo tanga amarillo, pude ver la evidencia de nuestro encuentro: un lento y cremoso desbordamiento de mi semilla deslizándose por la curva de su muslo, desafiando el encaje amarillo.
Y para colmo, en lugar de dirigirme hacia la salida, el agarre de Cassidy en mi mano era firme y decidido. No me llevó hacia la puerta de la bóveda; me llevó directamente al campo visual de la estación de trabajo. Al doblar el último rack de servidores, encontramos a Kaori. Estaba congelada, con los dedos aún suspendidos sobre las teclas, insegura, sus ojos heterocromáticos abiertos y brillantes con una mezcla de confusión y una tensión muy específica y pesada.
o ¡Cassidy, has vuelto! - la voz de Kaori era un hilo quebradizo, apenas cortando el zumbido mecánico de los servidores. Permanecía posada en el borde de su asiento, con una postura tan rígida que parecía una estatua de porcelana.

• ¡Sí, cielo! - gorjeó Cassidy, recuperando en su voz aquel arrastre texano, juguetón y espeso como la miel. No se dirigió a la salida; en su lugar, se deslizó hacia el maletín de cuero que descansaba cerca de la estación de trabajo, donde estaban guardadas sus botellas de agua. - ¡Olvidé recoger mi tarjeta de acceso!
Mientras se inclinaba para recuperar la tarjeta, el movimiento fue una invitación lenta y deliberada para que el mundo lo viera. Una sola gota espesa de mi semilla escapó de los confines de su encaje amarillo, trazando un camino reluciente por su muslo antes de aterrizar en el suelo de carbón.
Kaori y yo estábamos atrapados en un callejón sin salida, silenciosos y con los ojos estupefactos, ambos mirando aquella pequeña e incriminadora perla de evidencia. El aire entre nosotros se sentía electrificado, denso con el aroma del ozono y el innegable almizcle de un acto consumado.

• ¡La encontré! - exclamó Cassidy, con una voz que resonaba con una cualidad triunfante y meliflua. Se dio la vuelta con una gracia lenta y deliberada, sus ojos color uva verde bailando con un nivel de picardía capaz de incendiar un bosque. - ¡Pasar tiempo con este semental siempre me deja sintiendo el ritmo en los lugares más ricos y con la mente nublada, ojitos bonitos! ¡Vamos, azúcar! ¡Es hora de sacar al semental del corral!
Dicho esto, Cassidy tomó mi brazo y lo colocó justo entre sus pechos, mientras una asombrada Kaori intentaba procesar qué demonios acababa de suceder.
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