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Forzada y abusada en mi nuevo trabajo 2

¡No! ¡Yo…! ¡Por mí la deuda está saldada!, dije tratando de abrir la puerta, que estaba cerrada con llave.

¡Pero por mí no perra! ¡Te vas a quedar hasta que acabe de pagarte!

Y entonces me tomó de un brazo; yo traté de patearlo y empujarlo, pero era más alto que yo y musculoso y sus fuerzas hicieron que me sometiera fácilmente.

Hábilmente me tiró al suelo, me colocó boca abajo, me juntó las muñecas en la espalda y procedió a amarrarme. Se notó que no era la primera vez que lo hacía, pues lo hizo rápido y con gran habilidad.

¡SUÉLTEME DESGRACIADO! ¡AUXILIOOOOO!, grité tratando de amenazarlo y de que alguien me escuchara y viniera en mi ayuda.

¡Cállate puta!, me dijo mientras me metía un trapo en la boca y lo aseguraba con cinta de embalar.

¡MMMMMNNNNGGGBBBBB!, grité desesperada.
Él me había sometido por completo, procedió a atarme los tobillos y las rodillas, para luego cargarme como un fardo y llevarme hacia la mesa en la que minutos antes me había violado salvajemente. Me sentó en una silla y entonces procedió a atarme de la cintura y los muslos a la misma, con lo que impedía que yo pudiera zafarme de ahí.

¡MMMMMNNNGGGFFF!, le recriminaba enojada.

Tranquila putita, nomás que me recupere te doy tu segundo pago jejeje.

Y dejándome así, el infeliz gigantón fue hacia la puerta, metió al perro y le quitó la cadena. Apuntando hacia mí le ordenó:

¡Vigílala!

El perro se sentó dócilmente frente a mí, sin quitarme la mirada de encima. Yo no sabía qué pasaría a continuación, estaba aterrada. ¿Acaso el infeliz pensaba violarme doce veces? Al parecer esa era su idea.

El desgraciado se fue al baño, dejando la puerta abierta; escuché como orinaba y se tiraba pedos; jaló del retrete y salió; pasó junto a mí y me agarró una teta al pasar; me sonrió burlonamente y poniendo su asquerosa verga que aún escurría de semen, restos de mi sangre de mi culito y orines frente a mí dijo:

Al rato seguimos nena sabrosa, aprietas muy rico.

¡MMMMGGGFFF!, dije enojada.
¡GRRRRR!, gruñó el perro, pero el tipo lo calmó y de nuevo le ordenó que me vigilara.

Él se fue hacia una de las habitaciones de la casa, dejándome amarrada en la silla y con el perro enfrente, el maldito animal no me quitaba la vista de encima.

Pensé que solo era un truco y que tal vez el perro era dócil, así que empecé a mover las manos y los tobillos para tratar de soltarme, pero más tarde en hacerlo que el perro en gruñir y mostrar sus filosos dientes.

El maldito tipo se acostó, desnudo de la cintura para abajo, dejando la puerta de su recámara abierta. Al poco tiempo escuché sus fuertes ronquidos. Yo seguía atada en la silla y el maldito perro no dejaba de verme. Empecé a llorar desesperada.

El cansancio me agotó y empecé a dormitar, incluso empecé a soñar que llegaba a mi casa y que me iba a acostar, pero que de repente un enorme perro Rottweiler se subía a mi cama y, sin dejarme mover, me violaba salvajemente. Desperté muy asustada y todo seguía igual. El tipejo roncaba como tronco y el perro no dejaba de verme.

¿Qué hacer?, ¿Cómo escapar de esa horrible situación? No hallaba respuesta. Si tan solo hubiera escuchado al taxista.
No supe cuánto tiempo pasó, no había ni un solo reloj, solo supe que era de noche porque el aire que se colaba por debajo de la puerta y en algunas ventanas me hizo temblar de frío. Incluso mis pezones se levantaron al sentir el horrible frío.

Escuché al tipo levantarse; pasó junto a mí y pellizcándome la teta dijo de nuevo:

Ahorita seguimos, no te desesperes.

No hice ningún aspaviento, pues el mugroso perro no dejaba de verme.

El infeliz tipo fue al baño, de nuevo orinó con la puerta abierta, jaló del retrete y luego se dirigió al refrigerador. Sacó una cerveza, la destapó y tomó de ella. Traía puesta solo una camiseta blanca sin mangas, seguía desnudo de la cintura para abajo. Su pene le colgaba y se movía de un lado para otro en total libertad era bastante grande así en reposo. Él se acercó a donde yo estaba y acariciándome la cara me dijo:

¿Sabes? Nunca había tenido una puta como tú, así de sabrosa. Mi vieja estaba muy buena, pero ya estaba vieja; en cambio tú estás fresca, tu piel es rozagante y sin arrugas, esa vagina deliciosa que aprieta muy bien y ese culito muy cerrado se siente como aprieta.

¡MMMMFFFFF!, protesté.
Estás como para disfrutarte varias veces y preñarte, no sé si solo doce o más -continuó el desgraciado, bajando su mano por mi cuello hasta mis tetas- o tal vez lo mejor sería que te quedaras conmigo para siempre y seas mi puta.

¡NNNNNNGGGGHHHH!, grité asustada. No estaría hablando en serio ¿o sí?

Supongo que nadie sabe dónde estás, o tal vez en tu oficina piensen que viniste aquí. Si alguien pregunta diré que nunca te he visto y que nadie ha venido a cobrarme nada, o que viniste y que te corrí a patadas.

¡MMMMMMGGGGGFFFFFBBBBMMMMGGG!, grité desesperada. El maldito infeliz me estaba asustando mucho, me imaginé mi futuro como esclava sexual del desgraciado depravado.

Tranquila putita, no sé si haré eso contigo, tengo que pensarlo; la otra opción sería acabar contigo después de violarte y deshacerme de tí. Tampoco nadie sabría nada de ti.

¡PPPFFFFFGGGG!, lloré. Cada vez estaba más asustada.
Pero no te preocupes, no te haría daño así de repente, dejaría que mi perro te disfrute también.

¡MMMMMPPPPPFFFF!, grité despavorida.

Con que quieres hablar, ¿eh putita?, a ver habla.

Y diciendo eso me quitó la mordaza -la cual arrancó con fuerza, causándome mucho dolor en la boca y las mejillas- y repitió:

A ver, ¿Qué chingados quieres decir?

¡POR FAVOR SEÑOR, YO NO QUERÍA MOLESTARLO, YO SOLO…!

¡Cállate puta! ¡Tienes lengua de víbora como todas!, me dijo mientras me daba una fuerte bofetada que me sacó lágrimas.

¡NO SEÑOR, POR FAVOR, MIRE, ¡DÉJEME IR Y LE JURO QUE NADIE SABRÁ NADA!, ¡ES MÁS, YO PAGARÉ SU DEUDA PARA QUE NADIE LO VUELVA A MOLESTAR!
Él se quedó pensando unos segundos y preguntó:

¿Tu pagarías todo lo que yo debo?

Si, pero por favor suélteme y déjeme ir.

Suena bien -dijo él- ¿y cómo sé que no me estás engañando?

No mire, le dejo mi identificación, mi domicilio y el de mi trabajo y le mando los comprobantes de pago, si no, puede ir y hacerme lo que quiera.

El grandulón se quedó pensativo, caminó un poco, dando sorbos a su cerveza mientras yo seguía hablando para convencerlo:

Es más, le dejo mi tarjeta de crédito para que haga las compras que quiera con ella y yo las pago.

¿Traes aquí tu tarjeta de crédito?

Si, está en mi bolso, si quiere sáquela, le dije para que me creyera.

Él hurgó en mi bolso, sacó mi cartera y buscó la tarjeta de crédito. Encontró dos y dijo:

Cierto, no mientes, aquí están.

¿Ve? Déjeme ir y se las dejo.

Él blandió las tarjetas y sonriendo malévolamente dijo:
Tengo una mejor idea: me quedo contigo y con las tarjetas, así compro lo que voy a usar para cogerte.

¿QUÉ? ¡NOOOOO! ¡ESE NO ES EL TRATO!

Ese es MI trato puta. ¿tú qué dijiste?: “este pendejo se queda con las tarjetas, las bloqueo y además lo denuncio”. No zorra, no soy tan pendejo.

¡NO, YO…! ¡NO!, grité al ver que él había tomado las cosas de otra manera.

Mejor vamos a darte el segundo pago y luego vemos que hacemos, dijo él mientras procedía a sacar de nuevo al perro.

Luego se acercó a mí. Yo gritaba desesperada:

¡NO POR FAVOR!, ¡DÉJEME IR!, ¡LE JURO QUE NO ERA ESO LO QUE YO QUERÍA!

¡Ya cállate puta!, dijo y de nuevo metió el trapo en mi boca y me amordazó con cinta.

Ya no pude gritar, aunque nunca dejé de hacerlo. Él me desató de la silla y de nuevo me cargó como un bulto; mientras me empinaba en la mesa dijo:

Siempre he tenido fascinación por coger con mujeres amarradas y con la pepa y el culo apretado, que no puedan abrir las piernas. Es más rico porque su culo está más cerrado y aprieta más, a mí me gusta más y creo que a ti te va a doler mucho más porque vas a estar súper apretada, pero me vale madre, es tu pago por venir hasta acá a cobrar.
¡MMMMMNNNNFFFFFF!, lloré ¿me iba a doler más?, ¿no era suficiente con el dolor que me causó en la primera violación? No me cabía duda alguna de que había caído en las manos de un loco depravado sexual (Si hubiera revisado el expediente hubiera visto que solamente compraba instrumentos sexuales).

El infeliz me colocó de nuevo sobre la mesa, boca abajo, rompió totalmente mi faldita y de nuevo colocó su miembro gigante en mi recién violado ano que tenía restos de su semen y sangre de la follada anterior.

¡Ahí te va perra!, dijo al tiempo que empezaba a meter su larga verga en mi pobre ano adolorido.

¡MMMMMMMNNNGGGGGG!, me quejé. El dolor era demasiado, no creí soportarlo.

¡Ya veo que te gusta puta!, ¡Hasta gimes del placer!, dijo el infeliz mientras metía hasta el fondo su largo miembro, empalándome por completo.
Forzada y abusada en mi nuevo trabajo 2


¡MMMMMNNNNNFFFF!, seguí quejándome cuando él comenzó un mete-saca salvaje sin compasión alguna.

¡Aaaaaahhhh! ¡Qué apretado lo tienes putita, más que hace rato!, me dijo mientras me violaba sin compasión y sin hacer caso de mis quejidos.
El desgraciado me violó salvajemente, mientras yo lloraba y me quejaba todo el tiempo y él gozaba penetrándome y diciéndome cosas como:

¡Qué bueno que viniste puta, ya necesitaba cogerme una perrita joven y nos las putas viejas de la colonia!

¡Te voy a disfrutar hasta saciarme y luego me voy a divertir más, ya verás lo que vas a sufrir!

¡Esto no es nada, cuando acabe de pagarte sentirás lo que es el verdadero dolor!

¡Cuando acabe contigo no te van a reconocer ni tus papás perra!

¡Voy a cogerte por todos tus hoyos y te los voy a dejar enormes y llenos!

Yo estaba desesperada, pues además del dolor físico que me estaba causando con la salvaje penetración, lo que me decía me tenía aterrada, era un ataque psicológico que me puso a temblar de miedo. Pensé que sería mejor que me acabará pronto a que me hiciera todo lo que me estaba diciendo.

El maldito entraba y salía de mi ano adolorido sin compasión; con ambas manos me había abierto las nalgas para penetrarme mejor y su verga se clavaba hasta el fondo, haciéndome llorar ya que tenía mis piernas totalmente cerradas por ende mi culito estaba mucho más apretado que de costumbre.
Fueron largos minutos de dolor y tortura psicológica, hasta que él soltó un fuerte grito al mismo tiempo que se venía adentro de mí:

¡AAAAAAAAHHHHHH, PUTA, ESO ESSSSSSS!

Soltó grandes chorros de semen en mi culo y luego sacó su miembro chorreante, se acercó a mi cara, me arrancó la cinta de la boca, me sacó el trapo y metió su larga verga en ella y me ordenó:

¡Chúpalo puta! ¡Que quede bien limpio no quiero restos de semen, de sangre o de tu cacá!
Cómo me había dado muy duro y muy al fondo salió su verga llena de semen, sangre de que me había lastimado y un poco de mi popó muy poco pero si había salido.

Estuve a punto de negarme, pero mi mente sopesó la situación con rapidez y me di cuenta de que, si no obedecía, el desgraciado seguramente me castigaría salvajemente, así que muy a mi pesar tuve que obedecer y lamí el sucio pene del tipejo, me aguanté las ganas de vomitar y de morderlo, solamente porque estaba en una situación demasiado desventajosa.
putita


¡Eso es perra! ¡te encanta mamar verga, lo sé!, me dijo el maldito.

Después de un rato de obligarme a limpiarle el miembro, el desgraciado la sacó de mi boca para de inmediato introducir en ella el trapo y volver a colocar la cinta, amordazándome sin importarle mis quejas. Luego de nuevo me cargó como un fardo y me sentó en la silla, esta vez sin atarme a ella. Abrió la puerta para que el perro entrara. El tipo hizo una señal y el perro se sentó frente a mí, mirándome fijamente, vigilante.
¡Vigílala!, le ordenó el tipo.

Luego él fue hacia el refrigerador, sacó un six de cervezas para luego encender el televisor y sin ponerse pantalón ni ropa interior se acomodó en un sillón. Me dijo:

Vamos a ver la tele un rato y luego seguimos cogiendo y se comodó me a colocar la cinta el maldito.

¡MMMMMFFFF!, le reclamé.

¡Qué al rato perra, ahorita estoy cansado! -dijo- ¡Pinches viejas putas, solo quieren coger y deben entender que uno debe recuperarse!

¡MMMMNNNGGGG!, le reclamé molesta de que se estuviera burlando de mí.

¡Ya cállate puta o te echo al perro!, dijo.

Tuve que quedarme callada y sentada mientras él se sentaba, o casi se acostaba en el sillón con una bolsa de papas fritas y una cerveza cambiando el televisor de canal hasta que encontró un canal de luchas estadounidenses y comenzó a verlas, gritándole a la TV como si los luchadores lo escucharan:

¡Dale duro!, ¡Sácale sangre!, ¡No pendejo así no!, ¡Eres un tarado!

Para luego emocionarse con las chicas que llevan el cartel del siguiente round y tocándose el pene exclamar:

¡Ay que vieja tan sabrosa, como me gustaría violarla!

Todo lo hacía ignorando mi presencia, o tal vez lo hacía a propósito para demostrarme que no le importaba que yo estuviera ahí.
Él siguió viendo las luchas un rato, tomando cerveza y tragando como marrano, sin voltear a verme ni hacerle caso al perro. Yo no podía moverme, tenía atadas las manos, los pies, las pantorrillas y los muslos. Además estaba el “Killer” frente a mí, sin dejar de mirarme.

Mi violador se terminó el six de cervezas y tambaleante se levantó por otro. Al pasar junto a mí me dijo:

Si fueras mi vieja te pediría que me trajeras la cerveza y te dejaría mamarme la verga mientras estuviera viendo las luchas.

No dije nada ni hice ruido, no tenía caso. Su tufo alcohólico me llegó hasta la nariz, provocándome cierto asco.

Cuando iba de regreso hacia su sillón, el maldito se detuvo junto a mí, abrió una cerveza y mientras me la vaciaba sobre la cabeza me dijo:

¡Anda puta, alégrate que al rato te voy a coger de nuevo!

No pude hacer nada, me dejó escurriendo y con olor a cerveza. Estaba muy enojada, pero angustiada a la vez. No sabía cómo hacer para escapar del infeliz.

Después de un rato en el cual el maldito infeliz siguió embruteciéndose con la cerveza, tragando como puerco y gritándole al televisor, empezó a quedarse dormido. Al poco rato ya roncaba ruidosamente.
Sopesé la situación para ver si tenía alguna oportunidad de escapar. Las ataduras me impedían moverme y el perro no dejaba de verme. Parecía imposible, pero aun así decidí que tenía que intentarlo, pues no me iba a quedar a esperar que el desgraciado me violara todas las veces que quisiera y de todos modos ya me había amenazado con hacerme cosas horribles, así que no podía perder nada; así que, con mucho cuidado, me quité las zapatillas empujando cada una con el pie contrario, tratando de no hacer ruido. Lo logré y entonces lo que hice fue deslizarme para bajar al suelo despacio para intentar escapar arrastrándome.

El perro me veía, pero no hizo ruido, pensé que eso iba bien, así que empecé a arrastrarme hacia la puerta despacio, tratando de no alterar al can y de no hacer ruido para no despertar al tipo. Seguí avanzando por el suelo mientras el perro solamente caminaba junto a mí y se sentaba a verme, pero afortunadamente no hacía ruido.

Al acercarme a la puerta vi que el individuo no le había puesto llave, pero sería difícil levantarme y abrir el pasador con las manos atadas como las tenía. Me detuve un segundo a pensar de qué forma me iba a levantar y fue en ese instante que el maldito Killer empezó a ladrar. Primero me asustó, pero luego reaccioné y vi que tenía que escapar en ese instante a como diera lugar; pero no tuve oportunidad: el desgraciado individuo despertó y se levantó. De reojo vi como caminó hacia mí. Yo trataba de levantarme desesperadamente sin lograrlo. Él caminó tranquilo mientras calló al perro:
¡Basta Killer!

Y dando unos cuantos pasos llegó a donde yo me arrastraba como gusano, me tomó del cabello y comenzó a arrastrarme hacia el centro de la habitación.

¡Conque queriendo abandonarme! ¿eh perra?, me dijo cuando me dejó tirada boca abajo frente a su sillón.

¡MMMMNNNGGGHHH!, alegué.

No te vas a largar como la otra puta, de aquí solo sales si yo quiero, me advirtió el desgraciado.

¡MMMMNNNFFF!, rogué llorando.

El tipo se alejó un poco de mí, fue hacia el refrigerador y sacó algo que parecía un trozo de carne, luego fue a donde estaba el perro sentado y se lo dio en el hocico mientras le daba palmaditas en la cabeza y le decía:

Muy bien Killer, buen chico.

“Maldito perro delator”, pensé para mis adentros.

Pero no tuve mucho tiempo de pensar, el infeliz tipejo tomó el control de la TV y la apagó, para luego caminar hacia la cocina, escuché que movía trastos y cubiertos y luego salió con un cuchillo y caminó para acercarse hasta donde yo estaba tirada, atada e indefensa.
Así que te quieres largar, ¿eh puta?, pues no vas a ir a ningún lado hasta que me canse de ti, dijo mientras pasaba el cuchillo por mis nalgas sin cortarme, solamente haciéndome sentir el frío del acero, yo estaba desnuda totalmente sólo con mi blusa que estaba rota que ya no cubría mis tetas.

¡NNNNNPPFFFFFFVVVV!, rogaba yo a sabiendas de lo que venía.

Ahora lloras ¿verdad puta?, pero ya querías largarte a coger con otro ¿verdad?

Moví la cabeza negativamente y grité tratando de que se detuviera, pero no hubo marcha atrás, mi suerte estaba echada: el infeliz colocó la punta del cuchillo en mi muslo derecho y la clavó un poco.

¡MMMMMMNGGGG! ¡GGGGGNNNNNNNBBB! ¡GGGGGGGFFFFBBBB!, me quejé al sentir el filoso cuchillo picando mi piel.

Esto es para que aprendas quien manda aquí, me dijo.

¡FFFFGGGGGBBBB!, me quejé y lloré mientras mi frente sudaba frío.
Levanté la cara y vi al perro que se había tragado la carne y empezaba a inquietarse al ver lo que su amo me hacía. Movía las patas delanteras y hacía un pequeño ruido, como un chillido, pero no se movía de su sitio.

Él dejó de picarme y con una mano me volteó boca arriba; mostrándome el cuchillo me dijo:

Más vale que no vuelvas a intentarlo o esta vez si te cortaré , ¿entiendes puta?

¡MJM!, dije y moví la cabeza afirmativamente, con mucho miedo y sabiendo que cumpliría su amenaza.

Él rompió con el cuchillo lo poco que me quedaba de ropa, la dejó hecha trizas y la tiró al suelo, dejándola regada y a mi totalmente desnuda y dijo:

Así estás mejor putita.

Luego, con el mismo cuchillo filoso rompió las cuerdas que ataban mis piernas y mis tobillos; me tomó del cabello y sentándose en el sillón, me obligó a hincarme frente a él; me quitó la mordaza y me sacó el trapo y colocando su verga flácida frente a mí me ordenó:

¡Mámamelo puta!
Aunque me dio mucho asco y hubiera querido negarme, no tuve más remedio que obedecer. Abrí la boca y metí el miembro flojo en ella. Empecé a chuparlo mientras el tipo encendió el televisor y cambió el canal hasta encontrar un juego de fútbol americano. Colocó una de sus manos en mi nuca, siguiendo el movimiento de mi cabeza mientras yo le chupaba su sucio miembro flácido.
abusada
amarrada


¡TOUCHDOWN!, gritó el tipo levantándose y jalándome al mismo tiempo el cabello de la nuca mientras festejaba la anotación del que supongo que era su equipo favorito.

¡Aaaaaayyyy!, me quejé por el fuerte jalón.

¡CÁLLATE PERRA, TOUCHDOWN, TOUCHDOWN! ¿No entiendes? ¡Qué vas a entender tú de deportes pendeja vieja! ¡Sigue mamando, que ni me la has parado, ni para eso sirves puta!, me dijo agresivamente el desgraciado empujando nuevamente mi cabeza hacia su falo aún flácido.

Yo abrí la boca e introduje de nuevo el miembro en mí boca; él colocó sus dos manos sobre mi nuca y me hizo chupársela mientras festejaba la victoria de su equipo.

Después de un buen rato de estárselo mamando, el pene se levantó y él lo sacó por completo de mi boca que ya me dolía. De las comisuras de mis labios escurría saliva y líquido preseminal. El Infeliz me dijo:

Te tardaste, pero me la paraste perra, voltéate y enséñame las nalgas para que te la meta otra vez.
¡No por favor! ¡Déjeme ir, se lo suplico! ¡Le juro que no le diré nada a nadie y no volverán a molestarle con la deuda, pero ya no me viole por favor!, supliqué esperando un poco de clemencia del tipo.

¡Cállate piruja! ¡Te di una orden y más vale que obedezca si no quieres que le dé al Killer la orden de morderte mientras te cojo de todos modos!

Con el miedo que me producían las amenazas, no tuve más remedio que obedecer; me volteé hacia la TV y me empiné, poniendo mi cara en el sucio suelo y mostrándole toda mi panocha y mi culo al Infeliz, poniéndolos a su disposición. Él cambió la TV a modo DVD y le dio play a la película que por lo visto había estado viendo, pues se encontraba pausada. Era una película porno que parecía ser casera; en ella se veía a un grupo de hombres desnudos alrededor de una cama en la cual estaba una chica rubia hermosa y de muy buen cuerpo atada y amordazada que lloraba mientras otro tipo la violaba con los pies de ella en los hombros de él. Mi violador se colocó detrás de mí y me dijo:

Te gustaría eso ¿Verdad puta?

¡No!, dije sorprendida, pues en el vídeo acababa de reconocer al tipo que me violaba; ¡era uno de los que esperaban turno alrededor de la cama para violar a la pobre chica!

El tipo se había hincado detrás de mí y ya introducía su verga parada en mí vagina seca.

¡Aaaaauuuuch!, volví a quejarme al sentir la dura penetración sin lubricación, estaba empinada dándole vista directa de mi vagina y mi ano a ese hombre.
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doloroso

1 comentarios - Forzada y abusada en mi nuevo trabajo 2

EveyFran
Impecable.. subía la parte 2 van 10puntos