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mi esposa y el gusto por los albañiles

Mi mujer y yo nos habíamos recostado en nuestra habitación para hacer una siesta. Ella estaba bastante caliente, pero como estaba el albañil trabajando en casa no daba  tener sexo.

De repente ella se levantó de un salto, diciendo que hacía un buen rato que no se oía ruidos en el fondo; por lo que suponía que el albañil había dejado de trabajar.

Le dije que se quedara tranquila; tal vez estaba midiendo algo o pensando cómo continuar; pero ella  insistió y dijo que iría a controlar al hombre.ella ya habia tenido algo con este mismo albañil y mi cabeza se lleno de morbo 
Se dirigió hacia allá y, al principio, solo hubo un silencio prolongado, pero después pude oír claramente unos murmullos creciendo en volumen, como si mi esposa  y el albañil estuvieran discutiendo…

Me levanté de la cama y me acerqué a la ventana, desde donde podía observar lo que sucedía en el fondo, sin ser visto por ellos.

 Él la tenía abrazada con una mano por la cintura y con la otra le levantaba su minifalda de jean y le tocaba la entrepierna. Mi esposa se debatía tratando de evitarlo pero sin poder lograrlo.

Yo estaba a punto de salir  cuando pude notar que ella bajaba los brazos en señal de rendición. Entonces decidí quedarme allí en las sombras y observar qué pasaba allá atrás…

ella  permitió que continuara manoseándola. Su mano subió hacia la musculosa de algodón que llevaba mi esposa y comenzó a tocarle  las tetas por encima de la tela.

El tipo levantó la camiseta y entonces su mano llegó directamente a acariciar los pezones de mi mujercita, que se endurecieron al instante.
Luego su mano libre volvió a bajar, para acariciarle la concha por encima de la delgada tela de su  tanga. Con el otro brazo seguía apretándola contra su fornido cuerpo.
Pude ver que sami  parecía estar bastante excitada…
No sólo lo dejó acariciarla sin más resistencia, sino que, además, separó un poco sus muslos para que la mano  entrara con más facilidad.

El albañil, al darse cuenta que ella aceptaba sus avances, metió un dedo por debajo de la tanga y lo hundió bien profundo entre los labios vaginales de mi esposa. ella  levantó su mano para aferrarse de la nuca del hombre. Sus piernas parecían haberse aflojado y ya no la sostenían de pie.

De repente tuvo un intenso orgasmo que la hizo aflojar del todo. Quedó colgada del brazo del albañil 

El albañil continuó explorando la vagina con su dedo y acariciando con suavidad los labios externos y el clítoris; hasta que sami nuevamente dio otro pequeño grito y se mordió los labios para reprimir más aullidos.
Supe que había tenido un segundo orgasmo en manos de ese tipo.
 Entonces se acercó a ella y metió una mano en su bragueta, sacando a la luz una verga erecta 

ella se quedó con la boca abierta y con expresión de asombro mirando el tamaño de esa pija dura que tenía a escasos centímetros de su cara.

la  tomó  por la nuca y la obligó a acercarse a su pija. 

Miró al albañil a los ojos y luego separó todo lo que pudo sus labios rojos; dejando que su boca lograra apenas tragarse la cabeza de esa poronga enorme…

Entonces el tipo siguió apretándole la nuca, haciendo que esa tremenda pija se deslizara casi hasta la mitad en la garganta de mi mujercita.
mi mujer  se las arregló para chuparla y comerla durante un buen rato.

De pronto la tomo  por los cabellos y la hizo levantar del banco; ordenándole que se quitara la tanga y se pusiera en cuatro sobre unos trapos sucios que había en el suelo.

Luego se arrodilló entre las piernas abiertas de sami y la tomó con firmeza por la cintura; para enseguida empalarse a fondo en un solo envión, aprovechando que esa concha ya estaba muy bien lubricada.

Mi esposa pegó un grito 
 comenzó a bombearla con bastante violencia, dedicándose a su propio placer...
permaneció muy callada, mordiéndose los labios mientras sentía ese pedazo  duro entrar y salir con brutalidad de su humedecida concha.
El único ruido que podía oírse era el que producía el choque de sus dos cuerpos transpirados y enfebrecidos por la calentura.

Mientras observaba a mi mujer siendo poseída salvajemente por ese tipo , mi propia verga me provocó un intenso dolor, que pude calmar solamente masturbándome sin dejar de perderme detalle...

el albañil  le arrancó otro orgasmo 
Entonces sami  se transformó por la manera que estaba gozando y sufriendo con esa enorme pija entrando y saliendo de su vagina.
Comenzó a mover las caderas al compás de las embestidas de su macho.
De manera desafiante le pedía que la cogiera con más brutalidad; que estaba gozando como una perra por la manera en que la estaba cogiendo.

El albañil pareció excitarse con los ruegos de su “puta” y aceleró sus movimientos, arremetiendo con mucha más furia la concha de mi esposa.

mi esposa  tuvo su último orgasmo y se le aflojaron los brazos. Cayó hacia adelante totalmente entregada y quedó casi inmóvil, con la cabeza apoyada sobre el piso 

El albañil aprovechó  arqueó la espalda y anunció gritando que iba a acabar dentro de esa vagina 

Dio una estocadas más y se desplomó sobre la espalda de mi esposa; sin sacarle la pija de adentro.
Unos segundos después se retiró y entonces un río de semen brotó de la concha de mi esposa. Volvió a tomarla por los cabellos y le metió esa verga ya no tan erecta en la boca para que la lamiera  hasta dejarla limpia, después de tragarse hasta la última gota.

Luego sami  se puso de pie y se acomodó la falda de jean que tenía arrollada en la cintura. Se limpió la  vagina con su  tanga. 

Después hizo girar a mi mujer  y la empujó contra una pared, haciendo que ella apoyara sus manos a la altura de la cara. Le levantó otra vez la falda y sin previo aviso le hundió un dedo bien profundo por la cola 



El tipo  le preguntó a ella si yo le daba por el culo…
mi mujer le dijo que si  , y se fue a trabajar 



Al escuchar eso tuve la certeza que en la próxima semana, mi mujercita iba a regresar con la cola destrozada y rebosante de semen…

1 comentarios - mi esposa y el gusto por los albañiles

EveyFran
Tremenda putita tenes. Háganle una doble y vas a ver como moja todo