Día 2 – El primer trío
Cuando los tres la pusieron en el medio de la cama, Paola ya sabía que no iba a poder parar.
El flaco se acostó y la hizo sentarse encima. Cuando la pija le entró en la concha, Paola soltó un gemido largo. Sentía la concha estirada, sensible de las veces anteriores. Empezó a moverse, sintiendo cada centímetro.
Cuando el grandote se puso detrás y empezó a metérsela en el orto, Paola sintió un ardor fuerte. El orto se le abría lentamente, quemando. Tenía los dos agujeros llenos al mismo tiempo. El placer era intenso, casi abrumador. El cuerpo le temblaba, las tetas le rebotaban con cada embestida.
El tercero le metió la pija en la boca y Paola empezó a chupar como podía, con la saliva cayéndole por la barbilla. Se sentía completamente usada, llena por los tres lados.
Pensaba:
“Esto es una locura… soy una puta… pero no puedo parar. Me gusta sentirme así…”
Cuando se corrió por primera vez con los tres adentro, todo el cuerpo le convulsionó. La concha y el orto se apretaron al mismo tiempo alrededor de las pijas. Sintió un orgasmo profundo, casi doloroso, que la dejó sin aire.
Los tipos no paraban. Le decían guarradas y la cambiaban de posición. Paola se corrió varias veces más, con el cuerpo sudado, las tetas rojas, la concha y el orto hinchados y llenos de corrida.
Al final quedó tirada, respirando agitada, con corrida chorreando de todos lados. Se sentía sucia, usada, humillada… pero también poderosa y viva.
Cuando los tres la pusieron en el medio de la cama, Paola ya sabía que no iba a poder parar.
El flaco se acostó y la hizo sentarse encima. Cuando la pija le entró en la concha, Paola soltó un gemido largo. Sentía la concha estirada, sensible de las veces anteriores. Empezó a moverse, sintiendo cada centímetro.
Cuando el grandote se puso detrás y empezó a metérsela en el orto, Paola sintió un ardor fuerte. El orto se le abría lentamente, quemando. Tenía los dos agujeros llenos al mismo tiempo. El placer era intenso, casi abrumador. El cuerpo le temblaba, las tetas le rebotaban con cada embestida.
El tercero le metió la pija en la boca y Paola empezó a chupar como podía, con la saliva cayéndole por la barbilla. Se sentía completamente usada, llena por los tres lados.
Pensaba:
“Esto es una locura… soy una puta… pero no puedo parar. Me gusta sentirme así…”
Cuando se corrió por primera vez con los tres adentro, todo el cuerpo le convulsionó. La concha y el orto se apretaron al mismo tiempo alrededor de las pijas. Sintió un orgasmo profundo, casi doloroso, que la dejó sin aire.
Los tipos no paraban. Le decían guarradas y la cambiaban de posición. Paola se corrió varias veces más, con el cuerpo sudado, las tetas rojas, la concha y el orto hinchados y llenos de corrida.
Al final quedó tirada, respirando agitada, con corrida chorreando de todos lados. Se sentía sucia, usada, humillada… pero también poderosa y viva.
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