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Capítulo Dos: El Juego Empieza con una Foto Equivocada

Pasó una semana. El grupo se volvió a juntar, esta vez en lo del Chino, para un asado. Sofía se puso un short de jean que le marcaba la cola y una remera que se le pegaba con el calor. Lucas, como siempre, estaba cerca. Y ella, sin proponérselo del todo, empezó a agacharse más de la cuenta, a darle la espalda cuando buscaba algo, a pasar cerca de él cuando iba a la heladera. Cosas chiquitas. Nada que se pudiera acusar. Pero todo el mundo lo notaba.
Esa noche, ya en casa, Mateo tiró la idea.
—¿Y si le mandamos una foto?
—¿A Lucas? ¿De qué?
—Tuya. Algo rico. Para que sepa lo que se está perdiendo.
Sofía se puso colorada.
—Pero si no es nada. No estamos haciendo nada.
—Y por eso. Para que sea algo.
Ella buscó en el cajón la bombacha de encaje negro, el corpiño a juego, y se paró frente al espejo del baño. Se sacó el corpiño: los pechos le quedaban redondos, pesados, con los pezones rosados que se le endurecieron apenas se sintió observada, aunque fuera por ella misma.
—¿Así? —preguntó, con el celular de Mateo en la mano.
—Así. Pero que no se te vea la cara. Que sea un misterio.
—¿Y por qué?
—Porque si le mandás la cara, sabe que es la novia de Mateo y ya está. Si no, tiene que adivinar. Y mientras adivina, piensa. Y mientras piensa, se calienta.
Sofía se rió. Le gustaba cómo pensaba Mateo. Se sacó la foto desde el espejo, con el celular tapando media cara, el pelo suelto cayendo sobre un hombro, los pechos apenas velados por el encaje. Quedó un cuerpo sin identidad, anónimo, sugerente. Mateo la revisó, aprobó


Mateo abrió el WhatsApp en su celular, buscó el chat con Lucas y le adjuntó la foto. Antes de mandarla, le escribió un pie de mensaje simple, casi descontracturado, como quien no quiere la cosa:
"Che, adiviná quién."
Le dio enviar. Los dos se quedaron mirando la pantalla, tirados en la cama, con esa mezcla de curiosidad y nervios que da esperar una reacción. Tardó menos de un minuto en aparecer el "escribiendo...".
Lucas: "Pará. ¿Esa es Sofía?"
Mateo: "Puede ser."
Lucas: "No me jodas. Está... la puta madre, Mateo. No me jodas."
Mateo le mostró la pantalla a Sofía, que se rió tapándose la boca con la mano.
—No te reconoció del todo. Está dudando —dijo Mateo.
—¿Y ahora qué le escribís?
—Nada. Lo dejo sufrir un poco.
Lucas: "En serio, decime. ¿Es ella?"
Lucas: "Mateo."
Lucas: "Mateo la concha de tu madre, contestá."
Mateo esperó un poco más, disfrutando. Sofía se estiraba para leer por encima de su hombro. Finalmente, escribió:
"Sí, boludo. Es ella. Se sacó la foto recién y me dijo que te la mande a ver qué decías."
Del otro lado, Lucas tardó unos segundos. Después llegó el mensaje:
"Es un infierno tu novia, hermano. Te lo digo en serio. Está hermosa."
Y enseguida, otro:
"¿Por qué me la mandaste? ¿Es un plan o me estoy haciendo la cabeza?"
Mateo le pasó el celular a Sofía para que leyera. Ella lo leyó dos veces.
—¿Qué le contesto? —preguntó Mateo, aunque ya sabía la respuesta.
—Decile que no se haga la cabeza. —Sofía se mordió el labio—. Que es lo que parece.
Mateo escribió: "No te hagas la cabeza. Es lo que parece."
Lucas: "¿Y hasta dónde va?"
Mateo: "Hasta donde ella quiera."
Esa noche, Sofía y Mateo se acostaron sin hablar mucho. Pero cogieron distinto. Más lento, más mirándose, más conscientes de que había un tercero flotando en el aire. En un momento, ella le confesó, en voz baja, con la boca pegada a su oído:
—Pensé en él.
—Ya sé. Yo también.
Y siguieron, sin decir nada más, dejando que la fantasía hiciera el resto.

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