You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Capítulo Tres: La Provocación Constante

A partir de ahí, todo se volvió un juego silencioso, lento, de esos que se disfrutan más por la espera que por el desenlace. Las juntadas del grupo se convirtieron en un ritual. Sofía empezaba a elegir la ropa pensando en Lucas: un vestido con escote profundo para el cumpleaños de la Vale, una pollera tableada que se le subía cuando se agachaba en el asado del Chino, una blusa blanca con los botones estratégicamente abiertos para la salida al boliche.
Lucas empezó a sentarse siempre frente a ella. Y empezó a mirarla sin disimulo, con esa seguridad de tipo que no tiene miedo de que lo pillen. Cada tanto le tiraba un comentario al pasar:
—Estás linda hoy.
—Gracias. Vos también.
Y nada más. Pero el aire se cargaba. Sofía se moría por dentro, pero no daba el paso. Le costaba. Era de las que necesitan que el otro empuje un poco, que le haga la mitad del camino. Mateo, desde su lugar, la dejaba. Sabía que si la apuraba, se achicaba. Tenía que madurar sola.
Una noche, en un boliche del centro, la cosa llegó a un punto nuevo. Sofía había tomado un par de tragos y estaba más suelta. Bailaba con Mateo, pero cada tanto se daba vuelta y se encontraba con los ojos de Lucas desde la barra. En una de esas, él se acercó y le habló al oído, tapando la música:
—¿Me bailás una?
Sofía miró a Mateo, que levantó las manos como diciendo "hacé lo que quieras".
Bailaron. Poco. Un tema. Pero en esos tres minutos, Lucas le puso la mano en la cintura, apenas, sin apretar. Ella sintió el calor de esa mano a través de la tela fina del vestido. Cuando terminó la canción, él no se alejó enseguida. Se quedó ahí, cerca, mirándola.
—¿Sabés que me tenés loco? —le dijo, sin vueltas.
—¿Yo?
—Vos. Desde aquella foto. Y antes también. Pero ahora es peor.
Sofía se rió, nerviosa.
—¿Y qué vas a hacer?
—No sé. Depende de vos. Y de Mateo.
—Mateo está de acuerdo —dijo ella, y se sorprendió de habérselo dicho tan directo.
Lucas abrió los ojos.
—¿De acuerdo con qué?
—Con... no sé. Con el juego.
Esa noche, en el auto, Mateo la miró de reojo.
—¿Qué te dijo?
—Que lo tengo loco.
—¿Y vos?
—Le dije que estabas de acuerdo.
—¿Con qué?
—No sé, Mateo. Con esto. Con que pase algo.
Mateo se rió y le apretó la mano.
—Bueno. Entonces ya está. Ahora falta que pase.

0 comentarios - Capítulo Tres: La Provocación Constante