Pasó una semana. Los sábados siguieron, los mensajes siguieron, todo siguió. Y Sofía, que ya no aguantaba tenerlo todo adentro, decidió contarle a alguien. A la Vale. Su amiga de años, la única del grupo con la que tenía esa confianza de hablar de todo. La invitó a cenar a su depto, un viernes, con la excusa de "hace mucho que no nos vemos las dos solas". Mateo, esa noche, se quedó en lo de Lucas a ver el partido. Todo calzado.
La Vale llegó a las nueve, con una botella de vino y una sonrisa. Se sentaron, comieron, hablaron de pavadas primero: el laburo, la familia, las salidas del grupo. Hasta que la Vale, que era curiosa y bastante directa, la encaró.
—Che, hace rato que te veo rara.
—¿Rara?
—Rara. Contentísima, pero rara. Y a Mateo y a Lucas también los veo distintos. ¿Qué está pasando?
Sofía se rió. Sirvió más vino. Y arrancó.
—Bueno. Te voy a contar algo. Pero prometeme que no se lo vas a decir a nadie.
—Te lo juro por mi vieja.
Sofía respiró hondo. Y contó. Todo. Desde el principio: la mirada de Lucas en el bar, el vestido rojo, la foto que le mandó Mateo desde su celular, el video, los audios, la primera vez en el sillón, la segunda vez en la cama, la doble penetración. Todo. Con lujo de detalles.
La Vale la escuchaba con la boca cada vez más abierta. En un momento, dejó la copa de vino en la mesa y se sentó de costado en la silla, para escuchar mejor. En otro, se llevó la mano a la boca. En otro, se rió a carcajadas.
—Pará, pará —dijo, en un momento—. ¿Me estás diciendo que cogiste con Lucas, con tu novio mirando?
—Sí.
—¿Y que después él también te cogió?
—Sí.
—¿Y que después los dos te cogieron a la vez?
—Sí.
—¿Los dos a la vez? ¿Uno adelante y uno atrás?
—Sí.
La Vale se quedó en silencio un segundo.
—La puta madre, Sofi.
—Ya sé.
—¿Y cómo fue?
—¿Qué cosa?
—La doble. Contame la doble.
Y Sofía contó. Detalle por detalle. Cómo se había puesto, cómo habían entrado, cómo había sido sentirlos a los dos. La Vale escuchaba cada vez más concentrada, con las mejillas coloradas.
—¿Y no te dolió?
—Al principio un poco. Después no. Después fue... no sé, fue otra cosa. Fue como estar completa.
La Vale se rió.
—Completa.
—Sí. Completa.
—¿Y Mateo?
—¿Qué de Mateo?
—¿Cómo lo lleva?
—Bien. Súper bien. Él empezó todo esto, en realidad. Él me mandó la primera foto.
—¿En serio?
—Sí. Y después me empujó. Me dijo "hasta donde vos quieras".
La Vale se quedó pensando.
—¿Y a vos no te da cosa?
—¿Cosa de qué?
—De estar con dos. De estar con el amigo de tu novio.
—Al principio sí. Ahora no. Ahora es natural.
—¿Natural?
—Sí. Ya no me imagino sin esto.
La Vale tomó un trago largo de vino.
—Estoy impresionada. En serio.
—¿Te gusta?
—Me encanta. Me recontra encanta. Pero al mismo tiempo, no sé, me da... no sé cómo decirlo.
—¿Calor?
La Vale se rió.
—Calor, sí. Mucho calor.
—¿Ahora?
—Ahora mismo. Desde que empezaste a contar, estoy... bueno, estoy incómoda.
—¿Incómoda?
—Sentada. Estoy incómoda sentada. —La Vale se movió en la silla—. Tengo la tanga empapada, Sofi. Te lo digo así.
Sofía se rió a carcajadas.
—¿En serio?
—En serio. Desde que me dijiste lo de la doble penetración. No te miento. Me tuve que apretar las piernas como tres veces.
—Bueno, pero eso es normal.
—¿Normal? ¡Sofi, hace años que no me pasa esto con un relato!
—Entonces es que te gusta.
—Y sí, me gusta. Me gusta un montón. Y ahora estoy acá, con la tanga mojada, y no me la puedo sacar porque vos estás acá.
Sofía se rió más.
—Sacátela.
—¿En serio?
—Sacátela. Total, ya somos grandes.
La Vale se levantó, se sacó la tanga ahí mismo, la puso sobre el respaldo de la silla, y se volvió a sentar. Se rieron las dos.
—Listo —dijo la Vale—. Ahora seguí contando.
—¿Qué querés saber?
—Todo. Contame lo que sentís cuando estás con los dos. Contame cómo te miran. Contame cómo te hablan. Contame lo que te dicen al oído.
Y Sofía siguió contando. Otra hora más. La Vale, ya sin tanga, escuchaba con las piernas cruzadas y las mejillas encendidas. En un momento, se sirvió más vino y le preguntó:
—¿Y ellos dos? ¿Están bien entre ellos?
—Sí. Se llevan bien. Son amigos. Y desde esto, más amigos todavía.
—¿Y nunca se tocaron entre ellos?
—Un poco. Alguna vez.
—¿Y te gusta verlos?
—Me encanta.
—Uf.
A las dos de la mañana, la Vale se fue. Se despidieron con un abrazo largo.
—Gracias por contarme —le dijo la Vale, en la puerta—. En serio.
—Gracias por escuchar.
—Me dejaste loca.
—Ya sé.
—Y me dejaste mojada, ya te dije.
—Andá a dormir y hacé algo con eso.
La Vale se rió y se fue.
Eran casi las dos de la mañana. Sofía ya estaba en la cama, con Mateo dormido al lado, cuando sintió vibrar el celular. Era la Vale.
"Che"
"Estás despierta?"
Sofía miró el mensaje, se rió sola y contestó.
"Sí. ¿Qué pasa?"
"Nada. Que llegué y no me podía dormir"
"¿Por lo que hablamos?"
"Obvio. Sofi, me dejaste mal"
"¿Mal?"
"Bien. Mal de caliente. Como quieras llamarlo"
Sofía se rió bajito, para no despertar a Mateo.
"Contame"
"No, contame vos más. Estuve toda la noche pensando en lo que me contaste"
"¿Y?"
"Y cuando llegué, me saqué la ropa, me metí en la cama, y me puse a pensar"
"¿A pensar?"
"Sofi, no te hagas la boluda"
"Contame"
"Me empecé a tocar"
Sofía se sentó en la cama. Mateo seguía dormido al lado.
"¿En serio?"
"Sí. En serio"
"¿Pensando en qué?"
"En dos cosas"
"Contame las dos"
"Primero me imaginé a mí en tu lugar. Con dos tipos. Con uno adelante y uno atrás. Como me contaste vos. Me imaginé la sensación, el peso, los dos a la vez. Y con eso me calenté mal"
"¿Y la segunda?"
"La segunda fue después. Me imaginé a vos. Cogida por dos pijas grandes. Bien cogida. Y ahí ya no aguanté más"
Sofía se mordió el labio.
"¿Te acabaste?"
"Sí. Fuerte. Muy fuerte. Hacía mucho que no me pasaba. Fue una cosa... no sé. Fue como un orgasmo de los que te dejan tirada"
"La puta madre Vale"
"Ya sé"
"¿Y ahora cómo estás?"
"Ahora estoy tirada. Sin aire. Con las piernas todavía temblando"
"Qué bueno"
"Y vos, qué hacés despierta?"
"Mateo dormido. Yo mirando el techo. Pensando"
"¿Pensando en qué?"
"En vos. En que me contaste que te tocaste pensando en mí"
"Pensando en lo que me contaste vos, en realidad"
"Y sí. Pero yo estaba en el medio"
"Y sí. Estabas. Con dos tipos"
"¿Y qué te imaginaste?"
"Todo. Te imaginé cogiendo con ellos. Y me imaginé que estabas ahí, adelante de mí, y yo te miraba"
"Uf"
"Y después me imaginé que vos me mirabas a mí, mientras ellos te cogían"
"Y yo qué hacía?"
"Nada. Me mirabas. Y eso era suficiente"
Sofía se quedó un rato sin contestar. Después escribió.
"Vale"
"Qué"
"Ahora estoy mojada yo también"
"Jajaja"
"En serio"
"Qué bueno, Sofi. Qué bueno"
"¿Nos estamos volviendo todas locas?"
"Puede ser. O capaz que esto siempre estuvo ahí y vos lo despertaste"
"Y vos qué vas a hacer?"
"Ahora? Nada. Ya me acabé una vez. Capaz que me acabe otra"
"Dale"
"¿Vos también?"
"Sí. Me voy a tocar"
"¿Pensando en qué?"
"En vos. En lo que me contaste. En que te acabaste pensando en mí"
"Uf, Sofi"
"Buena suerte"
"Buena suerte vos"
Sofía dejó el celular a un costado, se bajó la bombacha, y se tocó despacio, con la mano pegada a la concha, con Mateo dormido al lado. Pensó en la Vale, en la cara que habrá puesto, en las piernas temblando. Y se vino en un par de minutos, con la respiración contenida para no despertar a Mateo.
Cuando terminó, agarró el celular de nuevo.
"Vale"
"Acá"
"Ya está"
"¿Te viniste?"
"Sí"
"Yo también"
"Qué locura"
"Qué locura, sí"
Se quedaron un rato en silencio virtual, cada una tirada en su cama. Después la Vale escribió de nuevo.
"Che"
"Qué"
"¿Tenés fotos?"
"¿Fotos de qué?"
"De ellos. De los chicos. De... ya sabés"
Sofía se rió.
"Tengo un par. Guardadas"
"Mandame"
"¿Ahora?"
"Ahora. Dale"
Sofía buscó en la galería. Tenía fotos que Mateo le había mandado, y otras que Lucas le había mandado. Una de Mateo en la cama, con la pija dura, recién levantado. Una de Lucas después del gimnasio, con el torso al aire y una toalla. Y una tercera que se había sacado ella misma, en el baño, con los dos celulares en el espejo, con las dos pijas en las pantallas. La mandó primero.
"Mirá esto"
La Vale tardó unos segundos.
"PARÁ"
"¿Qué?"
"¿Esos son los dos?"
"Sí"
"Sofi, tienen unas pijas hermosas"
"Ya sé"
"Así te cogieron?"
"Así"
"No me puedo creer"
"¿Te gustan?"
"Me encantan. La de Lucas es más gruesa, ¿no?"
"Sí"
"Y la de Mateo más larga"
"Sí"
"Uf"
Después Sofía mandó las otras dos. La de Mateo en la cama, la de Lucas con la toalla. La Vale respondió con una ráfaga.
"PARÁ"
"PARÁ PARÁ PARÁ"
"Sofi"
"Esto es mucho"
"Estoy mojada de nuevo"
"Posta"
Sofía se rió sola en la cama.
"Mandame vos. Cómo estás"
"¿Yo? Estoy desnuda"
"Mandame una foto"
La Vale tardó un minuto. Después llegó una foto de su cama, con la sábana blanca, y una mancha visible entre las piernas. Una mancha húmeda, alargada, que se notaba sobre la tela.
"Esto es lo que dejé"
Sofía abrió los ojos.
"Vale, mojaste la cama"
"Ya sé. Mirá el enchastre que hice"
"Es un charco"
"Ya sé, boluda. Por tu culpa"
"Qué bueno"
"Y ahora tengo la concha toda pegada"
"Mandame una foto de cómo estás ahora"
La Vale mandó otra. Esta vez con las piernas abiertas, la concha al aire, los dedos todavía mojados. Sofía la miró un rato largo.
"Estás hermosa"
"Gracias. Mandame vos"
Sofía se sacó una foto en el espejo del baño, desnuda, con las tetas al aire y la concha apenas velada por la sombra. La mandó.
"Sofi, la concha que tenés"
"Gracias"
"Che, ¿y si nos grabamos?"
"¿Videos?"
"Sí. Cortos. Uno cada una. Y nos los mandamos"
Sofía lo pensó un segundo.
"Dale"
Se puso el celular en el respaldo del sillón, apuntando a la cama, y se dio play. Se tocó despacio, mirando la cámara. Al minuto y medio ya estaba cerca. Cortó el video y lo mandó.
La Vale respondió enseguida.
"La puta madre Sofi"
"¿Te gustó?"
"Mucho. Ahora te mando el mío"
Tardó unos minutos. Después llegó un video de la Vale en la cama, con las piernas abiertas, tocándose con dos dedos, gimiendo bajito. Se veía que estaba cerca, que se apuraba. En el video se la escuchaba decir "Sofi" una vez, bajito, casi para sí misma. Sofía lo miró dos veces.
"Vale"
"Qué"
"Dijiste mi nombre"
"¿Sí?"
"Sí. En el video. Dijiste Sofi"
"Ah"
"¿Y eso?"
"Y... no sé. Se me salió"
"Me gustó"
"Qué bueno"
"Dale, seguimos"
Se pusieron las dos a tocarse de nuevo, esta vez escribiéndose mientras lo hacían. Cada tanto se mandaban un audio corto, con un gemido, con un "uy", con un "no puedo más". La Vale escribió, entre jadeos:
"Pensá en mí"
"Estoy pensando en vos"
"Pensá que estoy ahí"
"Estás ahí"
"Y los dos te están cogiendo"
"Sí"
"Y yo te miro"
"Sí"
"Y me toco mirándote"
"Uf"
"Dale Sofi, dale"
"Voy a acabar"
"Yo también"
"Dale"
"Dale"
Se vinieron casi al mismo tiempo, sin verse, cada una en su cama, a cientos de metros de distancia, con el celular en la mano. Sofía se vino con la respiración contenida, y después de unos segundos mandó:
"Listo"
La Vale tardó unos minutos en contestar.
"Listo"
"¿Todo bien?"
"Todo bien. Tirada"
"Yo también"
"Sofi"
"Qué"
"Gracias por haberme contado todo"
"Gracias a vos por escuchar. Y por esto"
"¿Vamos a seguir haciendo esto?"
"Si querés, sí"
"Quiero"
"Bueno"
"Buenas noches"
"Buenas noches, Vale"
Sofía dejó el celular en la mesa de luz, se dio vuelta, y se abrazó a Mateo. Él, dormido, le pasó el brazo por la cintura sin despertarse. Sofía cerró los ojos. Y se durmió pensando en la Vale, en lo que le había contado, en lo que le había mandado, y en lo que le había dicho. Porque ahora también había alguien afuera, mirando. Y eso, lejos de molestarle, la calentaba.
La Vale llegó a las nueve, con una botella de vino y una sonrisa. Se sentaron, comieron, hablaron de pavadas primero: el laburo, la familia, las salidas del grupo. Hasta que la Vale, que era curiosa y bastante directa, la encaró.
—Che, hace rato que te veo rara.
—¿Rara?
—Rara. Contentísima, pero rara. Y a Mateo y a Lucas también los veo distintos. ¿Qué está pasando?
Sofía se rió. Sirvió más vino. Y arrancó.
—Bueno. Te voy a contar algo. Pero prometeme que no se lo vas a decir a nadie.
—Te lo juro por mi vieja.
Sofía respiró hondo. Y contó. Todo. Desde el principio: la mirada de Lucas en el bar, el vestido rojo, la foto que le mandó Mateo desde su celular, el video, los audios, la primera vez en el sillón, la segunda vez en la cama, la doble penetración. Todo. Con lujo de detalles.
La Vale la escuchaba con la boca cada vez más abierta. En un momento, dejó la copa de vino en la mesa y se sentó de costado en la silla, para escuchar mejor. En otro, se llevó la mano a la boca. En otro, se rió a carcajadas.
—Pará, pará —dijo, en un momento—. ¿Me estás diciendo que cogiste con Lucas, con tu novio mirando?
—Sí.
—¿Y que después él también te cogió?
—Sí.
—¿Y que después los dos te cogieron a la vez?
—Sí.
—¿Los dos a la vez? ¿Uno adelante y uno atrás?
—Sí.
La Vale se quedó en silencio un segundo.
—La puta madre, Sofi.
—Ya sé.
—¿Y cómo fue?
—¿Qué cosa?
—La doble. Contame la doble.
Y Sofía contó. Detalle por detalle. Cómo se había puesto, cómo habían entrado, cómo había sido sentirlos a los dos. La Vale escuchaba cada vez más concentrada, con las mejillas coloradas.
—¿Y no te dolió?
—Al principio un poco. Después no. Después fue... no sé, fue otra cosa. Fue como estar completa.
La Vale se rió.
—Completa.
—Sí. Completa.
—¿Y Mateo?
—¿Qué de Mateo?
—¿Cómo lo lleva?
—Bien. Súper bien. Él empezó todo esto, en realidad. Él me mandó la primera foto.
—¿En serio?
—Sí. Y después me empujó. Me dijo "hasta donde vos quieras".
La Vale se quedó pensando.
—¿Y a vos no te da cosa?
—¿Cosa de qué?
—De estar con dos. De estar con el amigo de tu novio.
—Al principio sí. Ahora no. Ahora es natural.
—¿Natural?
—Sí. Ya no me imagino sin esto.
La Vale tomó un trago largo de vino.
—Estoy impresionada. En serio.
—¿Te gusta?
—Me encanta. Me recontra encanta. Pero al mismo tiempo, no sé, me da... no sé cómo decirlo.
—¿Calor?
La Vale se rió.
—Calor, sí. Mucho calor.
—¿Ahora?
—Ahora mismo. Desde que empezaste a contar, estoy... bueno, estoy incómoda.
—¿Incómoda?
—Sentada. Estoy incómoda sentada. —La Vale se movió en la silla—. Tengo la tanga empapada, Sofi. Te lo digo así.
Sofía se rió a carcajadas.
—¿En serio?
—En serio. Desde que me dijiste lo de la doble penetración. No te miento. Me tuve que apretar las piernas como tres veces.
—Bueno, pero eso es normal.
—¿Normal? ¡Sofi, hace años que no me pasa esto con un relato!
—Entonces es que te gusta.
—Y sí, me gusta. Me gusta un montón. Y ahora estoy acá, con la tanga mojada, y no me la puedo sacar porque vos estás acá.
Sofía se rió más.
—Sacátela.
—¿En serio?
—Sacátela. Total, ya somos grandes.
La Vale se levantó, se sacó la tanga ahí mismo, la puso sobre el respaldo de la silla, y se volvió a sentar. Se rieron las dos.
—Listo —dijo la Vale—. Ahora seguí contando.
—¿Qué querés saber?
—Todo. Contame lo que sentís cuando estás con los dos. Contame cómo te miran. Contame cómo te hablan. Contame lo que te dicen al oído.
Y Sofía siguió contando. Otra hora más. La Vale, ya sin tanga, escuchaba con las piernas cruzadas y las mejillas encendidas. En un momento, se sirvió más vino y le preguntó:
—¿Y ellos dos? ¿Están bien entre ellos?
—Sí. Se llevan bien. Son amigos. Y desde esto, más amigos todavía.
—¿Y nunca se tocaron entre ellos?
—Un poco. Alguna vez.
—¿Y te gusta verlos?
—Me encanta.
—Uf.
A las dos de la mañana, la Vale se fue. Se despidieron con un abrazo largo.
—Gracias por contarme —le dijo la Vale, en la puerta—. En serio.
—Gracias por escuchar.
—Me dejaste loca.
—Ya sé.
—Y me dejaste mojada, ya te dije.
—Andá a dormir y hacé algo con eso.
La Vale se rió y se fue.
Eran casi las dos de la mañana. Sofía ya estaba en la cama, con Mateo dormido al lado, cuando sintió vibrar el celular. Era la Vale.
"Che"
"Estás despierta?"
Sofía miró el mensaje, se rió sola y contestó.
"Sí. ¿Qué pasa?"
"Nada. Que llegué y no me podía dormir"
"¿Por lo que hablamos?"
"Obvio. Sofi, me dejaste mal"
"¿Mal?"
"Bien. Mal de caliente. Como quieras llamarlo"
Sofía se rió bajito, para no despertar a Mateo.
"Contame"
"No, contame vos más. Estuve toda la noche pensando en lo que me contaste"
"¿Y?"
"Y cuando llegué, me saqué la ropa, me metí en la cama, y me puse a pensar"
"¿A pensar?"
"Sofi, no te hagas la boluda"
"Contame"
"Me empecé a tocar"
Sofía se sentó en la cama. Mateo seguía dormido al lado.
"¿En serio?"
"Sí. En serio"
"¿Pensando en qué?"
"En dos cosas"
"Contame las dos"
"Primero me imaginé a mí en tu lugar. Con dos tipos. Con uno adelante y uno atrás. Como me contaste vos. Me imaginé la sensación, el peso, los dos a la vez. Y con eso me calenté mal"
"¿Y la segunda?"
"La segunda fue después. Me imaginé a vos. Cogida por dos pijas grandes. Bien cogida. Y ahí ya no aguanté más"
Sofía se mordió el labio.
"¿Te acabaste?"
"Sí. Fuerte. Muy fuerte. Hacía mucho que no me pasaba. Fue una cosa... no sé. Fue como un orgasmo de los que te dejan tirada"
"La puta madre Vale"
"Ya sé"
"¿Y ahora cómo estás?"
"Ahora estoy tirada. Sin aire. Con las piernas todavía temblando"
"Qué bueno"
"Y vos, qué hacés despierta?"
"Mateo dormido. Yo mirando el techo. Pensando"
"¿Pensando en qué?"
"En vos. En que me contaste que te tocaste pensando en mí"
"Pensando en lo que me contaste vos, en realidad"
"Y sí. Pero yo estaba en el medio"
"Y sí. Estabas. Con dos tipos"
"¿Y qué te imaginaste?"
"Todo. Te imaginé cogiendo con ellos. Y me imaginé que estabas ahí, adelante de mí, y yo te miraba"
"Uf"
"Y después me imaginé que vos me mirabas a mí, mientras ellos te cogían"
"Y yo qué hacía?"
"Nada. Me mirabas. Y eso era suficiente"
Sofía se quedó un rato sin contestar. Después escribió.
"Vale"
"Qué"
"Ahora estoy mojada yo también"
"Jajaja"
"En serio"
"Qué bueno, Sofi. Qué bueno"
"¿Nos estamos volviendo todas locas?"
"Puede ser. O capaz que esto siempre estuvo ahí y vos lo despertaste"
"Y vos qué vas a hacer?"
"Ahora? Nada. Ya me acabé una vez. Capaz que me acabe otra"
"Dale"
"¿Vos también?"
"Sí. Me voy a tocar"
"¿Pensando en qué?"
"En vos. En lo que me contaste. En que te acabaste pensando en mí"
"Uf, Sofi"
"Buena suerte"
"Buena suerte vos"
Sofía dejó el celular a un costado, se bajó la bombacha, y se tocó despacio, con la mano pegada a la concha, con Mateo dormido al lado. Pensó en la Vale, en la cara que habrá puesto, en las piernas temblando. Y se vino en un par de minutos, con la respiración contenida para no despertar a Mateo.
Cuando terminó, agarró el celular de nuevo.
"Vale"
"Acá"
"Ya está"
"¿Te viniste?"
"Sí"
"Yo también"
"Qué locura"
"Qué locura, sí"
Se quedaron un rato en silencio virtual, cada una tirada en su cama. Después la Vale escribió de nuevo.
"Che"
"Qué"
"¿Tenés fotos?"
"¿Fotos de qué?"
"De ellos. De los chicos. De... ya sabés"
Sofía se rió.
"Tengo un par. Guardadas"
"Mandame"
"¿Ahora?"
"Ahora. Dale"
Sofía buscó en la galería. Tenía fotos que Mateo le había mandado, y otras que Lucas le había mandado. Una de Mateo en la cama, con la pija dura, recién levantado. Una de Lucas después del gimnasio, con el torso al aire y una toalla. Y una tercera que se había sacado ella misma, en el baño, con los dos celulares en el espejo, con las dos pijas en las pantallas. La mandó primero.
"Mirá esto"
La Vale tardó unos segundos.
"PARÁ"
"¿Qué?"
"¿Esos son los dos?"
"Sí"
"Sofi, tienen unas pijas hermosas"
"Ya sé"
"Así te cogieron?"
"Así"
"No me puedo creer"
"¿Te gustan?"
"Me encantan. La de Lucas es más gruesa, ¿no?"
"Sí"
"Y la de Mateo más larga"
"Sí"
"Uf"
Después Sofía mandó las otras dos. La de Mateo en la cama, la de Lucas con la toalla. La Vale respondió con una ráfaga.
"PARÁ"
"PARÁ PARÁ PARÁ"
"Sofi"
"Esto es mucho"
"Estoy mojada de nuevo"
"Posta"
Sofía se rió sola en la cama.
"Mandame vos. Cómo estás"
"¿Yo? Estoy desnuda"
"Mandame una foto"
La Vale tardó un minuto. Después llegó una foto de su cama, con la sábana blanca, y una mancha visible entre las piernas. Una mancha húmeda, alargada, que se notaba sobre la tela.
"Esto es lo que dejé"
Sofía abrió los ojos.
"Vale, mojaste la cama"
"Ya sé. Mirá el enchastre que hice"
"Es un charco"
"Ya sé, boluda. Por tu culpa"
"Qué bueno"
"Y ahora tengo la concha toda pegada"
"Mandame una foto de cómo estás ahora"
La Vale mandó otra. Esta vez con las piernas abiertas, la concha al aire, los dedos todavía mojados. Sofía la miró un rato largo.
"Estás hermosa"
"Gracias. Mandame vos"
Sofía se sacó una foto en el espejo del baño, desnuda, con las tetas al aire y la concha apenas velada por la sombra. La mandó.
"Sofi, la concha que tenés"
"Gracias"
"Che, ¿y si nos grabamos?"
"¿Videos?"
"Sí. Cortos. Uno cada una. Y nos los mandamos"
Sofía lo pensó un segundo.
"Dale"
Se puso el celular en el respaldo del sillón, apuntando a la cama, y se dio play. Se tocó despacio, mirando la cámara. Al minuto y medio ya estaba cerca. Cortó el video y lo mandó.
La Vale respondió enseguida.
"La puta madre Sofi"
"¿Te gustó?"
"Mucho. Ahora te mando el mío"
Tardó unos minutos. Después llegó un video de la Vale en la cama, con las piernas abiertas, tocándose con dos dedos, gimiendo bajito. Se veía que estaba cerca, que se apuraba. En el video se la escuchaba decir "Sofi" una vez, bajito, casi para sí misma. Sofía lo miró dos veces.
"Vale"
"Qué"
"Dijiste mi nombre"
"¿Sí?"
"Sí. En el video. Dijiste Sofi"
"Ah"
"¿Y eso?"
"Y... no sé. Se me salió"
"Me gustó"
"Qué bueno"
"Dale, seguimos"
Se pusieron las dos a tocarse de nuevo, esta vez escribiéndose mientras lo hacían. Cada tanto se mandaban un audio corto, con un gemido, con un "uy", con un "no puedo más". La Vale escribió, entre jadeos:
"Pensá en mí"
"Estoy pensando en vos"
"Pensá que estoy ahí"
"Estás ahí"
"Y los dos te están cogiendo"
"Sí"
"Y yo te miro"
"Sí"
"Y me toco mirándote"
"Uf"
"Dale Sofi, dale"
"Voy a acabar"
"Yo también"
"Dale"
"Dale"
Se vinieron casi al mismo tiempo, sin verse, cada una en su cama, a cientos de metros de distancia, con el celular en la mano. Sofía se vino con la respiración contenida, y después de unos segundos mandó:
"Listo"
La Vale tardó unos minutos en contestar.
"Listo"
"¿Todo bien?"
"Todo bien. Tirada"
"Yo también"
"Sofi"
"Qué"
"Gracias por haberme contado todo"
"Gracias a vos por escuchar. Y por esto"
"¿Vamos a seguir haciendo esto?"
"Si querés, sí"
"Quiero"
"Bueno"
"Buenas noches"
"Buenas noches, Vale"
Sofía dejó el celular en la mesa de luz, se dio vuelta, y se abrazó a Mateo. Él, dormido, le pasó el brazo por la cintura sin despertarse. Sofía cerró los ojos. Y se durmió pensando en la Vale, en lo que le había contado, en lo que le había mandado, y en lo que le había dicho. Porque ahora también había alguien afuera, mirando. Y eso, lejos de molestarle, la calentaba.
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