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Mi primer año de internado medico: una compañera inesperada

Mi primer año de internado medico: una compañera inesperada
Cuando comencé mi internado médico, la última etapa de mi formación antes de graduarme como médico, sabía que me esperaba un año lleno de experiencias, desafíos y situaciones que difícilmente olvidaría. El internado tenía una duración de doce meses y, como parte del programa, me correspondió realizarlo en un hospital rural, ubicado en una zona de escasos recursos y con importantes limitaciones tanto en infraestructura como en equipamiento médico.

El primer día recibimos la inducción correspondiente. Nos explicaron cómo estaría organizado nuestro año de formación en ese hospital, las diferentes áreas por las que debíamos rotar y las responsabilidades que tendríamos en cada servicio: urgencias, ginecología, pediatría y quirófano.

También nos presentaron al personal médico del hospital: los médicos veteranos del servicio de urgencias, los especialistas de las diferentes áreas y los médicos internos que ya estaban próximos a finalizar su formación.

Entre estos últimos se encontraban los llamados I2, es decir, los internos que cursaban su segundo semestre de internado.

Fue entonces cuando conocí a Ana Karina.

Era una mujer alta, de piel blanca y cabello pelirrojo. Tenía una figura muy llamativa, con curvas pronunciadas, un tremendo culo, piernas gruesas y una silueta voluptuosa que no pasaba desapercibida. Su uniforme médico, bastante ajustado, acentuaban todavía más su atractiva figura, lo tenía tan marcado que su vagina se notaba. Era una mujer que destacaba fácilmente entre el personal del hospital.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención no fue únicamente su apariencia, sino el interés particular que mostró en mí desde el primer momento.

A diferencia de los demás compañeros, Ana Karina se acercó personalmente para explicarme cómo funcionaba todo dentro del hospital. Me habló de los médicos de urgencias, de los especialistas, de la dinámica de trabajo de cada servicio y de las particularidades que debía tener en cuenta para sobrevivir a las exigencias del internado, noté que me sonreía y me picaba el ojo, en algunos momentos me pasaba su mano por mis piernas y las apretaba fuerte, yo pensé que era algo que normalmente hacía con sus compañeros.

Incluso se tomó el tiempo de organizarme el cuadro de turnos.

Lo curioso fue que, sin que yo se lo pidiera, me propuso colocarme exactamente los mismos turnos que ella tenía asignados.

—Así puedo explicarte mejor cómo funciona todo y ayudarte cuando tengas alguna duda —me comentó.

Me pareció una buena idea y acepté sin darle demasiada importancia. Después de todo, era nuevo en aquel hospital y contar con alguien experimentado que pudiera orientarme era una ventaja.

Mi primer turno sería al día siguiente: una guardia nocturna en el servicio de ginecología.

El servicio estaba ubicado en el segundo piso del hospital muy retirado. Era un área relativamente pequeña, con habitaciones para las pacientes hospitalizadas, una estación de enfermería y los espacios destinados a las valoraciones ginecológicas.

Aquella noche estaríamos de guardia dos enfermeras, un ginecólogo de aproximadamente ochenta años y nosotros dos como médicos internos: Ana Karina y yo.

Nuestro turno comenzaba a las siete de la noche. Llegué al turno y vi a Ana Karina con un uniforme rosado súper ajustado. En esta oportunidad, su uniforme estaba aún más ceñido, tanto que se le marcaba completamente la vagina y se le veía un trasero grande y muy rico.

La saludé con un beso en la mejilla y me dijo:

—Doctor, usted tiene un olor muy característico que me encanta y me vuelve loca, este fue el segundo aviso.

Me sonrojé e intenté actuar con normalidad.

Como era habitual, antes de iniciar nuestras actividades, los compañeros que terminaban su jornada nos hicieron la entrega de guardia. Nos informaron sobre el estado de las pacientes hospitalizadas, sus diagnósticos, tratamientos y pendientes.

En total, quedaban cinco pacientes hospitalizadas y otras cinco pendientes de valoración.

Anotamos los nombres, revisamos la información clínica y escuchamos atentamente cada uno de los detalles que nos transmitieron.

Una vez finalizada la entrega, comenzó oficialmente mi primera guardia nocturna en aquel hospital rural.

Ana Karina y yo nos dispusimos a revisar a las pacientes junto con el especialista. Yo todavía estaba adaptándome al funcionamiento del hospital, intentando recordar cada indicación y comprender la dinámica del servicio, ella siempre me sonreía y saboreaba sus labios.

No imaginaba que aquella primera noche de internado terminaría convirtiéndose en una experiencia que recordaría durante mucho tiempo.


A eso de las 12 de la noche, todo se calmó. Apagamos las luces de las habitaciones de las pacientes hospitalizadas y las del área de urgencias ginecológicas. Las enfermeras y el ginecólogo se fueron a dormir y quedamos los dos solos en el consultorio. Al principio, estábamos viendo una película en el computador, cada uno sentado en su propia silla.

Noté que ella me miraba mucho y se reía constantemente, hasta que me atreví a preguntarle qué le pasaba. Me dijo que me parecía mucho a su ex. Le respondí que lo sentía mucho, pero ella me dijo:

—No, en cambio, me hiciste recordar cosas ricas.

Le pregunté qué tipo de cosas ricas y me respondió:

—Cuando tenía sexo con él, era muy caliente. Lo dejé porque me engañó con mi mejor amiga.

Entonces, le dije:

—Bueno, en algo nos parecemos él y yo, porque yo también soy muy caliente. Siempre me gusta tener sexo 3 veces al día.


Ella se puso súper roja y me dijo:

—¿Sabes qué? Con eso que dijiste, ya mi vagina se mojó.

—Espérame aquí —me dijo.

Se me puso la verga dura. Ella fue al baño y, mientras tanto, yo le puse seguro a la puerta. Cuando salió, estaba completamente desnuda.

Ufff, era una mujer increíble, con un cuerpo de locura y la piel completamente llena de pecas. Tenía unos senos paraditos y firmes, unas de las mejores tetas operadas que había visto en mi vida, los pezones rosados y una figura de infarto. Tenía un poco de vello rojizo en la parte superior de su zona íntima, mientras que sus labios eran rosaditos y no tenían pelos.

Se acercó a mí, puso música como de estriptis y se sentó encima de mí. Empezó a moverse, completamente desnuda, mientras me agarraba el cuello con las manos. Me besó los labios con mucha pasión, sacó la lengua y la mezcló con la mía. Después, hizo movimientos más fuertes sobre mi pantalón.

Luego, me bajó los pantalones y el bóxer, y comenzó a besarme mi verga, me hizo sexo oral, me lamia los testículos, hubo un momento en que casi me los muerde, salte del susto, pero nos reímos y seguimos. La tensión entre los dos aumentaba a cada instante.

La cargué y la senté sobre el escritorio. Después, le hice sexo oral, buscando su clítoris, lo succione y lo chupe y acariciándolo con la lengua, mientras la estimulaba con el dedo índice su vagina. Ella se excitó aún más, me empujó suavemente y me sentó de nuevo en la silla.


Mete mi verga en su vagina. Sentí el calor de sus fluidos en mi pene. Ella sube y baja de forma rápida y gime. Poco después, nos dejamos llevar por el momento. La intensidad fue aumentando y los movimientos se hicieron cada vez más rápidos. La silla hacía mucho ruido, pero eso no pareció importarle, siguió dando sentones de arriba a bajo y luego en forma de circular, estaba toda mojada. 

Después, se levantó y se subió a la camilla ginecológica, colocándose en cuatro. Como la camilla era muy alta, utilicé una banca para alcanzar su altura. Me impresionó su figura y, una vez más, nos dejamos llevar por la pasión.

Le veo el tremendo culo que tiene y una figura de colección. Meto mi verga en su vagina y le doy duro, hasta que me dice:

—Doctor, dame duro esa verga gorda y grande que tienes.

Aumento la velocidad y le doy verga duro, cada vez más duro. Luego, bajo la velocidad y le doy despacio y lento. Me dice que ella pidió verga dura, así que aumento la velocidad nuevamente. Le doy duro y le pego en sus nalgas, que se ponen súper rojas.

Ella grita de placer y me dice:

—¡Me vengo, me vengo! Dame duro, que me orino.

Le di verga duro, se orina y nos vinimos los dos. Eyaculé dentro de ella. Le temblaban las piernas. Nos bajamos y la ayudé a bajar. Después, me besó y me dijo:

—Nunca me habían dado verga tan rico, doctor. Te felicito. Esto será nuestro secreto...

1 comentarios - Mi primer año de internado medico: una compañera inesperada

lusio098689
Alguien que le haga tributo a mi novia? Manden dm