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asi empezo todo

ayer  después de varios vasos de vino, me atreví:
—¿Tú… lo has pensado en serio? ¿De verdad quieres ver a alguien más tocándome estas tetas… y metiéndose dentro de mí?
Me miró, me bajó el corpiño, me sacó una teta y me chupó el pezón fuerte antes de responder:
 Quiero ver cómo se te ponen estas tetas mientras te culean… pero siempre sabiendo que al final me perteneces a mí.
Esa frase me destrozó.
. Fuimos a un club swinger. Yo iba con el mismo estilo de ropa: un vestido rojo abierto al frente que dejaba mis tetas casi afuera y un hilo negro. Al entrar, todas las miradas se me fueron encima. Mis pechos grandes y pesados llamaban la atención. Mi esposo me abrazó desde atrás, me metió la mano por debajo del vestido y me empezó a tocar la concha enfrente de todo el mundo mientras me susurraba:
 todos quieren chuparte estas tetas y culearte. Y pronto alguno lo va a hacer.


Una pareja se acercó. Él alto y bien dotado, ella curvilínea. La mujer no disimuló: me miró directo a las tetas y dijo:
—Dios mío… ¿me dejas chupártelas mientras tu esposo te mira?
Mi marido apretó mi mano. Yo asentí.
Nos llevaron a una habitación. Me recostaron. Mi esposo se sentó frente a mí, se sacó la verga y se empezó a masturbar mientras la mujer se arrodillaba. Primero me bajó el corpiño y se enterró la cara entre mis tetas. Las chupó, las mordió, las apretó juntas y las lamió  Después bajó, me abrió las piernas, me corrió el hilo negro a un lado y me metió la lengua en la concha. Chupó mi clítoris con fuerza mientras me metía dos dedos. Yo gemía mirando a mi marido, que tenía la verga dura y goteando.
—Así, mi amor… deja que te chupe bien esas tetas y esa concha —me decía—. Ábrete más. Quiero ver cómo te vienes en su cara.
acabe  fuerte, apretándole la cabeza contra mi concha . Apenas terminé, su esposo se acercó. Mi marido asintió. El otro hombre me abrió las piernas, me puso la cabeza de la verga en la entrada y empujó. Me la metió completa. Era gruesa y me llenó. Me culeó profundo mientras yo le chupaba las tetas a la mujer y mi esposo me metía la verga en la boca. Me cogieron  los tres. Me llenaron de saliva, de marcas y de gemidos.
Esa noche, cuando volvimos a casa, él no esperó. Me tiró contra la puerta, me levantó el vestido y me culeó . Me agarraba las tetas con las dos manos, me las apretaba fuerte y me decía al oído:
—Vi cómo te las chupaban… vi cómo te la metían… y aún así viniste a casa a abrirme las piernas. Eres mía. Dilo.
—Soy tuya… —jadeaba yo mientras él me reventaba—. Aunque me culeen otros… estas tetas y esta concha siempre son tuyas.
acabo  tan adentro que sentí cómo me llenaba y se me escapaba por los muslos.
Después de eso ya no hubo vuelta atrás.
Empezamos a ir más seguido. Hubo noches en las que yo cogia  a otro hombre mientras mi esposo me chupaba los pezones y me decía lo puta que me veía con esas tetas . Noches en las que él me culeaba por atrás mientras yo le chupaba la verga a otro. Noches donde terminábamos los cuatro en la misma cama, sudados, con mis tetas llenas de marcas de dientes y saliva ajena, y él al final me miraba y me decía:
—Ahora ven aquí… y dame lo que es mío.
Ahora, cuando estamos solos, a veces me agarra del cuello, me pone contra la pared, me saca una teta y me pregunta:
—¿Recuerdas la primera vez que dejaste que alguien más te chupara estas tetas… y después te metiera la verga… frente a mí?
Y yo sonrío, me arrodillo, le saco la verga y le contesto con la boca llena:
—Cómo olvidarlo. Fue el día en que dejé de ser solo tuya… y empecé a ser completamente tuya.
Porque sí. Él me metió en el ambiente swinger.  
Pero yo fui quien decidió quedarme… y abrir las piernas cada vez más, con estas tetas grandes, esta cintura y esta cara de putita que ahora todos quieren probar.
Y cada vez que otra pareja nos mira, nos toca o se une a nosotros, yo sé que al final de la noche voy a volver a casa con la concha usada, las tetas marcadas y el cuerpo satisfecho… pero siempre, siempre, perteneciendo al único hombre que realmente me posee: mi esposo.

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