LA EMOCIÓN DE NUESTRA PRIMER EXPERIENCIA II
Somos Armando y Elba, en mi anterior relato les conté el como pude convencer a mi esposa de probar tener s3xo con otro hombre, el elegido fue nuestro amigo Franco.
Cuando el entró a la oficina de nuestra casa, ella que estaba sentada en el sofá que tenemos, al pararse para cerrar con seguro la puerta, aprovechó para mostrarle la tanguita que se había puesto en esta ocasión tan especial para nosotros.
Franco, solo dejó que ella le pusiera el seguro a la puerta e inmediatamente la tomó por la cintura, la atrajo hacia el y la abrazó fuertemente haciéndole sentir lo exc1tado que ya estaba, le preguntó como se sentía y que estaba hermosa, que yo le había hablado y explicado nuestra fantasía y que estaba encantado en ayudarnos. Tal cual le había anticipado, no esperaría ningún comentario o respuesta de Elba, el trataría de no incomodarla y solo de exc1tarla lo antes posible para calmar los nervios.
Le empezó a besar el cuello, a acariciar su espalda e ir bajando hasta sus nalgas, besó sus labios, nuevamente su cuello y se sentaron en el sofá. Ahí continuó con las caricias y abriendo el escote del vestido, comenzó a besar sust3tas, eso a ella la prende de inmediato, Elba le acarició el p3ne por encima del pantalón y pudo sentirlo ya completamente parado, muy duro y palpitante. El por su parte continuaba comiéndole las t3tas y metiendo su mano entre sus piernas y acariciando su ya húmeda v@gina, hizo a un lado la tanguita e introdujo un dedo en su p@nochit@, ya la tenía súper caliente, le bajó los tirantes del vestido y quedaron su par de t3tas libres y las comía a su antojo, le enrolló el vestido hasta la cintura y le sacó la t@nguita, se desabrochó el pantalón y se lo bajó junto con el bóxer, quedando a la vista de ella un p3nede buen tamaño y grosor, lo acarició por un momento y sintiendo lo que irremediablemente en cuestión de segundos lo estaría disfrutando dentro de su caliente p@nochita, tomó el condón y se lo colocó, el la recostó en el sofá y se posicionó entre sus piernas, siguió comiéndose las t3tas y le daba pequeños roces en la p@nochita con su p3ne muy erecto, ella movía las caderas en señal de estar disfrutando esos roces y esperando sentir la estocada en su ya hambrienta p@nochita.
Al fin puso su p3ne en la entrada de esa p@nochita inundada por la excitación y empezó a introducirlo poco a poco, ambos disfrutando la penetración, ella sintiendo por primera vez un p3ne diferente al mío en su interior y el gozando esa p@nochita que solo en sueños se imaginaba y ahora se estaba c0giendo de verdad. Cuando al fin lo sintió ella todo en su interior, comenzó a mover sus caderas y el con el mete y saca, ambos gimiendo, gozando uno del otro.
No había palabras, solo gemidos, ella gozaba cada una de las estocadas que él le daba, ella se sentía llena, pero quería mucho mas, empujaba sus caderas hasta sentir rebotar las bolas en sus n@lgas. Pasados unos minutos en esa posición del misionero, Franco la levantó y la hizo hincarse sobre el sofá, apoyándola en el respaldo, así el pudo tener a la vista ese par de n@lgas ricas, que sin duda alguna, en muchas ocasiones las había visto e imaginado d3snudas. La tomó de la cintura, acarició su espalda y jalándola de la c@dera, la p3netró; ella movía sus c@deras en círculos y empujaba para sentir mas pr0funda las estocadas que el le daba con furi@, el se atrevió a darle una suave n@lgada, eso la prendió mucho mas y gimió en señal de aprobación, Franco al notar que le había gustado, siguió dándole mas n@lgadas un poco mas fuerte y ella mas g0zaba, mas movía sus c@deras y cuando sintió que estaba a punto de hacerlo terminar, se levantó y le indicó a Franco que se sentara en el sofá, Elba se montó en él e inmediatamente se introdujo el p3ne de un sentón, le puso las t3tas frente a la cara de Franco y sin dudarlo él las empezó a comer, eso a ella la vuelve loca, lo tomó de la cabeza y hundía su cara entre sus t3tas, quería que siguiera comiéndoselas sin parar, subía y bajaba sus c@deras cabalgando ese p3ne que la estaba haciendo gozar de lo mas lindo, movía sus n@lgas en círculos hasta que él no pudo aguantar mas esa c0gida que ella le estaba dando y lo hizo terminar, ella al sentir como se estaba vini3ndo Franco, ella también tuvo su 0rgasm0, y ambos en esa posición quedaron abrazados tratando de recuperarse, ella se levantó y le quitó el condón viendo la cantidad descomunal de s3men en el.
Elba fue al baño a asearse y regresó solo con su tanguita puesta, se sentó en la silla del escritorio, en señal de que por esta ocasión el encuentro ya había terminado. Además de que ya quería cumplir con nuestro trato de contarme todo con lujo de detalles, y es así que pude redactarlo como si hubiese estado presente.
Somos Armando y Elba, en mi anterior relato les conté el como pude convencer a mi esposa de probar tener s3xo con otro hombre, el elegido fue nuestro amigo Franco.
Cuando el entró a la oficina de nuestra casa, ella que estaba sentada en el sofá que tenemos, al pararse para cerrar con seguro la puerta, aprovechó para mostrarle la tanguita que se había puesto en esta ocasión tan especial para nosotros.
Franco, solo dejó que ella le pusiera el seguro a la puerta e inmediatamente la tomó por la cintura, la atrajo hacia el y la abrazó fuertemente haciéndole sentir lo exc1tado que ya estaba, le preguntó como se sentía y que estaba hermosa, que yo le había hablado y explicado nuestra fantasía y que estaba encantado en ayudarnos. Tal cual le había anticipado, no esperaría ningún comentario o respuesta de Elba, el trataría de no incomodarla y solo de exc1tarla lo antes posible para calmar los nervios.
Le empezó a besar el cuello, a acariciar su espalda e ir bajando hasta sus nalgas, besó sus labios, nuevamente su cuello y se sentaron en el sofá. Ahí continuó con las caricias y abriendo el escote del vestido, comenzó a besar sust3tas, eso a ella la prende de inmediato, Elba le acarició el p3ne por encima del pantalón y pudo sentirlo ya completamente parado, muy duro y palpitante. El por su parte continuaba comiéndole las t3tas y metiendo su mano entre sus piernas y acariciando su ya húmeda v@gina, hizo a un lado la tanguita e introdujo un dedo en su p@nochit@, ya la tenía súper caliente, le bajó los tirantes del vestido y quedaron su par de t3tas libres y las comía a su antojo, le enrolló el vestido hasta la cintura y le sacó la t@nguita, se desabrochó el pantalón y se lo bajó junto con el bóxer, quedando a la vista de ella un p3nede buen tamaño y grosor, lo acarició por un momento y sintiendo lo que irremediablemente en cuestión de segundos lo estaría disfrutando dentro de su caliente p@nochita, tomó el condón y se lo colocó, el la recostó en el sofá y se posicionó entre sus piernas, siguió comiéndose las t3tas y le daba pequeños roces en la p@nochita con su p3ne muy erecto, ella movía las caderas en señal de estar disfrutando esos roces y esperando sentir la estocada en su ya hambrienta p@nochita.
Al fin puso su p3ne en la entrada de esa p@nochita inundada por la excitación y empezó a introducirlo poco a poco, ambos disfrutando la penetración, ella sintiendo por primera vez un p3ne diferente al mío en su interior y el gozando esa p@nochita que solo en sueños se imaginaba y ahora se estaba c0giendo de verdad. Cuando al fin lo sintió ella todo en su interior, comenzó a mover sus caderas y el con el mete y saca, ambos gimiendo, gozando uno del otro.
No había palabras, solo gemidos, ella gozaba cada una de las estocadas que él le daba, ella se sentía llena, pero quería mucho mas, empujaba sus caderas hasta sentir rebotar las bolas en sus n@lgas. Pasados unos minutos en esa posición del misionero, Franco la levantó y la hizo hincarse sobre el sofá, apoyándola en el respaldo, así el pudo tener a la vista ese par de n@lgas ricas, que sin duda alguna, en muchas ocasiones las había visto e imaginado d3snudas. La tomó de la cintura, acarició su espalda y jalándola de la c@dera, la p3netró; ella movía sus c@deras en círculos y empujaba para sentir mas pr0funda las estocadas que el le daba con furi@, el se atrevió a darle una suave n@lgada, eso la prendió mucho mas y gimió en señal de aprobación, Franco al notar que le había gustado, siguió dándole mas n@lgadas un poco mas fuerte y ella mas g0zaba, mas movía sus c@deras y cuando sintió que estaba a punto de hacerlo terminar, se levantó y le indicó a Franco que se sentara en el sofá, Elba se montó en él e inmediatamente se introdujo el p3ne de un sentón, le puso las t3tas frente a la cara de Franco y sin dudarlo él las empezó a comer, eso a ella la vuelve loca, lo tomó de la cabeza y hundía su cara entre sus t3tas, quería que siguiera comiéndoselas sin parar, subía y bajaba sus c@deras cabalgando ese p3ne que la estaba haciendo gozar de lo mas lindo, movía sus n@lgas en círculos hasta que él no pudo aguantar mas esa c0gida que ella le estaba dando y lo hizo terminar, ella al sentir como se estaba vini3ndo Franco, ella también tuvo su 0rgasm0, y ambos en esa posición quedaron abrazados tratando de recuperarse, ella se levantó y le quitó el condón viendo la cantidad descomunal de s3men en el.
Elba fue al baño a asearse y regresó solo con su tanguita puesta, se sentó en la silla del escritorio, en señal de que por esta ocasión el encuentro ya había terminado. Además de que ya quería cumplir con nuestro trato de contarme todo con lujo de detalles, y es así que pude redactarlo como si hubiese estado presente.
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