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En cuarentena con mamá 9

Al final, la que estaba encerrada en el bañoconmigo no era mamá. Pero
no tenía tiempo para decepcionarme. Después de todo, tía Mariana era mi
primer deseo prohibido. Un deseo que había nacido mucho antes incluso de
atreverme a mirar a mamá y a Luana con lujuria.
No pude evitar recordar las veces que sequedó a cuidarme, o todos esos
fines de semana en los que volvía locos a mamá y papá para que me
dejaran ir a visitarla, y quedarme a dormir con ella. Recordé usar sus
tetas como almohada. Recordé una tarde de plaza, en la que arranqué una
flor silvestre y se la di de regalo.
—Quiero que seas mi novia —le había dicho unLucio de apenas siete años.
Ella rio y me acarició la cabeza con ternura.Después se inclinó, para
que nuestros rostros quedaran frente a frente. Llevaba un vestido
floreado, con un escote que parecía apenas contener esas enormes tetas
que tenía.
—Está bien, pero cuando seas más grande, ¿sí?—dijo, dándome un beso en
la mejilla.
Y ahora acá estaba, nueve años después. Noveía nada, pero no necesitaba
hacerlo. Sabía muy bien que estaba parada frente a mí, dándome la
espalda, apoyada sobre el lavamanos, aunque sin poner todo el peso de su
cuerpo en él. Sabía que sus labios se separaban a cada rato, para largar
un gemido. Sabía que la cruz invertida que colgaba de su cuello se movía
al ritmo de nuestros movimientos.
Yo tenía las manos en sus caderas. Laspronunciadas aberturas que tenía
el vestido a los lados, permitía que tocara su piel desnuda. No me había
bajado el pantalón. Simplemente bajé el cierre y liberé al monstruo,
para hundirlo en la profunda zanja de mi querida tía Mariana.
Me la estaba cogiendo, y con ello cumplía unafantasía que hacía
muchísimo me rondaba la cabeza. Estaba algo borracho, pero una vez que
le metí la pija, todos los sentidos se activaron y se concentraron en
ese sublime momento.
No tenía idea de si Luana o mamá aparecerían.Pero en ese momento no me
importaba. En ese momento ni siquiera recordaba el beso que me había
dado con mamá. Cómo la había manoseado y cómo ella había restregado su
prodigioso orto en mi entrepierna, sintiendo así mi verga dura.
Solo tenía cabeza para esa tremenda mujer detreinta años a la que me
estaba montando. Perder la virginidad de esa manera era la mejor forma
de hacerlo. Y ahora que ya estaba adentro suyo, no parecía ser tan
difícil como parecía al principio. Mi verga entraba entera en su concha,
mis bolas chocaban una y otra vez con su trasero, y ella no decía nada.
Solo largaba esos gemidos que hacían que mi pija se pusiera todavía más
tiesa, si es que eso era posible.
De repente, me di cuenta de que mis jadeoseran muy potentes. El orgasmo
no estaba lejos. Pero me percaté de que, hasta ese momento, había estado
disfrutando del sexo con mi tía de una manera muy básica. Solo metía y
sacaba la pija de su sexo. Pero el cuerpo de Mariana era como un parque
de diversiones. Sería absurdo tenerla así, y no aprovechar más.
Así que detuve un instante mis movimientos,pero sin retirar la verga de
su interior. Me arrimé más a ella, hasta que nuestros cuerpos quedaron
bien pegados. Entonces llevé ambas manos a sus tetas. Esas gomas que me
habían hecho delirar durante años.
Primero las masajeé con suavidad, mientrasvolvía a menearme, pero esta
vez más despacio, haciendo movimientos más cortos, aunque siempre con
casi la totalidad de mi pija en su hendidura lubricada. Luego las apreté
más fuerte. Sentí cómo se hundía por la presión de mis dedos. Y como
ella no se quejó, apreté todavía más fuerte.
Luego aumenté la intensidad de mispenetraciones, aunque seguían siendo
muy cortitas. Tía Mariana gemía, y cada vez lo hacía con más intensidad,
reflejando que ella también gozaba de ese cambio.
Sentía el aroma de su perfume mezclado con susudor y sus flujos, y me
pareció la mezcla más gloriosa que haya olido jamás.
Entonces sentí el inminente estallido. Me dicuenta que tenía que sacar
la pija de ahí con urgencia.
—Voy a acabar —le dije.
Entonces agarré la pija desde la base y laretiré. El problema era que
ya podía sentir cómo el semen iba a salir disparado. No quería ensuciar
el vestido de tía Mariana, porque así quedaríamos expuestos, así que
apunté a un costado. Empecé a gemir como un animal, mientras los chorros
de semen salían volando para cualquier parte.
Ella encendió la luz. Se inclinó y se levantóla tanga. Verla con ese
disfraz de monja haría que el recuerdo quedara mucho más nítido en mi
cabeza. Luego miró hacia donde yo había eyaculado. El semen se deslizaba
lentamente por la cortina que separaba la bañera del resto del baño.
 



En cuarentena con mamá 9




—Limpialo —me dijo, mientras se terminaba deacomodar el vestido—. Nos
vemos allá.
Salió del baño, dejándome solo, con la cabezadando vueltas. Entre otras
cosas, había pensado que me iba a pedir que guardara el secreto. Pero
supongo que no lo hizo porque era obvio que debía hacerlo.
Agarré papel y junté el semen que todavía seresbalaba por la cortina.
Lo tiré en el inodoro y tiré de la cadena, para asegurarme de no dejar
ninguna prueba. Luego agarré otro poco de papel, lo humedecí, y lo volví
a pasar por la cortina, para eliminar todo rastro que haya quedado ahí,
aunque fuera invisible.
Salí del baño, en dirección a la sala deestar, sin saber qué me iba a
encontrar ahí. Acababa de perder la virginidad, y lo había hecho con la
mujer que había deseado durante la mitad de mi vida. No sabía cómo se
tomaría eso Luana, pero la verdad que en ese momento no me importaba.
Entonces las vi. Solo estaban mi hermana y mitía. La música sonaba
mucho más despacio que antes, y la luz del comedor estaba encendida, con
lo que la sala de estar se encontraba ahora levemente iluminada.
No habían tardado en estar pegadas una aotra. Los cuerpos se rozaban
con esa cadencia lenta que tiene la música cuando el deseo ya empezó a
filtrarse en el aire. Mariana tenía la mano en la cintura de Luana,
guiando el movimiento con un leve vaivén, como si quisiera dominar el
ritmo y al mismo tiempo dejarse llevar por él.
Entonces, mi hermana llevó la mano a la boca,con un gesto pausado, casi
teatral. La miré sin entender, hipnotizado por la manera en que sus
dedos se rozaban con sus labios, húmedos por el calor del ambiente.
Luego sacó la lengua, despacio, y giró hacia mí con una sonrisa
traviesa.
Lo que me mostró brillaba apenas bajo la luz.Era una pastilla. No tenía
idea de qué era, pero no era una aspirina, eso seguro. Había algo en su
forma de sostenerla con la lengua, en cómo la dejaba apoyada un instante
antes de decidir qué hacer con ella, que volvía la escena todavía más
perturbadora y atractiva.
Pero no se la tomó ella, sino que giró,acercando su boca a la de
Mariana. Fue un movimiento suave, casi coreografiado, como si el mundo
se hubiera detenido solo para que ellas dos pudieran encontrarse en ese
punto exacto. Mariana separó los labios, entregándose al juego sin
resistencia. Las lenguas se tocaron, primero apenas, y después con más
intención, en un beso lleno de sensualidad y electricidad contenida.



Relatos


El ambiente pareció volverse más denso,cargado de esa energía invisible
que antecede a lo inevitable. Yo apenas respiraba, observando cómo el
beso se prolongaba, cómo sus cuerpos se adaptaban uno al otro, buscando
una sincronía que iba mucho más allá del ritmo de la música.
En ese momento me pregunté por qué no lahabía besado. Si había dejado
que le metiera la verga, era improbable que se negara a un beso. Y, sin
embargo, no lo hice.
Pero la escena que me regalaban era losuficientemente erótica como para
disfrutarla como espectador, casi sin respirar. Había algo hipnótico en
la forma en que se movían, en la manera en que el deseo parecía
envolverlas sin necesidad de palabras. Cada gesto, cada roce, tenía una
intención silenciosa que no necesitaba explicación.
Me daba cuenta de que el beso entre mujeresera diferente al que se
daban un hombre y una mujer, aunque no podría asegurar cuáles eran esas
diferencias. Tal vez era el ritmo, más lento, como si saborearan el
momento; o la entrega, que parecía venir de un lugar más íntimo, menos
ansioso. El contacto de sus labios era como una danza suave, un roce que
se estiraba y se deshacía con una naturalidad imposible de imitar. Había
pausas, pequeños respiros en los que se miraban, y en esos segundos
breves parecía que el aire entre ambas se encendía.
El beso se volvía más profundo, pero no másvoraz. Era un juego de
presión y ternura, de labios que se buscaban y se apartaban solo para
encontrarse de nuevo. Las bocas se entreabrían despacio, y las lenguas
se rozaban con una delicadeza que me resultaba casi insoportable de
observar. Todo en ellas parecía sincronizado: la respiración, los
movimientos, el leve temblor que les recorría los cuerpos.
Sus manos se movían con la misma suavidad,explorando el cuerpo de la
otra sin apuro. No iban a los lugares obvios a los que yo iría, como sus
culos o sus tetas. En cambio, se deslizaban por la espalda, por los
hombros, por la nuca, deteniéndose apenas donde la piel era más
sensible. Era una caricia que no buscaba poseer, sino entender. Los
dedos de una se enredaban en el cabello de la otra, tirando apenas,
mientras la otra respondía con un leve gemido contenido, apenas un
suspiro que se perdía entre la música.
Todo tenía un ritmo secreto, un lenguaje sinpalabras que solo ellas
parecían comprender. Y yo, desde donde estaba, no podía más que rendirme
a la belleza de esa escena, consciente de que lo que veía no era solo
deseo, sino algo más profundo, más peligroso: una conexión que rozaba lo
sagrado.
Me quedé hipnotizado por el movimiento de suscuerpos. Entonces ellas
dejaron de besarse, y me miraron al mismo tiempo. Luana soltó una
carcajada. De esas que largaba cuando me quería hacer sentir incómodo.
Pero a mí no me incomodaba en absoluto. Estaba desinhibido, y no solo
por los tragos que me habían dado, sino por el polvo que me acababa de
echar con tía Mariana.
Entonces me acerqué a ellas, como siestuviera siendo llamado por unas
sirenas.
Agarré de la cintura a Mariana, quien seguíafrente a Luana, por lo que
nos pusimos a bailar los tres juntos. La semipenumbra no era tan íntima
como la oscuridad absoluta, pero igual el clima se tiñó enseguida de
intimidad y erotismo.
En un momento, mi mirada se cruzó con la deMariana. Fue solo un
instante, pero bastó para que todo a mi alrededor se apagara. La música
siguió sonando, las luces seguían parpadeando, pero yo ya no veía nada
más que sus ojos, brillando con ese fuego que parecía invitarme a hacer
algo que normalmente no haría. Sentí el impulso antes de pensarlo.
La besé en la boca. Al principio con ciertatimidez, apenas rozando sus
labios, como si temiera romper algo frágil. Pero ella recibió el beso
con total naturalidad, como si lo hubiera estado esperando. Su respuesta
fue tan suave que me desarmó. No tardó en separar los labios, dándome
paso, invitando a que mi lengua se encontrara con la suya en un
movimiento lento, húmedo, inevitable.
El sabor de su boca me resultó extraño yfamiliar al mismo tiempo. Había
un leve dulzor, mezclado con algo que no supe identificar, quizás el eco
del beso anterior con Luana. Su respiración se entrecortaba, y sentí
cómo su pecho rozaba el mío con cada exhalación, creando un vaivén
hipnótico. Mis dedos, apoyados en su cintura, notaban la tensión de sus
músculos, el calor que emanaba su piel, el leve temblor que recorría su
cuerpo mientras el beso se volvía más profundo.
Traté de seguirle el ritmo, dejándome guiarpor la forma en que su
lengua se movía contra la mía, con precisión y dulzura. No moví la mano
de su cintura; preferí mantenerla allí, sintiendo cómo su respiración
hacía que su abdomen se expandiera y contrajera contra mi palma. Había
algo en ese contacto que me anclaba, que me mantenía dentro de ese
momento, suspendido en una especie de delirio quieto.
Emulaba el beso que se acababa de dar con mihermana, o al menos lo
intentaba. No sé qué tan bien lo hice, pero no me sentí torpe. Todo lo
contrario: cada movimiento parecía surgir de una memoria que no
recordaba tener. Sus labios se amoldaban a los míos, su lengua respondía
con la justa medida de presión, y por un instante creí entender por qué
había algo tan adictivo en besar a alguien que sabe exactamente cómo
hacerlo.
Cuando nos separamos, sentí que mi mano síhabía bajado un poco, casi
como si tuviera vida propia. Pero apenas me había encontrado con el
inicio de sus pompas.
Luego giré a ver a Luana. No parecía haberprestado atención a lo que
acababa de pasar en sus narices. Seguía bailando, ahora con la vista en
cualquier parte.
Después de un rato se dignó a mirarme, y adirigirme la palabra.
—Mamá se fue a su cuarto —me dijo—. Creo quele pegó muy fuerte lo que
tomó. Estaba rara. Media boba. Dijo que se iba a acostar.
Ahí recién recordé a mamá. No podía creerque, durante esos minutos, me
hubiera olvidado por completo de ella. Pero ahora la tenía muy presente.
Recordé el beso, el manoseo, yo diciéndole que iba al baño… Por lo que
me decía Luana, mi impresión había sido la correcta. Mamá no se
encontraba en un estado mental normal. Así que todo lo que pasó entre
nosotros en la oscuridad era inválido. Sin embargo, me entraban un
montón de dudas de nuevo, ¿De verdad estaba media boba, como afirmaba
Luana, o era simplemente parte de una actuación para que yo me animara a
hacer lo que ella necesitaba que hiciera? Y si de verdad estaba borracha
y drogada, ¿no se había puesto así precisamente con el mismo objetivo?
Fueran cuales fuesen las respuestas a estos interrogantes, la respuesta
era la misma: mamá estaba esperando a que entrara a su cuarto.
De pronto, me sentí muy ansioso. Ahí estabanesas dos diablillas: la
caperucita roja y la monjita. Las dos echas unas putas, bailando
sensualmente para mí. Aunque, a decir verdad, mi hermana parecía tener
cierto recelo hacia mí.
La cosa es que todo me empujaba a que fueraal dormitorio de mamá, Las
miré. Ellas parecían en un viaje cósmico, encerradas en su mundo, pero
no se me escapaba que en el caso de Luana había algo de postura en todo
eso. Quizás solo quería sacarse de encima al pesado de su hermano.
Pero igual me fui.
—Voy a ver cómo está mamá —les dije.
Parecía que no me habían escuchado, pero nome importó. Fui al cuarto de
mamá, caminando rápido, como si temiera a que la magia de esa noche se
esfumara de golpe.
Toqué dos veces, despacio. Y como norespondía, entré.
Encendí la luz, y ahí me la encontré, tumbadaen la cama. Todo parecía
detenido, como si el tiempo se hubiese rendido ante la escena que tenía
delante. Mamá estaba acostada de lado, con una pierna flexionada y el
cuerpo delineado por la suavidad de las sábanas. La postura era
descuidada, pero cada curva parecía calculada, una invitación silenciosa
a mirar.
Solo vestía un conjunto de ropa interior deencaje negro, tan delicado
que parecía dibujado sobre su piel. El contraste con su tono claro hacía
que cada detalle resaltara: los bordes finos del encaje, las pequeñas
transparencias que dejaban entrever lo justo, la manera en que la tela
se adaptaba a sus formas como si hubiese sido hecha para ella.
 



madre




Su pelo rubio, ondulado y suelto, caíadesordenado sobre la almohada,
enmarcando su rostro y cayendo por su hombro hasta rozar el borde del
corpiño. Algunos mechones descansaban sobre su espalda desnuda, y se
movían apenas con el ritmo pausado de su respiración. El brillo dorado
de su cabello capturaba la luz con cada movimiento, dándole un aire casi
irreal, como si fuera una figura sacada de un sueño demasiado vívido.
Su cuerpo respiraba sensualidad sin necesidadde moverse. El arco suave
de su cintura, el relieve de su cadera, la manera en que la pierna
flexionada dibujaba una línea perfecta hasta el borde de la cama. Y su
culo, precioso, quedaba a la vista, como si hubiera elegido esa posición
para tentarme a propósito. Era una imagen imposible de ignorar, cargada
de una belleza serena pero profundamente provocadora.
Me acerqué, sintiendo el sudor en la mano.
Me subí a la cama. Entonces lo noté. Noestaba dormida, ni fingiendo que
lo estaba. Tenía los ojos celestes abiertos, mirando un punto de la
pared.
—¿Tomaste alguna droga? —le pregunté al oído.
—Sí. Mariana dice que no me voy a acordar denada de lo que pasó desde
que me la tomé —dijo mamá.
Ahí estaba. Era lo único que me faltaba.Desde un principio sospeché que
el descontrol que mamá estaba permitiendo esa noche era para que, en su
estado mental, no recordara bien todo lo que había pasado. Pero ahora me
lo decía de manera explícita, y encima me decía que había tomado una
droga que le producía amnesia. Me pregunté qué le había dado la tía. Lo
único que se me ocurría era la burundanga.
En todo caso, no importaba. Ahí tenía laoportunidad que tanto había
esperado. Me aparté un poco, y la miré. Su pose no era natural. Era muy
sexi. Como si me estuviera dejando en claro lo que tenía que hacer.
Me arrimé de nuevo a ella, y le susurré aloído.
—Bueno, mami, si no te vas a acordar de nada…Voy a ayudarte a que te
relajes. ¿Querés?
—¿Qué querés hacerme? —me preguntó ella, comosi no lo supiera.
—Quiero hacerte exactamente lo que necesitáspara estar más tranquila,
más relajada.
Ella suspiró hondo. Entonces, asintió con lacabeza.
No podía creer lo que estaba pasando. Duranteun rato, podía hacer con
ella lo que quisiera, como si fuera un juguete bajo mi control. Así que
llevé las manos al broche de su brasier, y lo desabroché. Cuando se lo
quité, la agarré del hombro y la hice girar, para que quedara boca
arriba.
Sus tetas desnudas no eran tandesproporcionadas como las de la tía,
pero igual eran grandes. Y se veían muy lindas. Parecían estar
hinchadas. Estiré las manos, todavía sin poder creer la suerte que
tenía, y empecé a acariciarlas.
Ella tenía la vista clavada en el techo, algoatontada por la droga.
Pero yo no me detuve. Seguí masajeando sus tetas, hasta que mi verga
volvió a endurecerse dentro del pantalón.
¿Era un abuso lo que estaba haciendo? Quizássí, pero en ese momento no
me importó. Me abalancé sobre ella y empecé a chuparle las tetas.
Mientras magreaba una, devoraba la otra, alternando esos dos placeres a
cada rato.
Ella empezó a espabilarse, moviéndose apenas,como si despertara de un
sueño tibio. Su respiración se volvió más profunda, más consciente, y su
piel respondió al contacto con un estremecimiento leve que me recorrió
también a mí. Mientras le chupaba los pezones, sentí cómo se endurecían
bajo mi lengua, tensándose con cada caricia húmeda. La reacción era
inmediata, eléctrica. Ella entreabrió los labios, dejando escapar
pequeños gemidos que se confundían con el sonido de su respiración. Cada
sonido suyo tenía algo de confesión, algo que invitaba a seguir
explorando.
Su cuerpo parecía moverse solo, siguiendo elcompás de mis gestos. Las
manos de ella buscaron instintivamente mi cabeza, enredándose en mi
pelo, mientras sus caderas se arqueaban con suavidad, ofreciéndose sin
palabras. Su piel estaba tibia, vibrante, con ese aroma dulce que se
mezcla entre perfume y deseo.
Luego, llevé las manos a su tanguita. Lo hicedespacio, casi con
devoción, dejando que mis dedos rozaran la piel de sus caderas mientras
deslizaba la tela hacia abajo. Ella levantó apenas la pelvis,
facilitando el movimiento. La prenda fue cediendo poco a poco,
descubriendo más piel, más misterio.
El encaje se deslizó hasta quedar atrapado uninstante en sus muslos, y
luego cayó, quedando olvidado junto a las sábanas. En ese momento, quedó
completamente desnuda. La luz tenue resaltaba los contornos de su
cuerpo, delineando cada curva con una suavidad casi irreal. Se quedó
quieta, pero no por pudor, sino por esa calma expectante que precede a
lo inevitable. Su respiración seguía temblando, igual que mis manos, y
en el silencio que se hizo entre ambos, todo parecía hablar sin
necesidad de decir una palabra.
Luego yo mismo me desnudé. Me subí a la cama,agitado, y la abracé.
—Te entiendo, mami —le dije—. Vos necesitásque te coja, pero no querés
lidiar con el recuerdo de haberlo hecho con tu hijo, ¿no? Necesitás
tener una pija en tu conchita y desahogarte, pero no querés enfrentar
las consecuencias, ¿no? —Ella asintió con la cabeza—. Entonces, no te
preocupes. Te voy a coger. Mañana te vas a despertar menos estresada, y
no te vas a acordar de que tu propio hijo te cogió… Te diste cuenta de
que estoy caliente con vos, ¿no?
—Sí —susurró ella por fin—. En nuestrafamilia… —agregó, pero no quiso
terminar la frase—. No importa. Solo cogeme. Liberame de este calvario,
y mañana no me digas nada de lo que hicimos, por favor…
Esta vez me estaba mirando a los ojosmientras hablaba. No era capaz de
imaginar lo desesperada que estaba como para llegar a ese punto, solo
para saciar esa lujuria exacerbada que la enfermaba. Pero no iba a tener
piedad de ella por eso. Todo lo contrario: me aprovecharía de su
debilidad para satisfacer mis bajos instintos.
Así que apunté mi verga, y esta vez no mecostó tanto trabajo como con
la tía. Le hundí la pija, casi entera en el primero movimiento. Me
encontré con que estaba lubricada, así que el falo se resbaló con mucha
facilidad. Aún así, se sentía presión en él, cosa que me sorprendió. No
sé por qué, pero había dado por sentado que las dimensiones de la vagina
de mamá eran mucho mayores.
Pero qué importaba. Lo que valía era cómocontuvo la respiración
mientras recibía la pija de su hijo, cómo llevaba las manos a mi espalda
y me rasguñaba suavemente mientras hacía otro movimiento pélvico, cómo
se cerraban los ojos a la vez que se abrían los labios para largar un
dulce gemido.
La abracé con fuerza, quedándome quieto unmomento, con mi verga hundida
por completo en ella.
—¿Se siente bien, mami? —le pregunté.
—Ajam —dijo ella, con cierta timidez.
—Se siente muy rico estar adentro tuyo, mami.Se siente muy bien meterte
la pija por el mismo lugar del que me pariste.
—No digas eso. No quiero pensar que sos mihijo. Solo necesito una pija
con urgencia. Si no, me voy a volver loca. Solo cogeme, por favor. ¡Ay,
ay, ay!
Sus palabras hicieron que me calentaratodavía más, como si algo se
encendiera adentro mío y ya no pudiera detenerlo. Así que le enterré la
pija con más fuerza y velocidad, sintiendo cómo su cuerpo se rendía por
completo bajo el mío, haciendo que largue todos esos gemidos que eran
música para mis oídos, una melodía desordenada, animal, imposible de
contener. Sus senos temblaban, rebotando con cada movimiento, y todo su
cuerpo se sacudía mientras la ensartaba una y otra vez, hasta que la
cama empezó a acompañar el ritmo con un leve crujido.
Ella trataba de mantener los ojos cerrados,como si quisiera resistirse
a lo que sentía, pero su propia excitación la traicionaba, haciendo que
los abriera cada tanto. En esos breves segundos, se encontraba con mi
mirada, que la penetraba con tanta intensidad como mi pija, una mirada
que parecía atarla, desnudarla aún más. Luego los volvía a cerrar,
temblando, dejando que su respiración se mezclara con la mía, como si
ambos estuviéramos al borde de un mismo abismo.
Así que seguí montando a mi mamá, con unasenergías que no conocía en
mí. Le masajeaba las tetas mientras hacía movimientos pélvicos,
sintiendo cómo su cuerpo se arqueaba con cada embestida. Su piel estaba
húmeda, caliente, y el roce de mis manos sobre sus senos hacía que
soltara pequeños gemidos entrecortados. Luego me incliné, dejando que mi
respiración se mezclara con la suya, y empecé a devorarle las tetas de
nuevo, recorriéndolas con la lengua, saboreando el temblor de su piel.
Esta vez lo hacía mientras metía y sacaba la pija de su sexo,
manteniendo el ritmo, buscando esa sincronía entre mis labios y mis
caderas. Igual a como había hecho con Mariana, con movimientos más
cortos, pero también más rápidos, cargados de una ansiedad que parecía
crecer con cada segundo, haciendo que el aire del cuarto se llenara de
un calor casi insoportable.
Mamá estaba enloquecida. Los gemidos eran yacasi gritos. A ninguno de
los dos le importó en ese momento si la tía y Luana nos escuchaban. De
todas formas, lo más probable era que estuvieran cogiendo entre ellas.
Recordé que hacía un rato mamá habíamencionado algo sobre nuestra
familia, pero no lo completó. Imaginé que tenía que ver con esto. Con
los deseos incestuosos que nos embargaban a todos. Me pregunté si ella
había tenido sexo con algún primo, con algún tío, o incluso con su papá.
La idea me erotizaba mucho.
Entonces, sentí cómo todo su cuerpo setensaba. Esta vez abrió los ojos
bien grandes, y no se molestó en desviarlos o cerrarlos. Sus uñas se
clavaron en mi espalda, y los muslos se cerraron con fuerza.
Comprendía perfectamente lo que estabapasando. Era igual a como la vez
que entré a su cuarto pensando que había tenido un accidente. Mamá
estaba teniendo un orgasmo.
Instintivamente, llevé la mano a su boca,usándola como mordaza. Ella la
mordió y, mientras su cuerpo se estremecía de pies a cabeza, el grito
era atenuado por mi mano.
Mamá hizo movimientos pélvicos increíblementefuertes, como si quisiera
engullir mi pija por completo. Todo esto duró apenas unos segundos. Pero
fueron los segundos más intensos de mi vida. Me daba cuenta de que el
orgasmo femenino estaba en un nivel completamente diferente al de los
hombres. Era muchísimo más intenso, más salvaje. Era un placer que, si
lo sintiéramos todos los del sexo masculino, sin dudas seríamos unos
depravados, buscando todo el tiempo replicar ese goce.
Entonces, sus músculos se relajaron, y lo quesentí primero como unas
tenazas apretando mi cuerpo, ahora lo sentía suave, blando.
Quedé abrazado a ella. Cada tanto era presade movimientos espasmódicos,
como una especie de reflejos del orgasmo que acababa de tener.
Yo seguí penetrándola, lamentando sentir quemi orgasmo ya estaba cerca
también. Me hubiera gustado cogérmela por más tiempo, en otras poses. Al
igual que me había pasado hace un rato con la tía, sentí que no estaba
aprovechando el tiempo como debía. Pero igual, estar adentro de mamá era
un lujo.
Luego su respiración se normalizó. Cerró losojos, pero esta vez no era
para evitar verme. Se quedó dormida.
Algo decepcionado, retiré la verga de suinterior. Pero me deleité
viendo cómo dormía, quedándome quieto un momento, solo para contemplarla
en silencio. Estaba completamente desnuda, con su sexo mojado e
hinchado, todavía brillante, como si su piel conservara el rastro tibio
de lo que había pasado. Su respiración era lenta y profunda, y cada
exhalación le movía apenas los senos, haciéndolos subir y bajar con un
ritmo hipnótico.
Me senté al pie de la cama, sin dejar demirarla. Llevé la mano a mi
verga, y empecé a masturbarme. Lo hice suavemente, por lo que la
eyaculación también brotó suave, con una potencia mínima que hizo que el
semen no saliera eyectado, sino que simplemente se derramara.
Fui a limpiarme al baño de mamá. Despuésverifiqué si seguía dormida,
con la ilusión de poder echarme otro polvo. Pero estaba en los brazos de
Morfeo, y esta vez estaba seguro de que no fingía. El orgasmo la había
relajado. Ese orgasmo que yo mismo le había sacado.
La tapé con la sábana y el cubrecama,sintiéndome orgulloso.
Estaba seguro de que iba a haber otraoportunidad de gozar plenamente de
ella. Lo único que deseaba es que no tuviera que esperar tanto.

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