You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

En cuarentena con mamá 7

Veía a mamá de perfil. Para colmo, estabahaciendo sentadillas. Ya
estaba sudada, y se había puesto esa calcita corta y ese top que apenas
le cubría las tetas. Su cabello rubio se agitaba suavemente con cada
movimiento. Su culo quedaba perfectamente marcado cuando bajaba.
 

En cuarentena con mamá 7




Era increíble cómo se había distorsionado mivisión de mundo en esos
pocos días de cuarentena. Bueno, no puedo decir que haya sido culpa del
encierro. En todo caso, el encierro fue lo que hizo que mi instinto
incestuoso se desatara definitivamente. Y el hecho de que compartiera
ese confinamiento con tres mujeres prohibidas, tan hermosas, tan
sensuales y sexuales, hacía que fuera imposible que ese instinto se
mantuviera a raya.
Para colmo, tía Mariana y Luana hacían de lassuyas. Y todavía no
terminaba de entender por qué habían dejado que las mirara mientras
cogían. Porque claramente lo habían hecho a propósito. Sin embargo, no
creí que tuvieran malas intenciones. Mucho menos tía Mariana. Quizás
solo necesitaban un cómplice. Así no tendrían que esconderse tanto. Ya
con mamá tenían más que suficiente. Ahora, al menos arriba, donde
dormíamos todos menos mamá, podían comportarse con mayor libertad.
Aunque, por otra parte, mamá…
La miré de nuevo. En realidad, nunca habíadejado de hacerlo. Ahora la
veía soltando una larga espiración, mientras su trasero bajaba
lentamente para hacer otra sentadilla. Sus tetas se apretaban en ese
top, y una gotita de sudor recorría su cuello y se perdía en la prenda.
Esa era mi mamá, y le había mordido el culo asu hermana menor, solo
para complacer al hombre que la iba a complacer a ella. No podía
quitarme esa nueva información de la cabeza. Su deseo desbocado la había
hecho hacer algo tan tabú como eso.
No me prestaba atención. Era como siestuviera concentrada solo en
quemar calorías, y endurecer ese precioso culo que tenía. La genética la
había favorecido, pero tenía que mantenerlo firme. Ya no tenía veinte
años después de todo. Igual, conocía a veinteañeras que darían cualquier
cosa por tener un culo tan perfecto como el de mamá.
Tenía aún una erección, y parecía que nuncase me iba a ir. Tía Mariana
me había dejado recontra caliente después de que me contara del trío que
hizo con mamá y el tal Rogelio. No estaba seguro de por qué me lo había
contado con tantos lujos de detalles. Bueno, yo se lo había pedido, pero
fue ella la que tuvo la idea de contarme esa anécdota como compensación
a mi silencio.
Después de un rato, mamá se metió dentro dela casa. Vi el movimiento de
su orto macizo dentro de esa calza que le marcaba todo, babeando. Me di
cuenta de que no iba a poder seguir así por mucho tiempo. Me estaba
volviendo loco de lujuria. Y mamá también debía sentirse así. Me
pregunté si en ese momento tenía el sexo empapado. Yo mismo sentía el
calzoncillo mojado. Era una de esas ocasiones en donde había largado
mucho presemen.
Me metí en mi cuarto un rato. Me hice lapaja, lo que me alivió un poco.
Pero sabía que, si estaba un rato junto a ella, iba a volver a
calentarme. Esa convivencia se podía tornar insana si es que no
conseguía la manera de desahogarme, como lo había hecho mi tía y mi
hermana.
Ya cerca del atardecer, escuché los gritos.Al principio pensé que no
hacía falta que bajara. Pero luego los gritos se tornaron más violentos,
casi histéricos. Y la que gritaba era mamá, obviamente.
Me pregunté si se había enterado de lo quehacía su hermana con su hija
a sus espaldas. No es que las chicas se esforzaran mucho por ocultarlo.
Pero, cuando bajé, me di cuenta de que no era eso.
—¿Por qué no te tomás una pastilla, así tetranquilizás? —le decía Luana
a mamá, con los brazos en jarras, casi a los gritos.
—A mí no me levantes la voz, pendeja. Es micasa y acá se hace lo que
digo —retrucaba mamá.
—Tranquila, Ali —intervino tía Mariana.
Pero, antes de que pudiera decir algo más,mamá la señaló con un dedo, y
le gritó:
—¡Vos no te metas! ¡No me digas cómo tengoque criar a mi hija!
—Nadie dijo eso —alcanzó a balbucear Mariana.
Me acerqué. Apoyé la mano en el hombro deLuana, y le pregunté al oído
que qué había pasado, mientras mamá y la tía discutían. O más bien mamá
le gritaba a la tía. —Nada. Se volvió loca porque dejé la canilla de
agua caliente abierta. Como si con este calor fuera importante tener
agua caliente.
—Bueno, calmate, estás insoportable —le dijoMariana a mamá, y después,
dirigiéndose a Lulú, agregó—: Vení, vamos a tomar un poco de aire
afuera.
Las chicas se fueron. Mamá quedó cruzada debrazos, apoyada contra la
pared. Estaba temblando.
—Mami… —le dije, acercándome, extendiendo mibrazo para apoyarle la mano
en el hombro.
Mamá se apartó, como si mis dedos quemaran.Luego se metió en su
dormitorio.
Dejé que pasara un rato, y fui a golpear supuerta. Como no respondía,
la abrí, y entré. Estaba recostada, en una posición casi fetal, dándome
la espalda. Tenía un pantalón de jean, con unas costuras doradas que
hacían que la forma de su culo se marcara enfermizamente. Parecía que
estaba llorando, pero incluso sabiendo eso no pude evitar mirarla con
deseo.
 

Relatos






—¿Estás bien? —le pregunté, aunque claramenteno lo estaba.
—Sí. Es que… Luana tiene razón. Probablementedebería estar medicada
—respondió, sin dejar de darme la espalda—. Quizás tenga que ver a un
psiquiatra, o por lo menos a un psicólogo. Deben atender por
videollamada. Si sigo así, no voy a aguantar.
Me subí a la cama y la abracé por detrás. Porel momento, mi pelvis no
hizo contacto con su trasero, pero estaba muy cerca.
—Bueno, si te parece buena idea… —dije.
Pero no pude evitar pensar egoístamente. Sila medicaran, quizás su
apetito sexual estuviera controlado.
—Acariciame la cabeza —me susurró—. Siempreme gustó que me hicieran
eso. Es muy relajante.
Tenía el cabello rubio suelto. Los mechonesse deslizaban entre mis
dedos como hilos de seda, brillando bajo la luz que entraba por la
ventana. Extendí un brazo, y empecé a acariciarla, con la punta de los
dedos. El cuero cabelludo se estiraba levemente, lo que le producía esa
sensación agradable, casi hipnótica, que la hacía soltar pequeños
suspiros, como si cada caricia la hundiera más en un estado de calma.
Me arrimé más, y ahora sí que mi verga hizocontacto con su contundente
culo. Fue un roce leve, pero evidente, lo suficiente para que el cuerpo
me respondiera solo, con una presión inmediata y deliciosa en la
entrepierna.

incesto


Ella no se inmutó. Ni un movimiento, ni unapalabra. Permaneció ahí,
quieta, respirando despacio, como si nada hubiera pasado, aunque su
espalda pareció tensarse apenas un instante antes de relajarse de nuevo.
Supuse que creería que no era más que el contacto inevitable por estar
tan cerca, o quizás prefería fingir que no se había dado cuenta, para no
romper la quietud que nos envolvía.
Oí cómo largaba un sonido como de gatitaronroneando mientras seguía
acariciando su cabello sedoso. Entonces, mamá se movió levemente hacia
atrás, y su majestuoso orto se apretó, ahora sí con fuerza, con mi
entrepierna, que escondía debajo del pantalón una verga ya hinchada, que
en cuestión de segundos se iba a endurecer.
—Podría estar así todo el día —dijo.
Tragué saliva. La verdad es que yo tambiénpodía estar así por horas,
apoyado en ese acolchado culo.
—A lo mejor solo necesitás esto. Relajarte—le dije.
Entonces bajé la mano, y empecé a masajear sucuello, con movimientos
circulares.
—No creo que con esto me alcance, perogracias, Lucio —dijo mamá. Y
después, cuando mis dedos presionaron un poco más, agregó—: ¡Ay! ¿Desde
cuándo tenés tan buenas manos?
—No sé. Solo te toco como a mí me gustaríaque me toquen —le dije—. ¿Por
qué no te ponés boca abajo, y te lo hago mejor?
Ella rio, pero lo hizo. Se puso boca abajo,con la cabeza. Quitó la
almohada, y apoyó el mentón en el colchón, mirando hacia la pared.
Ahora me libraba de que sintiera de nuevo laerección en sus nalgas,
aunque también me hubiese gustado continuar con esa fricción. Fuera como
fuese, ahora me acomodé a su lado, llevé las dos manos en sus hombros, y
empecé a masajearla.
Usé las yemas de los dedos, describiendocírculos lentos que iban desde
el centro hacia los extremos. Su piel estaba tibia, y bajo la leve
presión de mis manos sentí cómo se tensaba y se relajaba una y otra vez.
La escuchaba soltar pequeños suspiros, apenas perceptibles, pero que me
confirmaban que estaba disfrutando. Hundí un poco más los pulgares,
recorriendo el trapecio, y noté cómo su respiración se hacía más
pausada. Por momentos, deslizaba toda la palma, desde el cuello hasta el
borde de los omóplatos, y me sorprendía lo tersa que se sentía su
espalda.
—Mejor quitate la remera —le dije—. Así te lohago directamente en la
piel.
Pensé que me iba a decir que así estaba bieny listo. Pero en cambio, de
removió en la cama, llevó la manos al extremo inferior de la remera y
empezó a quitársela. Entonces, la ayudé a sacársela. Vi su piel desnuda,
y se me hizo agua la boca. Pero eso no iba a ser lo mejor. Porque, sin
que yo se lo pidiera, llevó las manos a la espalda, y desabrochó el
corpiño. Luego corrió los breteles a un lado, quedando la espalda y los
hombros completamente desnudos.
La pija tembló dentro del pantalón.
—Bueno, igual tengo las tetas cubiertas—dijo, como excusándose por lo
que acababa de hacer.
—Sí, obvio —dije yo, pero la voz me saliótemblorosa.
Me di cuenta de que mis manos estaban un pocosudadas, por lo que me las
sequé en mi remera.
Apoyé las manos de nuevo en sus hombros, ylas deslicé desde ahí,
dejando que los pulgares bajaran en línea recta por ambos lados de la
columna. La piel se movía con cada presión, cálida y suave bajo mis
dedos. Mamá no decía nada; solo respiraba profundo, en un ritmo lento,
acompasado, como si cada caricia la llevara más lejos del mundo. Seguí
descendiendo, alternando las manos, una empujando hacia abajo mientras
la otra subía apenas, creando un vaivén continuo que la relajaba más y
más.
Al llegar al centro de su espalda, losmúsculos se tensaron un instante
y luego cedieron, blandos, obedientes al masaje. Pasé toda la palma de
mi mano por su cintura, delineando su silueta con movimientos amplios,
lentos, casi reverenciales. Mi pulgar rozaba los costados, donde la piel
era más sensible, y sentí cómo su respiración cambiaba: un leve gemido
escapó de sus labios, tan suave que casi se confundió con un suspiro.
Me detuve apenas un segundo, solo para verla.Tenía los ojos cerrados,
la cabeza girada hacia un lado, y una expresión que mezclaba calma y
placer. Volví a deslizar las manos hacia arriba, recorriendo el mismo
camino, pero ahora más despacio, disfrutando cada centímetro de su
cuerpo. La luz tenue que entraba por la ventana se reflejaba en su
espalda desnuda, y la escena tenía algo hipnótico, sagrado.
Mientras hacía cada movimiento, no podíadejar de desviar la mirada a
ese profundo orto que me tenía obsesionado últimamente. Mamá estaba
completamente relajada. Diría incluso entregada.
—¿Querés… que también lo haga en las piernas?—pregunté.
Esta vez la voz me salió más firme, pero pordentro, el corazón parecía
querer salírseme del pecho.
—Ajam —dijo, apenas un murmuro.
Por un instante, me pregunté si acaso pensabaque le haría el masaje
encima del pantalón. Pero con esa tela de jean tan gruesa sería un
sinsentido. Pero por suerte no fue así. Mamá tenía en claro a qué me
refería cuando le propuse hacerlo también en las piernas.
Así que, todavía con esa actitud relajada,algo soñolienta, llevó las
manos al pantalón. Lo desabotonó y lo bajó lentamente.
Pero dejé que solo lo hiciera un poco. Cuandovi que la tanga negra
asomaba, me incliné sobre ella, agarré de la prenda, y yo mismo empecé a
tironear hacia abajo. Poco a poco, ese maravilloso culo aparecía ante mi
vista, solo con esa tanguita que se perdía entra las profundidades de
sus nalgas como única protección.
Seguí tirando, hasta que la despojé porcompleto de él.
Me la quedé mirando un rato. Estabainmutable, con el pelo rubio a un
costado, la cabeza ahora apoyada de lado, mirando hacia la ventana. Todo
el enojo que había sentido hacia un rato, parecía haberse esfumado. Me
gustaba verla en paz. Pero más me gustaba tenerla así, medio en bolas.
Me di cuenta de que mi respiración era muchomás agitada de lo normal.
Traté de controlarla, pero seguramente ella ya lo había notado. ¿En ese
momento estaba consiente de las ganas que tenía de cogérmela?
Me bajé de la cama, para empezar por lospies. Pero no podía dejar de
admirarla. Era una escultura humana. El sueño que cualquier pibe de mi
edad, y de todas las edades. Una MILF de treinta y ocho años, en tanga,
con el culo más perfecto que una mujer podría tener, totalmente
entregada a mí, para que metiera las manos en diferentes partes de su
cuerpo.
Tomé su pie derecho con ambas manos,sosteniéndolo con cuidado, como si
se tratara de algo frágil. El arco era perfecto, firme pero delicado.
Deslicé el pulgar por la planta, desde el talón hasta los dedos,
ejerciendo una presión constante, lenta, que hizo que su cuerpo se
moviera apenas sobre el colchón. Repetí el movimiento una y otra vez,
notando cómo su respiración se hacía cada vez más profunda. Luego pasé a
los dedos, uno por uno, masajeándolos con suavidad, doblándolos apenas,
y sentí cómo cada músculo parecía rendirse a mis manos.
Pasé después al otro pie, y fue casi igual,aunque esta vez me demoré
más. Cada movimiento se convertía en una excusa para admirar su piel, su
forma, su quietud. El contacto era tan íntimo que parecía que hablábamos
sin palabras. mamá soltó un leve suspiro cuando mis dedos recorrieron la
parte interna del talón, ese punto sensible donde la piel se vuelve más
blanda.
Después subí lentamente hacia laspantorrillas. Empecé con movimientos
envolventes, usando ambas manos, una por dentro y otra por fuera,
recorriendo toda la extensión del músculo. Cada vez que presionaba y
soltaba, notaba una vibración leve, como si su cuerpo respondiera a mi
ritmo.
Acaricié con los pulgares en forma deespiral, subiendo poco a poco
hasta la parte posterior de las rodillas. Allí me detuve, sin apuro,
repitiendo el mismo recorrido una y otra vez, hasta que la tensión
desapareció por completo. Mamá, en silencio, emitía apenas algún sonido
gutural de placer, casi imperceptible, que me hacía continuar con más
cuidado, como si temiera romper el hechizo de ese momento.
—Seguí así —me dijo—. Creo que me voy aquedar dormida en cualquier
momento, pero no pares, por favor.
“No pares, por favor”. Esas palabras metaladraron la cabeza y me
llenaron de pensamientos obscenos.
Ella flexionó un poco una de las piernas,quedando ahora en una pose que
no podía ser más provocadora. Veía claramente sus labios vaginales, a
punto de escaparse de la tanga, y su rajita marcándose en la tela.
—Obvio, vos relajate y si querés dormir,hacelo. Yo no me voy de acá.
Suspiré hondo. Ahora venía la parte másmorbosa, más prohibida. Pero
mamá me dijo que siguiera, y yo no pensaba desobedecerla.
Así que esta vez apoyé las manos por encimade las pantorrillas,
comenzando a sentir la firmeza y la carnosidad de esos magníficos
muslos, que eran la antesala a su ya muy mencionado orto.
Se sentía hermoso, y mi verga me dolía unpoco por la presión del
pantalón.
Mis manos comenzaron a ascender con lentitud,desde la parte posterior
de las rodillas hasta los muslos. La piel se sentía más tibia, más viva,
y cada roce parecía despertar algo que latía bajo la superficie. Estaba
consiente de que ahora me estaba internando en una zona más íntima.
Esperé unos segundos a ver si mamá me decía que no hacía falta que lo
hiciera ahí. Pero, tal como esperaba, no abrió la boca.
Deslicé los pulgares hacia el centro,ejerciendo una presión suave,
constante, mientras las palmas se abrían hacia los costados.
Mamá respiraba como si estuviera dormida,pero cada tanto exhalaba un
suspiro breve, un sonido casi animal, involuntario, que me hacía
preguntarme si de verdad lo estaba. Seguí subiendo, dibujando círculos
con las yemas, rozando el borde interior del muslo, donde la piel era
más sensible, más cálida. Me detuve ahí un momento, solo para percibir
cómo su cuerpo respondía, cómo su respiración se entrecortaba apenas,
aunque no dijera nada.
La luz de la tarde se filtraba por laventana, cayendo justo sobre su
piel desnuda, dándole un brillo dorado. Movía las manos con lentitud,
con devoción, sintiendo que cada caricia era una confesión muda. Subía y
bajaba, cambiando el ritmo, a veces presionando con la palma entera,
otras solo con los dedos, como si tocara un instrumento cuya melodía era
su respiración.
A medida que avanzaba, los músculos serelajaban por completo. La
textura de su piel era tan suave que por momentos creía que mis manos
flotaban sobre ella, sin peso. Y aunque mantenía los movimientos lejos
de donde sabía que no debía llegar, la cercanía era un tormento: el
calor que emanaba de su entrepierna se mezclaba con el mío, formando un
aire espeso, cargado de deseo.
Mamá seguía inmóvil, con los ojos cerrados,respirando profundo. Por
momentos soltaba un gemido breve, apagado, pero tan real que me obligaba
a contener la respiración. Y yo seguía, hipnotizado, repitiendo los
mismos movimientos una y otra vez, sabiendo que, si me detenía, rompería
algo sagrado que se estaba gestando entre los dos.
Entonces mis dedos se aventuraron aún más.Los pulgares se metieron muy
dentro de la cara interna del muslo. Y muy cerca del sexo. De hecho,
sentí la telita de la tanga.
Mamá, por su parte, seguía quieta, entregada,con esa respiración típica
de quien está durmiendo. Sin embargo, cuando empecé a masajear esa zona,
tan cerca de su sexo, empezó a largar gemidos más claros de placer,
aunque sin correrse de su papel de bella durmiente.
Yo la escuchaba, fascinado. Su respiraciónera como un vaivén hipnótico
que acompañaba cada movimiento de mis manos. Así que seguí acariciando
esa parte, viendo y sintiendo cómo su cuerpo se estremecía levemente con
cada presión. La piel se contraía y se expandía, como si respirara por
sí sola. La espalda se arqueaba con lentitud, buscando inconscientemente
más contacto, y sus labios, entreabiertos, dejaban escapar esos gemidos
suaves que parecían pedir que no me detuviera.
El aire de la habitación estaba cargado. Sesentía tibio, denso, con el
olor de su perfume mezclado con algo más primitivo, más humano. Así que
me quedé ahí, repitiendo el movimiento una y otra vez, sabiendo que a
ella le gustaba, al igual que a mí. Por momentos, incluso, me animé a
rozar su vulva por encima de la tanguita, apenas con la punta de los
dedos, sintiendo la humedad que se filtraba a través de la tela. Era un
roce mínimo, pero suficiente para hacerla suspirar más fuerte.
Y entonces sucedió. Primero sentí que susmúsculos se pusieron tensos,
como si todo su cuerpo se contrajera en un mismo punto. Después, empezó
a retorcerse muy despacio, con movimientos involuntarios, casi
imperceptibles, y aunque trató de contenerlo, soltó un gemido mucho más
claro, más profundo que los anteriores. Todo su cuerpo tembló sobre la
cama, como si una corriente lo recorriera de punta a punta.
Sus muslos se cerraron en mis manos,atrapándome, como si no quisieran
dejarme escapar. Vi cómo su espalda se arqueaba, cómo la piel se
estiraba bajo la luz tenue, cómo su cuerpo se ondulaba en una secuencia
perfecta de tensión y alivio. Los rastros del orgasmo se fueron apagando
poco a poco, hasta que su respiración volvió a un ritmo más pausado.
Luego mamá siguió durmiendo… o fingiendo quelo hacía. Porque después de
eso, era difícil creer que de verdad estuviera perdida en un sueño. O
que, en todo caso, no se hubiera despertado después de lo que acababa de
pasar. Esa idea me taladraba la cabeza, me enloquecía, me llenaba de un
deseo casi doloroso. ¡Ella estaba consciente de lo que estábamos
haciendo!
Pero después me compadecí de ella. Después detodo, hacía tiempo que
necesitaba eso: relajarse, soltarse, sentirse tocada de esa manera. Y
tal vez también necesitaba que yo pensara que no había estado
consciente, que todo había sido un accidente dentro de su sueño. Así que
me prometí seguirle la corriente, actuar como si nada hubiera pasado.
Sería lo mejor para los dos.
Eso sí… el olor de su sexo, la tibieza de supiel, verla así, medio en
pelotas, en esa pose tan indecentemente hermosa, me incitaron a
continuar el juego un poco más.
Llevé las manos a sus glúteos y empecé amasajearlos. Los apreté
suavemente con las palmas abiertas, moldeándolos, sintiendo cómo cedían
y volvían a su forma perfecta. Por momentos, el pulgar se hundía apenas
más al centro, haciendo contacto con esa línea sagrada que parecía
prohibida para mí.
Mamá seguía fingiendo que dormía, y eso meenvalentonó. Me ensañé con
ese culo que me tenía tan loco. La piel estaba fresca, tersa, firme, y
se deslizaba perfecta bajo mis manos. Era la clase de culo que uno sueña
tocar, el que provoca tanto deseo que hasta la respiración se vuelve un
esfuerzo.
Entonces ya no pude más. Sentí la presióncreciente, la tensión
insoportable, y sin tocarme siquiera, mi verga explotó dentro del
pantalón. El calor me recorrió entero, y el alivio fue tan fuerte que
tuve que contener un jadeo. Sentí cómo el semen empapaba la ropa
interior recién puesta, y aun así, no podía dejar de mirarla.
Ella continuaba ahí, inmóvil, apacible, conla misma expresión serena,
como si no se hubiera enterado de nada. Yo me separé despacio, todavía
con la respiración entrecortada, y salí del cuarto cerrando la puerta
sin hacer ruido, tratando de asimilar lo que acababa de pasar, mientras
el corazón me seguía golpeando el pecho.

0 comentarios - En cuarentena con mamá 7