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El pacto 11

La noche del viernes, después de que Laura me soltara la propuesta de invitar a su compañero a cenar como si fuera el gesto más inocente del mundo, me encerré en la sala a oscuras. La cabeza me daba vueltas. Lejos de asustarme, la idea de tener al amante de mi mujer en mi propia mesa me encendió un morbo macabro. Con la luz del celular iluminando mi rostro en la penumbra, le escribí a Paola. Necesitaba cuadrar la estrategia y ver hasta dónde podíamos llevar esto.
Pao, no sabe lo que acaba de pasar —dije por mensaje, con los dedos temblándole de la excitación. Laura me acaba de pedir que invite a Camilo a cenar a la casa. Mañana mismo.
No tardó ni un minuto en responder. Ella no solo confirmaba lo que yo sospechaba, sino que soltó la bomba que me tenía guardada. Me reenvió la captura de pantalla de la conversación que había tenido con Laura el jueves
: "Quiero ver a Camilo y a Daniel juntos en la misma mesa. Tener a mi amante y a mi novio conversando frente a mí me tiene chorreando".
Sentí un vuelco helado en el estómago; una mezcla de choque psicológico y una erección violenta que me hizo apretar los dientes.
Le dije ¿Ah, sí? ¿Usted ya sabía esto y por qué no me había dicho nada? por el chat con un tono juguetón pero cargado de morbo.

Paola :Porque le tenía esa sorpresita guardada, mi Dani . Tú no sabes el monstruo que hemos creado con Laurita... pero ya que ella quiere el juego, dáselo completo. Disfrute el show, corazón.
Ahí fue donde se me encendió la chispa definitiva. Si ella quería ver a sus dos mundos colisionar, yo iba a mover las fichas para que esa cena terminara en mi propio cuarto de huéspedes.
Daniel :Pao, si se van a tomar unos tragos, voy a emborrachar a ese man para que no se pueda ir . Quiero ver si Laura es capaz de cogerse a su amante en esta casa teniéndome a mí en la habitación de al lado.
Paola ¡Usted me resultó más peligroso que yo, mi Dani! . Hágale. Pero entonces cambie la cámara espía que compró la otra vez. Quítela del cuarto principal y póngala en el cuarto de huéspedes. Ahí es donde lo va a acostar.
El sábado por la mañana, aprovechando que Laura salió a hacer unas compras, moví la cámara espía al cuarto de huéspedes. La ubiqué estratégicamente para que me diera un ángulo perfecto y directo hacia la cama, probando la señal en la pantalla de mi celular con una excitación enfermiza , la otra si la dejé quieta en la sala
Camilo llegó a las cinco de la tarde. El aire en la sala era asfixiante. Tuve que obligarme a mantener la voz firme mientras le estrechaba la mano.
Daniel : Hola, Camilo, un gusto mientras mi mente gritaba que ese hombre era el intruso que venía a profanar mi vida.
Nos sentamos a ver el partido de fútbol, tomamos cerveza y conversamos de temas triviales. Laura se movía entre nosotros como una espectra de deseo; nos servía las bebidas con una atención exagerada, rozando la mano de Camilo "accidentalmente" o dejando que su mirada se detuviera un segundo de más en su entrepierna mientras nos hablaba. El morbo de verla actuar con tanta normalidad mientras yo sabía su secreto era una tortura exquisita.
El partido se prolongó hasta los penaltis y terminó pasadas las diez y media de la noche. Cuando Camilo se levantó y dijo: "Bueno, gracias por todo, ya me voy", yo ejecuté mi jugada final.
Daniel :Hermano, ¿cómo se va a ir con tragos encima a esta hora? Es peligroso. Quédate en el cuarto de huéspedes, mañana sales tranquilo — con una naturalidad que me asqueaba.
Laura se quedó helada. Sus ojos se abrieron de par en par y por un segundo vi el terror de ser descubierta en su propia trampa. Pero ese terror se transformó rápidamente en una fascinación obscena.
Laura :Sí... tiene razón, Camilo. Quédate, por favor —dijo Laura apoyando la sugerencia con una voz que intentaba sonar razonable, pero que vibraba de excitación.
Me retiré al cuarto principal. Me acosté y apagué la pantalla del celular, simulando un sueño profundo. Pasaron unos 20 minutos .Escuché los pasos cautelosos de Laura entrando en mi habitación; sentí su presencia vigilando mi respiración en la oscuridad. Cuando estuve seguro de que se había ido, encendí la transmisión de la sala.
Lo que vi me quitó el aliento. Laura y Camilo no se fueron al cuarto de inmediato. Se detuvieron en el sofá. Se besaron con una desesperación que no admitía tregua. Camilo la tomó por la cintura y la sentó en su regazo.
El pacto 11

Camilo: ¿Y si tu novio se despierta? —susurrando, con un miedo real en la voz.
Laura:Dani duerme como una roca cuando toma —dijo con una risita obscena mientras le acariciaba la entrepierna con impaciencia—. Tenemos toda la noche para nosotros, hay que aprovecharla.
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Camino :Listo, usted es la que manda
Laura se recostó en el sofá, se quitó la ropa frenéticamente
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. Camilo la penetró allí mismo, en medio de la sala. El sonido de la carne chocando contra el cuero del sofá era rítmico y crudo: ¡Plap, plap, plap!. Laura gemía ahogada por la excitación: "¡Mmmph!... ¡Sí!... ¡Mierda!... ¡Ahhh!". Dios mío que rico se siente esa verga cami , Pero la impaciencia la dominaba.
Laura:No aguanto más... vamos para el cuarto ya jadeando, con los ojos encendidos.
Vi como lo dominaba agarrando su pene y llevándolo al cuarto
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Me levanté de la cama y caminé por el pasillo en penumbra, con el celular en la mano como mi única ventana al infierno. Me detuve ante la puerta entreabierta del cuarto de huéspedes.
La primera visión fue devastadora. Estaban en la cama en misionero invertido. Camilo estaba acostado boca arriba, relajado, mientras Laura estaba encima de él, dándole la espalda y cabalgándolo con una furia desesperada. Sus nalgas rebotaban contra el cuerpo de él con un estruendo húmedo: ¡Plap, plap, plap!.
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—¡Ahhh!... ¡Sllurp!... ¡Sí!... ¡Dame más! —dijo Laura gimiendo con un riesgo suicida.
Sentí un choque brutal en el pecho; una rabia asfixiante por la traición mezclada con una excitación tan violenta que sentía que la verga se me iba a romper. Mi Laura yo no dejaba de ver su perfecta figura , ese culo perfecto , y esa vagina como se tragaba ese pene
Regresé al pasillo , tratando de respirar, escuchaba sus gemidos ahogados cerré los ojos y empeze a masturbarme lo está disfrutando cuando el ruido seso la curiosidad me arrastró de nuevo. Me asomé por un ángulo distinto y los vi en cuatro en la orilla de la cama.

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El pacto 11

Laura estaba entregada el le jalaba el pelo
Laura estaba encorvada, con la cabeza gacha y los gemidos saliendo de lo más profundo de su garganta.
—¡Sí, así, dame duro que tenemos toda la noche!... ¡Mierda!... ¡Ahhh! —dijo Laura con la voz rota de placer.
Sus nalgas chocaban contra Camilo con una saña mecánica: ¡Plap, plap, plap!.
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Dios mio , que rico me decía a mi mismo mientras veía a mi futura esposa disfrutar , en su propia casa que rico , pero me fui por qué no quería que se dieran cuanta ,me quedé al final del pasillo y puse mi celular y en la pantalla veía lo rico que laa estaba pasando mi Laura
PLAS , PLAS , PLAS, PLAS , PLAS, PLAS
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Pero el morbo me gano fue el punto de no retorno. Me acerqué al umbral, pegado a la pared. Laura estaba boca abajo, aplastada contra el colchón, con las nalgas apuntando directamente hacia la puerta, en un primer plano obsceno y perfecto
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. Ver el movimiento frenético de su carne, ver cómo su cuerpo se rendía ante ese hombre en mi propia casa, rompió mis defensas. Sin poder evitarlo, metí la mano en mi pijama y empecé a masturbarme salvajemente en la penumbra del pasillo, con la respiración rota y los ojos clavados en ese espectáculo de degradación en vivo.
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El orgasmo me golpeó como un rayo. Me vine con una fuerza violenta en la oscuridad del pasillo, sintiendo cómo mi alma se desprendía de mi cuerpo. Rápidamente me limpié y regresé a mi cuarto, jadeando. Antes de que Laura pudiera volver, le escribí un mensaje rápido a Paola.
Daniel:Pao, es una locura. Lo está haciendo justo ahí, al lado mío. Es demasiado — por mensaje.
En la pantalla del celular vi cómo Laura se arreglaba la ropa y salía del cuarto. De inmediato guardé el teléfono y me acomodé en la cama, cerrando los ojos y fingiendo un sueño profundo.
Escuché la puerta abrirse. La cama se hundió cuando Laura se deslizó calladita bajo las cobijas. Sentí su calor y su respiración errática cerca de mi nuca. En la oscuridad total, la abracé por la espalda. Al acercar mi rostro a su cuello, el olor me golpeó: un aroma denso a sudor, a sexo ajeno y a la esencia de Camilo impregnada en su piel. Sonreí en la oscuridad, con los ojos bien abiertos. El plan había sido un éxito rotundo; mi mujer era una perra, y yo era su dueño en las sombras.

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