Faltabanexactamente siete días para el casamiento de Jorge, uno de mismejores amigos y compañero de trabajo. Después de semanas de darvueltas con los preparativos, el grupo más íntimo —su hermanoDiego, su cuñado Marcos y sus amigos de fierro— habían logradocerrar un paquete integral "all inclusive" en un salónprivado para la gran despedida: asado de primera, barra libre, DJ, unanimador con monólogos de humor y luces de última generación. Todoimpecable, pero con un faltante clave que la mayoría reclamaba: elshow erótico de medianoche.
Llegadala noche de la despedida, como lógicamente no podía cruzarse con elnovio bajo ningún punto de vista, Sil llegó al salón antes de quearrancara la despedida.
Entrópor la puerta principal junto con Marcos y Julieta, con el tiempojusto para esquivar cualquier contratiempo antes de que el salónempezara a llenarse. Mientras el resto del grupo de organizadoresterminaba de ultimar los detalles en la entrada, a Sil la llevarondirecto y sin escalas hacia el sector de camarines al fondo, unespacio privado y apartado donde iba a estar completamente segura yfuera de la vista de Jorge.
Laúnica que tenía acceso al camarin era Julieta, que a los pocosminutos apareció con dos vasos bien cargados para calmar laansiedad.
—Tomá,hermana, te va a venir bien para aflojar los nervios —le dijoJulieta, entregándole un trago fuerte apenas cerraron la puerta.
Entrerisas cómplices, brindaron rápido. Afuera, de a poco, empezaron asonar los primeros temas, los mozos comenzaron a preparar las mesas yse empezó a sentir el olor inconfundible del asado que ya estaba enlas parrillas.
Mientrastanto, adentro del camarín, Sil empezó con la transformación. Sesacó la ropa de calle y dejó al descubierto lo que traía puesto:un body negro ultra cavado y una tanga diminuta que dejaba el culo alaire, marcando cada línea con prolijidad. Por encima se tiró unvestido largo y holgado para disimular todo hasta el momento deentrar en acción.




Entretragos con Julieta para espantar los nervios, se retocó elmaquillaje frente al espejo y estiró un poco los músculos.
Afuera,la noche transcurrió exactamente como estaba planeada: los invitadosfueron llegando, se sirvió la cena a puro asado y barra libre, y mástarde el animador rompió el hielo con un show de humor que hizodelirar a todo el salón. Jorge estaba relajado en su mesa, rodeadode sus amigos, riéndose y disfrutando, sin imaginarse ni por unsegundo que a pocos metros de ahí, encerrada en el camarín entretragos y lencería jugada, Sil se estaba preparando para ser la gransorpresa de la noche.
Elsalón era una olla a presión. Entre el alcohol consumido desdetemprano y las líneas de merca que ya circulaban de manera abiertade mesa en mesa, el grupo de amigos estaba completamente manija, conlos ojos brillantes y la mandíbula tensa.
Elanimador, oliendo la sangre, agarró el micrófono con una sonrisa :—Bueno, basta de amagues. Que pase el novio al centro de lasmesas.
Entreempujones y risas descontroladas llevaron a Jorge y lo sentaron enuna silla en el centro de las mesas. Los pibes lo rodearon y entre unpar lo dejaron en boxer y con una peluca, rojo de vergüenza y muertode risa mientras todos le sacaban fotos con el celular. La tensiónen el ambiente aumentaba; el calor del lugar era espeso, impregnadode sudor, alcohol y la adrenalina del exceso.
En esemismo instante, el animador bajó la voz y metió un silenciodramático: —Y para terminar de rematarlo... que pase lasorpresa de la casa.
Elanimador levantó los brazos buscando la complicidad de todo elsalón:
—Yatención muchachos... porque si pensaban que el mejor regalo locompraba la agencia, se equivocan. ¡El verdadero sacrificio lo hizoun amigo de la casa que hoy nos prestó a su propia joya! ¡Que paseSil a romper todo!
En lasmesas, un par de amigos giraron la cabeza al instante para clavarmelos ojos a mí, buscando mi reacción. Yo estaba sentado en la punta,con una sonrisa tensa, haciéndome el duro mientras por dentro laadrenalina me quemaba hasta las muelas, procedi a tomar otro trago.
Silvenía caminando con confianza ya deshinibida. A mitad de camino, sesacó el vestido suelto de un manotazo y lo tiró al piso. Quedóexpuesta bajo la luz con el body negro ultracavado y una tangadiminuta que le dejaba el culo al aire de manera brutal, con la pielbrillante por el calor y los tragos.
Arrancósu recorrido bailando entre las mesas. Se acercaba a los pibes, lestiraba manotazos al aire, les perreaba de costado a los que lamiraban..
Cuandollegó al centro, donde Jorge estaba sentado en la silla en boxers,con la peluca puesta y totalmente dado vuelta por el alcohol y lamerca que veníamos picando desde temprano, el show se descontrolómal. Sil le bailaba de cerca, de frente, de espaldas y rodeandolo encirculos mientras bailaba.
LuegoSil se le mandó de un salto y se le sentó a upa de frente, bienpegada, refregándose y haciéndole un movimiento de caderas que lodejó durísimo.
Jorge,re contra entonado y sin filtros, no se quedó atrás: la agarró dela cintura con una sonrisa de oreja a oreja.
Después,en el medio del griterío de los pibes que revoleaban las remeras, sedio la vuelta y se le sentó de espaldas, bajándole el cuerpo a purorebote contra la bragueta del boxer, a un ritmo interminable yrecontra sucio. Jorge, rojo como un tomate, transpirando como loco ycon la vista nublada por el exceso, le agarraba las cachas con lasmanos temblorosas y le seguía el ritmo como podía, totalmenteentregado.
Elsalón era un manicomio de aplausos, puteadas de alegría y deliriopuro. Ya estabamos todos parados chiflando y siguiendo el baile.
Lejosde aflojar, el baile se puso más áspero y sucio. En pleno baile,Sil se bajó de un salto de las piernas de Jorge, apoyó las manosfirmemente sobre el piso de la pista y, con una agilidad tremenda,estiró las piernas hacia atrás y hacia arriba, rodeándole lacintura con las piernas, bailaba meneando muy cerca de su rostroarqueando la espalda de manera obscena, donde el hilito de su tangase estiro por la posicion dejando a la vista parte de su hoyito ylabios, seguidamente apreto sus cachetes con los pies, luego lo soltóy bajo un poco mas cerca de su pelvis pero seguia con las piernasrodeandolo y meneando en circulos..
Elnovio, sacado de quicio por el alcohol, la merca y la calenturaacumulada, parecia que no aguantó mas: le clavó las dos manos enlas nalgas, se la apretó con fuerza, le dio una nalgada y Sil sedejó llevar un toque pero cuando notó que la mano de Jorge seestaba metiendo demasiado y se estaba pasando de la raya, con unmovimiento se zafó de su agarre, se soltó de las piernas y seagachó con elegancia, agarró el vestido largo del piso y se fueriendo directo al camarín, mientras el salón entero era unmanicomio de aplausos y risas descontroladas.






Llegadala noche de la despedida, como lógicamente no podía cruzarse con elnovio bajo ningún punto de vista, Sil llegó al salón antes de quearrancara la despedida.
Entrópor la puerta principal junto con Marcos y Julieta, con el tiempojusto para esquivar cualquier contratiempo antes de que el salónempezara a llenarse. Mientras el resto del grupo de organizadoresterminaba de ultimar los detalles en la entrada, a Sil la llevarondirecto y sin escalas hacia el sector de camarines al fondo, unespacio privado y apartado donde iba a estar completamente segura yfuera de la vista de Jorge.
Laúnica que tenía acceso al camarin era Julieta, que a los pocosminutos apareció con dos vasos bien cargados para calmar laansiedad.
—Tomá,hermana, te va a venir bien para aflojar los nervios —le dijoJulieta, entregándole un trago fuerte apenas cerraron la puerta.
Entrerisas cómplices, brindaron rápido. Afuera, de a poco, empezaron asonar los primeros temas, los mozos comenzaron a preparar las mesas yse empezó a sentir el olor inconfundible del asado que ya estaba enlas parrillas.
Mientrastanto, adentro del camarín, Sil empezó con la transformación. Sesacó la ropa de calle y dejó al descubierto lo que traía puesto:un body negro ultra cavado y una tanga diminuta que dejaba el culo alaire, marcando cada línea con prolijidad. Por encima se tiró unvestido largo y holgado para disimular todo hasta el momento deentrar en acción.




Entretragos con Julieta para espantar los nervios, se retocó elmaquillaje frente al espejo y estiró un poco los músculos.
Afuera,la noche transcurrió exactamente como estaba planeada: los invitadosfueron llegando, se sirvió la cena a puro asado y barra libre, y mástarde el animador rompió el hielo con un show de humor que hizodelirar a todo el salón. Jorge estaba relajado en su mesa, rodeadode sus amigos, riéndose y disfrutando, sin imaginarse ni por unsegundo que a pocos metros de ahí, encerrada en el camarín entretragos y lencería jugada, Sil se estaba preparando para ser la gransorpresa de la noche.
Elsalón era una olla a presión. Entre el alcohol consumido desdetemprano y las líneas de merca que ya circulaban de manera abiertade mesa en mesa, el grupo de amigos estaba completamente manija, conlos ojos brillantes y la mandíbula tensa.
Elanimador, oliendo la sangre, agarró el micrófono con una sonrisa :—Bueno, basta de amagues. Que pase el novio al centro de lasmesas.
Entreempujones y risas descontroladas llevaron a Jorge y lo sentaron enuna silla en el centro de las mesas. Los pibes lo rodearon y entre unpar lo dejaron en boxer y con una peluca, rojo de vergüenza y muertode risa mientras todos le sacaban fotos con el celular. La tensiónen el ambiente aumentaba; el calor del lugar era espeso, impregnadode sudor, alcohol y la adrenalina del exceso.
En esemismo instante, el animador bajó la voz y metió un silenciodramático: —Y para terminar de rematarlo... que pase lasorpresa de la casa.
Elanimador levantó los brazos buscando la complicidad de todo elsalón:
—Yatención muchachos... porque si pensaban que el mejor regalo locompraba la agencia, se equivocan. ¡El verdadero sacrificio lo hizoun amigo de la casa que hoy nos prestó a su propia joya! ¡Que paseSil a romper todo!
En lasmesas, un par de amigos giraron la cabeza al instante para clavarmelos ojos a mí, buscando mi reacción. Yo estaba sentado en la punta,con una sonrisa tensa, haciéndome el duro mientras por dentro laadrenalina me quemaba hasta las muelas, procedi a tomar otro trago.
Silvenía caminando con confianza ya deshinibida. A mitad de camino, sesacó el vestido suelto de un manotazo y lo tiró al piso. Quedóexpuesta bajo la luz con el body negro ultracavado y una tangadiminuta que le dejaba el culo al aire de manera brutal, con la pielbrillante por el calor y los tragos.
Arrancósu recorrido bailando entre las mesas. Se acercaba a los pibes, lestiraba manotazos al aire, les perreaba de costado a los que lamiraban..
Cuandollegó al centro, donde Jorge estaba sentado en la silla en boxers,con la peluca puesta y totalmente dado vuelta por el alcohol y lamerca que veníamos picando desde temprano, el show se descontrolómal. Sil le bailaba de cerca, de frente, de espaldas y rodeandolo encirculos mientras bailaba.
LuegoSil se le mandó de un salto y se le sentó a upa de frente, bienpegada, refregándose y haciéndole un movimiento de caderas que lodejó durísimo.
Jorge,re contra entonado y sin filtros, no se quedó atrás: la agarró dela cintura con una sonrisa de oreja a oreja.
Después,en el medio del griterío de los pibes que revoleaban las remeras, sedio la vuelta y se le sentó de espaldas, bajándole el cuerpo a purorebote contra la bragueta del boxer, a un ritmo interminable yrecontra sucio. Jorge, rojo como un tomate, transpirando como loco ycon la vista nublada por el exceso, le agarraba las cachas con lasmanos temblorosas y le seguía el ritmo como podía, totalmenteentregado.
Elsalón era un manicomio de aplausos, puteadas de alegría y deliriopuro. Ya estabamos todos parados chiflando y siguiendo el baile.
Lejosde aflojar, el baile se puso más áspero y sucio. En pleno baile,Sil se bajó de un salto de las piernas de Jorge, apoyó las manosfirmemente sobre el piso de la pista y, con una agilidad tremenda,estiró las piernas hacia atrás y hacia arriba, rodeándole lacintura con las piernas, bailaba meneando muy cerca de su rostroarqueando la espalda de manera obscena, donde el hilito de su tangase estiro por la posicion dejando a la vista parte de su hoyito ylabios, seguidamente apreto sus cachetes con los pies, luego lo soltóy bajo un poco mas cerca de su pelvis pero seguia con las piernasrodeandolo y meneando en circulos..
Elnovio, sacado de quicio por el alcohol, la merca y la calenturaacumulada, parecia que no aguantó mas: le clavó las dos manos enlas nalgas, se la apretó con fuerza, le dio una nalgada y Sil sedejó llevar un toque pero cuando notó que la mano de Jorge seestaba metiendo demasiado y se estaba pasando de la raya, con unmovimiento se zafó de su agarre, se soltó de las piernas y seagachó con elegancia, agarró el vestido largo del piso y se fueriendo directo al camarín, mientras el salón entero era unmanicomio de aplausos y risas descontroladas.






1 comentarios - Mi mujer, la sorpresa de la despedida de soltero (con fotos)