ATENCIÓN: El siguiente relato es una bizarreada fantasiosa y toca algunos temas tabú. Si no es lo tuyo, o te gustan los relatos realistas, te recomiendo NO seguir leyendo
Mi nombre es Jony y desde que era muy joven mi mamá me llevaba al culto donde leíamos la palabra todos los domingos. A medida que fui creciendo, fui perdiendo el interés y dejé de asistir. Eso entristeció un poco a mi mamá, pero nunca me molestó por eso, parecía respetar mi decisión. Después de la muerte de mi padre, éramos solamente nosotros dos, yo era el hombre de la casa y el que debía acompañar a mi madre, pero el culto se fue apagando, con el tiempo se redujo de unas 60 personas a apenas entre 8 y 10 mujeres cada domingo. A este punto, más bien, era un grupo de oración.Ya en la adolescencia me encontré con problemas frecuentes de la vida escolar, así como el bullying. Ahí es donde entra Brian, un chico marginal el cual me molestó desde muy joven, pero ahora me pegaba, se burlaba de mí y me hacía quedar mal frente a otras chicas para hacerse ver más fuerte y macho. Lo peor es que le funcionaba, por más grosero y violento que fuera, siempre tenía una novia distinta cada semana. Como me dolió cuando me enteré que Miranda, la chica que me gustaba, perdió su virginidad con él, pero no puedo culparla. Varias veces escuche a mis compañeras de clase hablando sobre lo buen amante que era, tarde o temprano le ganaría la curiosidad.
Una tarde salimos con mi mama a merendar luego de que me paso a buscar a la salida de la escuela, me pregunto qué me pasaba y le comente que Brian me molestaba. Francamente no le di mucho detalle, ya que jamas me atreveria a hablar de sexo con mi mama, no solo por mi relacion con ella, si no porque era una mujer muy pudorosa. Rara vez decía groserías y jamás utilizaba términos soeces. Así que ella me dijo que iba a intervenir en el asunto, cosa a la que yo me negué rotundamente. Si hay algo que definitivamente no quería, era que Brian terminara cerca de mi madre. Discutimos un largo rato hasta llegar a un acuerdo: Ella lo invitaría al grupo de oración para que tenga otra perspectiva de la vida. “Seguro tuvo una vida difícil, por algo se comporta así” argumento mi madre, la mujer que pensaba que había bondad en todas las personas no importa lo malas que fueran, así que a regañadientes accedí.
Casi me muero de vergüenza cuando interceptamos a Brian al día siguiente para que mi madre lo invite al grupo, como era de esperar, el tipo recorrió su cuerpo maduro con sus ojos sin una pizca de vergüenza y luego le dijo que no habría problema, él estaría el domingo en el culto. Después de eso, me esperaba un día cargado de bromas por lo ocurrido y alusiones sexuales sobre mi madre, pero por suerte fue tranquilo. O Brian se apiadó de mí o Tina, su novia de la semana, le hizo una mamada durante el recreo, como a él le gustaba, y lo dejó tranquilo.

Sea cual fuera el caso, no supe más de él hasta el domingo de culto. Mi madre se fue por la mañana y volvió después del mediodía. Generalmente a eso de las 12/13 se encontraba en casa, pero ya eran las 14 y no aparecía. Por mi mente se cruzaban decenas de escenarios, algunos bastantes sombríos, sobre lo que podía haber pasado. Pero corrí a la puerta cuando escuché que ella entraba, me tranquilizó verla con una sonrisa. Hablé con ella mientras almorzabamos y, la verdad, parece que Brian había aparecido y la experiencia fue muy grata. “Es un joven muy amable” decía mi madre, contando como se ofreció para leer, opinar sobre las lecturas e incluso limpiar. A mi me extrañaba todo eso, Brian no era servicial, siempre se las arreglaba para que los demás hagan las cosas por él, incluso su tarea. Pero también conocía cómo le hablaba a las profesoras para endulzarles el oído, estoy seguro de que está tramando algo y por eso actúa como “niño bueno”.
Una tarde, luego de la escuela, escucho que una mujer me hablaba. “Jonathan! Tanto tiempo” dice la pastora Belen frente a mi, la mujer que heredó el culto luego de la muerte de su esposo. Me pregunta por mi madre, como siempre que me ve y no se que mucho más decirle, ella no hace más que trabajar durante la semana. Cuando pensé que se estaba por despedir me comenta sobre Brian: “Que chico mas servicial, se nota que quiere aprender, hemos quedado en que le de clases privadas”. Francamente nada de esto sonaba bien, ellas decían que Brian era un chico bueno y lleno de virtudes, pero ese mismo día me había molestado junto a su chica llamándome “pito chico”. Quise indagar más pero la pastora parecía llevar prisa.

No recuerdo si ese domingo o el siguiente, vi como mi madre se preparaba para reunirse con su grupo de oración, pero lejos de las blusas con volados y las faldas hasta los tobillos que usaba, ahora ella tenía una pollera por encima de la rodilla y una camisa sin mangas bastante ajustada. “¿Te parece bien ir así al culto?” cuestione a mi madre, se que no está bien fijarse en el cuerpo de una mujer de esa manera, pero era imposible hacerlo cuando sus atributos estaban tan marcados, jamas habias visto la silueta de su trasero hasta ahora. Mi madre se puso roja como un tomate y trató de justificarse: “Pues hace calor, no? No me parecía ir tan tapada. Además, Brian dijo que sería bueno para nuestra autoestima.”
Ya sabía que algo se tramaba este pendejo. Intenté discutir con mi mama al respecto, pero ella se excusó y no volvió hasta después del mediodía, a la vuelta del culto. Vino acompañada por una vecina que la dejó en la puerta de casa y se fué. Por la ventana pude ver como la mujer vestía una falda corta engomada que acentuaba su gordo culo maduro.
Antes mi madre me daba discursos sobre cómo el cuerpo humano era un don divino y que debía cuidar lo que hago con él, por suerte nunca me había encontrado masturbandome porque habría hecho un gran escándalo. Sin embargo, el discurso parece haber cambiado para ella. “El cuerpo es un don divino, no deberíamos esconderlo, al contrario. Debemos estar orgullosos” me decía cada vez que le llamaba la atención por su forma de vestir. Animal print, medias de red, botas, labial y maquillaje. Mi madre nunca había poseído ninguna de esas cosas, pero ahora era moneda corriente. Es verdad que su autoestima había mejorado notablemente, pero ¿A qué costo? A donde íbamos, ella era el centro de atención.

El tiempo pasó y parecía que yo vivía solo. Cocinaba, limpiaba y me lavaba la ropa porque nunca sabía donde estaba mi madre. Una tarde, mientras hacía mi tarea, ella entra por la puerta usando unos enormes tacones, tiene lágrimas de felicidad en los ojos y me dice en estado de éxtasis que había presenciado un milagro: “La pastora está esperando un hijo”. Por lo que yo sabía, ella y su marido habían intentado concebir recién casados, pero por razones médicas, no les dió y luego su marido falleció. O eso es lo que me había comentado mi madre cuando le señalé lo raro que era que no tuviera hijos.
Por supuesto que la noticia me puso alegre. Abracé a mi mamá, pese a que fue incomodo sentir sus senos en mi cara. Podía ver sus pezones puntiagudos marcando a través de la tela, claramente no usaba sostén.
Esa noche, durante la cena, me tomé el atrevimiento de preguntar quien era el padre de la criatura: “No sabía que la pastora Belén se había vuelto a casar, o que tuviera novio siquiera”. La pregunta pareció incomodar a mi madre que me esquivó la mirada, tragó los espaguetis con prisa y bebió un vaso de agua para no atragantarse.
“Veras, Jony, traer un hijo al mundo no es un asunto sencillo. Lo que sí puedo decir, es que fue un trabajo en conjunto del grupo de oración. Todos rezamos mucho para que esta situación sea posible”. Después de un largo silencio, interpreté que realmente no conocían al novio de la pastora o simplemente no le preguntaron para no incomodarla.

A partir de ahí, todo se fue en picada. Noté que mi madre ya no llevaba su biblia al culto, vestía de manera cada vez más provocativa, aun cuando creí que eso no fuera posible. Faldas cada vez más diminutas, al punto de que a veces podía ver la parte baja de sus nalgas. Tacones tan altos, ahora me llevaba una cabeza de alto cuando, en realidad, teníamos más o menos la misma altura. Lo que hacía más difícil verle a la cara, y me dejaba apreciar mejor sus enormes senos. Creo que utilizaba un brassier que los hacía ver más voluptuosos, al menos ella no se había hecho una cirugía de aumento de busto, como si me enteré que se hicieron algunas de las mujeres del culto.
Con respecto al culto, había cambiado. Mi madre me dijo que poco a poco cada vez más mujeres se unían. Cada domingo llegaban una o dos señoras nuevas, algunas acompañadas con sus hijas, como Miranda que empezó a asistir con su madre. Ellas iban a escuchar, curiosas, la palabra de la pastora, cuya panza estaba cada vez más grande. Pero no era la única en ese estado. A veces por mi mama, y a veces por comentarios del barrio, me enteraba que varias miembros del culto estaban quedando embarazadas, señora de todas las edades, solteras y casadas. Algunas ya tenían hijos terminando el colegio, como yo, y se volvían a embarazar para un 2do o 3er hijo. Francamente mi cabeza ya estaba rota, ya no le preguntaba a mi mama sobre el culto o sobre Brian, era una de esas situaciones donde simplemente prefería no saber qué es lo que pasaba dentro de esas cuatro paredes. Al verlo en la escuela, realmente era otro chico, se lo veía más tranquilo y contemplativo, aunque creo que simplemente estaba muy cansado por las actividades que realizaba en el culto. Cuando mi madre se encontraba con otras señoras en la calle, las palabras que usaban antes al hablar eran: oración, bendiciones, santidad y biblia. Ahora eran reemplazadas por: fertilidad, virilidad y conceptos de salud reproductiva como ovulación o conteo de esperma.

Un mediodía llegando a casa, puedo sentir el olor a salsa de mi madre, lo que me extraño porque ella no cocinaba hace meses. Al entrar estaba preparando la mesa para nosotros dos. La verdad me puso algo contento, ya que no parecía mostrar esa faceta de mi madre que utilizaba últimamente. Sin maquillaje, ropas ajustadas o labial llamativo, por primera vez en mucho tiempo podía verla a la cara sin sentirme culpable porque sus senos se asomaban sin ningún tipo de pudor. Tuvimos un delicioso almuerzo y una grata conversación donde me hablaba de su día y yo le hablaba de mis clases como antes. Al terminar, me estaba por levantar para llevar los platos a lavar, pero me dijo que no hacía falta,que me quedara sentado, pues tenía una sorpresa para mi. Levanta la mesa y pone una pequeña caja roja en frente mio. ¿Qué sería? ¿Un bolígrafo? Por la forma podría serlo, pero al abrirlo mi sangre se heló. Era una prueba de embarazo positiva, y ella parecía ignorar mi estado de anonadado, porque me abraza muy fuerte y me dice: “¡Vas a tener un hermanito!” con un gran entusiasmo aunque mis oídos estaban cerrados. Fue más tarde cuando empecé a procesar todo lo que me dijo desde ese entonces, pero fue un puñal en el corazón cuando me dijo “Hace rato quería ser madre, pero Brian decidió hace poco que yo debía ser la siguiente en ser embarazada por su semilla divina”. No quise saber más, ese día me retiré de mi casa y empecé a deambular por la calle sin dar explicación. Esa mujer ya no era mi madre y había perdido completamente la cabeza, en realidad había pasado hace rato pero fui muy cobarde para hacer algo al respecto y por eso dejé que llegue a donde estábamos. Al parecer a mi madre no le importó tanto mi bienestar, porque dormí en la calle y al volver a casa ella ya no se encontraba.

No la volví a ver más, hasta se podría decir que “por suerte”. Tampoco supe de la pastora Belén, Brian, Miranda o las otras miembros del supuesto culto. Lo único que oía en el barrio eran rumores. Algunos decían que habían mudado el culto a un pueblo, otros que la familia de la pastora tenía un campo donde los miembros podían llevar a cabo sus actividades pecaminosas sin problema. Hasta se barajaba de que habían arrestado a todas las mujeres del grupo por estupro, pero eso no tenía sentido, sería una gran noticia difícil de ignorar. Sea lo que fuera que haya pasado, estaba seguro de una cosa: Brian seguro se había salido con la suya una vez más y, en este momento, estaba gozando de los placeres carnales de sus fieles, incluso de mi mama.
Hasta aqui he llegado. Comenta si te interesa un lado B donde se explore la intimidad del culto
Mi nombre es Jony y desde que era muy joven mi mamá me llevaba al culto donde leíamos la palabra todos los domingos. A medida que fui creciendo, fui perdiendo el interés y dejé de asistir. Eso entristeció un poco a mi mamá, pero nunca me molestó por eso, parecía respetar mi decisión. Después de la muerte de mi padre, éramos solamente nosotros dos, yo era el hombre de la casa y el que debía acompañar a mi madre, pero el culto se fue apagando, con el tiempo se redujo de unas 60 personas a apenas entre 8 y 10 mujeres cada domingo. A este punto, más bien, era un grupo de oración.Ya en la adolescencia me encontré con problemas frecuentes de la vida escolar, así como el bullying. Ahí es donde entra Brian, un chico marginal el cual me molestó desde muy joven, pero ahora me pegaba, se burlaba de mí y me hacía quedar mal frente a otras chicas para hacerse ver más fuerte y macho. Lo peor es que le funcionaba, por más grosero y violento que fuera, siempre tenía una novia distinta cada semana. Como me dolió cuando me enteré que Miranda, la chica que me gustaba, perdió su virginidad con él, pero no puedo culparla. Varias veces escuche a mis compañeras de clase hablando sobre lo buen amante que era, tarde o temprano le ganaría la curiosidad.
Una tarde salimos con mi mama a merendar luego de que me paso a buscar a la salida de la escuela, me pregunto qué me pasaba y le comente que Brian me molestaba. Francamente no le di mucho detalle, ya que jamas me atreveria a hablar de sexo con mi mama, no solo por mi relacion con ella, si no porque era una mujer muy pudorosa. Rara vez decía groserías y jamás utilizaba términos soeces. Así que ella me dijo que iba a intervenir en el asunto, cosa a la que yo me negué rotundamente. Si hay algo que definitivamente no quería, era que Brian terminara cerca de mi madre. Discutimos un largo rato hasta llegar a un acuerdo: Ella lo invitaría al grupo de oración para que tenga otra perspectiva de la vida. “Seguro tuvo una vida difícil, por algo se comporta así” argumento mi madre, la mujer que pensaba que había bondad en todas las personas no importa lo malas que fueran, así que a regañadientes accedí.
Casi me muero de vergüenza cuando interceptamos a Brian al día siguiente para que mi madre lo invite al grupo, como era de esperar, el tipo recorrió su cuerpo maduro con sus ojos sin una pizca de vergüenza y luego le dijo que no habría problema, él estaría el domingo en el culto. Después de eso, me esperaba un día cargado de bromas por lo ocurrido y alusiones sexuales sobre mi madre, pero por suerte fue tranquilo. O Brian se apiadó de mí o Tina, su novia de la semana, le hizo una mamada durante el recreo, como a él le gustaba, y lo dejó tranquilo.

Sea cual fuera el caso, no supe más de él hasta el domingo de culto. Mi madre se fue por la mañana y volvió después del mediodía. Generalmente a eso de las 12/13 se encontraba en casa, pero ya eran las 14 y no aparecía. Por mi mente se cruzaban decenas de escenarios, algunos bastantes sombríos, sobre lo que podía haber pasado. Pero corrí a la puerta cuando escuché que ella entraba, me tranquilizó verla con una sonrisa. Hablé con ella mientras almorzabamos y, la verdad, parece que Brian había aparecido y la experiencia fue muy grata. “Es un joven muy amable” decía mi madre, contando como se ofreció para leer, opinar sobre las lecturas e incluso limpiar. A mi me extrañaba todo eso, Brian no era servicial, siempre se las arreglaba para que los demás hagan las cosas por él, incluso su tarea. Pero también conocía cómo le hablaba a las profesoras para endulzarles el oído, estoy seguro de que está tramando algo y por eso actúa como “niño bueno”.
Una tarde, luego de la escuela, escucho que una mujer me hablaba. “Jonathan! Tanto tiempo” dice la pastora Belen frente a mi, la mujer que heredó el culto luego de la muerte de su esposo. Me pregunta por mi madre, como siempre que me ve y no se que mucho más decirle, ella no hace más que trabajar durante la semana. Cuando pensé que se estaba por despedir me comenta sobre Brian: “Que chico mas servicial, se nota que quiere aprender, hemos quedado en que le de clases privadas”. Francamente nada de esto sonaba bien, ellas decían que Brian era un chico bueno y lleno de virtudes, pero ese mismo día me había molestado junto a su chica llamándome “pito chico”. Quise indagar más pero la pastora parecía llevar prisa.

No recuerdo si ese domingo o el siguiente, vi como mi madre se preparaba para reunirse con su grupo de oración, pero lejos de las blusas con volados y las faldas hasta los tobillos que usaba, ahora ella tenía una pollera por encima de la rodilla y una camisa sin mangas bastante ajustada. “¿Te parece bien ir así al culto?” cuestione a mi madre, se que no está bien fijarse en el cuerpo de una mujer de esa manera, pero era imposible hacerlo cuando sus atributos estaban tan marcados, jamas habias visto la silueta de su trasero hasta ahora. Mi madre se puso roja como un tomate y trató de justificarse: “Pues hace calor, no? No me parecía ir tan tapada. Además, Brian dijo que sería bueno para nuestra autoestima.”
Ya sabía que algo se tramaba este pendejo. Intenté discutir con mi mama al respecto, pero ella se excusó y no volvió hasta después del mediodía, a la vuelta del culto. Vino acompañada por una vecina que la dejó en la puerta de casa y se fué. Por la ventana pude ver como la mujer vestía una falda corta engomada que acentuaba su gordo culo maduro.
Antes mi madre me daba discursos sobre cómo el cuerpo humano era un don divino y que debía cuidar lo que hago con él, por suerte nunca me había encontrado masturbandome porque habría hecho un gran escándalo. Sin embargo, el discurso parece haber cambiado para ella. “El cuerpo es un don divino, no deberíamos esconderlo, al contrario. Debemos estar orgullosos” me decía cada vez que le llamaba la atención por su forma de vestir. Animal print, medias de red, botas, labial y maquillaje. Mi madre nunca había poseído ninguna de esas cosas, pero ahora era moneda corriente. Es verdad que su autoestima había mejorado notablemente, pero ¿A qué costo? A donde íbamos, ella era el centro de atención.

El tiempo pasó y parecía que yo vivía solo. Cocinaba, limpiaba y me lavaba la ropa porque nunca sabía donde estaba mi madre. Una tarde, mientras hacía mi tarea, ella entra por la puerta usando unos enormes tacones, tiene lágrimas de felicidad en los ojos y me dice en estado de éxtasis que había presenciado un milagro: “La pastora está esperando un hijo”. Por lo que yo sabía, ella y su marido habían intentado concebir recién casados, pero por razones médicas, no les dió y luego su marido falleció. O eso es lo que me había comentado mi madre cuando le señalé lo raro que era que no tuviera hijos.
Por supuesto que la noticia me puso alegre. Abracé a mi mamá, pese a que fue incomodo sentir sus senos en mi cara. Podía ver sus pezones puntiagudos marcando a través de la tela, claramente no usaba sostén.
Esa noche, durante la cena, me tomé el atrevimiento de preguntar quien era el padre de la criatura: “No sabía que la pastora Belén se había vuelto a casar, o que tuviera novio siquiera”. La pregunta pareció incomodar a mi madre que me esquivó la mirada, tragó los espaguetis con prisa y bebió un vaso de agua para no atragantarse.
“Veras, Jony, traer un hijo al mundo no es un asunto sencillo. Lo que sí puedo decir, es que fue un trabajo en conjunto del grupo de oración. Todos rezamos mucho para que esta situación sea posible”. Después de un largo silencio, interpreté que realmente no conocían al novio de la pastora o simplemente no le preguntaron para no incomodarla.

A partir de ahí, todo se fue en picada. Noté que mi madre ya no llevaba su biblia al culto, vestía de manera cada vez más provocativa, aun cuando creí que eso no fuera posible. Faldas cada vez más diminutas, al punto de que a veces podía ver la parte baja de sus nalgas. Tacones tan altos, ahora me llevaba una cabeza de alto cuando, en realidad, teníamos más o menos la misma altura. Lo que hacía más difícil verle a la cara, y me dejaba apreciar mejor sus enormes senos. Creo que utilizaba un brassier que los hacía ver más voluptuosos, al menos ella no se había hecho una cirugía de aumento de busto, como si me enteré que se hicieron algunas de las mujeres del culto.
Con respecto al culto, había cambiado. Mi madre me dijo que poco a poco cada vez más mujeres se unían. Cada domingo llegaban una o dos señoras nuevas, algunas acompañadas con sus hijas, como Miranda que empezó a asistir con su madre. Ellas iban a escuchar, curiosas, la palabra de la pastora, cuya panza estaba cada vez más grande. Pero no era la única en ese estado. A veces por mi mama, y a veces por comentarios del barrio, me enteraba que varias miembros del culto estaban quedando embarazadas, señora de todas las edades, solteras y casadas. Algunas ya tenían hijos terminando el colegio, como yo, y se volvían a embarazar para un 2do o 3er hijo. Francamente mi cabeza ya estaba rota, ya no le preguntaba a mi mama sobre el culto o sobre Brian, era una de esas situaciones donde simplemente prefería no saber qué es lo que pasaba dentro de esas cuatro paredes. Al verlo en la escuela, realmente era otro chico, se lo veía más tranquilo y contemplativo, aunque creo que simplemente estaba muy cansado por las actividades que realizaba en el culto. Cuando mi madre se encontraba con otras señoras en la calle, las palabras que usaban antes al hablar eran: oración, bendiciones, santidad y biblia. Ahora eran reemplazadas por: fertilidad, virilidad y conceptos de salud reproductiva como ovulación o conteo de esperma.

Un mediodía llegando a casa, puedo sentir el olor a salsa de mi madre, lo que me extraño porque ella no cocinaba hace meses. Al entrar estaba preparando la mesa para nosotros dos. La verdad me puso algo contento, ya que no parecía mostrar esa faceta de mi madre que utilizaba últimamente. Sin maquillaje, ropas ajustadas o labial llamativo, por primera vez en mucho tiempo podía verla a la cara sin sentirme culpable porque sus senos se asomaban sin ningún tipo de pudor. Tuvimos un delicioso almuerzo y una grata conversación donde me hablaba de su día y yo le hablaba de mis clases como antes. Al terminar, me estaba por levantar para llevar los platos a lavar, pero me dijo que no hacía falta,que me quedara sentado, pues tenía una sorpresa para mi. Levanta la mesa y pone una pequeña caja roja en frente mio. ¿Qué sería? ¿Un bolígrafo? Por la forma podría serlo, pero al abrirlo mi sangre se heló. Era una prueba de embarazo positiva, y ella parecía ignorar mi estado de anonadado, porque me abraza muy fuerte y me dice: “¡Vas a tener un hermanito!” con un gran entusiasmo aunque mis oídos estaban cerrados. Fue más tarde cuando empecé a procesar todo lo que me dijo desde ese entonces, pero fue un puñal en el corazón cuando me dijo “Hace rato quería ser madre, pero Brian decidió hace poco que yo debía ser la siguiente en ser embarazada por su semilla divina”. No quise saber más, ese día me retiré de mi casa y empecé a deambular por la calle sin dar explicación. Esa mujer ya no era mi madre y había perdido completamente la cabeza, en realidad había pasado hace rato pero fui muy cobarde para hacer algo al respecto y por eso dejé que llegue a donde estábamos. Al parecer a mi madre no le importó tanto mi bienestar, porque dormí en la calle y al volver a casa ella ya no se encontraba.

No la volví a ver más, hasta se podría decir que “por suerte”. Tampoco supe de la pastora Belén, Brian, Miranda o las otras miembros del supuesto culto. Lo único que oía en el barrio eran rumores. Algunos decían que habían mudado el culto a un pueblo, otros que la familia de la pastora tenía un campo donde los miembros podían llevar a cabo sus actividades pecaminosas sin problema. Hasta se barajaba de que habían arrestado a todas las mujeres del grupo por estupro, pero eso no tenía sentido, sería una gran noticia difícil de ignorar. Sea lo que fuera que haya pasado, estaba seguro de una cosa: Brian seguro se había salido con la suya una vez más y, en este momento, estaba gozando de los placeres carnales de sus fieles, incluso de mi mama.
Hasta aqui he llegado. Comenta si te interesa un lado B donde se explore la intimidad del culto
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