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Diario íntimo. 1.

Mi nombre es Amanda y tengo 18 años. En diciembre haré los 19. 
Vivo con mi mamá. A veces su novio pasa con nosotras unos días.
Siempre he sido una chica muy tímida y por lo tanto, una chica con escasa experiencia sexual. Si he estado con chicos claro, pero mis encuentros se han limitado a tocamientos, pajas, mamadas y esas cosas, únicamente me han follado dos chicos.
Hasta el día de hoy era algo que sinceramente no me importa y me tomaba con calma, ya llegará el momento me decía a mí misma. Pues bien, ese momento ha llegado, estoy dispuesta y decidida a que esto cambie. Quiero sentirme deseada, sentirme una cerdita, provocar y cerdear todo lo que pueda, cuando me apetezca y desee, levantar pollas y despertar el deseo de los hombres a empotrarme y clavarme como a una puta.
Este deseo tampoco se muy bien cuando salió exactamente y el motivo concreto por el que salió tampoco lo sé, el caso es que está ahí y es algo que me excita hasta el punto de ponerme tan cachonda que cuando lo pienso mojo mi ropa interior.
Hace unas cuantas noches mientras dormía me desperté y escuché como mamá y su novio Arturo follaban. Escuché los gemidos de placer de mi mamá mientras Arturo se la follaba y le decía todo tipo de guarrerías, incluso se dirigía a ella con insultos que jamás imaginé que hicieran gozar y disfrutar a mi mamá de tal manera.
Ese hecho me marcó y creo que fue el detonante para que todo eso que llevaba dentro, sin yo saberlo o sin yo haberme dado cuenta antes, saliese a la luz.
Sentirme como mamá en ese momento, ser follada por un hombre de la forma en que Arturo se follaba a mamá, que me digan esas cosas que él le decía a ella, incluso oir los insultos de un hombre hacia mí mientras me penetra de la manera en que Arturo penetraba a mamá.
Lo deseaba, quería experimentar esa sensación. Ese día fue el que decidí cambiarlo todo.
No quería seguir siendo la niña inocente que había sido hasta entonces. Quería ser la jovencita provocadora levanta pollas. Quería vivir y disfrutar del sexo sin importarme lo que dijesen ni quien lo dijese, pensar solo en mi, hacer lo que me apeteciese. Y así fue.
Al día siguiente aparecí en el salón con una camiseta y un pantaloncito de pijama. Allí estaba Arturo viendo la tele. Yo me senté en el sofá de al lado y me recosté como de frente a él. Me puse a disimular como si estuviese viendo algo en mi móvil. Abrí las piernas de la manera en que alguien las abre cuando está recostada descansando. En esa posición Arturo tenía perfectamente a la vista mis piernas abiertas y entre las aperturas del pantalón de mi pijama la visión de mi conejito desnudo, totalmente depilado.
Yo seguía manteniendo esa posición, con mi móvil en frente de mi cara y la cámara abierta viendo a través de ella como me miraba, viendo como su vista estaba clavada en mis piernas abiertas, clavada sobre mi chochito.
Pude ver como llevaba su mano a su entrepierna y se colocaba el miembro por encima del pantalón debido a la enorme erección que tenía. Estaba empalmado, duro como una piedra y grande, muy grande. Yo seguía observando todo desde la cámara de mi móvil. Él absorto en mi coñito, pensando en que estaba viendo algo en la pantalla de mi teléfono, sin imaginarse en absoluto que lo estaba viendo todo.
Aquello me excitó, incluso llegué a mojarme, me gustaba.
– Estás viendo algo interesante Arturo 
– Nah, un programa de deportes.
– Pero está interesante ?
– La verdad es que estaba aburrido pero ha sido llegar tú y se ha puesto de lo más interesante.
– Vaya, pues sintiéndolo mucho yo me tengo que ir a hacer unas cosas así que seguramente que vuelva a ponerse aburrida la cosa jeje
Me levanté del sofá y sonriendo mientras pasaba al lado de Arturo y mirándolo a la cara, apoyando una de mis manos en su hombro le dije: 
– Ciao, me alegro que en lo que he estado aquí el programa te haya sacado del aburrimiento. 
– Ciao bella, desde luego que si, no te quepa la menor duda. 
Ahí terminó aquel episodio.
Haber dejado allí a ese hombre, al novio de mamá, a Arturo en el sofá, empalmado con aquella erección, duro como una roca y quién sabe si con ganas de agarrarme y hacerme de todo, me excitó de sobremanera, me calentó de una manera como hasta entonces nada me había calentado. Desde ese momento supe que, bueno, quería y tenía que hacer más, lo deseaba, lo necesitaba. Esa sensación de comportarme como una puta exhibicionista y dejar que el hombre disfrutase de la visión de mi cuerpo como objeto de deseo me volvía loca.
Por mi mente pasaron al instante infinidad de ideas. Tenía que analizar cada una al detalle y decidirme por una de ellas que me llevase a la siguiente fase en mi camino hacia mí transformación.
No conforme con eso, me vino a la mente el hacerme un perfil en una página para ligar. Quería conocer chicos para follar y recuperar todo ese tiempo perdido por decirlo así.

Continuará...

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