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69: Invertir los papeles (II)




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Compendio III


69: INVERTIR LOS PAPELES (II)

(Ruiseñor: Faltan solo un par de horas para que vuelva contigo. Pero como puedes ver, si estoy escribiendo, aún no pasa nada entre Kaori y yo. Sí, estamos durmiendo en la misma cabaña y sí, estamos trabajando codo a codo en la faena de St. Arnaud. Pero creo que necesitamos un par de días. Quizás, se de la próxima semana, porque ganas no nos faltan. Te amo y espero verte pronto.)

69: Invertir los papeles (II)

Aunque parte de mí se sentía hipócrita (después de todo, todavía me pego revolcones ocasionales con Gloria, la novia de Nelson y con Ginny), la otra parte conocía parte de las trampas. Me sentía como el tipo de “atrápame si puedes”, cuando se reformaba y trabajaba para el FBI.

- ¡Escucha, Jim! - comencé, mientras los ecos de mi risa aún flotaban en el aire como un desafío. - No me río de tu tragedia. Ni mucho menos. Me río de la arrogancia de Lauren. Ella cree que te tiene bajo su pulgar, completamente neutralizado. Es exactamente ahí cuando ella es más débil.

o ¿Es... más débil? - preguntó Gloria, con la voz fracturándose. Me miró como si estuviera hablando en un idioma diferente.

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- Sí, Gloria. Está en su punto más débil. - confirmé, mientras mi voz pasaba de la risa insensible de hace un momento a la fría precisión de un estratega. - Dime algo, Jim. Aparte del círculo de Lauren, ¿Tienes amigos propios? ¿Gente a la que puedas llamar a las tres de la mañana solo porque estás borracho?

Los ojos de Jim se quedaron vacíos. Como un cajero automático que se da cuenta de que ya no le queda dinero.

)- No, no tengo. - admitió Jim, con la voz reducida a un susurro.

Parecía más pequeño que hace cinco minutos, como si la confesión de su propio aislamiento lo hubiera encogido físicamente.

- ¿Ven a qué me refiero? - pregunté. Los demás seguían mirándome con una mezcla de desconcierto y aprensión, como si estuvieran esperando el remate de un chiste que aún no había sido contado. - Lauren cree que Jim no tiene otras opciones. Que puede hacer lo que quiera y que Jim tendrá que aguantarlo porque es demasiado frágil para valerse por sí mismo. ¡Eso es sencillamente erróneo!

> ¿Pero qué otra opción tiene? ¡No puede escapar! - soltó Nelson, con una voz que hacía eco de la desesperación que previamente había atenido a Jim.

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Miró hacia la mesa, con sus enormes hombros caídos, como si el peso del fracaso de Jim fuera un espejo que reflejaba su propio pasado.

- ¡Amigo, me sorprende que digas eso! - exclamé, cambiando mi tono de estratega a viejo amigo, aunque mantenía un matiz crítico en la mirada. - Cuando Scarlett te tenía atrapado en sus garras, yo no me rendí contigo. ¿Por qué me rendiría ahora yo con Jim?

Nelson bajó la mirada, mientras mis palabras lo hundían como a un acorazado.

)- ¿De qué está hablando? ¿Quién es Scarlett? - preguntó Jim, con la voz débil y desesperada, como un hombre que se ahoga y se aferra a un chaleco salvavidas.

> Mi ex. - masculló Nelson, con una voz que se volvió pequeña de repente, un contraste rotundo con el trueno estruendoso que había mostrado antes. - La anterior a Gloria.

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Gloria apretó la mano de Nelson en un gesto de apoyo silencioso y tranquilizador. Con un suspiro pesado, Nelson comenzó a desgranar las capas de su historia con Scarlett, relatando un ciclo de guerra psicológica y aislamiento que me revolvió el estómago. Describió una relación que no era una sociedad, sino una jaula meticulosamente construida de culpa y volatilidad emocional, donde mi amigo había sido reducido a una mera fuente de dinero. Para cuando terminó, el bullicioso "gigante amable" se veía disminuido, y su voz se fue apagando en un silencio vulnerable.

> ¿Cómo lo supiste, Marco? ¿Cómo supiste realmente que necesitaba tu ayuda? - preguntó Nelson, con la voz decayendo, genuinamente desconcertado por la oportunidad de mi intervención hace años.

La gota que rebalsó mi vaso de paciencia con Scarlett fue cuando robó los pasajes del avión y del crucero que mi amigo ahorró para llevarla de viaje y extender el suyo por dos meses más, para volver con un amante que mi amigo, además, tuvo que empezar a mantener en su casa. Esa deuda con Scarlett quedó pendiente incluso cuando nos mudamos a Melbourne y afortunadamente, tuve la oportunidad de cobrarla.

- Bueno, amigo, nunca te olvidé. - respondí, suavizando la voz mientras mi mente regresaba a aquellos años en los que ambos estábamos empezando. - Después de que nos separáramos y nos asentáramos aquí en Melbourne, hice mis deberes. Devoré todo lo que pude encontrar sobre las relaciones tóxicas: los síntomas, los ciclos de abuso, las formas sutiles en que una pareja puede erosionar el alma de la otra persona. Estudié cómo la gente escapaba de esas jaulas, no porque fuera un académico, sino porque quería asegurarme de que, cuando llegara el momento de sacarte, tuviera un agarre que no se deslizara.

Luego les hablé del rescate de Nelson. De cómo Sonia, Elena y yo lo gestionamos. Los pasos que dimos. Las personas que involucramos y la trama que tejimos. Nelson estaba maravillado ya que, durante ese tiempo, mi amigo no había sido más que un pasajero en un vuelo turbulento. Para cuando terminé el relato de nuestra astuta venganza, la mirada vacía de Jim había sido reemplazada por una chispa intermitente de esperanza; mis palabras habían demostrado claramente mis credenciales en la materia.

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- La ironía es que yo también podría monitorear a Marisol. - dije con una ligera risa. La reacción fue instantánea; tanto Gloria como Ginny jadearon, con los ojos abiertos en una mezcla de shock y curiosidad. - Sin embargo, elijo no hacerlo. Marisol sigue demostrándome su amor con la misma intensidad de siempre. Sigue siendo la misma madre cariñosa para nuestras hijas y, cada noche, ambos estamos ansiosos por relatarnos nuestros días o retomar las conversaciones que dejamos pendientes. Eso, desde mi punto de vista, es lo que parece una relación verdaderamente sana, Jim.

Los ojos de Jim captaron una nueva perspectiva para su vida. Me miró no como a un superior corporativo, sino como a un táctico que había navegado con éxito aguas similares anteriormente.

• Entonces... ¿Qué hacemos, Marco? - preguntó Ginny, con la voz vibrando de una energía expectante. - ¿Qué has pensado?

69: Invertir los papeles (II)

Todos en nuestra mesa me miraron con una intensidad única y enfocada.

- Bueno, tengo tres preguntas que debemos responder. - comencé, recostándome mientras el ruido del pub parecía retroceder al fondo. - Primero que nada, tenemos que averiguar si Lauren está engañándote o no.

Ambas chicas jadearon ante mis palabras, un sonido tajante contra el ruido ambiente del pub.

- Lo siento, Jim, pero las pruebas que proporcionaste son circunstanciales. - detallé, bajando al tono firme y clínico que utilizo durante las reuniones de la junta directiva. - Aunque cada señal de alerta que has mencionado apunta hacia la infidelidad, no es una respuesta definitiva.

Jim procesó el peso de mis palabras. Por primera vez en la conversación, la vibración frenética de sus manos se había detenido.

- La segunda pregunta que debemos responder es si Lauren todavía siente algo por ti, Jim - continué, mientras él se familiarizaba con la posibilidad. - Y la tercera es una pregunta que solo tú puedes responder: ¿Puedes realmente superar esto? ¿O el puente ya quedó reducido a cenizas?

Puse todas las cartas sobre la mesa; la fría claridad de mi análisis atravesaba la bruma emocional del reservado.

- En mi opinión personal, Jim, yo me marcharía. - compartí, con una voz desprovista de juicios, pero firme en convicción. - Si Marisol hubiera hecho algunas de las cosas que Lauren ha hecho, yo me habría ido hace mucho tiempo. Pero yo no soy tú, y no puedo tomar esa decisión. Esa es una decisión que solo tú puedes asumir.

o Entonces, ¿Qué propones, jefe? - preguntó Gloria, con la curiosidad picada. - Esto parece el comienzo de una de tus estrategias disparatadas.

Tanto Nelson como Ginny se rieron del comentario de Gloria, habiendo visto este patrón anteriormente. Eso también le brindó algo de consuelo a Jim. Me miró, ya no como un subordinado aterrorizado, sino como un hombre que busca un salvavidas.

- Mi estrategia es sencilla. - respondí, tomando un sorbo lento y deliberado de mi jugo de piña antes de recostarme, haciendo que el vinilo del reservado crujiera bajo mi peso. - Vamos a invertir los papeles.

Todos quedaron atónitos, como si tal reversión fuera físicamente imposible.

> ¿Pero cómo? ¿Cómo vamos a lograr esto en realidad? - preguntó Nelson, con la voz ya tirando hacia adelante, totalmente entregado a la apuesta.

Me reí ante aquello.

- Como dije, Jim carece de opciones en este momento. - establecí, con mi voz adquiriendo la cadencia rítmica de un informe de proyecto. - Vamos a cambiar eso. Jim, dame tu teléfono.

Compartí mi contacto personal. Jim se quedó sin palabras: ahora tenía una línea directa con un miembro de la junta.

- Para que este plan funcione, debes seguir mi liderazgo. - dije, cambiando mi voz a un tono profesional. - Si tienes alguna duda, llámame. No me escribas. Idealmente, llámame durante la noche. Pero para todo lo demás, le escribirás a Nelson.

• ¿Qué? ¿Por qué? - preguntó Ginny, con el ceño fruncido en una confusión genuina. - ¿Por qué llamadas para ti y mensajes para Nelson?

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- Porque Lauren está recibiendo llamadas y mensajes a horas irregulares. - respondí, y la lógica encajó como un engranaje bien aceitado. - Jim imitará su comportamiento y verá qué le parece la vista desde el otro lado.

o ¡Eso es intrigante y elegante, jefe! - Gloria sonrió genuina mientras se recostaba. La frialdad clínica que había mostrado antes había desaparecido, reemplazada por una chispa de admiración por la teatralidad de mi enfoque.

> ¿Pero por qué tengo que escribirle yo? ¿Por qué no puedes escribirle tú también? - protestó Nelson, con la voz retumbando con un toque de orgullo herido.

- ¡Porque soy un hombre de familia, Nelson! - respondí, con una sonrisa burlona bailando en mis labios mientras me recostaba en el asiento. - Tengo esposa e hijos. Además, todos ustedes saben que no me gusta usar redes sociales fuera del horario laboral. Las llamadas breves a horas extrañas son mi única opción.

Los tres conocían esa particularidad mía: una vez que cruzaba la puerta de mi casa, no tocaba el teléfono para nada que no fueran llamadas.

• Está bien... ¿Y qué hago yo? - preguntó Ginny, con la voz vibrando por el ansia de ser útil.

Se inclinó hacia delante, haciendo que su cabello rizado y cobrizo rebotara ligeramente, mientras sus ojos azul claro buscaban los míos en busca de una instrucción específica.

- Tú... intenta pasar más tiempo con Jim. - respondí, dejando que el silencio se extendiera un instante para maximizar el impacto. - Intenta acompañarlo a almorzar, quizá tomar algún café después del turno. Sé la amiga que él no ha tenido en años.

• ¿Qué?

Un jadeo colectivo resonó en nuestra mesa, el sonido casi ahogando la música ambiental del pub. El grupo me miró como si acabara de sugerir que cometiéramos un crimen a plena luz del día.

Simplemente solté una risa baja y resonante que señalaba que el juego había comenzado oficialmente.

- Sí. Como dije, Ginny, nuestra idea es presentarle opciones a Jim. - expliqué, inclinándome hacia delante para enfatizar el punto. Le dediqué una sonrisa cálida y cómplice. - Quiero que experimente la sensación de salir con una mujer atractiva y joven que *elige* ser su amiga.

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Ginny soltó una risita y un leve rubor trepó por sus mejillas ante mis halagos. Gloria no dijo ni una palabra, pero me lanzaba dagas con la mirada, con las pupilas estrechas y afiladas.

)- ¿Pero por qué ayudarme? - preguntó Jim, la pregunta escapando apenas de sus labios, con la voz débil por una confusión que rozaba la incredulidad. - Yo solo soy... un don nadie para ti.

Todos los demás en la mesa me observaban con la misma curiosidad.

- ¡Te equivocas, Jim! - respondí con una calidez sincera y comedida. - Puede que Lauren haya pasado meses convenciéndote de lo contrario, pero eres importante. Ginny notó tu cambio de humor y sintió un impulso genuino de ayudar.

)- ¡Pero eres miembro de la junta! - persistió Jim, con la voz apagándose mientras miraba la superficie pulida de la mesa. - Y yo solo soy... alguien promedio. ¿Por qué tomarse tantas molestias por alguien como yo?

Solté un bufido despectivo, el sonido cortando la descalificación propia de Jim.

- ¿En serio, Jim? - pregunté, entornando los ojos con una intensidad lúdica pero firme. - Eres el motor social de todo tu departamento. ¿Sinceramente crees que es fácil encontrar a alguien que eleve la moral del personal simplemente por estar en la habitación? Además, yo soy tan promedio como tú. Tanto Nelson como Gloria pueden decirte cuántas veces he intentado escapar de esa estúpida junta sin ningún éxito.

Jim los miró mientras ellos reían suavemente y, por primera vez en toda la noche, una sonrisa genuina, aunque frágil, asomó a sus labios.

- Lo importante, Jim, es que tienes opciones. - dije, bajando la voz hacia un tono solidario y tranquilizador. - Ahora bien, como extranjero, admito que no estoy totalmente familiarizado con los aspectos legales del derecho matrimonial australiano. Pero hace años, cuando Nelson y yo navegábamos entre los escombros de su situación con Scarlett, el asesor legal del bufete de investigadores privados que contratamos nos dio algunas referencias muy específicas. Por lo que recuerdo, dado que tu matrimonio tiene menos de cinco años, es posible que en realidad tengas la ventaja respecto a la división de activos y la pensión alimenticia. Es probable que la ley considere la corta duración como un motivo para evitar pagos a largo plazo, especialmente si sus ingresos son comparables.

Los ojos de Jim se iluminaron, como si una esperanza sólida empezara a asomar en el horizonte.

- Creo que puedo ponerte en contacto con una abogada que realmente pueda asesorarte sobre esto. - añadí, inclinándome hacia adelante para recalcar el punto. - Alguien que sepa navegar estas aguas sin volcar el bote antes de que los pasajeros estén listos para saltar.

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> ¿Te refieres a Julien, el asesor legal de la empresa? - preguntó Nelson, con el ceño fruncido por una confusión genuina.

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- ¡Tienes razón! ¡No había pensado en él! - me corregí, soltando una pequeña risa autocrítica. - ¡Perdón, Jim! Puede que conozca a dos personas que realmente sepan manejarse con los tecnicismos legales de tu situación particular. Pero lo importante es que le des a Lauren toda la libertad que quiera, pase lo que pase. Si quiere quedarse fuera hasta las tres de la mañana, déjala. Si quiere desaparecer un fin de semana con «amigos», no le pidas un mapa. Solo sonríe y dile que se divierta mucho.

o ¿Por qué? - preguntó Gloria, frunciendo el ceño con desconfianza. Miró alternativamente a Jim y a mí, con su desapego clínico reemplazado por una confusión genuina. - ¿Por qué demonios dejaría que ella lo pisoteara mientras intentamos armar un caso?

- Porque cuando Jim pida lo mismo, ella no tendrá argumentos para decir que él está siendo injusto. - expliqué, y mi sonrisa se ensanchó mientras la trampa se cerraba en mi mente.

Y aquella reunión fue el primer paso para cambiar el rumbo de la vida de Jim.


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