Ese sábado papá no apareció. Dijo que se le había complicado el trabajo y que no iba a llegar. Yo ya tenía planeado todo desde la noche anterior. La invité a salir: cine, algo de comer después, nada raro al principio. Ella aceptó sin pensarlo mucho, como siempre que le propongo pasar tiempo juntos.
En el cine todo iba normal hasta que me animé. Le dije otra vez que sabía que su relación con papá no andaba bien, que se notaba la distancia, la tristeza. Que yo estaba dispuesto a darle lo que él no le daba. Que por lo menos esa noche me dejara intentarlo. Le dije que la veía hermosa, que para mí siempre había sido la mujer más bella, y que no era solo deseo… que la amaba de verdad. Ella se quedó callada un rato. Después me miró y me pidió que no volviera a hablar de eso en público, que le daba miedo que alguien nos escuchara. Pero no se levantó. No se fue. Y eso ya era algo.
Al día siguiente desayunamos juntos, como si nada. Papá seguía sin aparecer. Por la noche pusimos una película en la sala. Yo estaba sentado a su lado y, poco a poco, le empecé a acariciar las piernas. Ella no me apartó. Al contrario, se acomodó. Le pedí que se pusiera un short, que quería darle un masaje. Dudó, pero terminó aceptando. Cuando mis manos subieron un poco más, hacia las pompas, se tensó y me dijo que se sentía rara. Yo le respondí bajito, casi en el oído: “Solo un poco más, mamá. Te prometo que voy a ser un caballero. Vas a ver que no quiero arruinarlo”.
Ella suspiró y dejó que siguiera. Mis dedos rozaron la tela del short, muy cerca de donde yo más quería. Me empalmé al instante, pero no me lancé. Quería demostrarle que no era solo sexo, que de verdad quería hacer el amor con ella. Que la deseaba como hombre, no como un niño jugando. Le dije, sin dejar de tocarle, que papá no la merecía, que yo no iba a permitir que ningún otro hombre la tuviera. Que si ella me daba la oportunidad, iba a ser solo míalas foto son del dia sigueinte cuando se iba a trabajar















En el cine todo iba normal hasta que me animé. Le dije otra vez que sabía que su relación con papá no andaba bien, que se notaba la distancia, la tristeza. Que yo estaba dispuesto a darle lo que él no le daba. Que por lo menos esa noche me dejara intentarlo. Le dije que la veía hermosa, que para mí siempre había sido la mujer más bella, y que no era solo deseo… que la amaba de verdad. Ella se quedó callada un rato. Después me miró y me pidió que no volviera a hablar de eso en público, que le daba miedo que alguien nos escuchara. Pero no se levantó. No se fue. Y eso ya era algo.
Al día siguiente desayunamos juntos, como si nada. Papá seguía sin aparecer. Por la noche pusimos una película en la sala. Yo estaba sentado a su lado y, poco a poco, le empecé a acariciar las piernas. Ella no me apartó. Al contrario, se acomodó. Le pedí que se pusiera un short, que quería darle un masaje. Dudó, pero terminó aceptando. Cuando mis manos subieron un poco más, hacia las pompas, se tensó y me dijo que se sentía rara. Yo le respondí bajito, casi en el oído: “Solo un poco más, mamá. Te prometo que voy a ser un caballero. Vas a ver que no quiero arruinarlo”.
Ella suspiró y dejó que siguiera. Mis dedos rozaron la tela del short, muy cerca de donde yo más quería. Me empalmé al instante, pero no me lancé. Quería demostrarle que no era solo sexo, que de verdad quería hacer el amor con ella. Que la deseaba como hombre, no como un niño jugando. Le dije, sin dejar de tocarle, que papá no la merecía, que yo no iba a permitir que ningún otro hombre la tuviera. Que si ella me daba la oportunidad, iba a ser solo míalas foto son del dia sigueinte cuando se iba a trabajar















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