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En cuarentena con mamá 11

 
Después de ese momento erótico con mamá, y deestar tanto tiempo
hablando con tía Mariana sobre sus tetas, estuve un rato en mi cuarto,
jugando a los videos, chateando con los pibes, que me contaban cómo
pasaban la cuarentena.
Pero yo no podía decirles cómo pasaba la mía,obvio. Dudaba que alguno
se hubiera cogido a su mamá y a su tía, como yo. Además, yo quería
despejarme un poco de eso, porque justamente tenía la pija todo el rato
dura por vivir con esas tres minas que parecían sacadas de una película
porno hecha a medida. Cada vez que cerraba los ojos veía la concha de
mamá tragándose mi pija la noche anterior, o las tetas de Mariana
rebotando mientras se la metía en el baño. Intentaba concentrarme en el
juego, pero era imposible: la cabeza me volaba a otro lado.
De repente, golpearon la puerta. Dosgolpecitos secos, Era mi hermana.
Ni esperó respuesta. Abrió y entró directo, cerrando con un pie.
Se tiró en mi cama de un salto, boca arriba,con las piernas abiertas
como si la pieza fuera suya. Llevaba una remerita vieja mía, cortita,
que apenas le tapaba las tetas y se le subía hasta mostrar la panza
plana. Abajo, uno de esos shortcitos de jean típicos que ella tenía a
montones. El pelo castaño estaba suelto. Me pareció que los labios
estaban hinchados. Los ojos azules iguales a los de mamá, solo servían
para recordar la cogida que le había pegado. Las tetas, esas tetas
perfectas de adolescente, firmes, grandes pero no exageradas como las de
Mariana, se le movían con cada respiración y los pezones duros se
transparentaban contra la tela finita.
 

En cuarentena con mamá 11




Dejé el joystick a un lado. Cuando mi hermanaaparecía así, de la nada,
era por algo, y yo ya imaginaba por dónde vevía la cosa.
—¿Qué pasó, Luana? —pregunté.
Ella hizo un gesto de fastidio, se mordió ellabio de abajo y cruzó los
brazos debajo de las tetas, empujándolas para arriba.
—Nada… —dijo, pero la voz le salió tensa,como cuando se enoja pero
trata de disimular—. Solo quería ver qué hacías. Ya sabés que con esta
pandemia de mierda no hay mucho qué hacer.
Mentira. La conocía. Estaba molesta. Y yo yasabía por qué: sabía que me
cogí a tía Mariana y estaba celosa.
La miré fijo. Ella me sostuvo la mirada, perolos ojos le brillaban
distinto: celos, bronca, ¿morbo?
—Che, Luana, ¿por qué no decís de una vez loque tenés que decir y
listo? —le tiré, ya un poco harto del jueguito.
Ella levantó una ceja, fingiendo sorpresatotal.
—¿Y qué se supone que tengo que decirte?
Me calenté. No me gustaba tanto suspenso.
—Seguro te enteraste que me cogí a Mariana.No me vengas con que venís a
“ver qué hago”.
Luana soltó una risita corta, como si lediera igual, pero los ojos le
traicionaban. Se acomodó mejor en la cama, flexionando una pierna,
apoyando la cabeza en una mano, como una emperatriz egipcia. El
shortcito de jean se le subió tanto que se le marcaba el contorno de la
concha contra la tela.
—¿Te cogiste a Mariana? —preguntó, fingiendoque soltaba la pregunta con
toda tranquilidad, aunque la voz le tembló un poco.
—Sí, me la cogí. ¿Te molesta? Decímelo deuna. Vos te reíste cuando te
pregunté si estabas enamorada, así que…
Se quedó callada dos segundos, mirándomefijo, después se encogió de
hombros y se pasó la lengua por los labios despacio, como si estuviera
saboreando algo.
—No es que sea celosa, Lucio. Sé que conMariana fue algo… pasajero.
Ella siempre fue así. Le gusta jugar.
Sentí un alivio raro, pero igual me quedétenso. Me pregunté otra vez si
sabría lo de mamá. Si nos habría visto anoche, si había escuchado los
gemidos. Era difícil que ninguna haya notado mi ausencia durante tanto
tiempo esa noche. Solo el alcohol que corría por sus venas podrían
haberlas distraído lo suficiente. Eso, y la calentura que se tenían la
una a la otra. Fuera como fuera, prefería que no preguntaran por eso. Me
avergonzaba mucho. Cogerme a mi sexi tía era raro, sí. Pero no dejaba de
ser algo de lo que podía presumir con ciertas personas. Pero cogerme a
mi mamá…
—Entonces… ¿está todo bien entre nosotros?—pregunté, porque necesitaba
escucharlo.
Ella sonrió, con esa sonrisa medio hija deputa que me ponía loco desde
siempre.
—Obvio, boludo. Somos hermanos. Nadie nos vaa separar por una cogida.
Hizo una pausa larga, se mordió el labio másfuerte y se inclinó un poco
hacia adelante. Las tetas se le apretaron contra la remerita y los
pezones duros como piedritas se marcaron perfecto.
—Contame… ¿qué tal se sintió coger porprimera vez?
No me esperaba esa pregunta, pero tampoco mesorprendió mucho que
digamos. Mi hermana mayor era así. Muy sexual, muy morbosa. Igual que
yo, solo que sin esa timidez que a veces me reprimía.
—Increíble —dije, sin filtro—. Fue… no sé.Fue muy rápido, muy intenso.
Se sintió tan increíble como se suponía que debía ser.
Luana tragó saliva. Vi cómo se le subía ybajaba el pecho más rápido.
—Y… ¿cómo te la cogiste? —preguntó bajito, lavoz ronca.
Me re calenté contándolo. La miraba fijomientras hablaba.
—En el baño de abajo. Ella estaba deespaldas, apoyada en el lavamanos,
con ese vestido que se abre por los costados. No me bajé ni el pantalón,
solo saqué la pija y se la hundí de una. Entró toda, Luana. Mis bolas
chocaban contra el culo de ella cada vez que empujaba.
Luana apretó las piernas fuerte, como si ledoliera de la calentura. Se
le escapó un suspiro cortito.
No podía creer que estuviera hablando de esocon ella, como si fuera un
amigo varón. Pero, por otra parte, era la única persona en el mundo con
la que podía hablar de eso abiertamente. Era mi hermana, y también se
cogía a nuestra tía, así que…
—Claro… —murmuró, pero sonriendo—. Por fin tepudiste quitar las ganas,
¿no?
—Em… Sí, la verdad que sí.
Luana se quedó mirándome un rato largo, conesa respiración que se le
había acelerado mientras yo contaba cómo me había cogido a Mariana en el
baño. Se notaba que estaba caliente: tenía las mejillas coloradas, los
labios entreabiertos, y cada tanto se pasaba la lengua por abajo como si
tuviera sed de algo más espeso. Yo seguía con la pija dura como una
barra de hierro contra el pantalón, y el silencio de la pieza se había
vuelto pesado, cargado.
De repente sonrió, esa sonrisa lenta ypeligrosa que siempre ponía
cuando estaba tramando algo.
—¿Querés ver otro video? —preguntó, bajito,casi susurrando.
Mi corazón pegó un salto. Inmediatamentepensé que era otro de mamá. Que
Luana tenía más material guardado de doña Alicia, de esas noches que
grababa todo con papá o con quien fuera. La idea me dio un vuelco en el
estómago: volver a ver a mamá en bolas, gimiendo, chupando pija o
abriendo las piernas… Ya me imaginaba la concha depilada brillando de
jugos, las tetas rebotando, esa cara de puta que ponía cuando se la
metían.
Dudé. Dudé mucho. Porque sabía que si lo veíacon Luana al lado, en la
misma cama, se iba a notar mucho mi calentura. Pero la curiosidad y las
ganas me ganaron. Asentí despacio, sin decir nada.
Luana se rio por lo bajo.
—Vení, lo tengo en el celu —dijo, llamándomecomo si fuera una sirena.
Me levanté de la silla, esperando que nonotara mi erección, y me tiré
al lado de ella. Nuestros cuerpos quedaron pegados: mi hombro contra su
hombro, mi pierna rozando la de ella. Sentí el calor que largaba su
piel, el olor a hembra caliente que salía de entre sus piernas. Me
acomodé de costado para mirarla de cerca, y ella giró el celular para
que los dos viéramos bien la pantalla.
Puso play, pero no era mamá… Era tía Mariana.
La imagen arrancó inestable, como si el quegrababa estuviera
acomodándose la pija con una mano mientras sostenía el celular con la
otra. Se veía el techo de una habitación que no reconocí. Y de golpe, la
cámara bajó y enfocó el pecho de Mariana en primerísimo plano.
Sus tetas. Dios mío, esas tetas enormes,pesadas, perfectas. Estaban
brillando de transpiración y saliva, los pezones rosados grandes y duros
como caramelos. La cámara temblaba un poco porque el tipo (yo sabía que
era un tipo porque se oía la respiración pesada masculina) se estaba
acomodando encima de ella, sentándose a horcajadas sobre su panza.
Mariana tenía los brazos apretando sus propias tetas desde los costados,
juntándolas, formando un canal perfecto, profundo, caliente.
—Dale, metémela acá… —se escuchó la voz deella, ronca, cachonda, como
si estuviera rogando.
El tipo no dijo nada, solo gruñó. Y de golpeapareció la pija en cuadro:
gruesa, venosa, la cabeza roja y brillante de presemen. No se veía la
cara del tipo ni nada más, solo esa porra monstruosa que empezó a
deslizarse entre las tetas de Mariana. Le estaba haciendo la famosa
turca.
El movimiento era lento al principio, como siquisieran alargar la
tortura. La pija entraba y salía del canal que formaban esas tetas
gigantes, apretadas una contra la otra. Cada embestida hacía que las
tetas se sacudieran, que rebotaran, que la piel se estirara. Se oía el
ruido húmedo, ese “chap chap” de la pija deslizándose lubricada por
saliva y transpiración. Mariana largaba gemiditos cada vez que la cabeza
de la pija asomaba por arriba y le rozaba la barbilla.
Yo miraba el video como hipnotizado. Sentíala pija palpitarme tanto que
pensé que iba a explotar sin tocarme. Miré de reojo a Luana: tenía los
ojos clavados en la pantalla, la boca entreabierta, respiraba por la
nariz fuerte. Una mano la tenía apoyada en su propio muslo, los dedos
apretando la tela del shortcito como si quisiera meterlos adentro pero
se estuviera conteniendo.
En el video, el tipo aceleró. Ahora sí se laestaba cogiendo en serio
entre las tetas. Las embestidas eran más fuertes, más rápidas. Las tetas
de Mariana se sacudían como locas, rebotaban una contra la otra, se
separaban y volvían a juntarse alrededor de la porra. El canal estaba
todo baboseado, brillaba. Cada vez que la pija salía hasta la cabeza,
Mariana sacaba la lengua rápido y le daba un lengüetazo, como una perra
en celo.
—Así… mirá cómo te cojo por las tetas… —decíael tipo—. Qué hermosas
son.
El tipo gruñía más fuerte. La cámara temblabamás porque claramente la
tenía en la mano mientras empujaba. Se veía perfecto cómo la piel de las
tetas se estiraba, cómo los pezones se rozaban entre sí por la presión,
cómo la pija desaparecía entera en ese valle de carne caliente y volvía
a salir empapada.
Luana se movió apenas a mi lado. Sentí queseparaba un poco más las
piernas. Miré rápido: tenía la mano metida apenas por debajo de la
cintura del short, los dedos moviéndose despacio. Se estaba tocando
mirando cómo cogían a su tía por las tetas. Los ojos le brillaban, la
respiración agitada, un gemidito casi inaudible se le escapó.
En la pantalla, Mariana apretó más fuerte sustetas, formando un túnel
más estrecho.
—Dale, más fuerte… quiero sentir cómo me vasa llenar de leche…
El tipo obedeció. Ahora la estaba bombeandocomo loco. Las tetas se
sacudían violentamente, rebotaban, parecían a punto de estallar. El
ruido era puro sexo: piel contra piel, saliva, presemen. La cabeza de la
pija asomaba roja, hinchada, cada vez más rápido. Mariana tenía la boca
abierta, la lengua afuera, esperando.
Y de golpe el tipo gruñó fuerte, como unanimal.
La primera corrida salió disparada, espesa,blanca, directa al cuello de
Mariana y un poco a la cara. La segunda le pegó justo en el pecho,
cubriendo las tetas de arriba abajo. La tercera, cuarta… era una fuente.
La leche corría por los costados de las tetas, goteaba por la panza, se
juntaba en el canal donde había estado la pija. Mariana gemía de placer,
se pasaba los dedos por la leche y se la llevaba a la boca, chupándola
como si fuera lo más rico del mundo.
El video terminó con la cámara acercándose aldesastre: las tetas de tía
Mariana chorreando semen, brillando, los pezones duros cubiertos de
blanco. Ella miró directo a la cámara, sonrió con la cara llena de leche
y dijo bajito:
—Dejá de grabarme, boludo.
Sin embargo, reía. En el video parecía tenercinco años menos, y seguro
que estaba con alguien de suma confianza.
Luana detuvo el video. El silencio de lapieza era ensordecedor. Los dos
respirábamos agitados.
Ella giró la cabeza despacio y me miró. Susojos azules estaban
vidriosos, las pupilas dilatadas, y tenía las mejillas rojas como si le
hubiera dado fiebre de golpe. Bajó la vista despacio hasta mi
entrepierna, donde la carpa era obscena, imposible de disimular.
—Mirá cómo te pusiste… —dijo bajito, con unarisita que sonó más
cachonda que burlona. Se mordió el labio otra vez, pero esta vez más
fuerte, como si estuviera conteniendo algo.
Me reí nervioso, pero la voz me salió ronca.
—Obvio que me iba a calentar, boluda. ¿Vistelo que fue ese video? Las
tetas de Mariana chorreando leche… cómo no me voy a poner así. Además…
—la miré fijo, desafiándola— vos también estás caliente. No me vengas
con que no.
Luana no lo negó. Al contrario, sonrió máspronunciadamente, como si la
hubiera agarrado en algo por lo que quería ser atrapada. Se movió un
poco en la cama y sentí el roce de su muslo contra el mío, caliente,
suave. La mano que tenía dentro del short se movió apenas, un movimiento
chiquito pero obvio, como si se estuviera rozando la conchita sin poder
evitarlo.
—¿Querés verlo de nuevo? —preguntó.
Tragué saliva. Obvio que quería, pero mihermana me daba un poco de
miedo. Nunca se sabía con qué me iba a salir. Además, no se me escapaba
que lo del polvo con Mariana sí que le había afectado.
—Y sí… Dale —dije finalmente.
Luana largó una risita triunfal, como sihubiera ganado una apuesta. Se
acomodó mejor, apoyando la espalda contra la cabecera de la cama, y
abrió un poco más las piernas. Puso el video de nuevo desde el
principio, pero esta vez no miró a la pantalla. Me miró a mí.
—¿Y si… nos masturbamos mientras lo vemos?—soltó de golpe, como si lo
hubiera estado pensando desde hacía rato.
 



MILF






Me quedé helado. La miré fijo, buscando siera joda, pero no: tenía los
ojos clavados en los míos, la respiración agitada, esperando mi
respuesta como si se estuviera jugando todo.
—¿Qué? —balbuceé, aunque ya sabíaperfectamente lo que había dicho.
—Que nos toquemos mientras lo vemos otra vez.Tengo ganas, pero no lo
voy a hacer si vos no lo hacés también.
Dudé unos segundos. Solo unos segundos nadamás. Porque la imagen de mi
hermana tocándose al lado mío, gimiendo bajito mientras veíamos a la tía
llena de leche… era una tentación imposible de rechazar. Asentí
despacio, como en trance.
—Dale… —dije.
Luana sonrió como una diabla y apretó playotra vez. La habitación se
llenó del sonido de los gemidos de nuestra tía, de ese chap chap húmedo
de la pija deslizándose entre las tetas. Yo me bajé el pantalón y el
boxer de un tirón, liberando la pija que saltó para arriba, dura como
nunca, la cabeza roja brillando de presemen. Estaba tan hinchada que
dolía, venosa, palpitando al ritmo de mi corazón acelerado.
Miré a Luana. Ella se estaba bajando elshortcito de jean despacio,
contoneándose, levantando la cadera para sacárselo por las piernas.
Después la tanguita roja, que dejó sobre la cama.
No podía creer que de verdad estuvierapasando.
Quedó con las piernas abiertas de par en par,la concha depilada
perfecta, rosada, brillando de jugos. Los labios hinchados, el clítoris
asomando apenas, todo mojado. Se pasó un dedo despacio por la raya,
separando los labios, y gimió bajito cuando se rozó el agujerito.
Yo agarré mi pija con la mano y empecé amoverla despacio, mirando la
pantalla donde Mariana gemía mientras le cogían las tetas, pero mirando
más a Luana que al video. Ella se mordía el labio mirando mi pija, la
mano ya entre las piernas, dedos deslizándose por la concha empapada.
Pero justo antes de que empezara a tocarse enserio, paró. Me miró fijo,
los ojos cargados de lascivia.
—Decime la verdad, Lucio… ¿te gustaríacogerte a todas las mujeres de la
familia?
Me quedé con la mano quieta en la pija. Nopude responder. La garganta
se me cerró. Era demasiado directo, demasiado real.
Ella siguió, bajando la voz hasta un susurrocaliente.
—Seguro que sí. Seguro que te morís de ganasde que te chupe la pija en
este mismo instante.
Y sin esperar respuesta, se inclinó despaciohacia mí. La mano tibia,
suave, envolvió mi verga desde la base, apretando justo lo suficiente
para que diera un salto. Sentí su pulgar rozando la cabeza, esparciendo
el presemen, y casi me corro ahí mismo.
—Sí —reconocí, atónito—. Sí, chupámela.
Luana sonrió, victoriosa, y bajó la cabezadespacio. Sentí su aliento
fresco, mentolado del caramelo que había estado chupando, soplando
directo sobre la cabeza de mi pija. Me estremecí entero, las bolas se me
contrajeron, la espalda se me arqueó sola. Estaba a milímetros, la boca
abierta, la lengua asomando apenas…
De verdad va a pasar, pensé. Mi hermana meiba a hacer un pete, y con
eso, todas las mujeres de la familia habrían tenido sexo conmigo, de una
forma u otra.
Pero en el último momento se detuvo. Levantóla cabeza, me miró con ojos
brillantes de malicia y calentura, y apretó mi pija una vez más antes de
soltarla.
—No somos un harem a tu disposición,hermanito —dijo.
Me quedé mirando la cara de Luana, acentímetros de la mía, con la pija
palpitando en el aire después de que la soltara.
Ella se acomodó de nuevo a mi lado, y sonriócomo si nada, como si no
acabara de dejarme al borde del abismo.
Sentí una bronca que me subió desde las bolashasta la garganta. Me
había provocado como una hija de puta, me había puesto la boca ahí, me
había apretado justo en el punto donde ya no hay vuelta atrás… y
después… nada. Me dejó colgando, con las ganas explotándome adentro. Y
en ese momento lo entendí todo clarito: no era solo juego. Estaba celosa
de verdad. Por eso había venido, por eso el video de Mariana, por eso la
provocación. No le había gustado un carajo que me cogiera a nuestra tía,
que me metiera la pija hasta el fondo en la mujer con la que ella
llevaba meses cogiendo a escondidas. Y ahora me castigaba dejándome así,
caliente y frustrado.
Luana ni me miró. Volvió a poner atención alcelular, que seguía con el
video en pausa en la escena donde las tetas de Mariana chorreaban leche.
Apretó play otra vez, como si yo no estuviera ahí muriéndome. Y metió la
mano entre las piernas de nuevo. Despacio, sin apuro, se abrió los
labios de la concha con dos dedos y empezó a rozarse el clítoris en
círculos lentos. La concha estaba empapada, brillaba, hacía ruido de
chasquido cada vez que los dedos se deslizaban.
Yo la miré fijo, con bronca y calenturamezcladas. Quería decirle algo,
putearla, pero la pija me dolía tanto que no podía pensar. Agarré mi
verga de nuevo, fuerte, y empecé a mover la mano rápido, casi con rabia.
Pensé que si me iba a dejar con las ganas deuna mamada, una
masturbación conjunta no era un mal premio consuelo. De alguna manera,
estaba teniendo sexo con mi hermana, después de todo,
Me pajeé mirando cómo se tocaba, cómo semordía el labio mirando la
pantalla, pero de reojo me miraba a mí, a mi pija hinchada, a cómo la
movía.
El video seguía: los gemidos de Marianallenaban la pieza, ese chap chap
húmedo de la pija deslizándose entre las tetas, la respiración pesada
del tipo. Era como tenerla a ella acá, pero no: tenía a Luana, desnuda
de la cintura para abajo, con las piernas abiertas, la concha abierta,
los dedos hundiéndose cada vez más adentro. Se metió dos dedos de una,
hasta el fondo, y largó un gemido bajito que se mezcló con el de Mariana
en el celular.
Yo aceleré. La mano subía y bajaba rápido,apretando la base, rozando la
cabeza con el pulgar cada vez que ya estaba todo baboseado. Miraba la
concha de mi hermana abrirse y cerrarse alrededor de los dedos, cómo los
jugos le chorreaban por el culo hasta mojar la sábana. Olía a sexo puro,
a concha caliente, a presemen. El calor de la pieza era insoportable,
pero ya no importaba nada.
Luana empezó a moverse más rápido. Los dedosentraban y salían con
ruido, chap chap chap, igual que en el video. La otra mano se fue a una
teta, se la apretó fuerte por encima de la remerita, y se pellizcó el
pezón. Tenía los ojos clavados en mi pija, en cómo la pajeaba como un
loco, y la boca abierta, jadeando.
—Mirá lo que le hacen a Mariana… —susurró,pero la voz le salió rota—.
Mirá cómo le llenan las tetas de leche…
Eso me mató. Aceleré más, las bolas se mecontrajeron, sentí que venía,
pero me aguanté porque quería verla a ella acabar primero. Quería ver
cómo se corría mi hermana mirándome la pija.
Y llegó.
Fue real, sucio, hermoso. De golpe dejó demover los dedos, los hundió
hasta el fondo y se quedó quieta, tensa como un arco. La panza se le
contrajo, las piernas se le abrieron más, los muslos temblaron fuerte.
Largó un gemido largo, ahogado, pero no gritó. Fue como un suspiro que
se le escapó en pedazos, la cara roja, los ojos cerrados, la boca
abierta. La concha se le contrajo alrededor de los dedos, vi perfecto
cómo palpitaba, cómo los jugos le salían más espesos, cómo se mojaba
toda la mano. Tembló unos segundos, las tetas subiendo y bajando rápido,
y después se aflojó de golpe, como si le hubieran cortado los cables.
Sacó los dedos despacio, brillando, y se los chupó sin mirarme, como si
estuviera saboreando su propio orgasmo.
Eso fue demasiado. Sentí la corridasubiéndome desde las bolas como un
tren. Apuré la mano, apreté fuerte, y largué todo en mi propia palma.
Chorros espesos, calientes, que me salpicaron los dedos, la panza, hasta
la sábana. Gemí bajito, la cabeza me dio vueltas, la vista se me puso
blanca un segundo. Sentí cada contracción, cada gota saliendo, hasta que
quedé vacío, temblando.
Quedamos los dos tirados en la cama,agitados, sudados, con el olor a
sexo inundando todo. El video había terminado otra vez, pero el silencio
ahora era distinto: pesado, incómodo, pero también íntimo. Luana tenía
los ojos cerrados, la respiración todavía acelerada, la mano apoyada en
la panza. Yo miraba el techo, la mano llena de leche enfriándose, la
pija ablandándose despacio.
Ninguno dijo nada. Ni una palabra. Solo ellatido de mi corazón en los
oídos.
Después de un rato, cuando la respiración senos calmó y el techo dejó
de darme vueltas, Luana giró la cabeza y me miró con esa cara de turra
satisfecha que pone cuando sabe que ganó. Todavía tenía los dedos
brillando de sus jugos, pegajosos, y sin ningún aviso me pasó la mano
abierta por la cara: por la mejilla, la nariz, la boca. Me dejó toda la
cara empapada de olor a concha, caliente, dulce, fuerte.
—¿Qué hacés, boluda? —dije, medio riendomedio enojado, limpiándome con
el dorso de la mano pero sin ganas reales de quitarme nada.
Ella se rio con esa risa de mierda que meencanta y odio al mismo
tiempo, y me la pasó otra vez, ahora metiéndome dos dedos en la boca un
segundo, obligándome a chupar sus flujos.
No me quedé atrás. Agarré mi mano, la quetodavía chorreaba leche
espesa, y se la pasé despacio por la cara: por la frente, las mejillas,
los labios perfectos. Se la embadurné entera. Luana chilló como una
loca, pero no se apartó.
—¡La concha de tu madre, Lucio! —gritó entrecarcajadas, pero ya me
estaba trepando encima, revolcándonos en la cama como dos chicos en una
pelea de barro pero con semen y flujos vaginales en vez de tierra.
Nos enroscamos, nos embadurnamos, nosmanchamos peor. Yo le pasaba la
pija floja por la cara y le dejaba rastros blancos en el pelo. Ella me
metía los dedos en la boca, en la nariz, me pintarrajeaba el cuello con
sus jugos. Era un enchastre hermoso, pegajoso, obsceno, de esos que te
dan vergüenza y ganas de seguir al mismo tiempo. Olía a sexo puro, a
eyaculación y concha fresca, a sudor de hermanitos que se acababan de
correr mirando a su tía llena de leche.
 



relatos




Nos revolcamos hasta que nos dolió la panzade reír, hasta que las
sábanas quedaron hechas un asco y los dos parecíamos salidos de una
orgía.
Al final tuvimos que parar, jadeando,mirándonos en el espejo de la
puerta: dos payasos pornográficos, cara brillando de flujos ajenos.
—Nos vamos a tener que lavar ya mismo —dije,todavía riendo—. Si mamá
nos ve así, se arma flor de quilombo.
—Sí, vamos —dijo ella.
Lo que yo no sabía, era que la diversión conmi hermanita todavía no
terminaba.

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