
Me encontraba de pie con mucho frío en una esquina junto a mi amiga Janneth, eran las 8 de la mañana de un frío diciembre, nuestro carrito de panfletos se encontra ahí abandonado, nos queríamos acercar a las personas pero muchos pasaban de largo sin hacernos caso, otros con mirada de desprecio nos decían que no les interesaba, pero mi vocación era firme, me gustaba compartir la palabra de Dios, pero era realmente complicado que alguien nos hiciera caso.
A lo lejos vi a un chico que venía caminando, acercándose a nosotras, era realmente muy guapo de unos, quizá veinticuatro años pelo castaño, piel apiñonada, alto, un poco robusto, no se porque pero no podía quitarle la mirada de encima, era un chico que llama la atención aparte iba bien vestido con un traje obscuro camisa sin corbata pero bien planchada y arreglada, sentía algo en el pecho mientras más se acerca a nosotras más me ponía nerviosa, pero me atreví, esperando ser ignorada, no era nuevo, lo saludé, con una sonrisa amable y calida me devolvió el saludo, no recuerdo que le dije, solo le di mi tarjeta para que si quería le pudiera brindar más información sobre la biblia, o discutir algún tema, lo tomó se despidió muy amable y se fue, me sentía bien que al menos se diera el tiempo de escucharme, ya lo demás no me importaba, podía tirar mi tarjeta que era lo más seguro que pasaría.
Janneth me miraba con una sonrisa juzgadora —¿Es muy guapo? Verdad— asentí con la cabeza y nos comenzamos a reír, estuvimos un rato más y nos fuimos a casa.
Una noche estaba demasiado intranquila, había llegado esos días en donde cada vez sentia mi cuerpo más cálido e inquieto, no era algo que me agradará mucho porque me hacía pensar cosas que al final me hacían sentir mal, pero también entendía que era normal en toda mujer, en esos días mientras me bañaba solía tocarme hasta sentir lo que yo pensaba que era un orgasmo, me sentía culpable la final pero me ayudaba a sentirme mejor, pero había ocasiones en cuando ovulaba mi libido subía demasiado y me había orillado a hacer cosas muy malas, como introducirme mis dedos, hasta un desodorante que tenía, eso solo fue una ocasión, era algo de lo que arrepentía mucho, porque ya no era virgen por esa tontería que había hecho, que dirían de mi cuando me casaría y mi marido se diera cuenta de que ya no era virgen, me daba mucho miedo y era un secreto que lo tenía yo muy guardado.
Esa noche era una de esas ocasiones, sentía muchas ganas, me toque en la regadera y no fue suficiente, no podía dormir, cerré los ojos y me llegó la imagen del chico a mi mente, lo imaginé ahí en mi habitación, lo imaginé tomándome en sus brazos para darme un beso o lo que yo imaginaba como un beso, mientras imaginaba eso, me quitaba el pantalón de pijama y mi ropa interior, mi mano bajaba por mi entrepierna, mis dedos sentian mi vello púbico, llegaron hasta mi zona íntima, ya estaba muy húmeda, comencé a acariciar mi clitoris, imaginadolo a él, desnudo frente a mi, con un gran pene erecto listo para entrar en mi, abría mis piernas para que él se acomodara entre ellas, sentí su cuerpo, su calidez, como me cubría con su peso y lo recibia entre mis brazos, sentí ese pene grueso que me quitaba lo poco santa que ya tenía, me quite la blusa, mis pechos se alzaban frente a él, sentía su boca acercarse a mis pezones para chuparlos, sentia algo que crecía en mi pecho y recorría mi cuerpo, me llenaba toda y se concentraba en mi vientre y que quería explotar, mis dedos se movían más rápido, mientras decía despacito, casi susurrando "te deseo, quiero que vengas a mi, quiero que me hagas tuya" deseaba que me llamara por teléfono y me dijera que quería poseerme, usarme para su placer.
Mi respiración aumentaba y por primera vez sentí lo que en realidad era un orgasmo, salieron chorros y chorros de mi, mojando mis sábanas, me asusté mucho, era algo intenso que no había sentido, pero algo en mi cuerpo se calmo, me sentía por una parte muy relajada, me levanté de mi cama, cambie las sábanas baje las puse a remojar para en la mañana lavarlas, volví a mí habitación y me quedé dormida profundamente.
Al otro día revisando mi teléfono, tenía un mensaje en WhatsApp, me dijo que le había dado mi tarjeta y que le interesaba hablar conmigo y que le enseñará a leer la biblia, me menciono que era el chico de la otra vez, lo agregue a mis contactos, apareció su foto de perfil y efectivamente era él.
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