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el amigo de mi esposo me coge las tetas

Mi gigantesco busto, no podría ser de otra forma, sería la causa tarde o temprano de nuestros  incidentes sexual como pareja.
Me hace sentir muy sexi  que los amigos de mi marido me miren las tetas, en especial con el descaro que lo hace Enrique. No pierde oportunidad de dirigir su mirada a mi delantera, sobre todo cuando llevo algún escote, gira la cabeza como intentando meterse dentro.

No creo que mi marido se haya dado cuenta y yo no me atrevo a contárselo, ni siquiera la fiesta en la que estaba a solas en la cocina y me susurro al oído lo grandes que eran mis tetas y lo bien que se lo pasaría mi marido haciéndose pajas entre ellas. Me sentí caliente pero pensé que sería las varias copas de vino que llevaba encima. Por el resto era un tipo normal y yo lo respetaba como amigo de mi hombre.un dia me llama por telefono para que vaya para su casa y me confiesa que esta loco por mi que l calienta mi cuerpo y mis tetas, y que lo unico que quiere es hacerce una turca con mis lolas , escucharlo me calento mucho , digamos demasiado
Aquella noche lo estuve pensando. La verdad, no estaba muy convencida, pero acepté, , me sentia elogiada por el amigo de mi esposo , confieso que me calienta mucho que me miren las tetas y que este hombre solo quiera colocar su pene entre ellas me erotiza y mucho



Fui hasta su casa y el me dijo


No pretendo tener sexo contigo. Si tú no quieres .Entonces ¿Para qué tanta historia?Me muero por tus pechos. He fantaseado con tenerlos en mis manos millones de veces.Era una confesión esperada, e inevitable que una de sus manos se posó despacio sobre mis pechos y los palpó sobre la ropa mientras con morboso tono de voz me decía:
– Me encantan tus pechos, ¿lo sabes? Siempre me has gustado, tienes un cuerpo impresionante y siempre había deseado tener tus pechos para mí – proseguía.
Me manoseaba y yo me dejaba hacer como un maniquí, inerte, observando como su hipnótica mirada permanecía posada sobre mi escote. No pensé en nada más y abrí mi blusa, sentía curiosidad por cómo se desenvolvería, que haría conmigo,   mis pechos salieron con la intención de ser tocados , la verdad que son muy grandes y así lo reconoció Enrique, con una gran exclamación “¡Maravillosos!” su cara reflejaba una libidinosa alegría.
Pese a que no me caía especialmente bien y que había aceptado la situación por compromiso, existía una carga erótica que poco a poco se apoderaba de mí: la incertidumbre del momento, la curiosidad por sus reacciones, su forma de manejar mis melones, el dejarlo como dueño de mis pechos, me excitaba en sobre manera, sin darme cuenta. Cierta calentura se apoderaba de mí.
El tacto de sus manos y su forma de tocarme me empezaron a poner muy caliente, y sus movimientos ansiosos, desesperados. Amasaba mis pechos, los levantaba como si evaluase su peso jugando con ellos como le apetecía.
Tras unos instantes, paso a chupármelos, noté como sus labios hacían presa sobre mis pezones y como su lengua jugaba con ellos. Un respingo de placer recorrió mi cuerpo.
Los beso, labio y succiono, alternaba de uno a otro, con un hambre voraz que me excitaba.
Absorta ante aquel placer inesperado, no discernía entre lo que quería y podía hacer. Miré a mi alrededor, no había nadie, solo Enrique y yo, y su apetito hacia mis pechos que lamia con lujuria.
Notaba el calor de su boca, como su saliva empapando mis pezones, hasta podía ver su libido en cada uno de sus actos cada vez más desesperados, era inevitable su petición.
– Déjame cogerte las tetas, fueron sus palabras exactas. Quiero poner mi verga entre esas lolas y sentir como lo aprietan.
Aunque ya lo había hecho con mi marido, escuchar esa propuesta de un “desconocido” era bastante diferente e impactante.


Como con un resorte, se desvistió, y vi aparecer su pene totalmente erecto y brillante ante mí.
, al acercarse a pocos cm de mi cara. Estaba excitadísima.
Me arrodille  lubrique el canalillo y lo sentí acomodarse entre mis pechos, era más grueso que el de marido, sin duda y estaba muy, muy duro. Apreté los pechos contra su pene y vi cómo se deslizaba entre ellos con movimientos rítmicos como si efectivamente me estuviera cogiendo
Me enorgullecía su cara de excitación, lujuria y fascinación por haber logrado cumplir una fantasía largamente soñada y que ahora era real.
Tenía su erecto pene entre mis pechos y se los estaba cogiendo. Mis pechos eran suyos al fin. Yo notaba toda la dureza de su miembro entre ellos y lo dejaba hacer que me usara como un juguete sexual a su antojo. Verlo tan satisfecho de alguna forma me gustaba. Estuvimos así unos instantes hasta que, sin previo aviso comenzó a eyacular sobre mí, mojándome todo el cuello con su leche caliente, cosa que me  calento muchisimo , sentir toda su leche sobre mi cara  y tetas 


Yo estaba caliente por el fluido que corría por mi pecho, como estábamos en el baño despues me meti en la ducha desnuda y me metí en el agua para bañarme y limpiarme. Él se quedó mudo esperándome, y sin dejar de mirarme se masturbo.






 tuve la sensación de tener su grueso pene entre mis pechos, potente y fuerte, eso de algún modo era tenerlo en mi cuerpo.
Aquella situación era igualmente excitante, por un lado ver aquel hombre masturbarse delante de mí despertaba mi curiosidad, por otra parte me sentía como un objeto y también deseada, notando su respiración acelerada y su perdía el control sobando mis pechos.
Pero lo mejor era verlo acabar, pues lo hacía con chorros y chorros de semen y me gustaba pensar que yo había provocado toda esa excitación, y sólo yo veía la satisfacción con la que alcanzaba su orgasmo.
Una de las tantas veces que hizo eso
Enrique me pidió por favor que al eyacular en mis tetas queria verme, como yo untaba el semen por mi cuerpo.  Acepte tomado yo la iniciativa. Me desnude por completo, quitándome incluso la tanga. Me puse de rodillas una vez más, sujete mis pechos y aguante sus embestidas hasta notar como se derramaba su rio de semen sobre mí, esta vez no salió con tanta fuerza pero me lleno el canalillo, la cara y el pelo y se deslizo hacia mi ombligo, me puse de pie y con la mirada más lasciva  y de gata que pude lo restregué por todas partes, por debajo de mis pechos, mi barriga, los pezones, mi boca , chupando todo ese semmen
Le ordene que se sentara y me fui corriendo a bañarme, moviendo mi busto y glúteos con bamboleos exagerados.
Aunque el agua estaba algo fría, no dude en jugar con mi clítoris, necesitaba correrme, y así lo hice. Creo que él se dio cuenta, por la manera tan picara de sonreírme.
Fue una experiencia nueva en el sentido que solo me cogia las tetas . pero muy caliente para mi y mis lolas

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