You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

El día de la Madre...

Los que me siguen ya saben que mi primer hijo no es de mi marido, sino de Bruno, un ex compañero suyo de trabajo. Por supuesto eso es algo que solo sabemos nosotros dos, por lo menos hasta que el Ro tenga la edad para saber la verdad. 
Por lo pronto, desde que le confesé a Bruno que es el verdadero padre de mi hijo, intentamos acercar a las dos familias, para que el Ro pueda relacionarse con sus hermanos, los hijos de Bruno.
No fue fácil la verdad, ya que si siguieron la historia, sabrán que la relación entre mi marido y Bruno no terminó demasiado bien. Ambos trabajaban en la misma empresa, eran colegas, pero la disputa por un puesto en la gerencia los convirtió en acérrimos rivales. Mi marido pegó un portazo y se fue de la firma, enemistado con todos, no solo con Bruno.
Fundó su bodega y trató de olvidarse del asunto. Y yo, bueno... Me embaracé de su peor enemigo. 
Pese a todo, la relación de los hijos de ambos es maravillosa, él tiene dos varones cercanos a la edad de el Ro que también juegan al fútbol en el mismo club, por lo que pasan muchas horas juntos, yo me llevo bien con sus mujeres, con la actual y con la ex, pero así y todo él y mi marido siguen sin poder verse las caras.
Igual, esa mala onda que se tienen no impide que el trato entre las dos familias sea ameno y cercano. Por eso ya sabía que la mujer de Bruno estaba embarazada. 
Fue el viernes, pasada la una de la tarde, a solo dos días de el Día de la Madre, que recibo la llamada, Ceci, la mujer de Bruno, ya está en labor de parto. Dejo todo y me voy a la clínica, obvio, no podía no ir, mi hijo estaba por tener una nueva hermanita (ya sabían el sexo del bebé).
Llegué cuando ya había dado a luz. Agostina se llama la nueva integrante de la familia. Lo felicité a Bruno, a los hermanos, a los abuelos que ya estaban allí, y a un par de familiares de Cecilia.
Pasó algo de tiempo hasta que pudimos conocerla, y ver a la mamá, rozagante, espléndida, pese a que el parto había sido natural.
Bruno habló con el doctor, que le confirmó que todo había salido bien, y que lo único que necesitaban en ese momento madre e hija era descansar.
Nos despedimos, y cuando salimos de la habitación, los abuelos le dicen a Bruno que se van a llevar a los nietos a su casa, para que él pueda permanecer junto a su esposa. Él acepta, así que se despide de sus hijos, advirtiéndoles que se porten bien. Los demás familiares también se retiran, prometiendo volver más tarde.
Cuando ya se fueron todos, le digo a Bruno de ir a tomar un café, pensando en esperar en el buffet de la Clínica hasta que se nos permita volver a la habitación.
-Lo que necesito ahora Mary, es cogerte...- me dice sin la menor sutileza.
-Vamos a un telo, entonces...- 
Caminamos por el pasillo rumbo al ascensor, cuando se detiene frente a una de las habitaciones.
-¿Que pasa?- le pregunto. 
-No, nada, es que esta habitación la limpiaron hace un rato, la mamá se fue cerca del mediodía...-
-Bruno, no estarás pensando en cogerme en la habitación de un hospital...- le digo en un susurro.
-No es un hospital, es una Clínica...- me corrige.
-Bruno...- le insisto -Tu esposa y tu hija recién nacida están a solo dos habitaciones de distancia...-
Me mira y se sonríe.
-¿Para qué me lo dijiste?-
Me agarra de la mano y de un tirón me hace entrar con él a la habitación. Cierra la puerta y se me tira encima, besándome, tocándome por todos lados.
-¡Estás loco...!- le digo, pero en vez de resistirme, lo que hago es bajar una mano y palparle la bragueta, descubriendo una erección brutal, de esas a las que el verdadero padre de mi hijo ya me tiene acostumbrada.
Bruno jadea contra mi boca cuando le aprieto el bulto, duro como una piedra, frotándose contra mi palma como animal en celo.
-¡Hace cuánto que no te cojo, Marita...!- susurra contra mis labios, la voz ronca, excitada.
Y la verdad es que sí, me tenía medio abandonada. Pero ahora, con la cuarentena posparto, imaginaba que nos íbamos a ver más seguido.
No espero a que diga más. Le bajo el cierre de un tirón y saco su pija gruesa, caliente, ya chorreando por la punta.
Me pongo de rodillas en el piso de la habitación recién desinfectada, y me la meto entera en la boca, de una, sin rodeos, chupándola hasta el fondo, mientras me agarra del pelo con las dos manos.
Se la chupo con ganas, la saliva resbalando por mis labios, la cabeza moviéndose rápido.
Bruno no aguanta mucho más. Me levanta de golpe, me da la vuelta y me empuja contra la cama recién hecha. Estoy de falda, así que me la levanta, y me baja la bombacha.
-¡Estás empapada...!- susurra, metiéndome los dedos de golpe.
 Me revuelve un poquito y entonces me clava la pija de una sola embestida, hasta el fondo.
El golpe me arranca un gemido que trato de ahogar mordiéndome las sábanas, pero él no me deja. Me agarra del pelo, me levanta la cabeza y me empieza a garchar con fuerza, el colchón chirriando bajo nosotros.
-¡Más... Más fuerte...!- le pido entre jadeos.
Por supuesto que acelera, me coge con saña, las manos apretándome las caderas, las bolas golpeándome con cada arremetida. 
La cama se mueve, el metal de las barandas tiembla. Se escuchan pasos en el pasillo, voces lejanas, el llanto de un bebé a poca distancia... ¿La hija de Bruno?... Pero no paramos, le seguimos dando.
Una mano me tapa la boca para que no grite, la otra me aprieta un pecho con fuerza. Siento como se hincha adentro mío, como se pone más duro.
-¡Te voy a acabar adentro, Mary...!- jadea contra mi oreja. 
Tengo el parche anticonceptivo, así que asiento con la cabeza, mordiéndole los dedos.
Bruno me acaba adentro con un gemido ahogado, llenándome a chorros, caliente, espeso, gratificante, mientras me sigue embistiendo, bien agarrado de mi cintura, para no salirse, dejándome sentir cada pulsación.
Cuando por fin se detiene, me da un beso en el cuello, todavía jadeando. 
A solo dos habitaciones de donde estamos, su mujer acaba de dar a luz a su hija, pero ahí está, garchándose a la mamá de su otro hijo.
Cuando me saca la pija, me pongo una mano entre las piernas, para contener el derrame, y me voy al baño, mientras él se levanta el pantalón y arregla las sábanas.
Meo todo lo que me eyaculó, me limpio con abundante papel, y justo cuando estoy saliendo, arreglándome la ropa, entra una enfermera.
-¿Qué hacen acá?- pregunta sorprendida.
Bruno no sabe que decir, así que decido intervenir.
-Perdone pero tenía una urgencia íntima y este fue el primer baño que encontré... Le aseguro que no ensucié nada...-
La enfermera, una mujer grande, ya curtida en mil batallas hospitalarias nos mira con desconfianza, ya que el olor a sexo es más fuerte incluso que los productos de limpieza.
-Salgan por favor que tengo que preparar la habitación-
En silencio emprendemos la retirada, pero antes de llegar a la puerta, la enfermera le pregunta a Bruno:
-¿Usted es el flamante papá de la habitación 204?-
-Sí...-
-Su esposa está despierta, quizás sería conveniente que esté junto a ella y su hija- le dice, mirándonos con cierto reproche.
Obviamente se dió cuenta de que estuvimos cogiendo...








El día de la Madre...

3 comentarios - El día de la Madre...

Sebanico82
Mí sueño siempre fue embarazar a la mujer de otro
mono2128
Qué hija de puta! Con acabada adentro y todo