La cuarentena estricta seguía en todo elpaís. En algunos noticieros
decían que en Casa rosada se estaba hablando de la posibilidad de
flexibilizarla pronto, ya que la producción de la vacuna se había hecho
mucho más rápido de los que todos preveían. No obstante, el COVID-25
tenía toda la pinta de que nos iba a mantener encerrados por unos meses
más, y que la cuarentena en su nivel más estricto seguiría por al menos
unas semanas.
Al día siguiente de la orgía con esas dos, medesperté temprano. Si bien
estaba cansado por todo lo que había cogido, quería aprovechar esas
primeras horas de la mañana para estar a solas con mamá, pues daba por
sentado que Luana y tía Mariana se quedarían en la cama un buen rato
más, ya que debían estar tan exhaustas como yo.
Mamá estaba en la cocina, preparándose uncafé con leche. No habíamos
tenido un momento así, a solas, desde que le había producido un orgasmo
en la bañera. Sabía que tenía que seguir con el juego que habíamos
establecido tácitamente. Todo lo que había pasado mientras ella estuvo
supuestamente dormida o desmayada, era como si nunca hubiera pasado.
Aunque algo me decía que para ella, tanto como para mí, ese goce que nos
habíamos provocado estaba flotando en el aire.
Tanto así era la cosa, que cuando me detuveen el vano de la cocina,
observándola, pude ver cómo ella se tensaba levemente. La veía de
perfil. Tenía un pantalón de jean y una remera turquesa, bien ajustada
al cuerpo. Su pelo rubio estaba atado en una cola de caballo. Era uno de
esos outfits que parecían de lo más común, pero que en ella, con el
cuerpo que tenía, le quedaba maravilloso.

—Buen día, mami. ¿Ya te sentís mejor?
Me di cuenta de que no debía decir eso, puesel hecho de recordarle lo
de su descompostura, inevitablemente le recordaría lo que pasó. Vi cómo
se estremeció, pero enseguida se contuvo. Estaba revolviendo el pocillo
de café con leche, y dejó de hacerlo para girar a mirarme.
—Buen día, Lucio —dijo—. Sí, estoy muchomejor. Ayer descansé todo. Creo
que solo fue el calor. Menos mal que hoy bajó bastante la temperatura.
—Sí, menos mal. Que lástima que limpiamosayer el cuarto del fondo y no
hoy.
Entré a la cocina, mirándola de reojo. Lehabía largado esa frase a
propósito. Ahora me preguntaba si ella también estaba recordando los
roces dentro de ese pequeño cuarto. Ahí no estaba desmayada,, después de
todo. Supuse que en ese juego extraño que estábamos jugando, no
representaban más que toques accidentales, justificados en parte por la
estrechez del lugar.
—Bueno, pero ya está hecho —dijo simplemente.
Mientras yo sacaba un pocillo y agarraba unacuchara, ella se sentaba en
la mesa de la cocina, para darle el primer sorbo al café con leche. Me
preparé uno para mí, y me senté frente a ella.
Se la veía bien. El orgasmo del día anteriorla había revitalizado. Eso
me daba a pensar que iba a ser difícil que ese mismo día cayera ante sus
impulsos.
—Cada vez se hace más difícil entretenerse,¿no? —le pregunté.
—Ni lo digas. No sé de qué carajos sirventantos dispositivos digitales,
tantos servicios de streaming. Pero bueno, hoy tengo un videollamado
grupal con mis amigas del gimnasio. También chateo a veces con las
señoras del barrio. Y a veces me sumo a grupos de política, solo para
pasar el rato.
Sorbió otro trago, y miró hacia afuera, haciala nada.
—Con suerte solo tenemos que aguantar unassemanas más —dije.
—Igual eso es una eternidad. Es como queestamos presos.
—¿Y hombres? —largué de golpe.
—¿Qué? —preguntó ella a su vez.
—¿Hablás también con hombres? ¿O solo con tusamigas del gym?
Me observó con los ojos entrecerrados y sedibujó una sonrisa en sus
carnosos labios.
—Me escriben muchos hombres. Pero no lesrespondo. Al menos hasta ahora
no les respondo.
Se corrió un mechón rebelde detrás de laoreja. De repente se veía como
una adolescente a quien le habían descubierto un romance.
—¿Y por qué no les respondés?
—Porque ninguno me parece interesante.
—Pero… ¿Cómo te van a parecer interesantes sino hablás con ellos?
Ella rio. No estaba seguro de a dónde iba aparar con esa conversación,
pero me intrigaba saber cómo era la vida virtual de mamá.
—Es verdad. Es que de todas formas ahora nopodría verme con nadie, así
que es mejor no empezar algo que no pueda concretar.
Ya estaba entendiendo qué le pasaba. Mamá eramuy respetuosa de la
cuarentena, pues temía mucho el contagio. Por otra parte, ella se
conocía muy bien, y sabía que si se relacionaba con un tipo, se lo iba a
querer coger. Así que se reprimía a propósito, seguramente haciendo un
esfuerzo enorme hasta que nos pudiéramos vacunar.
—Bueno, entonces no te verías con un tipo aescondidas. Por más que te
guste.
—¡Ni loca! —dijo—. ¿Y exponerlos a ustedes acontagiarse?
Era paradójico, pero, después de todo, el malhumor repentino que tenía
mamá debido a su abstinencia, era por aguantar sus impulsos para
protegernos a nosotros. No le hubiera costado nada que un tipo entrara
subrepticiamente por la noche y le diera placer. Pero ella ni siquiera
se animaba a responder un mensaje, porque sabía que una vez que lo
hiciera no se podía contener.
En cambio, yo funcionaba como un catalizadorde esa calentura. Yo era el
que le daba cierto alivio cuando los días sin sexo la alteraban tanto
que no daba para más. Por eso, ese día, mientras desayunábamos, me daba
cuenta de la importancia enorme que tenía mi presencia en la casa. Podía
aprovecharme de ello o simplemente estar ahí para cuando ella lo
necesitara. Supongo que si fuera un buen hijo simplemente esperaría a
que se diera otro momento oportuno como el de la tarde anterior. Sin
embargo, animado por la fiesta sexual con las otras dos mujeres de mi
familia, decidí hacer todo lo posible como para que mamá cayera cuanto
antes a su incontenible apetito sexual.
Me di cuenta de que tenía que concretar denuevo con ella lo antes
posible, porque, si llegábamos a vacunarnos, ahí sí podría decidirse a
tener citas con hombres.
Cuando mamá terminó de desayunar, se levantópara lavar el pocillo. Vi
cómo caminaba hasta la piletita de la mesada, meneando las caderas
suavemente. El pantalón de jean azul tenía unas costuras doradas, tanto
en los bolcillos traseros como en el medio. Eso hacía que sus macizas
nalgas se marcaran perfectamente, dándole un aspecto increíblemente
sensual. Ese maravilloso orto hizo que fuera por él, como atraído por un
imán. Di un largo sorbo para terminar mi desayuno, y me encaminé hacia
ella.
Me coloqué detrás suyo, y puse mi pocillo ymi cuchara en la pileta,
mientras ella terminaba de pasar la esponja en la suya. Desde ya que no
era necesario ponerme detrás. Bien podría haberme acercado de lado. Pero
en ese perverso juego que tenía con ella, esos acercamientos eran
normales.
—Dejá, lavo yo —le dije a mamá, apoyando lasmanos en su cintura, sin
ninguna necesidad.

—No, si ya ves que lo estoy haciendo yo —dijoella.
Me quedé ahí, con las manos en su cintura.Ella estaba levemente
inclinada, ahora enjuagando el pocillo, con una pierna levemente
flexionada, la otra rígida, poniendo ese espectacular orto en pompa.
Apreté un poco más con mi mano, y me arrimélo suficiente como para que
mi pelvis hiciera contacto con ese hermoso orto que llevaba esa hembra
que me había parido. Mamá dejó a un lado el pocillo que acababa de
enjuagar, sin cambiar la posición de su cuerpo, y luego agarró el
pocillo que yo había dejado.
No me cabían dudas de que cada cosa que hacíala extendía todo lo que
podía. Cerró la canilla y empezó a pasar la esponja llena de detergente
dentro del pocillo. Yo me apreté más a ella, mientras ella seguía
pasando la esponja con fuerza, como si estuviera tan sucia que requería
muchas más pasadas de las normales.
Mis manos bajaron de la cintura de avispa demamá a sus sinuosas
caderas, sintiendo el cambio contundente de su cuerpo en esa zona. Las
acaricié con las yemas de los dedos. Retrocedí la pelvis un poco, solo
para luego empujar de nuevo. Para colmo, ahora mi verga ya estaba
hinchada, y no cabían dudas de que ella lo sentía.
Se me hacía agua la boca. Comprendí queestábamos de nuevo inmersos en
ese juego que nos habíamos inventado. La única diferencia era que
probablemente este era el momento en que más consciente se encontraba
ella. Quizás el hecho de no verme la ayudaba a quedarse así.
Mamá empezó a enjuagar mi pocillo, una vezmás haciéndolo todo lo lento
que podía. Ahora mi verga se estaba irguiendo, y quedó apretada entre
sus dos turgentes glúteos. La agarré fuerte de la cadera, y empujé una
vez más. Vi hacia abajo, como ese bulto duro de mi entrepierna había
quedado justo en paralelo de esa costura dorada que estaba en la parte
trasera del pantalón.
Mamá se enderezó para volver a poner elpocillo a un lado de la mesada.
Comprendí que si no pensaba rápido, ese pequeño juego erótico llegaría a
su final. Por suerte, la cabeza se me iluminó.
Me moví un poco a la derecha, con lo que hiceque mi pija se frotara con
toda su nalga. Agarré un repasador que estaba doblado a un lado, y volví
a mi posición original.
—Tomá —le dije, entregándoselo.
—Gracias —murmuró mamá.
Agarró el repasador y empezó a secar uno delos pocillos. Lo metió
dentro y empezó a hacer movimientos circulares lentos mientras yo me
apretaba más a ella. Era imposible que no notara que le estaba frotando
mi pija dura en el culo. Pero no podía decirle nada. No tenía que romper
la magia del momento. Ese tiempo que estaríamos ahí, pegados, frotando
nuestras partes íntimas casi como si estuviéramos cogiendo con la ropa
puesta, era un tiempo fuera de la realidad cotidiana del día. Era algo
que ocurría en una dimensión paralela. Lo que pasaría ahí, sería ajeno a
lo que pasaría el resto del día, en donde mamá volvería a ser mamá, o al
menos intentaría serlo.
Bajé una mano, llevándola hasta una de susnalgas. Era tan grande que
aún con la mano bien abierta no podía abarcarla en su totalidad. La
acaricié suavemente, mientras seguía hincándole la pija.
Entonces escuché un sonido leve. Apenas algoimperceptible que mamá no
llegó a oír. Recordé de pronto la existencia de Luana y Mariana, porque
cuando estaba enviciado en el orto de mamá todo el universo parecía
desaparecer. Giré la cabeza hacia la izquierda y, efectivamente, vi que
Luana estaba en el vano de la cocina, viendo lo que estaba haciendo con
nuestra madre.
Vi cómo la imbécil se tapaba la boca, paraacallar la carcajada que
estuvo a punto de largar. Por un instante, me morí de miedo. Pero luego
ella apartó la mano de su rostro y me hizo un gesto con el dedo índice
apoyado en sus labios. El gesto inconfundible del silencio.
No entendía qué pretendía. Pero se apartó unpoco más, hasta que se
escondió de mi vista, aunque yo sabía que estaba muy cerca.
Pero, a pesar de la inesperada irrupción demi hermana mayor, mi pija
seguía dura como una piedra y mi mano seguía palpando ese maravilloso
orto que tenía mamá.
Vi que terminó de secar el segundo pocillo, yahora lo dejaba a un lado.
Finalmente secó la cuchara. Lamentablemente, con este utensilio no pudo
extenderse por mucho más. Estiró la mano para abrir el cajón donde se
guardaban todas las cucharas, la dejó ahí y lo cerró.
Era el fin. No había motivo lógico para quesiguiéramos así. Aunque,
visto de otra forma, tampoco era lógico ese contacto obsceno que
habíamos tenido mientras ella lavaba las cosas.
Así que simplemente me quedé un rato así.
Entonces, sucedió algo que no esperaba. Mamá,que hasta el momento había
tenido un rol pasivo, como casi siempre, empezó a mover suavemente las
caderas, de un lado a otro, como si estuviera bailando, aunque con
movimientos más lentos y cortos.
La cuestión es que con ese simple movimiento,empezaba a frotarme el
culo con una intensidad que hasta el momento no había existido. Sentía
en toda mi pija cómo esas nalgas se apretaban en ella, y cuando el
movimiento hacía que otra vez me encontrara con el centro mismo de esas
nalgas, se quedaba un rato ahí, para luego volver a moverse.
Entonces sucedió lo impensado. Sentí en mipropio cuerpo cómo el cuerpo
de mamá se tensó. Luego empezó a restregar el orto en mi pija con mucha
más fuerza, hasta que su respiración ya agitada se convirtió en un
gemido de placer.
Mamá estaba teniendo un orgasmo, y eso queesta vez ni siquiera estimulé
su sexo.
Quedó agitada, recuperando la respiraciónnormal de a poco. Yo, todavía
con la pija dura, me aparté de ella. Entonces caminó en dirección a la
puerta que daba al patio del fondo.
—Guardá los pocillos —dijo, sin darse vueltaa mirarme.
Así lo hice. Quedé aturdido por lo queacababa de pasar. Era la primera
vez que ella tenía una actitud así, tan activa. Me pregunté si eso
significaba una nueva etapa en nuestra relación. Me pregunté si acaso
eso implicaba que, más pronto que tarde, podríamos tener sexo sin tener
que hacer toda esa pantomima.
Entonces me acordé de Luana…
Fui a la sala de estar. Se encontraba sola.Había prendido la tele.
Tenía puesto un short de algodón blanco y una remera musculosa. El pelo
castaño estaba suelto. Me miró, con una sonrisa burlona. Los ojos
celestes me parecieron llenos de lascivia.
—¿Qué? —pregunté.
—Nada —dijo ella.
—Dale, no te hagas la boluda. Hablemos enserio por una vez —le dije,
sentándome a su lado.
—Qué sé yo. Sabía que mamá ama la pija, perono imaginé que iba a llegar
a tener algo con vos. Bueno, igual te felicito.
—Ella no es como nosotros —le expliqué—. Noes incestuosa.
—Claro —dijo ella, largando una carcajadaodiosa.
—Es verdad, boluda. Solo que su adicción alsexo…
No pude terminar la frase, porque comprendíque me dejaba mal parado,
pero la zorra de mi hermana lo entendió enseguida.
—Ah, entonces vos te aprovechás de sudebilidad por la pija, ¿no?
—Bueno… Sí —reconocí.
Ella soltó una carcajada que me hizo darganas de darle un cachetazo.
—Qué bobo sos, Lucio. Mami es una mujergrande, no una nena tonta como
vos. ¿Te pensás que no sabe lo que está haciendo? Vos solo sos su
títere.
No me esperaba ese comentario. Pero teníasentido. En todo momento yo
había dado por sentado que me estaba aprovechando de la debilidad de
mamá, pero, ¿acaso ella no se aprovechaba de mí también? Era la adulta,
era mi madre, después de todo.
—Bueno, pero, por mí, que se aproveche —dije.
—Típico de los hombres. Sos tan básico. Mirácómo te dejó —dijo Luana,
señalando con la mirada la verga aún erecta—. Acabó y te dejó más duro
que el Diego. En realidad, es una genia.
La pendeja de mierda tenía razón. Mamá sehabía satisfecho y me había
dejado con la eyaculación contenida, esperando el momento justo para
explotar.
—¿La escuchaste acabar? —pregunté, cayendo depronto en ese detalle.
—La escuché y la vi —dijo Luana.
Con una agilidad felina, se puso en cuatropatas sobre el sofá, y empezó
a menear el culo en mis narices, imitando exageradamente los movimientos
que acababa de hacer mamá.

—Cortala, boluda —dije—. ¿No ves que puedevolver en cualquier momento?
Pero la pendeja seguía moviendo el orto,mientras se desternillaba de
risa. No pude más que admirar ese precioso culo. Recordé que la noche
anterior lo había penetrado. Solo un poco y por unos instantes, pero le
había hundido la pija en ese pequeño orificio que tenía.
Le solté una nalgada.
—Cortala. Así me la hacés más difícil —ledije.
Ella se acomodó en el sofá, aún riendo.
—Encima, cuando se interrumpe la eyaculasión,luego tarda en bajarse,
¿no? —comentó.
—Veo que sabés mucho de pijas.
—Y vos sabés muy poco de mujeres —dijo.
—¿Me vas a ayudar o no? —pregunté.
—¿A qué? ¿A acabar? Ni loca. Ya tuvistesuficiente ayer. Y eso se lo
tenés que agradecer a la tía. Pero no sueñes que vas a poder estar con
nosotras cuando se te ocurra. Es más, ya hablé con ella y le prohibí que
hiciera algo a solas con vos.
—Me parece que la tía está lo suficientementegrande como para elegir
—la desafié.
—Claro. Por eso me elige a mí, bobo. Vos solofuiste un juguetito con el
que decidimos divertirnos una noche —aclaró, haciéndose eco de mis
propios pensamientos en aquel momento—. Mejor concentrate en mamá.
Cogétela bien cogida así se deja de joder. Está insoportable cuando no
tiene una pija adentro.
—No es tan fácil —dije—. Entonces… No me vasa ayudar.
—No. Pero si querés pajeate. No me molesta.
—¿Cómo em voy a pajear acá? Mamá puede entraren cualquier momento.
—Solo es una sugerencia. Hacé lo que quieras.
—Dale, ayudame —le dije, arrimándome un pocoa ella.
—No.
—Dale, solo un rato —insistí, agarrando sumano, tirando de ella.
—Cortala, Lucio. Ya te lo dije. Sos miputita. Te voy a coger cuando yo
quiera.
—Pero si ahora no te estoy pidiendo quecojamos —dije, casi suplicante,
cosa de la que me arrepentiría luego, llevando su mano de dedos
delicados a mi entrepierna, obligándola a sentir mi erección, con la
esperanza de que eso la tentara.
—Lucio… Esto es abuso sexual —dijo, pero nohizo nada para apartarse.
Bajé el cierre de mi pantalón y liberé miverga. Como era de esperar,
había largado mucho presemen. Entonces tomé de nuevo su mano y la llevé
hacia el mi miembro.
—Está muy caliente —dijo—. Debés tener fiebre—agregó después, soltando
una risita.
Entonces empezó a masajearla.
—Eso, así —dije, jadeando.
—Mirá cómo te ponés por mamá —dijo—. Quédegenerado.
—Como todos en la familia —dije, largando unsuspiro—. Eso, un poco más
fuerte, dale.
—Está toda pegoteada, puerco —dijo ella—. Aver, vamos a hacer que sea
más resbaladiza.
Se inclinó levemente. El cabello cubrió suhermoso rostro. De repente vi
un grueso hilo de baba descendiendo desde su boca. El líquido cayó sobre
el glande, y enseguida empezó a dispersarse por el tronco. Pero luego
largó otro escupitajo. Empezó a masajear la pija de nuevo y, después de
unos segundos, largó un tercer hilo de baba.

—Así está mucho mejor —dijo.
Sabía lo que la putita estaba haciendo. Habíaaccedido a hacerlo ahí, en
la sala de estar, mientras mamá estaba afuera, haciendo quién sabe qué
cosa, solo porque esperaba que en cualquier momento nos interrumpiera, y
entonces me haría pasar un bochornoso momento. Pero era tan tentador
recibir una paja de mi hermana, que me quedé ahí, con los ojos bien
abiertos y la respiración agitada, dejando que su mano, que envolvía mi
verga, subiera y bajara lentamente, produciéndome un placer inmenso.
—Chupala —murmuré—. Chupala un poquito.
Ella solo negó con la cabeza. Como estabasentada a mi lado, era difícil
aprovecharme de ese hermoso cuerpito que tenía. Pero, aún así, deslicé
la mano por su cintura, y bajé hasta su nalga, metiéndola entre esta y
el sofá, por lo que no la estaba acariciando realmente, sino que ella
quedaba sentada sobre la mano.
Luana siguió pajeándome. Yo le corrí el peloa un lado, para verle esa
hermosa carita que tenía. Los labios estaban entreabiertos, y sus ojitos
de cielo tenían el brillo de la lujuria. Pero la muy wacha no me la iba
a chupar, por muy caliente que estuviera.
De un momento a otro me soltó, y se apartódel sofá de tres cuerpos que
habíamos estado compartiendo, para sentarse en uno de los sofás
individuales.
—Qué hacés —dije, aunque en realidad no mesorprendía.
—Nada. Quiero ver cómo lo hacés.
Vi mi propia pija, hinchada, toda colorada,con las venas marcadas, y
bañadas por una película de saliva de mi hermana. La muy puta se cruzó
de piernas y apoyó la espalda contra el respaldo del sofá, como si se
estuviera poniendo cómoda para ver una película.
Agucé el oído. Parecía que mamá no andaba porahí.
—Al menos tráeme papel. Si me obligás a darun espectáculo, colaborá
Ella se paró y se dirigió a la mesa delcomedor, donde estaba el rollo
de cocina ya preparado. Vi cómo meneaba el culo a propósito, para
provocarme. La tanguita se le marcaba en el short. No tardé en empezar a
pajearme, procurando acabar lo antes posible.
Mi hermana volvió y me entregó el papel.
—¿Uno solo? Qué boluda que sos —me quejé,tomándolo.
Era apenas un cuadrado fino. Incluso cuandocomíamos era necesario usar
dos.
Ella solo se sentó y se rio.
Continué con lo mío. Pero enseguida escuchéque mamá volvía del patio
trasero. Me preguntaba qué pensaría si me encontraba en esa situación.
Estuve a punto de guardar mi pija toda pegoteada y baboseada, pero Luana
me indicó que no lo hiciera, con un gesto de cabeza, y luego susurró:
—Está en la cocina.
Yo negué con la cabeza. No podía correr elriesgo de que mamá viera eso.
Lo de ella era totalmente diferente a lo que tenía con Luana y tía
Mariana. Con ellas era algo que se daba casualmente. Un ida y vuelta
prohibido y morboso, pero que se daba de manera natural. Lo de mamá
debía suceder siempre en un plano paralelo al de nuestra vida cotidiana.
Estuve a punto de esconder mi pija, peroLuana se movió rapidísimo. Se
levantó de su asiento y con unos pasos largos y veloces, se encontró
delante de mí. Entonces se puso en cuclillas, y, sin más preámbulo, se
metió la pija en la boca.
La sensación fue tan potente, que tuve queesforzarme mucho para poder
escuchar si mamá se acercaba, pues todos mis sentidos se eclipsaban,
salvo el del tacto, en la zona de mi pija, donde mi querida hermana
mayor me la estaba devorando, dándome lo que me había negado hacia
apenas unos minutos.
Por unos instantes escuché a mamá abriendo ycerrando cajones. Quién
sabía lo que estaba haciendo. Pero enseguida escuché los pasos hacia la
sala de estar.
—Lucio… —dijo.
Yo le daba la espalda, por lo que ella solopodía ver mi cabeza y
hombros sobresaliendo del sofá. Luana, por su parte, estaba
completamente oculta de su vista. Y la hija de puta estaba prendida de
mi pija con unas ganas que nunca había mostrado.
—¿Qué… mami? —dije, y casi pude oír como mihermana se reía a la vez que
me pasaba la lengua por el glande.
—Ya te había dicho que había que cortar lasramas del árbol del vecino,
¿no? Ya sabés cómo es. No lo va a hacer por su cuenta. Pero las ramas
que cruzan la medianera la podés cortar vos.
Ni siquiera recordaba que me lo habíamencionado, pero era entendible
teniendo a la lengua de víbora de Luana moviéndose sobre el frenillo de
mi pija.
—Sí, ma, hoy lo hago, ah…
El orgasmo vino repentinamente. El semensaltó y se metió en la boca de
Luana. Pensé que se lo estaba tragando todo, pero entonces la hija de
puta hizo una de sus maldades. Escupió todo sobre la pija, junto a su
saliva, enchastrándome por completo. Con ese papel que me había dado no
podría hacer mucho.
—¿Qué te pasa? —preguntó mamá.
—Es que…
Entonces Luana se puso de pie. El corazón seme detuvo por un instante.
—¿Luana? —preguntó mamá, extrañada—. ¿Quéestabas haciendo?
Mi hermana se dirigió a donde estaba mamá.
—Nada. Buscaba un billete que se me perdió.Se me ocurrió que se había
metido debajo del sofá. Igual no importa, no era tanto.
Comprendí que estaba haciendo tiempo para mí.Me cerré el pantalón,
procurando que mis brazos se movieran lo menos posible. Guardé el papel
en mi bolcillo. Giré la cabeza para mirar a mamá.
—Lo voy a hacer ahora mismo —le dije—. Solome voy a poner algo más
cómodo y voy.
Me puse de pie, sintiendo cómo el líquidoespeso se empezaba a deslizar
por mi pubis y mis bolas. Si tardaba mucho, iba a empezar a atravesar
toda la pierna y terminar en mis zapatillas, y quizás mamá notaría la
humedad en la ropa, o el olor inconfundible del semen.
—¿Ya desayunaste? —escuché que le preguntabaLuana.
Caminé rápido hacia las escaleras, mientraslas oía hablar. Cuando
llegué a la puerta de ki cuarto, vi a tía Mariana, que recién se
levantaba.
—¿Qué te pasó? —me preguntó.
No supe si se refería a mi cara o si habíanotado la humedad del
pantalón.
—Nada, la forra de Luana —dije—. Después nosvemos.
Me metí en mi cuarto, pensando que esasmujeres me iban a volver loco.
decían que en Casa rosada se estaba hablando de la posibilidad de
flexibilizarla pronto, ya que la producción de la vacuna se había hecho
mucho más rápido de los que todos preveían. No obstante, el COVID-25
tenía toda la pinta de que nos iba a mantener encerrados por unos meses
más, y que la cuarentena en su nivel más estricto seguiría por al menos
unas semanas.
Al día siguiente de la orgía con esas dos, medesperté temprano. Si bien
estaba cansado por todo lo que había cogido, quería aprovechar esas
primeras horas de la mañana para estar a solas con mamá, pues daba por
sentado que Luana y tía Mariana se quedarían en la cama un buen rato
más, ya que debían estar tan exhaustas como yo.
Mamá estaba en la cocina, preparándose uncafé con leche. No habíamos
tenido un momento así, a solas, desde que le había producido un orgasmo
en la bañera. Sabía que tenía que seguir con el juego que habíamos
establecido tácitamente. Todo lo que había pasado mientras ella estuvo
supuestamente dormida o desmayada, era como si nunca hubiera pasado.
Aunque algo me decía que para ella, tanto como para mí, ese goce que nos
habíamos provocado estaba flotando en el aire.
Tanto así era la cosa, que cuando me detuveen el vano de la cocina,
observándola, pude ver cómo ella se tensaba levemente. La veía de
perfil. Tenía un pantalón de jean y una remera turquesa, bien ajustada
al cuerpo. Su pelo rubio estaba atado en una cola de caballo. Era uno de
esos outfits que parecían de lo más común, pero que en ella, con el
cuerpo que tenía, le quedaba maravilloso.

—Buen día, mami. ¿Ya te sentís mejor?
Me di cuenta de que no debía decir eso, puesel hecho de recordarle lo
de su descompostura, inevitablemente le recordaría lo que pasó. Vi cómo
se estremeció, pero enseguida se contuvo. Estaba revolviendo el pocillo
de café con leche, y dejó de hacerlo para girar a mirarme.
—Buen día, Lucio —dijo—. Sí, estoy muchomejor. Ayer descansé todo. Creo
que solo fue el calor. Menos mal que hoy bajó bastante la temperatura.
—Sí, menos mal. Que lástima que limpiamosayer el cuarto del fondo y no
hoy.
Entré a la cocina, mirándola de reojo. Lehabía largado esa frase a
propósito. Ahora me preguntaba si ella también estaba recordando los
roces dentro de ese pequeño cuarto. Ahí no estaba desmayada,, después de
todo. Supuse que en ese juego extraño que estábamos jugando, no
representaban más que toques accidentales, justificados en parte por la
estrechez del lugar.
—Bueno, pero ya está hecho —dijo simplemente.
Mientras yo sacaba un pocillo y agarraba unacuchara, ella se sentaba en
la mesa de la cocina, para darle el primer sorbo al café con leche. Me
preparé uno para mí, y me senté frente a ella.
Se la veía bien. El orgasmo del día anteriorla había revitalizado. Eso
me daba a pensar que iba a ser difícil que ese mismo día cayera ante sus
impulsos.
—Cada vez se hace más difícil entretenerse,¿no? —le pregunté.
—Ni lo digas. No sé de qué carajos sirventantos dispositivos digitales,
tantos servicios de streaming. Pero bueno, hoy tengo un videollamado
grupal con mis amigas del gimnasio. También chateo a veces con las
señoras del barrio. Y a veces me sumo a grupos de política, solo para
pasar el rato.
Sorbió otro trago, y miró hacia afuera, haciala nada.
—Con suerte solo tenemos que aguantar unassemanas más —dije.
—Igual eso es una eternidad. Es como queestamos presos.
—¿Y hombres? —largué de golpe.
—¿Qué? —preguntó ella a su vez.
—¿Hablás también con hombres? ¿O solo con tusamigas del gym?
Me observó con los ojos entrecerrados y sedibujó una sonrisa en sus
carnosos labios.
—Me escriben muchos hombres. Pero no lesrespondo. Al menos hasta ahora
no les respondo.
Se corrió un mechón rebelde detrás de laoreja. De repente se veía como
una adolescente a quien le habían descubierto un romance.
—¿Y por qué no les respondés?
—Porque ninguno me parece interesante.
—Pero… ¿Cómo te van a parecer interesantes sino hablás con ellos?
Ella rio. No estaba seguro de a dónde iba aparar con esa conversación,
pero me intrigaba saber cómo era la vida virtual de mamá.
—Es verdad. Es que de todas formas ahora nopodría verme con nadie, así
que es mejor no empezar algo que no pueda concretar.
Ya estaba entendiendo qué le pasaba. Mamá eramuy respetuosa de la
cuarentena, pues temía mucho el contagio. Por otra parte, ella se
conocía muy bien, y sabía que si se relacionaba con un tipo, se lo iba a
querer coger. Así que se reprimía a propósito, seguramente haciendo un
esfuerzo enorme hasta que nos pudiéramos vacunar.
—Bueno, entonces no te verías con un tipo aescondidas. Por más que te
guste.
—¡Ni loca! —dijo—. ¿Y exponerlos a ustedes acontagiarse?
Era paradójico, pero, después de todo, el malhumor repentino que tenía
mamá debido a su abstinencia, era por aguantar sus impulsos para
protegernos a nosotros. No le hubiera costado nada que un tipo entrara
subrepticiamente por la noche y le diera placer. Pero ella ni siquiera
se animaba a responder un mensaje, porque sabía que una vez que lo
hiciera no se podía contener.
En cambio, yo funcionaba como un catalizadorde esa calentura. Yo era el
que le daba cierto alivio cuando los días sin sexo la alteraban tanto
que no daba para más. Por eso, ese día, mientras desayunábamos, me daba
cuenta de la importancia enorme que tenía mi presencia en la casa. Podía
aprovecharme de ello o simplemente estar ahí para cuando ella lo
necesitara. Supongo que si fuera un buen hijo simplemente esperaría a
que se diera otro momento oportuno como el de la tarde anterior. Sin
embargo, animado por la fiesta sexual con las otras dos mujeres de mi
familia, decidí hacer todo lo posible como para que mamá cayera cuanto
antes a su incontenible apetito sexual.
Me di cuenta de que tenía que concretar denuevo con ella lo antes
posible, porque, si llegábamos a vacunarnos, ahí sí podría decidirse a
tener citas con hombres.
Cuando mamá terminó de desayunar, se levantópara lavar el pocillo. Vi
cómo caminaba hasta la piletita de la mesada, meneando las caderas
suavemente. El pantalón de jean azul tenía unas costuras doradas, tanto
en los bolcillos traseros como en el medio. Eso hacía que sus macizas
nalgas se marcaran perfectamente, dándole un aspecto increíblemente
sensual. Ese maravilloso orto hizo que fuera por él, como atraído por un
imán. Di un largo sorbo para terminar mi desayuno, y me encaminé hacia
ella.
Me coloqué detrás suyo, y puse mi pocillo ymi cuchara en la pileta,
mientras ella terminaba de pasar la esponja en la suya. Desde ya que no
era necesario ponerme detrás. Bien podría haberme acercado de lado. Pero
en ese perverso juego que tenía con ella, esos acercamientos eran
normales.
—Dejá, lavo yo —le dije a mamá, apoyando lasmanos en su cintura, sin
ninguna necesidad.

—No, si ya ves que lo estoy haciendo yo —dijoella.
Me quedé ahí, con las manos en su cintura.Ella estaba levemente
inclinada, ahora enjuagando el pocillo, con una pierna levemente
flexionada, la otra rígida, poniendo ese espectacular orto en pompa.
Apreté un poco más con mi mano, y me arrimélo suficiente como para que
mi pelvis hiciera contacto con ese hermoso orto que llevaba esa hembra
que me había parido. Mamá dejó a un lado el pocillo que acababa de
enjuagar, sin cambiar la posición de su cuerpo, y luego agarró el
pocillo que yo había dejado.
No me cabían dudas de que cada cosa que hacíala extendía todo lo que
podía. Cerró la canilla y empezó a pasar la esponja llena de detergente
dentro del pocillo. Yo me apreté más a ella, mientras ella seguía
pasando la esponja con fuerza, como si estuviera tan sucia que requería
muchas más pasadas de las normales.
Mis manos bajaron de la cintura de avispa demamá a sus sinuosas
caderas, sintiendo el cambio contundente de su cuerpo en esa zona. Las
acaricié con las yemas de los dedos. Retrocedí la pelvis un poco, solo
para luego empujar de nuevo. Para colmo, ahora mi verga ya estaba
hinchada, y no cabían dudas de que ella lo sentía.
Se me hacía agua la boca. Comprendí queestábamos de nuevo inmersos en
ese juego que nos habíamos inventado. La única diferencia era que
probablemente este era el momento en que más consciente se encontraba
ella. Quizás el hecho de no verme la ayudaba a quedarse así.
Mamá empezó a enjuagar mi pocillo, una vezmás haciéndolo todo lo lento
que podía. Ahora mi verga se estaba irguiendo, y quedó apretada entre
sus dos turgentes glúteos. La agarré fuerte de la cadera, y empujé una
vez más. Vi hacia abajo, como ese bulto duro de mi entrepierna había
quedado justo en paralelo de esa costura dorada que estaba en la parte
trasera del pantalón.
Mamá se enderezó para volver a poner elpocillo a un lado de la mesada.
Comprendí que si no pensaba rápido, ese pequeño juego erótico llegaría a
su final. Por suerte, la cabeza se me iluminó.
Me moví un poco a la derecha, con lo que hiceque mi pija se frotara con
toda su nalga. Agarré un repasador que estaba doblado a un lado, y volví
a mi posición original.
—Tomá —le dije, entregándoselo.
—Gracias —murmuró mamá.
Agarró el repasador y empezó a secar uno delos pocillos. Lo metió
dentro y empezó a hacer movimientos circulares lentos mientras yo me
apretaba más a ella. Era imposible que no notara que le estaba frotando
mi pija dura en el culo. Pero no podía decirle nada. No tenía que romper
la magia del momento. Ese tiempo que estaríamos ahí, pegados, frotando
nuestras partes íntimas casi como si estuviéramos cogiendo con la ropa
puesta, era un tiempo fuera de la realidad cotidiana del día. Era algo
que ocurría en una dimensión paralela. Lo que pasaría ahí, sería ajeno a
lo que pasaría el resto del día, en donde mamá volvería a ser mamá, o al
menos intentaría serlo.
Bajé una mano, llevándola hasta una de susnalgas. Era tan grande que
aún con la mano bien abierta no podía abarcarla en su totalidad. La
acaricié suavemente, mientras seguía hincándole la pija.
Entonces escuché un sonido leve. Apenas algoimperceptible que mamá no
llegó a oír. Recordé de pronto la existencia de Luana y Mariana, porque
cuando estaba enviciado en el orto de mamá todo el universo parecía
desaparecer. Giré la cabeza hacia la izquierda y, efectivamente, vi que
Luana estaba en el vano de la cocina, viendo lo que estaba haciendo con
nuestra madre.
Vi cómo la imbécil se tapaba la boca, paraacallar la carcajada que
estuvo a punto de largar. Por un instante, me morí de miedo. Pero luego
ella apartó la mano de su rostro y me hizo un gesto con el dedo índice
apoyado en sus labios. El gesto inconfundible del silencio.
No entendía qué pretendía. Pero se apartó unpoco más, hasta que se
escondió de mi vista, aunque yo sabía que estaba muy cerca.
Pero, a pesar de la inesperada irrupción demi hermana mayor, mi pija
seguía dura como una piedra y mi mano seguía palpando ese maravilloso
orto que tenía mamá.
Vi que terminó de secar el segundo pocillo, yahora lo dejaba a un lado.
Finalmente secó la cuchara. Lamentablemente, con este utensilio no pudo
extenderse por mucho más. Estiró la mano para abrir el cajón donde se
guardaban todas las cucharas, la dejó ahí y lo cerró.
Era el fin. No había motivo lógico para quesiguiéramos así. Aunque,
visto de otra forma, tampoco era lógico ese contacto obsceno que
habíamos tenido mientras ella lavaba las cosas.
Así que simplemente me quedé un rato así.
Entonces, sucedió algo que no esperaba. Mamá,que hasta el momento había
tenido un rol pasivo, como casi siempre, empezó a mover suavemente las
caderas, de un lado a otro, como si estuviera bailando, aunque con
movimientos más lentos y cortos.
La cuestión es que con ese simple movimiento,empezaba a frotarme el
culo con una intensidad que hasta el momento no había existido. Sentía
en toda mi pija cómo esas nalgas se apretaban en ella, y cuando el
movimiento hacía que otra vez me encontrara con el centro mismo de esas
nalgas, se quedaba un rato ahí, para luego volver a moverse.
Entonces sucedió lo impensado. Sentí en mipropio cuerpo cómo el cuerpo
de mamá se tensó. Luego empezó a restregar el orto en mi pija con mucha
más fuerza, hasta que su respiración ya agitada se convirtió en un
gemido de placer.
Mamá estaba teniendo un orgasmo, y eso queesta vez ni siquiera estimulé
su sexo.
Quedó agitada, recuperando la respiraciónnormal de a poco. Yo, todavía
con la pija dura, me aparté de ella. Entonces caminó en dirección a la
puerta que daba al patio del fondo.
—Guardá los pocillos —dijo, sin darse vueltaa mirarme.
Así lo hice. Quedé aturdido por lo queacababa de pasar. Era la primera
vez que ella tenía una actitud así, tan activa. Me pregunté si eso
significaba una nueva etapa en nuestra relación. Me pregunté si acaso
eso implicaba que, más pronto que tarde, podríamos tener sexo sin tener
que hacer toda esa pantomima.
Entonces me acordé de Luana…
Fui a la sala de estar. Se encontraba sola.Había prendido la tele.
Tenía puesto un short de algodón blanco y una remera musculosa. El pelo
castaño estaba suelto. Me miró, con una sonrisa burlona. Los ojos
celestes me parecieron llenos de lascivia.
—¿Qué? —pregunté.
—Nada —dijo ella.
—Dale, no te hagas la boluda. Hablemos enserio por una vez —le dije,
sentándome a su lado.
—Qué sé yo. Sabía que mamá ama la pija, perono imaginé que iba a llegar
a tener algo con vos. Bueno, igual te felicito.
—Ella no es como nosotros —le expliqué—. Noes incestuosa.
—Claro —dijo ella, largando una carcajadaodiosa.
—Es verdad, boluda. Solo que su adicción alsexo…
No pude terminar la frase, porque comprendíque me dejaba mal parado,
pero la zorra de mi hermana lo entendió enseguida.
—Ah, entonces vos te aprovechás de sudebilidad por la pija, ¿no?
—Bueno… Sí —reconocí.
Ella soltó una carcajada que me hizo darganas de darle un cachetazo.
—Qué bobo sos, Lucio. Mami es una mujergrande, no una nena tonta como
vos. ¿Te pensás que no sabe lo que está haciendo? Vos solo sos su
títere.
No me esperaba ese comentario. Pero teníasentido. En todo momento yo
había dado por sentado que me estaba aprovechando de la debilidad de
mamá, pero, ¿acaso ella no se aprovechaba de mí también? Era la adulta,
era mi madre, después de todo.
—Bueno, pero, por mí, que se aproveche —dije.
—Típico de los hombres. Sos tan básico. Mirácómo te dejó —dijo Luana,
señalando con la mirada la verga aún erecta—. Acabó y te dejó más duro
que el Diego. En realidad, es una genia.
La pendeja de mierda tenía razón. Mamá sehabía satisfecho y me había
dejado con la eyaculación contenida, esperando el momento justo para
explotar.
—¿La escuchaste acabar? —pregunté, cayendo depronto en ese detalle.
—La escuché y la vi —dijo Luana.
Con una agilidad felina, se puso en cuatropatas sobre el sofá, y empezó
a menear el culo en mis narices, imitando exageradamente los movimientos
que acababa de hacer mamá.

—Cortala, boluda —dije—. ¿No ves que puedevolver en cualquier momento?
Pero la pendeja seguía moviendo el orto,mientras se desternillaba de
risa. No pude más que admirar ese precioso culo. Recordé que la noche
anterior lo había penetrado. Solo un poco y por unos instantes, pero le
había hundido la pija en ese pequeño orificio que tenía.
Le solté una nalgada.
—Cortala. Así me la hacés más difícil —ledije.
Ella se acomodó en el sofá, aún riendo.
—Encima, cuando se interrumpe la eyaculasión,luego tarda en bajarse,
¿no? —comentó.
—Veo que sabés mucho de pijas.
—Y vos sabés muy poco de mujeres —dijo.
—¿Me vas a ayudar o no? —pregunté.
—¿A qué? ¿A acabar? Ni loca. Ya tuvistesuficiente ayer. Y eso se lo
tenés que agradecer a la tía. Pero no sueñes que vas a poder estar con
nosotras cuando se te ocurra. Es más, ya hablé con ella y le prohibí que
hiciera algo a solas con vos.
—Me parece que la tía está lo suficientementegrande como para elegir
—la desafié.
—Claro. Por eso me elige a mí, bobo. Vos solofuiste un juguetito con el
que decidimos divertirnos una noche —aclaró, haciéndose eco de mis
propios pensamientos en aquel momento—. Mejor concentrate en mamá.
Cogétela bien cogida así se deja de joder. Está insoportable cuando no
tiene una pija adentro.
—No es tan fácil —dije—. Entonces… No me vasa ayudar.
—No. Pero si querés pajeate. No me molesta.
—¿Cómo em voy a pajear acá? Mamá puede entraren cualquier momento.
—Solo es una sugerencia. Hacé lo que quieras.
—Dale, ayudame —le dije, arrimándome un pocoa ella.
—No.
—Dale, solo un rato —insistí, agarrando sumano, tirando de ella.
—Cortala, Lucio. Ya te lo dije. Sos miputita. Te voy a coger cuando yo
quiera.
—Pero si ahora no te estoy pidiendo quecojamos —dije, casi suplicante,
cosa de la que me arrepentiría luego, llevando su mano de dedos
delicados a mi entrepierna, obligándola a sentir mi erección, con la
esperanza de que eso la tentara.
—Lucio… Esto es abuso sexual —dijo, pero nohizo nada para apartarse.
Bajé el cierre de mi pantalón y liberé miverga. Como era de esperar,
había largado mucho presemen. Entonces tomé de nuevo su mano y la llevé
hacia el mi miembro.
—Está muy caliente —dijo—. Debés tener fiebre—agregó después, soltando
una risita.
Entonces empezó a masajearla.
—Eso, así —dije, jadeando.
—Mirá cómo te ponés por mamá —dijo—. Quédegenerado.
—Como todos en la familia —dije, largando unsuspiro—. Eso, un poco más
fuerte, dale.
—Está toda pegoteada, puerco —dijo ella—. Aver, vamos a hacer que sea
más resbaladiza.
Se inclinó levemente. El cabello cubrió suhermoso rostro. De repente vi
un grueso hilo de baba descendiendo desde su boca. El líquido cayó sobre
el glande, y enseguida empezó a dispersarse por el tronco. Pero luego
largó otro escupitajo. Empezó a masajear la pija de nuevo y, después de
unos segundos, largó un tercer hilo de baba.

—Así está mucho mejor —dijo.
Sabía lo que la putita estaba haciendo. Habíaaccedido a hacerlo ahí, en
la sala de estar, mientras mamá estaba afuera, haciendo quién sabe qué
cosa, solo porque esperaba que en cualquier momento nos interrumpiera, y
entonces me haría pasar un bochornoso momento. Pero era tan tentador
recibir una paja de mi hermana, que me quedé ahí, con los ojos bien
abiertos y la respiración agitada, dejando que su mano, que envolvía mi
verga, subiera y bajara lentamente, produciéndome un placer inmenso.
—Chupala —murmuré—. Chupala un poquito.
Ella solo negó con la cabeza. Como estabasentada a mi lado, era difícil
aprovecharme de ese hermoso cuerpito que tenía. Pero, aún así, deslicé
la mano por su cintura, y bajé hasta su nalga, metiéndola entre esta y
el sofá, por lo que no la estaba acariciando realmente, sino que ella
quedaba sentada sobre la mano.
Luana siguió pajeándome. Yo le corrí el peloa un lado, para verle esa
hermosa carita que tenía. Los labios estaban entreabiertos, y sus ojitos
de cielo tenían el brillo de la lujuria. Pero la muy wacha no me la iba
a chupar, por muy caliente que estuviera.
De un momento a otro me soltó, y se apartódel sofá de tres cuerpos que
habíamos estado compartiendo, para sentarse en uno de los sofás
individuales.
—Qué hacés —dije, aunque en realidad no mesorprendía.
—Nada. Quiero ver cómo lo hacés.
Vi mi propia pija, hinchada, toda colorada,con las venas marcadas, y
bañadas por una película de saliva de mi hermana. La muy puta se cruzó
de piernas y apoyó la espalda contra el respaldo del sofá, como si se
estuviera poniendo cómoda para ver una película.
Agucé el oído. Parecía que mamá no andaba porahí.
—Al menos tráeme papel. Si me obligás a darun espectáculo, colaborá
Ella se paró y se dirigió a la mesa delcomedor, donde estaba el rollo
de cocina ya preparado. Vi cómo meneaba el culo a propósito, para
provocarme. La tanguita se le marcaba en el short. No tardé en empezar a
pajearme, procurando acabar lo antes posible.
Mi hermana volvió y me entregó el papel.
—¿Uno solo? Qué boluda que sos —me quejé,tomándolo.
Era apenas un cuadrado fino. Incluso cuandocomíamos era necesario usar
dos.
Ella solo se sentó y se rio.
Continué con lo mío. Pero enseguida escuchéque mamá volvía del patio
trasero. Me preguntaba qué pensaría si me encontraba en esa situación.
Estuve a punto de guardar mi pija toda pegoteada y baboseada, pero Luana
me indicó que no lo hiciera, con un gesto de cabeza, y luego susurró:
—Está en la cocina.
Yo negué con la cabeza. No podía correr elriesgo de que mamá viera eso.
Lo de ella era totalmente diferente a lo que tenía con Luana y tía
Mariana. Con ellas era algo que se daba casualmente. Un ida y vuelta
prohibido y morboso, pero que se daba de manera natural. Lo de mamá
debía suceder siempre en un plano paralelo al de nuestra vida cotidiana.
Estuve a punto de esconder mi pija, peroLuana se movió rapidísimo. Se
levantó de su asiento y con unos pasos largos y veloces, se encontró
delante de mí. Entonces se puso en cuclillas, y, sin más preámbulo, se
metió la pija en la boca.
La sensación fue tan potente, que tuve queesforzarme mucho para poder
escuchar si mamá se acercaba, pues todos mis sentidos se eclipsaban,
salvo el del tacto, en la zona de mi pija, donde mi querida hermana
mayor me la estaba devorando, dándome lo que me había negado hacia
apenas unos minutos.
Por unos instantes escuché a mamá abriendo ycerrando cajones. Quién
sabía lo que estaba haciendo. Pero enseguida escuché los pasos hacia la
sala de estar.
—Lucio… —dijo.
Yo le daba la espalda, por lo que ella solopodía ver mi cabeza y
hombros sobresaliendo del sofá. Luana, por su parte, estaba
completamente oculta de su vista. Y la hija de puta estaba prendida de
mi pija con unas ganas que nunca había mostrado.
—¿Qué… mami? —dije, y casi pude oír como mihermana se reía a la vez que
me pasaba la lengua por el glande.
—Ya te había dicho que había que cortar lasramas del árbol del vecino,
¿no? Ya sabés cómo es. No lo va a hacer por su cuenta. Pero las ramas
que cruzan la medianera la podés cortar vos.
Ni siquiera recordaba que me lo habíamencionado, pero era entendible
teniendo a la lengua de víbora de Luana moviéndose sobre el frenillo de
mi pija.
—Sí, ma, hoy lo hago, ah…
El orgasmo vino repentinamente. El semensaltó y se metió en la boca de
Luana. Pensé que se lo estaba tragando todo, pero entonces la hija de
puta hizo una de sus maldades. Escupió todo sobre la pija, junto a su
saliva, enchastrándome por completo. Con ese papel que me había dado no
podría hacer mucho.
—¿Qué te pasa? —preguntó mamá.
—Es que…
Entonces Luana se puso de pie. El corazón seme detuvo por un instante.
—¿Luana? —preguntó mamá, extrañada—. ¿Quéestabas haciendo?
Mi hermana se dirigió a donde estaba mamá.
—Nada. Buscaba un billete que se me perdió.Se me ocurrió que se había
metido debajo del sofá. Igual no importa, no era tanto.
Comprendí que estaba haciendo tiempo para mí.Me cerré el pantalón,
procurando que mis brazos se movieran lo menos posible. Guardé el papel
en mi bolcillo. Giré la cabeza para mirar a mamá.
—Lo voy a hacer ahora mismo —le dije—. Solome voy a poner algo más
cómodo y voy.
Me puse de pie, sintiendo cómo el líquidoespeso se empezaba a deslizar
por mi pubis y mis bolas. Si tardaba mucho, iba a empezar a atravesar
toda la pierna y terminar en mis zapatillas, y quizás mamá notaría la
humedad en la ropa, o el olor inconfundible del semen.
—¿Ya desayunaste? —escuché que le preguntabaLuana.
Caminé rápido hacia las escaleras, mientraslas oía hablar. Cuando
llegué a la puerta de ki cuarto, vi a tía Mariana, que recién se
levantaba.
—¿Qué te pasó? —me preguntó.
No supe si se refería a mi cara o si habíanotado la humedad del
pantalón.
—Nada, la forra de Luana —dije—. Después nosvemos.
Me metí en mi cuarto, pensando que esasmujeres me iban a volver loco.
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