Después de descansar un rato, fui a lavarme,y las chicas me imitaron al
rato. Seguimos tumbados en la cama, totalmente en pelotas. Pensé en
mamá. Debía estar durmiendo o pensando en lo que había pasado entre
nosotros. Era muy entrada la noche, pero como había estado descasando
desde temprano, quizás estaba despierta. Me pregunté qué pasaría si se
le daba por subir y entrar al cuarto de Luana. Se encontraría con su
hermana y sus dos hijos en pelotas, evidentemente habiendo tenido sexo
hacía un rato. El escenario me producía un escalofrío, pero igual, no
pensaba irme aún de ahí.
No podía terminar de procesarlo. Al final,salió todo mejor de lo que
creía. Luana no solo no pudo impedir que me cogiera a la tía, sino que
participó muy activamente del trío, y dejó que la cogiera, y encima los
disfrutó mucho.
Y la cosa no había terminado ahí, obvio.
Mariana levantó la cabeza primero, con unasonrisa pícara en los labios.
Luana, a mi otro lado, respiraba agitada, su pecho subía y bajaba con un
ritmo irregular, y sus ojos azules me miraron con una mezcla de celos y
excitación. El cuarto seguía cargado de ese olor denso a sexo, a sudor y
a fluidos que se mezclaban en el aire caliente de la noche. Yo yacía
ahí, exhausto pero con el cuerpo aún vibrante, con la piel pegajosa por
el esfuerzo anterior. Sentí cómo mi pulso latía en las sienes, y un
calor residual me recorrió la espina dorsal.
Tía Mariana se incorporó con gracia, sustetas enormes se balancearon
pesadas al movimiento, y extendió una mano hacia Luana. Mi hermana la
tomó sin dudar, y las dos se miraron con esa complicidad que siempre me
ponía los nervios de punta.
—No lo dejemos enfriar —murmuró la tía, conla voz ronca y baja, como si
planeara algo más perverso.

Luana asintió, mordiéndose el labio inferior,y se levantó de la cama
por un segundo. Caminó hasta el cajón de su mesita de noche, donde
guardaba sus cosas personales, y sacó un frasco pequeño de lubricante
que brillaba bajo la luz tenue. Lo dejó sobre la sábana arrugada, y
regresó a mi lado con una lentitud deliberada, como si quisiera que yo
admirara cada curva de su cuerpo desnudo: la panza plana, las caderas
sinuosas que se movían con un vaivén hipnótico, y esa concha depilada
que aún relucía por la humedad.
Yo me quedé quieto, observándolas, con lapija que empezaba a
recuperarse poco a poco, un pulso débil pero insistente que crecía en la
base. Mariana me miró directamente a los ojos, sus pupilas dilatadas por
el deseo, y dijo:
—Ahora te toca recibir, sobrino. Vamos a vercuánto aguantás.

Su tono tenía un matiz juguetón, pero debajose notaba una orden
implícita. Luana se rio bajito, un sonido que reverberó en mi pecho, y
se posicionó a horcajadas sobre mis caderas, pero no se sentó del todo.
En cambio, frotó su concha contra mi muslo, dejando un rastro húmedo y
cálido que me hizo jadear. Sentí la suavidad de sus labios mayores,
hinchados y resbaladizos, deslizándose sobre mi piel, y el clítoris que
rozaba con una presión ligera pero intencional.
Mariana no esperó más. Se movió con decisión,gateó sobre la cama hasta
colocarse sobre mi pecho, de rodillas a cada lado de mis hombros. Su
culo generoso quedó justo encima de mi cara, las nalgas redondas y
firmes que temblaban ligeramente por el esfuerzo. Bajó despacio, muy
despacio, hasta que su piel tocó mis labios. El aroma me invadió de
golpe: una mezcla intensa de su excitación, sudor y ese perfume sutil
que siempre usaba. Restregó su culo desnudo contra mi boca y nariz, un
movimiento circular que me obligó a inhalar profundo, a saborear la
tersura de su carne. Abrí la boca instintivamente, saqué la lengua y
lamí la piel entre sus nalgas, rozando el ano apretado que se contraía
al contacto. Ella suspiró hondo, un sonido gutural que vibró en su
cuerpo, y presionó más fuerte, ahogándome con su peso, haciendo
imposible que siguiera lamiendo, pero de una forma que me excitaba hasta
el límite.
Escuché a mi hermana reír perversamente.Quizás la imagen que estaba
dando era patética. Yo, tirado en la cama, sin poder hacer nada,
mientras mi tía me restregaba en la cara su hermoso y enorme orto. Lo
sentía todo en mi rostro, cómo ella movía su culo adelante atrás, como
si estuviera amasando con su trasero. Podía ser algo molesto, si no
fuera porque tenía la piel suave y y era muy carnoso. Los glúteos se
apretaban en mi geta una y otra vez, haciendo que me sea difícil
respirar, pero, aún así, me sentía en el cielo.
Mientras tanto, Luana se inclinó haciaadelante, su pelo castaño cayó
como una cascada sobre mi abdomen, y tomó mi pija con la mano. La
envolvió en un puño tibio, apretó con una fuerza justa que me hizo
arquear la espalda. Bajó la cabeza y lamió el glande hinchado, un
lengüetazo plano y lento que hizo que mi pija terminara de endurecerse.
Sentí el calor de su boca, la saliva que semezclaba con mi presemen
fresco. Ella succionó la punta con delicadeza, sus labios se cerraron
alrededor como un anillo suave, y movió la lengua en círculos internos,
explorando cada surco. Mariana, encima de mi cara, giró las caderas en
un ritmo pausado, restregando su culo de un lado a otro, dejando mi boca
lo suficientemente libre por un momento, por lo que pude lamer con
avidez. Hundí la lengua en el pliegue entre sus nalgas, saboreé el sabor
salado y prohibido de su orto que me llenaba la boca.
El tiempo se estiró en ese momento. Cadamovimiento de Mariana parecía
durar una eternidad: bajaba un poco más, presionaba su ano contra mis
labios, y yo lo besaba, lo lamía con trazos largos y húmedos. Luana, por
su parte, bajaba la boca más profundo en mi pija, tragaba la mitad de la
longitud con un sonido húmedo, y subía despacio, dejando un hilo de
saliva que goteaba sobre mis bolas. Sentí cómo mi excitación crecía en
oleadas lentas, el placer se acumulaba en la base de mi espina, y jadeé
contra el culo de la tía, el aire escaso pero cargado de su esencia.
Ellas se coordinaron sin palabras: cuando Mariana se levantó un poco
para darme respiro, Luana aceleró el ritmo de su mamada, succionó con
más fuerza, y yo gemí alto, el sonido amortiguado por la carne que
volvía a cubrir mi rostro.
Después de lo que parecieron minutosinterminables, Mariana se levantó
por completo, sus muslos temblaron al hacerlo, y se giró para mirar a
Luana.
—Cambiemos, nena —dijo con una vozentrecortada, y mi hermana accedió
con una sonrisa maliciosa.
Luana se movió hacia arriba, trepó sobre mipecho con agilidad, y
posicionó su culo más pequeño pero igual de tentador justo sobre mi
cara. Restregó sus nalgas contra mis mejillas, y yo sentí la suavidad
impecable de su piel depilada. El aroma era diferente: más fresco, con
un toque dulce de su excitación reciente. Para mi sorpresa, ella no dejó
caer todo el peso de su cuerpo sobre mí, cosa que me permitía jugar con
ese lindo culo.
Abrí la boca y lamí el pliegue, rocé su anocon la punta de la lengua, y
ella jadeó agudo, un sonido que me atravesó como una corriente
eléctrica. Presionó hacia abajo, frotó su culo en círculos amplios, y yo
inhalé profundo, saboreé cada centímetro, hundí la lengua más adentro
para explorar ese agujero apretado que se abría ligeramente al contacto.
Mariana, ahora entre mis piernas, tomó elrelevo en mi pija. Sus manos,
más grandes y expertas, la envolvieron con una presión firme, y bajó la
cabeza para lamer el tronco entero, desde la base hasta la punta, con
lengüetazos largos y perezosos. Succionó la cabeza con una succión
profunda, sus labios carnosos se estiraron alrededor, y movió la boca
arriba y abajo en un ritmo constante pero lento, como si quisiera
prolongar cada sensación.
Sentí sus tetas pesadas rozando mis muslosinternos, los pezones duros
que pinchaban la piel, y el placer se intensificó, se extendió por todo
mi cuerpo en ondas pausadas. Luana, encima, giraba las caderas con más
audacia, restregaba su culo contra mi nariz y boca, y yo lamía con
devoción, alternaba entre su ano y los labios de su concha que asomaban
por debajo, saboreaba el jugo que goteaba y se mezclaba con mi saliva.
La escena se prolongó así, con un ritmo queinvitaba a la lentitud. Cada
restregón de Luana duraba segundos eternos: bajaba, presionaba, giraba,
y yo respondía con lamidas meticulosas, exploraba cada textura, cada
pliegue. Mariana aceleraba un poco la mamada, tragaba toda la longitud
hasta que su nariz tocaba mi pubis, y luego subía despacio, para después
succionar con fuerza en la punta para extraer más presemen.
Jadeé contra el culo de mi hermana, el airese volvió escaso otra vez,
pero el placer lo compensaba todo. Ellas gemían en tándem: Luana con
sonidos agudos y cortos, Mariana con ronquidos graves que vibraban en mi
pija. El colchón crujió bajo el peso combinado, y el sudor nos cubrió a
todos, hizo que los cuerpos resbalaran con más facilidad.
Finalmente, Luana se levantó, sus piernastemblaron al hacerlo, y
Mariana dejó mi pija con un pop húmedo. Las dos se miraron, jadeantes, y
decidieron cambiar la dinámica.
—Pongámoslo de lado —sugirió la tía, y megiraron con manos firmes hasta
que quedé acostado de costado en la cama.
—¿Ves hermanito? Sos nuestra puta.
—No seas mala, Lu —la reprendió tía Mariana.
La verdad es que, de alguna manera, mihermana se había hecho de mis
propios pensamientos. No usaría la palabra puta, pero sí que me estaba
sintiendo un objeto con el que ellas dos estaban jugando. Como si fuera
poco más que un consolador. Pero la verdad era que no me molestaba. Si
pensaba que me había estado humillando sentándose en mi cara, la pobre
estaba muy confundida.
Luana se colocó frente a mí, de espaldas, ylevantó una pierna para que
yo accediera a su concha desde atrás. Sentí su calor antes de tocarla:
los labios hinchados y resbaladizos que se abrieron al roce de mi pija.
La penetré despacio, centímetro a centímetro, y ella suspiró, su
interior me apretó como un guante caliente. Bombeé con movimientos
lentos, salí casi por completo y entré de nuevo, saboreé cada fricción.
—Bueno, ahora vos vas a ser mi putita,hermanita —le dije, jadeante.
—Típico de hombres. Piensan que el quepenetra es el que domina —dijo
ella, también jadeando, mientras le hundía más la pija—. Pobrecito, no
entendés nada.
Sabía a qué se refería. Ella me lo habíadicho claramente, solo iba a
coger cuando a ella se le antojara, y eso era lo que estaba pasando.
Pero yo no me iba a quedar callado.
—Callate y recibí la pija de tu hermanomenor, zorra —le dije,
embistiéndola con más fuerza—. Mirá cómo te monto, pedazo de putona.
Mariana soltó una risita divertida. Eraentendible, pues nos estábamos
insultando como cuando éramos niños y nos peleábamos por cualquier cosa,
solo que ahora estaba encima de ella, hundiéndole mi pija una y otra
vez, mientras ella, rabiosa, gemía cuando se la metía hasta el fondo.
Entonces la tía se posicionó detrás de mí, sucuerpo se pegó al mío como
una segunda piel. Sintió mi culo contra su pubis, y deslizó una mano
entre mis nalgas, untó lubricante con dedos hábiles. No me esperaba para
nada lo que iba a hacer.
Introdujo un dedo en mi ano, despacio.
—¿Qué? ¡No! —dije.
Luana soltó una risita, y yo se la metí másfuerte.
—Shhh, tranquilo. No seas prejuicioso —dijola tía—. Esto no es de gays.
A la mayoría de los hombres les gusta, solo que algunos no lo reconocen.
—Pero… —murmuré, pero ella hundió más el dedoy me hizo estremecer.
—No te guies por los prejuicios. Solo decimesi no se siente bien. Si de
verdad no te gusta, dejo de hacerlo. Pero si te relajás, vas a ver.
—Eso, Lucio, relájate y dejá que la tía tecoja —dijo Luana, con lo que
solo se ganó que le metiera la pija entera con violencia, cosa que, de
hecho, le encantó.
Mariana exploró el interior con giros suavesque me hicieron jadear. El
placer fue nuevo e intenso: la penetración en Luana al frente, y esa
invasión detrás que me estimulaba en puntos que no conocía. No podía
negarlo, se sentía espectacular. Y yo estaba seguro de que me gustaban
las mujeres. Mi masculinidad estaba intacta. Eso sí, me daba bronca la
sonrisa odiosa de Luana.
—Pendeja de mierda —le dije, dándole un suavecachetazo en el culo.
Luego llevé ambas manos al cuello y lo presioné suavemente. Otra cosa
que a la loca de mi hermana pareció gustarle.
—Eso, ahoracame, putito. Rompeme toda, dale—dijo la pendeja.
Así que lo hice, obviamente. Se la empecé ameter con toda, mientras la
tía no retiraba el dedo del interior.
La posición nos permitió una intimidadpausada. Cada embestida en Luana
duraba: salía lento, entraba profundo, sentía cómo su concha se contraía
alrededor de mi pija. Mariana coordinaba: cuando yo empujaba adelante,
ella hundía el dedo más adentro, rozaba esa próstata que enviaba chispas
de placer por mi cuerpo. Luana estiró la cabeza para besarme, sus labios
encontraron los míos en un beso desordenado, lenguas que se enredaron
con sabor a sexo. Mariana besó mi cuello desde atrás, mordisqueó la piel
con dientes suaves, y sus tetas se aplastaron contra mi espalda, los
pezones duros pinchando como recordatorios constantes.
Cambiamos después de un rato largo. Luana segiró para quedar frente a
mí, cara a cara, y levantó la pierna de nuevo. La penetré así,
mirándonos a los ojos, y sentí una conexión prohibida que me calentó
más. Sus ojos azules se clavaron en los míos, brillaron con morbo, y
jadeó contra mi boca con cada embestida. Mariana, detrás, sacó los dedos
y untó más lubricante en su mano. Tomó mi pija cuando salí de Luana por
un momento, la guio hacia el ano de mi hermana, pero Luana negó con la
cabeza, riendo. y yo regresé a su concha.
Mariana entonces se movió para colocarseencima de nosotros, a
horcajadas sobre mis caderas mientras yo seguía dentro de Luana. Bajó
despacio, frotó su concha contra la base de mi pija expuesta, y el
contacto creó una fricción triple: yo en Luana, Mariana rozándose contra
mí. Gemimos los tres al unísono, el placer se multiplicó en esa unión
obscena. Ella giró las caderas en círculos lentos, untó su humedad sobre
nosotros, y yo empujé hacia arriba para penetrar a Luana más profundo,
sentí cómo los labios de Mariana se abrían contra mi piel.
La lentitud nos consumió. Cada movimiento seextendió: Mariana bajaba,
rozaba, subía; yo embestía, salía, entraba. Luana jadeaba debajo, sus
tetas se presionaban contra mi pecho, y besaba mi cuello con mordiscos
suaves. El sudor nos unió más, los cuerpos resbalaron en un baile
pausado que duró minutos, quizás más. Sentí el orgasmo de Luana primero:
sus paredes se contrajeron alrededor de mi pija, pulsaron en ondas que
me apretaron, y gritó contra mi hombro, el cuerpo tembló en espasmos.
Mariana se levantó entonces, jadeante, y nosreorganizó.
—De rodillas, los dos —ordenó con esa vozautoritaria que siempre me
ponía la pija más tiesa, un tono grave y dominante que resonaba en el
cuarto como una promesa de placeres intensos.
Luana y yo obedecimos al instante. Nosarrodillamos en la cama , uno al
lado del otro. La tía separó las piernas, y las flexionó, exponiendo su
concha de manera tal que era imposible no entender lo que pretendía que
hiciéramos.
Primero, nos hizo besarla alternadamente. Yoempecé por su concha desde
abajo. Incliné la cabeza con lentitud, acerqué la boca a sus labios
mayores hinchados por la excitación acumulada, y lamí con trazos amplios
y pausados. Saboreé la textura resbaladiza, el jugo salado que se
extendía por mi lengua, y luego me concentré en el clítoris que latía
bajo mis labios. Lo succioné con delicadeza, y sentí cómo palpitaba
contra mi boca.
Mientras tanto, Luana besó sus tetas condevoción. Abrió los labios
carnosos, capturó uno de los pezones duros entre ellos, y succionó con
una presión constante que hizo arquear la espalda a Mariana. La tía
gemía alto, sonidos roncos que llenaban el aire, y sus manos se posaron
en nuestras cabezas. Guiaron el ritmo lento con toques firmes, como si
dirigiera una sinfonía erótica donde cada caricia se prolongaba en el
tiempo.
Después de varios minutos en esa posición,Mariana nos hizo intercambiar
roles. Luana descendió con gracia hasta la concha de la tía. Hundió la
lengua profundo entre los pliegues húmedos, exploró cada rincón con
movimientos circulares que extraían más jugos, y lamió con una avidez
que hacía visible el brillo en su barbilla. Yo, en cambio, me elevé un
poco para chupar sus tetas. Tomé uno de los pezones oscuros entre los
labios, lo mordisqueé con dientes suaves que apenas rozaban la piel
sensible, y saboreé el gusto salado mezclado con el sudor de la noche.
El placer se construyó en capas graduales. Cada lamida de Luana duraba
varios segundos, se extendía como una ola pausada, y cada succión mía se
prolongaba hasta que Mariana jadeaba con más intensidad.
Finalmente, la tía tembló de pies a cabeza.Sus piernas flaquearon bajo
el peso del orgasmo inminente, y se corrió en la boca de Luana con un
grito ahogado. El jugo caliente goteó por la barbilla de mi hermana,
resbaló en hilos viscosos que cayeron sobre la sábana, y dejó un aroma
más denso en el cuarto.
Sin embargo, no paramos ahí. Luana se tumbóboca arriba con una lentitud
deliberada. Abrió las piernas, exponiendo su concha depilada que
brillaba por la humedad fresca, y yo me coloqué sobre ella en posición
misionero. Penetré despacio, centímetro a centímetro, y sentí cada
detalle de su interior cálido y apretado que me envolvía como un guante
perfecto. Mariana, mientras tanto, se sentó en la cara de Luana.
Restregó su culo generoso contra la boca de mi hermana con movimientos
circulares y pausados, y Luana lamió con avidez inmediata. Alternó entre
el ano apretado y la concha hinchada, saboreó los sabores mezclados con
lengüetazos largos que hacían gemir a la tía.
Yo embestí lento, con empujones profundos quese espaciaban en el
tiempo, y miré la escena con fascinación. El culo de la tía se presionó
con firmeza contra el rostro de Luana, ahogó los gemidos amortiguados
que vibraban a través de su cuerpo, y creó una imagen obscena que me
calentaba más con cada segundo.
Luego, cambiamos roles para equilibrar elplacer. Mariana se tumbó en la
cama con la misma tranquilidad. Extendió las piernas gruesas, invitó a
la penetración con una mirada cargada de lujuria, y yo la penetré en
misionero con la misma lentitud anterior. Sentí la profundidad de su
interior, sus paredes que me apretaban con una fuerza madura y húmeda, y
cada embestida se prolongó como si el tiempo se detuviera.
Luana, por su lado, se sentó en la cara de latía. Frotó su culo con
círculos pausados y amplios, restregó la piel suave contra los labios de
Mariana, y jadeó alto con cada roce. Miré cómo Luana giraba las caderas
con deliberación, cómo su pelo castaño caía en cascada sobre la espalda,
cómo sus ojos claros irradiaban lascivia, y cómo los gemidos de la tía
se amortiguaban bajo ese peso delicioso.
Más adelante, innovamos más para explorarnuevos ángulos. Luana se
colocó a cuatro patas sobre la cama. Elevó el culo pomposo y firme,
separó las piernas lo suficiente para exponer su concha rosada, y yo la
penetré desde atrás con un empujón inicial suave. Embestí con ritmo
lento, salí casi por completo y entré de nuevo, y sentí cómo sus paredes
se contraían alrededor de mi pija.
—¿Ves quién se coge a quién? —le dije, comopara provocarla, pero solo
conseguía que se calentara más.
Mariana se tumbó debajo de ella con agilidad.Posicionó la cabeza justo
bajo la unión de nuestros cuerpos, lamió el clítoris de Luana con
lengüetazos precisos y pausados, y el contacto de su lengua rozó mi pija
ocasionalmente. Ese toque eléctrico me hizo gemir bajo, envió ondas de
placer por mi espina, e intensificó cada movimiento.
Después de eso, Mariana tomó el turno acuatro patas. Se arrodilló con
gracia, presentó su culo generoso que se extendía ante mí como una
tentación irresistible, y yo la follé despacio desde atrás. Sentí cómo
chocaba contra mis caderas con cada embestida, cómo la carne temblaba
con un rebote suave, y Luana se colocó debajo de la misma manera. Lamió
el clítoris de la tía con dedicación, succionó mis bolas con una boca
caliente y húmeda que envolvía una a una, y creó una cadena de
sensaciones que nos unía a los tres en un ritmo compartido.
En un momento, Mariana tomó el frasco delubricante con mano firme, untó
mi pija con una capa generosa y resbaladiza que brillaba bajo la luz
tenue, y me guio hacia el ano de Luana con precisión. No me olvidaba de
que la primera vez que lo intentamos se había negado.
—Solo un poco —murmuró mi hermana entonces.
Empujé, y el glande se abrió paso por esepequeño anillo de cuero. La
tía me apretaba la pija, como si temiera que se la hundiera por completo
y la lastimara.
—Tranquila, no te la voy a meter toda —ledije a Luana, retirando unos
centímetros solo para después hundírsela de nuevo—. Ya veo que te gusta
que te la den por el orto. Solo hace falta que te acostumbres.
—¡Ay! Callate tarado. Y sacame eso ya —sequejó ella.
Yo lo retiré, tratando de memorizar cadadetalle de esa corta pero
morbosa invasión al ojete de mi hermana mayor.
No recuerdo cuántas veces acabamos, perotodos lo hicimos al menos tres
veces. Después de esa maratón sexual, quedé completamente fusilado, sin
apenas poder moverme. Ni siquiera me di cuenta de en qué momento me
quedé dormido. Me desperté a la madrugada. Encendí la luz, y las vi a
las dos, totalmente en pelotas, durmiendo plácidamente. La tía Mariana
estaba boca arriba, con las enormes tetas cayendo suavemente a los
lados. Luana estaba de costado, abrazándola, en una pose casi fetal. Se
veían enternecedoras.

Pensé otra vez en mamá, en que haría sientrara al cuarto y nos vería a
todos. Se volvería loca la pobre. Pero, por otra parte, quizás sería el
empujoncito que necesitaba para aceptar que deseaba que yo me la
cogiera.
Me prometí que al otro día me la volvería acoger.
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