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Me cogí a tu mejor amigo ¿Crees poder cogerme mejor?

Llegas a casa, después de cinco días de ausencia debido a un viaje de trabajo demasiado importante como para negarte a hacerlo. Me miras, tu linda novia, la mujer perfecta, 1.65 mts, delgada, castaña, tez avellana. Llevo una linda falda de cuadros, gris y negra, con mi blusa negra de cuello de tortuga, medias negras y tacones Te miro, con mis ojos grandes, te sonrió y te recibo con un beso tierno, me cargas un segundo en ese abrazo. Recuerdas lo afortunado que eres por tenerme, 6 años de relación, 3 años viviendo juntos, pareciera que a sus 29 años, ambos ya conocimos al amor de nuestra vida.

Me cogí a tu mejor amigo ¿Crees poder cogerme mejor?

-Te extrañe mucho mi amor- Me oyes decir.
-Y yo a ti.
-Ven, te prepare algo rico de cenar.

Entre la comida y el vino me cuentas todos los detalles del viaje, los malos momentos en el trabajo, lo que pudiste conocer, tu hartazgo contra tu jefe. Yo te miro con atención, la conversación avanza y mi mirada va cambiando, primero felicidad y ternura; después un poco de deseo y perversión, apenas la notas pero reconoces mi deseo, que extraño tenerte, reconoces que después de tantos meses de estrés, me has descuidado por decir lo menos; al final mi mirada sigue cambiando, se pone seria y por último incomoda, como si tuviera algo que decirte. Lo ignoras pero sabes que pasa algo raro.


Me besas intensamente, pero notas mi incomodidad, no puedo responderte ese beso, no lo entiendes, pero no estás dispuesto a discutir.

-Estoy muy cansado del viaje.
-Lo sé, ve a la cama. ..

Entras al cuarto, enciendes la luz, te quitas el saco, la corbata... y de repente lo ves, debajo de la cama, algo brillante. Te agachas y ves ese reloj que muchas veces has visto antes. El enojo se apodera de ti, lo entiendes al instante, sabes qué pasó y sólo imaginas cómo paso. Firmemente caminas de vuelta a la cocina.

-Qué chingados hacia Daniel aquí.

Me avientas el reloj...

-No mi amor, déjame explicarte...
-No me expliques nada, puta...
-Amor, no es lo que parece.
-Te lo cogiste, ¿no?, pinche puta

De estar sorprendida paso a estar seria. Levanto la mirada sin titubear, sin tenerte miedo y con un tono de egolatría y fanfarrones...

-Sí, me cogí a tu mejor amigo...

No tengo signos de arrepentimiento o de vergüenza.

-¿Qué esperabas si no me has tocado en 6 meses?. Ni siquiera puedes hacer que se te pare.

Mi tono y mirada te achican.

-Ya te explique, el estrés y el cansancio no me dejan...

Me acerco tanto a ti que te acorralo contra la pared.

-No me vengas a reclamar nada. Me disculpo por lo que hice, pero no me arrepiento, necesitaba un hombre que me tocara y me deseara, tú hace mucho no puedes ser ese hombre. Te amo y no quiero separarme de ti, solo fue algo de una vez, algo que necesitaba y que no tiene que pasar de nuevo.

Me doy la media vuelta, tu tomas mi brazo y me jalas con fuerza.

-¿Y qué así nada más ya te libras?
-Sí-Respondo con mi tono petulante del inicio.
-¿Te cogió en mi cama?¿en mi departamento?

Con una mirada coqueta y mordiendo mi labio... - Sí, él sí me aprovecho, mi amor jajaja.

-Que zorra eres

Me jalas más del brazo y siento tu entrepierna, comienza a ponerse dura y me doy cuenta que esto te gusta más de lo que debería. Te sorprendo poniendo mi mano en tu verga.

-¿Qué? ¿imaginaste como me veía?

Te pones nervioso, te confundes no entiendes porque te gusta imaginarlo.

-¿Qué más quieres saber?- Te digo -¿Quieres que te cuente como me cogió un macho de verdad? en cuanto lo toque ya la tenia durísima y muy parada. No como tú mi amor.

El nervio se disipa. Retomas la compostura, el enojo vuelve un poco y me avientas contra la barra de la cocina, me dejas empinada...

-Ay...
-Maldita puta...

Recoges mi falda y mi das una nalgada firme, no puedo evitar soltar un gemido después de eso.


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-¿Te gusto cogértelo?

Otra nalgada...

-Sí...

Otra

-Me cogió muy rico... ¿te gusta saberlo? ¿otro macho me cogió durísimo?

Te agachas un poco frente a mi solo para tomar mis medias y romperlas completamente, descubres mi culo completo, mis medias quedan destruidas, siguen cubriendo mis piernas, pero el resto está libre, miras mis bragas negras de encaje, me sorprendo con tanta fuerza y mi respiración se agita.

-¿La tenía más grande que yo?
-No... tú eres demasiado grande.

Me tomas del pelo para levantarme y me pones de rodillas... con mucha seguridad e incluso una risa burlesqua, abres tu cinturón y pantalón. Me rio y me acerco a ti gateando, con mi mano comienzo a tocar sobre tu pantalón y siento lo duro y grande de tu miembro. Con mi mano, saco tu pene enorme y duro, mi rostro sólo se llena de deseo al verlo, puedes notar como me excite de inmediato al verte listo.

-Daniel no la tiene tan grande mi amor.

Te ríes porque sabes que, a pesar de impotente, eres tan dotado que no me puedo resistir al ver tus 21cm tan cerca de mi. La tomo y abro grande mi boca para comenzar a chupártela.


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-¿Así se la mamaste a Daniel?
-hjum- asiento con la boca llena y luego la saco.
-Sí mi amor, se la chupe riquísimo antes de empezar, se notaba que nadie se la había chupado como yo.
-Es que conmigo tienes mucha experiencia- Dices mientras empujas mi boca completa y me ahogas.

Apenas puedo con tanto, tenía mucho sin tener la sensación de tu pene y sabes lo difícil que es para mí, mis ojos se ponen llorosos y el rímel se corre. sin embargo mi garganta se acostumbra, empiezo a chuparla como nunca, te lleno de mi saliva y cada vez resbala más fácil.

Me tomas del pelo y haces mi cabeza hacia atrás mientras sacas tu pene de mi boca. Me ves y me das una cachetada.

-¿Y más gruesa quien gana?


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Yo te volteo a ver, encantada, feliz.

-Tú también... pero no solo es el tamaño, me cogió muy rico Daniel...

Lo digo mientras me rio un poco y muestro una cara picara. Me levantas y me quitas la blusa rápido, me subes a la barra y te quitas el pantalón por completo. Comienzas a besar mi pecho y escote, no aguanto más, me quito el brassier, te las ofrezco todas mis tetas para ti, comienzas a besarlas y chuparlas, me quedo solo con la falda levantada, las medias rotas y los tacones puestos, con tus dedos te abres paso en mi vagina, ya empapada. Me chupas los pechos, muerdes levemente mis pezones, mientras con tus dedos acaricias mis labios, un dedo o dos de repente entran, a veces los sacas y acaricias mi clítoris, mis gemidos aumentan, mis piernas se tensan, te tomo fuerte contra mi y escuchas un único gemido fuerte, señal del gran orgasmo que me acabas de dar. Escuchas mi respiración agitada...


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-Gracias... ahh, gracias.
-¿Así te hizo venir Daniel?

De nuevo me rio un poco y utilizo mi tono fanfarrón... ya me di cuenta cuánto te excita que te cuente todo esto...

-Sí, así me hizo venir y muchas veces jajaja

Sonríes, tomas mis piernas y las levantas al aire, pones tu pene en la entrada de mi vagina y sin previo aviso, siento como me penetras hasta el fondo en una embestida. Suelto un gemido fuerte...

-Dios, amor, que rico...

Gimo más y más fuerte. Noto como tú también te emocionas y aumentas el ritmo, no puedes evitar soltar un par de gemidos, mientras me sientes completa mientras yo entierro mis uñas en tu espalda.


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-Que rico me coges, así, mucho más rico que Daniel, sigue, sigue...

Mis gemidos se escuchan muy fuertes, sabes que incluso los vecinos podrían estarnos escuchando pero no te importa. Me doy cuenta lo cerca que estás, la sacas un momento para intentar no terminar. Me levanto y te llevo al sillón, te siento y entonces me subo a montarte. Empiezo a saltar.


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-Ya casi me vengo
-Ya mi amor, quiero que termines, lléname, ahh, por favor
-¿Daniel terminó dentro?
-No, sólo tú tienes ese permiso amor, sólo tú me puedes dejar llena de leche.

Tomas mi culo y me ayudas, te salto más y más rápido, mis gemidos se intensifican más y más.

-¿Quieres que te deje escurriendo?
-Sí mi amor, por favor ahh...

Lo hago tan rápido como puedo, siento como tu cuerpo se paraliza y mientras salto te siento estallar dentro de mi, una cantidad enorme de semen se llena, dejo de saltar para sentir y mi cuerpo en ese momento decide llegar por segunda vez al orgasmo... Me acuesto en tu pecho, agotada.

-Aún no terminamos... dices, mientras me muerdo el labio sabiendo que estaremos así el resto de la noche.


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