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¿Que me llene toda cornudo? - Cap 2

¿Que me llene toda cornudo? - Cap 2


—Llenita de trabajo, mi amor. ¿De qué otra cosa va a ser, sino? —respondió ella con una risita antes de besarle la espalda y soltarle la pija de golpe—. Apurate con la ducha, que se me hace tarde.


—Nah, Flor, no me podés dejar así; mirá cómo la tengo —intentó voltearse en la ducha, pero Flor no le prestó atención.

—Dale, mi amor, no tengo tiempo ahora para hacerte una paja. En una hora me busca Caro y todavía me tengo que maquillar y ver qué me voy a poner —comentó en un tono levemente cansado—. No sabés, Caro se hizo las lolas —soltó una risita nerviosa—. Le quedaron re bien, se las hizo como se las hacen ahora, que es un poco más caro y el postoperatorio es más largo: te ponen las prótesis por debajo del músculo y te quedan como si fueran naturales. Te morís si las ves.

—Mirá vos a la Carito: se separó, empezó a salir y ahora se hizo las tetas. ¿Y qué onda? ¿Se las viste?

—Mandó fotos al grupo que tenemos con las chicas y ahora la mitad se quiere hacer las tetas… yo incluida —dijo en tono de broma—. Ahora, cuando salga de la ducha, te muestro.

—¿Las tetas de Caro? Pero Flor, ¿Cómo le voy a ver las tetas a tu amiga? Estás loca. Todo bien con la curiosidad y demás, pero capaz que ella ni quiere que se las vea, menos el novio de su amiga. No sé.

—No pasa nada, gordo, no es como si no hubieras visto tetas antes. Además, estoy segura de que Caro, con el escote que lleva puesto esta noche, lo último que quiere hacer es ocultarlas. Ella siempre tuvo complejo con sus tetas; ahora solamente quiere excusas para sacarlas a pasear, qué yegua —dijo, riendo para sí como si estuviera recordando algo.

—Y no sé, es un montón. Es como que Lucas y Franco te miren cuando vienen a comer asado a casa; no da, ni en pedo —dijo Martín con el miembro en la mano.

Se produjo un silencio tan breve que podría fácilmente confundirse con duda; quizás no pasó. Pero Martín percibió cómo Flor se tomó un momento ínfimo antes de responder lo siguiente:

—Dale, Martín, ¿vos de verdad pensás que Lucas y Franco nunca me ficharon el culo? Son hombres. Sí, son tus amigos, pero son hombres: todos miran un poco, tenés que relajarte. Además, mirar no es delito, vos y yo ya lo hablamos antes —dijo al mismo tiempo que comenzaba a enjuagarse la cabeza.

—Me gustaría pensar que mis amigos no son tan forros. Si me preguntás, sí, es natural hasta cierto punto; supongo que no me molestaría que lo hicieran alguna que otra vez, francamente, pero no soportaría que lo hagan delante mío, sería una falta de respeto total. Mínimo que disimulen, que vos tampoco te des cuenta —dijo Martín, agregando una pausa larga.

Flor decidió no emitir ningún comentario y continuó lavándose el pelo. La tensión comenzaba a acumularse como agua en una bañera y, a pesar de la particularidad de bañarse a oscuras, ambos podían percibirla en el ambiente. Una tensión poco común: era una mezcla de sexo y calentura, con una conversación que podría terminar de forma agria si las palabras elegidas no fueran las correctas.

Antes de que Martín hiciera cualquier comentario, Flor se volvió a acercar por detrás de él y lo abrazó firmemente, como si supiera a lo que iba. Con la mano izquierda rodeó su torso y con la derecha, que se sentía pequeña por su tamaño, rodeó firmemente el tronco de su miembro. Como si eso fuera algo cotidiano, como ordeñar una vaca, el movimiento maquinal y firme de su novia denotaba que tenía gran experiencia haciendo ese tipo de maniobras.

—Bueno, capaz te puedo sacar la leche antes de irme, así te dejo relajado y no me esperas hasta tarde —lo mordió de forma sexy en la espalda—. Me la tragaría toda, gordo, pero hoy estoy cansada.

Martín percibió cómo de repente su novia había cambiado de parecer en el momento en que trajo el tema de sus amigos. Antes estaba apurada y no llegaba para irse de fiesta con sus amigas, y ahora, de la nada misma, quería hacerle una paja. Martín dudó unos largos segundos; Flor no era el tipo de mujer que le generara desconfianza, pero era innegable que ella no se sentía del todo cómoda con la situación. «Normalmente ella me contaría todo», pensó.

—¿Alguna vez los enganchaste fichándote el culo?

Flor suspiró levemente, algo que hubiera pasado desapercibido entre el ruido de la ducha y los vapores, pero cometió el error de hacerlo sobre su espalda y luego aumentó la velocidad con la que le hacía la paja, casi como intentando esquivar el tema con sexo. A Martín esto ya le parecía algo más obvio, y estaba tan caliente por cómo lo ordeñaba su novia que solo pudo dejarse llevar un poco; así, su pregunta perdió autoridad y ganó timidez.

—Mmm, ¿estás seguro de que querés saber eso? —dijo Flor, comenzando a agitarse por el esfuerzo.

La calentura en el ambiente aumentó: entre la ducha caliente de Martín y ambos cuerpos, el sexo pareció volverse una escena intensa. Flor estaba compenetrada en hacer acabar a Martín, y este intentaba luchar por mantener algo de seriedad y sacarle información a la rubia tetona de su novia.

—Sí, Flor, vos misma dijiste que mirar no es delito.

—Ya sé, ya sé, pero en dos semanas hacen asado acá y no tengo ganas de que canceles un día tuyo —encima tu cumple— porque te enteraste de que un amigo mío me miró el culo alguna vez; realmente no importa. Además, vamos a estar en la pileta, todos con poca ropa.

—No pasa nada, decime.

—¿Qué querés saber? —dijo Flor con el tono agitado.

La situación a Martín se le estaba yendo de las manos; estaba confundido. No podía entender cómo esta situación de preguntas lo podía calentar tanto. Se estaba esforzando para aguantar cuando normalmente no tiene problemas para esto, especialmente en esta situación, donde se jugaba la lealtad de su mujer y su amigo. Esto lo estaba poniendo nervioso y más caliente. Flor notó algo.

—Si uno de los pibes te fichó el culo o no, Florencia; lo entendiste bien, no des vueltas.

—Hace tiempo que no te la siento tan dura, ¿qué pasa que estás tan caliente? Y eso que todavía no viste las tetas de Caro —dijo agitada, soltando una risa como si hubiera hecho un chiste para ella misma, y rápidamente volvió a concentrarse en su tarea.

Él conocía a su mujer: además de tener un cuerpo descomunal, hecho para reventar contra un mueble por cualquier tipo, en cuanto a sexo respecta era un demonio. No tenía problema en decir y hacer cosas con el fin de hacerlo calentar a Martín, en tanto esté dentro de los límites de su relación.

Se hizo un silencio. Martín retorcía sus piernas para no acabar, aunque Florencia a esta altura sabía muy bien que poseía todo el poder; así que, bajando un poco el ritmo, pero sin dejar que Martín dejara de retorcerse, le dijo:

—Lucas, ¿te acordás el verano pasado? Que fuimos unos días al Tigre, que vino Lucas —lo pajeó más fuerte tras soltar este nombre—, también estaba Mariano, su novia, Cande de la vete y Marcos. Bueno, cuando todos se fueron en la lancha a buscar mercadería, Lucas y yo nos quedamos charlando en la cabaña y bueno, sí…

—¿Y bueno, sí qué, Flor?… ¿Te fichó el orto?

—Nada, eso, que estábamos jugando un truco, charlando, tomando unas birras, hacía mucho calor ese día, te acordás que vos te metiste al río y viste una serpiente de agua. Bueno, yo tenía la parte de arriba de la bikini, la celeste que son dos triángulos muy chicos
—y es tu culpa además —lo masturbó más fuerte mientras decía esto último en un tono falsamente caprichoso, beboteando

—Vos me compraste la bikini celeste…y bueno, ahí lo enganché, mirando de lleno las dos lolas en un momento. Hacía un calor en esa cabaña, yo transpiraba y las gotas de sudor me caían por encima de las tetas, entre medio; para colmo, con las cremas que me pongo, el sudor adquirió un aspecto más lechoso, terrible pobre chico —dijo con un tono falsamente serio y juguetón

Martin no podía creer lo que su novia le decía, al mismo tiempo que esto era lo más caliente que había vivido en mucho tiempo.

—Aunque me sorprendió que mire tanto y, como me pareció que no notó que lo había enganchado mirándome, le hice un comentario boludo. Se rió y se puso un poco nervioso.

—¿Qué le dijiste? —dijo Martín con una voz muy baja, apenas audible sobre el ruido de la ducha.

—Nada, una boludez —rió como si recordara algo—. Que si quería que le preste mi bikini, que me la pida, y él… me dijo que yo tenía más para sostener que él. Después, se ve que para desviar el tema y ser más caballeroso, me preguntó por qué elegimos las bikinis las mujeres. A lo que yo le dije que esta no la había elegido yo, que la habías elegido vos, que le habías errado al talle pidiendo a China y que llegó chiquitita. Yo le dije que me gustaba igual, aunque me las agarre poco; después me preguntó de qué tela era, le mostré y ahí quedó. No pasó nada raro.

—¿Le mostraste la tela? ¿Y cómo? —intentó voltear para hablar de frente, más seriamente con Flor, pero esta no lo dejó.

—Nada, yo tenía el short puesto, ese que es corto, pero lo tenía abierto en la parte de adelante, sin cierre y un poco bajo; se me veía la bikini celeste abajo y, para no hacerle tocar la tela finita y chiquita de la parte de arriba —porque te repito, son dos triángulos que sostienen, después es elástico—, le dije que toque la parte de abajo, que ahí tenía más tela.

—¿Pero tocó Florencia? —Intentó traer seriedad, pero Flor lo tenía dominado desde la pija

—Mmm, sí… Me acerqué del otro lado de la mesa, me incliné un poco para adelante levantando las caderas y saqué uno de los costados de la bikini, y con la mano derecha sintió el calor de la tela entre los dedos y un poco de mi piel, pero nada serio.

Martín se mordió el labio de abajo entre bronca y calentura, su imaginación seguía la escena que describía Flor en su cabeza. Hasta desvirtuarse

—Martín, yo te cuento estas cosas porque confío en vos y no quiero empezar a guardarte secretos, no tenés que enojarte, ¿sí? Tampoco es que me manoteó una lola o me llenó la concha de leche.

—Uf, pero bien que hubiera querido —dijo Martín, susurrando para sí, a punto de entrar al éxtasis, viajando en su imaginación.

Florencia, un poco confundida y sintiendo cómo Martín estaba llegando al clímax, arriesgó sin saber con claridad si había oído bien; decidió jugársela, fiel a su naturaleza y aprovechando que su novio estaba caliente.

—Mirá lo dura que la tenés, hace tiempo que no te siento así, y eso que todavía no te conté la otra, esa es peor—le dijo con una voz baja, pausada y caliente, apenas audible para Martín.

Flor notó cómo esto le había puesto la pija como un garrote a Martín; le pareció algo tan nuevo y fascinante cómo su novio podía calentarse con una situación así, sabiendo que tenía tantas historias similares.

—Te contaría, pero me parece que si apenas aguantas que te cuente la de Lucas y mirá cómo te ponés, menos vas a aguantar cuando te cuente la otra, mi amor.

—Contame —fue lo único que alcanzó a decir.

—A ver si te aguantas la leche adentro cuando te cuente lo que hizo tu amigo Franco cuando se cortó la luz hace unos años —dijo riendo, un poco nerviosa por lo jugado de sus palabras, pero sabiendo con seguridad que a Martín lo estaba calentando por encima de lo normal aquella situación.

—¿La de Franco? —repitió, sintiendo que el agua caliente ya no lo abrigaba nada y el pecho se le contraía

—Mmm-hmm —respondió ella con esa voz pausada y juguetona que encendía a cualquiera y a el lo destruía al mismo tiempo—. ¿Estás seguro de que querés saber, qué hizo tu amigo electricista cuando nos quedamos sin luz, hace unos años?




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Escrito por Tatiana Herrera.
Escritora y Hotwife a tiempo completo. 💋

Historia basada en un testimonio real.
Nombres y detalles modificados por discreción.

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1 comentarios - ¿Que me llene toda cornudo? - Cap 2

Four214 +1
me encanto quiero más, nos vemos en cafecito linda
underthegun_sex
Me alegro que te gustara cornudo💋