
Luego de nuestro primer encuentro, seguimos hablando por Facebook. Me dijo que quería verme urgente. Le dije que no podía y me preguntó si acaso no me había gustado lo rico que la pasamos; yo le dije que sí, que me había gustado y mucho. El problema era que no tenía dinero y no quería contarle eso, pero como me insistía, me tocó decirle la verdad: le dije que no tenía dinero, a lo que me respondió que no me preocupara por eso.
Me citó ese mismo día a un hotel cinco estrellas, el más top de la ciudad. Cuando llegué, me estaba esperando en la parte de afuera con el dinero del taxi; tenía puesto su uniforme de enfermera y se veía muy sexy. Subimos a la habitación, que era de lujo, del tamaño del departamento donde yo vivía. Me dio unos condones (hasta eso compró) y me dijo que me quedara tranquilo, que ya había pagado dos días por adelantado. Su uniforme le quedaba muy ajustado; al quitárselo, llevaba ropa interior de encaje con un hilo que le hacía ver un culo gigante. Luego se quitó el brasier, mostrando sus senos hermosos y sus pezones duros como un torpedo.
Empecé a chuparlos, lamerlos y succionarlos. Mientras hacía eso, ella me agarraba el pene por encima del pantalón y se me iba poniendo cada vez más duro. Me tiró en la cama, me bajó el pantalón y el bóxer, y empezó a lamerme los testículos mientras me masturbaba con la mano. Me quité la camisa e hicimos el 69: mientras ella me practicaba sexo oral, yo también se lo realizaba a ella. Le lamía los labios mientras le metía el dedo índice en la vagina; gritaba de placer: «Papi, me lo haces muy rico».
Se dio la vuelta y me dijo que no aguantaba más. Se subió encima de mí y empezó a cabalgar mi verga; estaba toda mojada y gritaba de placer: «Soy tu perra», «Soy tu enfermera puta». Subió las piernas y le di verga superduro. Me dijo que se venía, le temblaban las piernas y yo sentí que también me venía. Le di tan duro que se rompió el condón, pero no me importó; ella se orinó y le seguí metiendo mi verga dura cada vez más rápido, hasta que nos vinimos al mismo tiempo.
Nos quedamos acostados, ella encima de mí. Fue lo más rico que me había pasado; nos besamos y nos quedamos dormidos desnudos.
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