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Maria Becerra y Nicki Nicole más unidas que nunca

El sol de marzo caía pesado sobre el Hipódromo de San Isidro, donde el Lollapalooza Argentina estaba en pleno furor. Miles de pibes y minas gritaban al ritmo de la música, con el aire cargado de olor a choripán y birra. Entre las estrellas del lineup, María Becerra y Nicki Nicole eran dos de las más esperadas. 

María había subido al escenario principal con un outfit que dejaba poco a la imaginación: un top ajustado que marcaba sus curvas y unos shorts que destacaban sus piernas tonificadas. Cantó hits como "High" y "Animal", haciendo que la multitud enloqueciera, saltando y coreando cada verso. Ella, con su melena suelta y esa mirada picante, generaba una confianza que hacía que todos la quisieran.

Maria Becerra y Nicki Nicole más unidas que nunca

Un rato después, fue el turno de Nicki. La rosarina entró con todo, vestida con un conjunto brillante que acentuaba su figura delgada pero sensual, pantalones ajustados que realzaban su cola. Su voz rasposa y sus letras crudas en temas como "Wapo Traketero" y "No Toque Mi Naik" pusieron a la gente a bailar como locos. Nicki se movía con una gracia felina, sudando bajo las luces, y cada gesto suyo parecía una invitación al descontrol. Ambas actuaciones fueron épicas, y el público las ovacionó como reinas.

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En el backstage, el caos era total: managers corriendo, botellas de agua volando y un olor a sudor mezclado con perfume caro. María acababa de bajar del escenario, todavía agitada, con el corazón latiéndole a mil. Se estaba secando la frente con una toalla cuando vio a Nicki acercándose, con una sonrisa cansada pero radiante. 

- ¡Che, Nicki! ¡Qué show boluda, rompiste todo! -, exclamó María, abriendo los brazos para un abrazo rápido. Nicki la apretó contra sí, sintiendo el calor de su cuerpo aún vibrante por la adrenalina.

- ¡María, reina! Vos también, estuviste tremenda. Estás re diosa, como siempre -, respondió Nicki con un guiño, soltando un piropo mínimo pero cargado de cariño. Se miraron un segundo de más, con complicidad. 

- Nos vemos pronto, che. Descansá que mañana seguimos rompiéndola -, dijo María, dándole un beso en la mejilla antes de que sus equipos las separaran. Se despidieron con una risa compartida, pero algo en el aire quedó flotando, como una promesa no dicha.

Esa misma noche, después del festival, ambas llegaron al hotel de lujo en Palermo, uno de esos lugares con pileta infinita, spa y vistas al Río de la Plata. El lobby era un sueño: mármol brillante, sillones de cuero y un chandelier que iluminaba todo con luz dorada. María entró primero, con su valija rodando detrás, vestida ahora con un jogging holgado pero que igual marcaba su silueta curvilínea. Pidió su llave en recepción, cansada pero satisfecha. Justo cuando se daba vuelta, vio a Nicki entrando por la puerta giratoria, con el pelo recogido en una cola alta y un vestido suelto que dejaba ver sus hombros bronceados.

- ¡No lo puedo creer! ¿Vos también acá, boluda? -, soltó María con una carcajada sorprendida, acercándose para otro abrazo. Nicki abrió los ojos grandes, igual de asombrada. - ¡María! ¿En serio? Pensé que te ibas a otro lado. Qué lindo cruzarte de nuevo, che. Este hotel es un lujo, ¿no? Perfecto para desconectar después del quilombo del Lolla -. 

Charlaron un rato sobre el festival, riéndose de anécdotas tontas como un fan que se había subido al escenario. - Bueno, nos vemos mañana en el desayuno, ¿dale? -, dijo Nicki, pero María notó que su mirada se demoraba un poco en su escote. Se despidieron y cada una subió a su habitación, pero el destino parecía tener otros planes.

Más tarde esa noche, María no podía dormir. El subidón del show la tenía inquieta, así que bajó al bar del hotel, un rincón íntimo con luces tenues, sillones de terciopelo y un bartender que preparaba cocktails de autor. Pidió un gin tonic, sentada en la barra, scrolleando el celu. De repente, oyó una voz familiar: - ¡María! ¿Vos tampoco podés pegar un ojo? -. Era Nicki, apareciendo con un shortcito corto y una remera oversized, descalza como si estuviera en su casa. - Vení, sentate conmigo, boluda. Pidamos algo fuerte para bajar revoluciones -

Se sentaron juntas en un lugar apartado, y el bartender les sirvió unos tragos con vodka y jugo de frutas, bien fríos. Empezaron charlando del festival: - Che, ¿viste cómo la gente se volvió loca con tu set? Sos una bestia arriba del escenario -, dijo María, alzando su copa. Nicki rió, sonrojándose un poco. - Vos también, María. Esa energía tuya... me encanta. Hacés que todo parezca fácil -

Un trago llevó a otro, y pronto estaban riendo a carcajadas, contando historias de giras pasadas. Nicki, que siempre era más extrovertida, empezó a ponerse mimosa con el alcohol: se acercaba más, tocaba el brazo de María al hablar, y sus ojos brillaban con un toque juguetón. 

- Sabés que sos re linda, ¿no? Con esa sonrisa tuya, conquistás a cualquiera -, soltó Nicki, ya con la voz un poco pastosa. María, que había tomado menos, se reía pero sentía un cosquilleo: - Boluda, pará, que me ponés colorada. Vos tampoco te quedás atrás, con esa carita de traviesa -

De pronto, un tipo se acercó, un fanático típico: alto, con remera del Lolla y el celu en la mano. - ¡Chicas! ¡Soy fan de las dos! ¿Puedo sacarme una foto? ¡Son las diosas de la escena argentina! -. Ellas, ya entonadas, accedieron con una sonrisa.

Posaron juntas, con él en el medio, pero el pibe aprovechó el momento: su mano se deslizó disimuladamente por la cintura de Nicki, bajando un poco hacia su cola, y rozó el muslo de María. Nicki, en su estado de ebriedad, no se inmutó mucho; hasta soltó una risita, como si fuera parte del juego. Pero María, más sobria, se tensó y lo apartó con firmeza. - Ey, boludo, pará la mano. Tengo novio, ¿sabés? No seas irrespetuoso -

El tipo se disculpó a medias, con una sonrisa pícara: - Perdón, chicas, es que son irresistibles -. Miró a Nicki y le guiñó un ojo: - Acá te dejo mi número, linda. Si querés pasarla bien, llamame -. Le pasó un papelito y se fue, dejando un silencio incómodo. Nicki lo guardó en su bolsillo sin mucho drama, pero María sacudió la cabeza: - Qué boludo. Vámonos de acá, boluda. Subamos a la habitación, que ya es tarde y estamos re pedo -

Caminaron por el pasillo alfombrado, apoyándose una en la otra, riendo de lo absurdo. Llegaron a la puerta de María, una suite amplia con una cama enorme, jacuzzi y vistas a la ciudad. - Entrá un rato, Nicki. No te vas a ir sola en este estado -, invitó María, abriendo la puerta. 

Nicki entró tambaleando, y sin pensarlo dos veces, empezó a quitarse la ropa: se sacó la remera, revelando un corpiño negro de encaje que apenas contenía sus pechos firmes, y luego los shorts, quedando en tanga a juego. - Uf, qué calor, che. Me muero de sueño -, murmuró, tirándose en la cama boca arriba, con el cuerpo expuesto y relajado.

María se quedó mirando un segundo, sintiendo un calor subiendo por su cuello. Nicki estaba ahí, semidesnuda, con la piel suave iluminada por la luz tenue, sus curvas invitantes. - Boluda, ¿qué hacés? Ponete algo -, dijo María, pero con una sonrisa nerviosa Nicki no respondió. 

Se cambió ella también a un pijama corto, y se acostó al lado. Nicki, medio dormida, se acurrucó contra ella: - Vení, abrazame, María. Hacés calorcito -. María la rodeó con un brazo, sintiendo la suavidad de su piel contra la suya, sus pechos presionando ligeramente. Pasaron la noche así, abrazadas, con el aliento de Nicki cálido en su cuello.

La luz del sol se colaba por las cortinas entreabiertas de la suite, bañando la habitación en un tono dorado suave. Nicki abrió los ojos despacio, con la cabeza latiéndole como si tuviera un tambor adentro. - La puta madre… qué pedo me mandé anoche -, murmuró, llevándose una mano a la sien. Estaba todavía en la cama de María, envuelta en las sábanas revueltas, con el corpiño negro de encaje torcido y la tanga apenas cubriéndole lo justo.

Se incorporó despacio y vio a María en el otro extremo de la habitación, cerca del jacuzzi. Estaba descalza, con un shortcito de algodón gris y una remerita corta que dejaba ver su ombligo y la curva de su cintura. Llenaba el jacuzzi con agua caliente, echando sales de baño que empezaban a hacer espuma blanca y perfumada. El vapor ya subía, y María tarareaba bajito una de sus propias canciones, moviéndose con esa gracia natural que tenía.

Nicki se levantó de la cama, tambaleando un poco, y empezó a buscar su ropa tirada por el piso. Se puso los shorts cortitos y la remera oversized, sintiendo cómo el dolor de cabeza le martillaba. - ¿Qué hora es, boluda? Me siento como si me hubiera pasado un camión por encima -, dijo con voz ronca, rascándose la nuca.

María se dio vuelta, sonriendo con ternura. - Las nueve y pico, dormilona. Vení, sentate un segundo. Te preparo un café o algo, mirá cómo estás -. Se acercó y le acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja. - Anoche te pasaste de copas, che. Te dije que pases a la habitación, te sacaste toda la ropa sin drama y te metiste en mi cama como si fuera la tuya. Yo me acosté al lado y… bueno, nos quedamos abrazadas toda la noche. Nada más, tranqui -

Nicki se puso colorada al instante, tapándose la cara con las manos. - ¡Nooo, qué vergüenza! ¿En serio hice eso? Ay, María, perdoname… estaba re en pedo -. María se rió suave, negando con la cabeza.

- No pasa nada, boluda. Fue lindo, la verdad. Me gustó tenerte cerquita -. Hizo una pausa, mirándola con picardía. - Después del desayuno, ¿te metés conmigo al jacuzzi? Está quedando divino, mirá el agua caliente con espuma… ideal para curarte esa resaca -

Nicki sonrió, todavía sonrojada pero con un brillo en los ojos. - Dale, me tienta. Voy a mi habitación a buscar el bikini y vuelvo. No me tardo -

Bajaron a desayunar al restaurante del hotel: medialunas recién horneadas, café con leche, jugo de naranja y algo de fruta. Comieron casi en silencio, todavía con la resaca flotando, pero cruzándose miradas cómplices cada tanto. Nicki se sentía más liviana con cada sorbo de café, y María no dejaba de observarla: cómo se mordía el labio inferior cuando pensaba, cómo se le marcaban los hoyuelos al sonreír.

Volvieron a la suite de María. Nicki entró primero, con una mochilita donde traía el bikini. - Ya estoy, che. ¿Dónde me cambio? -. María señaló el baño con la cabeza, pero Nicki, con una sonrisa traviesa, se quedó en el medio de la habitación. - Nah, acá nomás -. Se sacó la remerita por la cabeza, dejando al descubierto el corpiño negro que todavía llevaba puesto. Luego, despacio, se bajó los shorts, revelando la tanga a juego. Se quedó parada ahí, de espaldas a María, fingiendo que buscaba algo en la mochila, pero claramente paseándose para que la viera.

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María no pudo resistirse. Se acercó por detrás, le dio una nalgada fuerte en la cola firme, haciendo que el sonido resonara en la habitación. - ¡Qué culo tenés, boluda! Parece de mármol, mirá esto -, dijo, pasando la mano por la curva, apretando un poco. Nicki soltó un gritito mezclado con risa, sonrojándose hasta las orejas, pero no se movió. - ¡Ay, María! ¿Qué hacés? -, protestó, aunque su voz salió juguetona.

- Admirando la obra de arte, ¿qué querés que haga? Tenés un orto divino, Nicki. No me culpes -, respondió María, dándole otra palmada más suave, casi una caricia.

Nicki se dio vuelta, todavía colorada, y miró a María con ojos brillantes. - Bueno, ahora te toca a vos -. María, sin decir nada, se sacó la remerita y el short, quedando en un bikini plateado que le quedaba pintado: el corpiño triangular apenas conteniendo sus tetas grandes y firmes, la tanga alta marcando sus caderas -anchas. Tomó la mano de Nicki, entrelazando los dedos. - Vení, metete conmigo -

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Nicki entró primero al jacuzzi, sumergiéndose despacio en el agua caliente. La espuma le cubría hasta los hombros, y soltó un gemido de placer. - Uff, esto es gloria, che -. Se sentó en uno de los bordes, con las piernas abiertas bajo el agua. María entró después, el agua subiendo hasta sus muslos, y se sentó frente a ella. Apenas se acomodó, Nicki estiró las manos y, sin pedir permiso, le agarró las tetas por encima del corpiño mojado. - Mirá estas tetas… son perfectas, María. Grandes, firmes… me vuelven loca -, murmuró, apretándolas suavemente, pasando los pulgares por los pezones que ya se marcaban bajo la tela.

María se sonrojó al instante, sintiendo un calor que no venía del agua. - ¡Nicki, pará, boluda! -, dijo entre risas nerviosas, pero no la apartó. En cambio, le tiró agua en la cara con las manos, salpicándola. - ¡Tomá, atrevida! -. Nicki se rió a carcajadas y le devolvió el ataque, empezando una guerra de agua. Se salpicaban, se empujaban, se reían como dos nenas. En un momento, entre risas y chapoteos, terminaron cara a cara, muy cerca. El agua goteaba de sus pestañas, sus respiraciones se mezclaban.

Se miraron un segundo eterno. Luego, sin decir nada, se besaron. Fue desesperado, hambriento. Labios chocando, lenguas buscándose, manos enredándose en pelo mojado. María gimió contra la boca de Nicki, agarrándola de la nuca para pegarla más. Nicki le mordió el labio inferior, bajando las manos por su espalda hasta agarrarle el culo con fuerza, apretando la carne húmeda.

De repente, Nicki se separó un poco, jadeando. Seguía tocándole el culo, amasándolo despacio. - Perdón, María… sé que tenés novio. No quería… no sé qué me pasó -, dijo con voz temblorosa, los ojos vidriosos por el agua y la excitación.

María la miró fijo, respirando agitada. Le acarició la mejilla. - No te hagas drama, boluda. Está todo bien. Esto… esto es nuestro. Nadie tiene que saber nada -. Volvió a besarla suave, casi tierna, sellando las palabras.

Justo en ese momento, el celular de Nicki vibró fuerte sobre la mesita al lado del jacuzzi. El ruido las sacó del momento. Nicki salió del agua, chorreando, y agarró el teléfono. María, todavía sentada, aprovechó para darle otra nalgada fuerte en la cola mojada, con deseo puro en la palma, haciendo temblar el orto de Nicki como una gelatina. - "¡Qué rico suena eso!" -, dijo riendo. - Ay, boluda pará... - dijo luego de gemir de placer por el impacto.

Nicki se quedó parada al lado del jacuzzi, con el teléfono en la mano y el agua todavía goteando de su bikini empapado. María, aún sentada en el agua caliente con las burbujas revoloteando alrededor de sus curvas, la miró con una sonrisa traviesa. - Che, boluda, ¿qué dice el mensaje? ¿Es el boludo del bar? -

Nicki leyó en voz alta el texto del fanático, invitándola a su habitación esa noche, y soltó una risita nerviosa. - Sí, mirá: "Última noche en el hotel, vení a la 512 y te hago volar". Qué directo el pibe -. María se rió, pero en sus ojos había un brillo de celos mezclados con excitación. Se levantó del jacuzzi, el agua cayendo por su cuerpo voluptuoso, y se acercó a Nicki, envolviéndola con una toalla.

- Escuchame, Nicki, aproveche esa calentura tuya y andá a cogértelo. Estás re caliente después de lo que pasó acá, se te nota en la cara. No te hagás la boluda, que anoche estabas mimosa como una gatita en celo -. María lo dijo con naturalidad, secándose el pelo, pero su voz tenía un tono juguetón, como si la idea la excitara tanto como a ella. 

Nicki se mordió el labio, mirando el teléfono con indecisión. - No sé, María... Estoy re confundida. Anoche me desvestí en tu cama, hoy nos besamos en el jacuzzi... ¿Y ahora voy y me cojo a un desconocido? Suena raro -. Hizo una pausa, mirándola de reojo, y soltó lo que le rondaba la cabeza: - Vení conmigo, boluda. Hagamos un trío o algo. Sería re loco, pero con vos ahí... me animo a todo -. Nicki extendió la mano, tocando el brazo de María con un roce suave, sus ojos suplicantes.

María sacudió la cabeza, aunque el calor entre sus piernas le decía otra cosa. - No, Nicki, no puedo. Tengo novio, che. No quiero serle infiel de esa manera. Besarnos y tocarnos un poco es una cosa, pero meter a un tercero y cogérmelo... eso ya es cruzar la línea. Perdón, pero no -. Su voz era firme, pero suave, y le dio un beso en la frente para suavizar el rechazo. 

Nicki suspiró, entendiendo, pero no pudo evitar admitir lo que sentía. - Te entiendo, boluda. No quiero complicarte. Pero... estoy re caliente con vos, María. Desde el backstage del Lolla que te miro y pienso en tocarte, en besarte como recién. Me volvés loca -. Sus mejillas se sonrojaron de nuevo, y bajó la mirada, jugueteando con la toalla.

María sintió un escalofrío recorriéndole la espalda, y se acercó más, sus pechos rozando los de Nicki a través de la tela mojada. - A mí me pasa lo mismo, Nicki. Me encanta tu cuerpo, tu forma de moverte... Me ponés re caliente, che. Pero no puedo ir más allá con vos y él. Mirá, se me ocurre una idea: andá a cogértelo, pero yo me escondo en la habitación. En el baño, por ejemplo. Así lo disfrutás, y si algo sale mal, estoy ahí. Y... quién te dice, capaz que mirarte me pone más loca todavía -. María lo dijo con una sonrisa pícara, sus manos bajando a la cintura de Nicki, apretándola contra sí. 

La idea era loca, pero excitante, y Nicki, después de pensarlo un segundo, asintió con los ojos brillantes. - Dale, acepto. Suena re morboso, boluda. Me encanta la idea de que estés espiando -. Agarró el teléfono y le contestó al chico: - Ok, a las 10 en mi habitación. Prepárate para una noche inolvidable -. Envió el mensaje y dejó el celular en la mesita, con el corazón latiéndole fuerte.

Justo en ese momento, María la sorprendió: la empujó contra la pared, sus cuerpos chocando con un golpe suave, y la besó apasionadamente. Sus labios se fundieron en un beso hambriento, lenguas danzando con urgencia, mientras sus manos se movían por todas partes. María deslizó una mano por la espalda de Nicki, bajando hasta su culo y apretándola fuerte, amasando las nalgas firmes como si fueran suyas. 

- Dios, Nicki, no puedo parar de tocarte -, murmuró contra su boca, mientras la otra mano subía a uno de sus pechos, pellizcando el pezón endurecido a través del bikini. Nicki gimió, respondiendo con igual pasión: sus dedos se enredaron en el pelo mojado de María, tirando suavemente, mientras bajaba la mano a su entrepierna, rozando el bikini empapado. - María, boluda, me estás volviendo loca... Tocame más, por favor -, susurró, manoseando sus tetas grandes y suaves, sintiendo cómo se endurecían bajo sus palmas.

El beso se intensificó, y pronto se lanzaron a la cama de la suite, rodando sobre las sábanas revueltas. María se colocó encima de Nicki, besándola con fiereza, sus bocas devorándose mientras sus cuerpos se frotaban.

- Sacate esto -, ordenó María, tirando del top del bikini de Nicki y liberando sus pechos firmes, con pezones rosados que se erguían al aire. Bajó la cabeza y los chupó, mordisqueando suavemente, haciendo que Nicki arqueara la espalda con un gemido. - Ay, María, sí... chupame las tetitas, boluda. Sos una diosa -

Nicki no se quedó atrás: deslizó su mano bajo la bombacha de María, encontrando su conchita húmeda y caliente, y empezó a meterle un dedo lentamente, moviéndolo en círculos. María jadeó, respondiendo al dedeo de Nicki. Maria hace lo mismo y mete dos dedos en la concha de Nicki, cogiéndola con ritmo. 

- Mirá lo mojada que estás, putita mía. Te encanta que te meta los deditos, ¿no? Decime que sí, Nicki, hablame sucio -. Nicki gimió más fuerte, moviendo las caderas contra su mano. - Sí, María, me encanta... Sos una hija de puta, boluda. Metémelos más profundo, haceme acabar, che. Te quiero tanto, me encanta que me cogés así -

Se hablaban sucio con amor, sus voces entrecortadas por gemidos: - Sos una trola, Nicki, pero mía... Nadie te toca como yo -. - Y vos sos mi diosa tetona, María, me volvés loca con esos dedos... -. Sus cuerpos sudaban, el aire cargado de olor a sexo y lavanda del jacuzzi. Nicki sentía el orgasmo acercándose, sus paredes apretando los dedos de María, pero justo antes de explotar, María sacó la mano, jadeando.

- Pará, boluda, no acabes todavía -. Nicki protestó con un gemido frustrado, pero María la besó suave. - Andá a prepararte para esta noche. Si ese boludo no te satisface, yo lo voy a hacer después. Te prometo que te voy a coger como se debe, con todo el amor y la calentura que tengo por vos -. Nicki sonrió, besándola una última vez, y se levantó para irse a su habitación, dejando a María excitada y ansiosa por la noche.

Ya entrada la noche, el hotel estaba en silencio, solo el rumor lejano de la ciudad. María se escondió en el baño de la habitación de Nicki, con la puerta entreabierta lo justo para espiar. Se había puesto un vestido corto, sentada en el borde de la bañera, con el corazón latiéndole a mil. Nicki, vestida con un vestido negro ajustado que marcaba sus curvas, abrió la puerta al knock del chico. 

- Entrá, che. Soy Nicki, pero ya sabés -, dijo con una sonrisa seductora. El pibe, un morocho alto y musculoso, entró con una botella de champagne, mirándola de arriba abajo. - Boluda, no lo puedo creer. Sos más linda en persona. Vamos a pasarla bomba -

Empezaron con besos en el sofá, pero pronto la cosa se puso intensa. El chico la levantó y la llevó a la cama, quitándole el vestido de un tirón, dejando a Nicki en tanga y corpiño. - Mirá qué cola, che. Te voy a comer toda -, gruñó él, dándole una nalgueada. Nicki rió, excitada, y le sacó la remera, besando su pecho.

Se cogieron fuerte por toda la habitación: primero en la cama, con él encima, penetrándola profundo y rápido, haciendo que Nicki gimiera alto. - Ay, sí, dame más fuerte, boludo -. Cambiaron a la posición de perrito contra la pared, su cola rebotando contra sus caderas, el sonido de piel contra piel llenando el aire. 

María, en el baño, se ponía cada vez más caliente con los gemidos de Nicki –esos "sí, cógeme así" y "más profundo"–, y no pudo resistir: se levantó el vestido, bajó la mano a su conchita y empezó a masturbarse, frotando su clítoris en círculos, imaginando que era ella la que la cogía. Sus propios gemidos ahogados se mezclaban con los de afuera.

Siguieron en el piso, con Nicki montándolo, sus tetas rebotando mientras cabalgaba, luego en el sillón, con las piernas de ella sobre sus hombros, penetrándola con fuerza. - Sos una diosa, Nicki, me volvés loco -

En un momento de pausa, jadeando, el chico le dijo: - Sabés, si hubiera sido por mí, te cogía anoche en el bar directo, adelante de todos. Con la gente mirando cómo te hago gritar -. Nicki rió, excitada por la idea morbosa. - Qué loco, boludo -

Luego, mientras la penetraba de nuevo en misionero, preguntó: - Y tu amiga María, ¿dónde está? También me la quería coger, che. Esas tetas suyas... son un sueño -. Nicki, sin delatar nada, solo gimió más fuerte, sabiendo que María estaba escuchando todo, masturbándose con furia en el baño, el clímax acercándose con cada palabra sucia y cada embestida que oía.

María, acurrucada en el baño oscuro de la habitación de Nicki, sentía que su cuerpo estaba a punto de estallar. Los gemidos de Nicki – esos "¡Ay, boludo, metémela más profundo, rompeme la conchita!" y "¡Sí, cogeme como una puta, che!" – la atravesaban como cuchillos calientes, haciendo que su propia conchita palpitara de necesidad. Cada embestida que oía, el slap húmedo y rítmico de la pija del chico chocando contra la cola de Nicki, el crujir de la cama bajo sus cuerpos sudorosos, todo la volvía loca. Su mano ya no bastaba: frotaba su clítoris hinchado con furia, metiéndose dos dedos en su entrada empapada, pero era como rascarse una picazón que no se iba. 

El comentario del pibe sobre querer cogérsela a ella fue la gota que rebalsó el vaso. - La puta madre, no aguanto más esta tortura -, gruñó María entre dientes, su respiración agitada y entrecortada. Se levantó de un salto, el vestido cayendo al piso como una piel mudada, revelando su cuerpo voluptuoso y desnudo: sus tetas enormes y pesadas balanceándose con cada paso, los pezones duros como diamantes rosados, su cola curvilínea y carnosa temblando de anticipación, y su conchita depilada chorreando jugos por los muslos. Se quitó la tanga de un tirón, tirándola al suelo, y abrió la puerta del baño de golpe, irrumpiendo en la habitación con los ojos ardiendo de lujuria.

El chico, que en ese preciso instante tenía a Nicki clavada en cuatro patas sobre la cama, con su pija gruesa enterrada hasta las bolas en su conchita apretada y mojada, embistiéndola con salvajismo haciendo que su cola rebotara como gelatina y sus tetas medianas se sacudieran violentamente, se congeló al verla. Su cara se transformó en una máscara de éxtasis puro, los ojos dilatados de sorpresa y felicidad maníaca, la boca abierta en una sonrisa babosa. 

- ¡La concha de la lora! ¿María? ¡Boluda, sos vos! ¿Venís a unirte a esta fiesta? ¡Esto es el paraíso, che! Mirá qué tetas, qué culo... ¡sos una diosa caída del cielo! -. No podía creer su suerte, su pija palpitando dentro de Nicki mientras sus ojos devoraban el cuerpo desnudo de María, imaginando ya todas las formas en que la iba a romper. 

Nicki, con la cara hundida en la almohada empapada de sudor, gimiendo como una perra en celo con cada embestida brutal que le hacía arquear la espalda y apretar las sábanas con las uñas, levantó la cabeza jadeante. Al ver a María allí, desnuda y radiante, sus ojos se llenaron de una emoción salvaje, lágrimas de placer y deseo mezclándose en sus pestañas. - ¡María! ¡Ay, boluda, vení ya mismo! ¡No pares, che, seguí cogiéndome fuerte, pero vení con nosotrooos! ¡Te necesito tocándome, besándome... hacéme parte de esto! -. Su voz se quebró en un gemido ahogado cuando el chico, sin salir de su interior resbaladizo, la embistió una vez más con fuerza, haciendo que su conchita chorreara jugos por sus muslos, pero ahora con los ojos fijos en María, la excitación multiplicada por diez.

María no perdió tiempo: se acercó a la cama con pasos felinos, su cuerpo desnudo exudando un calor que llenaba la habitación con olor a sexo y perfume mezclado. Empujó al chico con una mano firme en el pecho, obligándolo a salir de Nicki con un pop húmedo, y lo besó con una pasión animal, su lengua invadiendo su boca como una serpiente hambrienta, mordisqueando su labio inferior hasta sacarle un gruñido. Al mismo tiempo, su mano bajó a su pija dura como una barra de hierro, aún brillante por los jugos de Nicki, y la masturbó con movimientos rápidos y fuertes, sintiendo cómo palpitaba en su palma. 

- Cogeme a mí ahora, boludo de mierda. Mostrame qué tenés para mí. Metémela toda, rompeme la conchita como a ella -. El chico, loco de deseo, la agarró por la cintura y la tiró en la cama al lado de Nicki, abriéndole las piernas de par en par y penetrándola de un solo empujón brutal, su pija gruesa estirando sus paredes internas hasta el límite. María gritó de placer, arqueando la espalda tan fuerte que sus tetas botaron salvajemente: - ¡Ay, sí, boludo! ¡Dame fuerte, carajo! ¡Sentí lo apretada que estoy por vos! -. Cada embestida era un martillazo, sus bolas chocando contra su culo, haciendo que sus jugos salpicaran por todas partes, el olor a sexo invadiendo el aire.

Nicki, jadeando y con la conchita aún palpitando de vacío, se unió al trío con una ferocidad que sorprendió incluso a María. Gateó sobre la cama como una pantera, besando a María con desesperación mientras el chico la follaba sin piedad. - Boluda, sos increíble... mirá cómo te coge, cómo te abre esa conchita tuya -, murmuró Nicki contra su boca, su mano bajando a frotar el clítoris hinchado de María con círculos rápidos, haciendo que sus gemidos se convirtieran en gritos. 

Los tres se enredaron en un caos de cuerpos sudorosos y calientes, interactuando con una intensidad brutal: el chico salía de la conchita chorreante de María para clavársela a Nicki de nuevo, cogiéndola de lado con embestidas salvajes mientras María le chupaba las tetas a su amiga, mordisqueando los pezones duros y rosados hasta hacerla llorar de placer; luego, Nicki se sentaba en la cara de María, aplastando su conchita mojada contra su boca, obligándola a lamer y succionar su clítoris hinchado mientras el chico las penetraba por turnos, alternando entre sus entradas resbaladizas. 

- ¡Qué locura esto, che! Las dos son mías esta noche, voy a dejarlas destruidas -, gruñía el chico, sudando como un cerdo, sus manos explorando culos y tetas sin parar, apretando las nalgas carnosas de María, pellizcando los pezones de Nicki. María y Nicki se besaban sobre él, sus lenguas enredándose en un beso sucio y baboso, mientras él las cogía en misionero alternado, haciendo que sus conchitas se frotaran una contra la otra en cada cambio, sus jugos mezclándose en un charco pegajoso. - Tocame más, Nicki... metéme los dedos mientras me coge -, gemía María, y Nicki respondía insertándole dos dedos en el culo: - Sí, boluda, sentilo todo... sos mi puta favorita -

Nicki no podía dejar de obsesionarse con las tetas de María: las apretaba con fuerza, masajeándolas como si fueran masas de pan, chupando los pezones con succiones voraces que dejaban marcas rojas, mordisqueándolos hasta que María gritaba de dolor-placer mezclado. - Estas tetas tuyas, María... son perfectas, re grandes y pesadas, llenas de leche para mí. Me vuelven loca, che, quiero ahogarme en ellas -, decía Nicki entre lamidas salvajes, pellizcándolos tan fuerte que las lágrimas rodaban por las mejillas de María. 

Esta, a su vez, no podía dejar de besarla y agarrarle el culo: sus manos se clavaban en las nalgas firmes y redondas de Nicki, amasándolas con brutalidad, dándole nalgueadas resonantes que dejaban huellas rojas en su piel, metiendo un dedo en su ano apretado mientras la besaba con fiereza. - Tu culito, Nicki... es una locura, boluda. Quiero romperlo, morderlo, lamerlo hasta que no pueda más -, respondía María, besándola desesperadamente, sus bocas devorándose con mordidas y succiones que dejaban labios hinchados. 

El chico intercambiaba entre ambas con maestría salvaje: un rato la cogía a María profundo y lento, haciendo que sus tetas botaran como balones y sus jugos salpicaran; luego pasaba a Nicki, embistiéndola rápido desde atrás como un animal, agarrando su cola mientras ella gemía como una loca. - ¡Qué putitas calientes y sucias son las dos! Me van a matar de placer, che, con esas conchitas apretadas y esos culos perfectos -, gruñía él, sudando profusamente, sus manos pasando de una a la otra, pellizcando pezones endurecidos y clítoris hinchados para mantenerlas al borde del orgasmo, cogiéndolas en todas las posiciones.

Después de una eternidad de cogida intensa y sudorosa, el chico se sentó en el borde de la cama, jadeando como si hubiera corrido una maratón, su pija dura y venosa palpitando roja de excitación. - Vengan, boludas de mierda. Pónganse de rodillas en el piso como las putitas que son. Quiero que me la chupen hasta que les llene la cara de leche -. María y Nicki, con las caras enrojecidas por el esfuerzo, los cuerpos brillando de sudor y jugos mezclados, obedecieron con una sonrisa cómplice y lujuriosa. Se arrodillaron frente a él en la alfombra del hotel, sus culos perfectos en el aire y tomaron su pene entre las dos como un trofeo. 

Nicki empezó masturbándolo con una mano experta, apretando la base mientras María lo chupaba profundo, tragándosela hasta la garganta, su lengua girando alrededor de la cabeza hinchada y lamiendo las venas palpitantes. - Mirá qué rica y gruesa, che, sabe a nosotras -, decía María con la boca llena, pasándosela a Nicki, que la succionaba con ganas, gimiendo alrededor de ella como si fuera un caramelo. Se turnaban con ferocidad: una chupaba las bolas peludas y sudorosas, succionándolas una por una, mientras la otra lamía el tronco entero, tocándolo por todas partes, sus manos entrelazadas en la base, masturbándolo. 

Mientras tanto, se besaban apasionadamente sobre la pija, sus lenguas tocándose con el sabor salado y sucio de él, gimiendo en la boca de la otra, babeando por todas partes. - Sos una experta en chuparla, Nicki... chupala conmigo, boluda, hagámoslo explotar -, murmuraba María con voz ronca, y Nicki respondía: - Juntas, che, metámosela toda... tragate su leche conmigo -

El chico no aguantó la tortura doble: con un gruñido primitivo que retumbó en la habitación, se corrió sobre ambas como un volcán en erupción, chorros calientes y espesos de semen aterrizando en sus tetas, en sus caras sonrientes y abiertas, en sus bocas hambrientas. - ¡Ay, sí, hijas de putas! ¡Tomen toda mi leche, carajo! ¡Tráguensela! -. Ellas no pararon: siguieron chupándosela un poco más, lamiendo los restos pegajosos con succiones suaves y torturantes, succionando la cabeza sensible hasta que él tembló y suplicó piedad, sus cuerpos convulsionando de posorgasmo. 

Con caras de placer absoluto. ojos entrecerrados, labios hinchados y cubiertos de semen, María y Nicki se miraron y se besaron con una pasión sucia y desenfrenada, intercambiando el semen en un beso baboso y profundo, sus lenguas jugando con el sabor cremoso y salado, gimiendo de excitación mientras se lo pasaban de boca en boca, tragando un poco y escupiendo el resto para lamerlo de nuevo. 

- Probá esto, Nicki... está rico con vos, boluda, sabe a victoria -, dijo María con una risa ronca, y Nicki rió: - Boluda, sos una loca sucia... pero me encanta, dame más de esa leche tuya mezclada -. Finalmente, el chico se vistió tambaleando, exhausto pero con una sonrisa de oreja a oreja. - Chicas, esto fue épico, el mejor polvo de mi vida. Gracias por la noche -. Se despidieron con besos babosos en las mejillas, y él salió de la habitación tambaleando, dejando a las dos solas en el silencio cargado de olor a sexo.

María y Nicki se levantaron del piso, riendo como locas, sus cuerpos aún temblando de adrenalina. Se pusieron sus tangas, luego se envolvieron en batas suaves y sedosas del hotel, sentándose en la cama con las piernas entrelazadas, sus muslos pegajosos rozándose. 

Nicki miró a María con ojos brillantes y llenos de gratitud, todavía jadeando un poco, su pecho subiendo y bajando. - Gracias, boluda. Fue una locura esta noche, che. No me lo esperaba, pero... con vos todo se volvió un incendio. Me hiciste volar la cabeza -. María sonrió, acariciando su mejilla sonrojada con ternura, pero con un fuego aún ardiendo en sus ojos. - Yo me uní solo por vos, Nicki. El boludo ese era una excusa barata. Quería estar con vos, tocarte hasta que grites, besarte hasta que no puedas más... Me volvés loca, che, con esa cola tuya y esa carita de trola -

Se miraron fijo, el aire espesándose con una tensión eléctrica y tímida a la vez, sus respiraciones sincronizándose. Tímidamente al principio, se acercaron, sus narices rozándose, sus labios apenas tocándose en un beso suave. Pero no pudieron parar: el beso se profundizó en pasión, sus bocas devorándose con hambre renovada, lenguas enredándose en un baile sucio, manos bajando bajo las batas para tocar tetas endurecidas y conchitas aún sensibles. 

María rompió el silencio, con una voz ronca y suave, acariciando el muslo de Nicki por encima de la bata.  
- Che, boluda… estamos re sucias, ¿no? Mirá cómo estamos, pegajosas por todos lados. ¿Querés que nos demos una ducha juntas? Así nos limpiamos… y capaz que nos calentamos de nuevo, quién te dice -. Lo dijo con una sonrisa pícara, pero en sus ojos había algo más dulce, más íntimo. No era solo sexo; era querer seguir sintiendo el cuerpo de Nicki pegado al suyo.

Nicki se mordió el labio inferior, sintiendo un cosquilleo nuevo en el estómago.  
- Dale. Me encanta la idea. Vamos, que esta bata ya me está dando calor -. Se levantó primero, dejando caer la bata al piso con un movimiento lento. María la siguió, quitándose la bata con más calma, dejando que se deslizara por sus hombros y cayera a sus pies. Quedaron las dos en tanga, desnudas de torso, mirándose con complicidad.

Entraron al baño juntas. El espacio era enorme, con una ducha gigante, azulejos blancos y espejos empañados por el vapor que ya empezaba a formarse solo con el agua caliente corriendo. Nicki se paró bajo el chorro primero, dejando que el agua cayera sobre su pelo y su cara, cerrando los ojos de placer. María se acercó por detrás, pero antes de meterse del todo, se agachó frente a ella.

Con las rodillas en el piso mojado, María apoyó las manos en las caderas de Nicki y empezó a pasar la lengua por su abdomen plano y tonificado. La lamió despacio, trazando círculos alrededor del ombligo, saboreando la mezcla de sudor, agua y restos de semen que aún quedaban en su piel. Nicki soltó un gemido bajo, temblando. - Ay, María… boluda, qué hacés… -

María no contestó con palabras. En cambio, bajó las manos y agarró fuerte el culo de Nicki, clavando los dedos en esas nalgas firmes y redondas, separándolas un poco mientras apretaba con posesión. Nicki arqueó la espalda, gimiendo más fuerte, sus manos enredándose en el pelo mojado de María.  
- Sí… apretame así, che… me encanta cuando me agarrás el orto -

María tiró de la tanga hacia abajo con los dientes, deslizándola por los muslos de Nicki hasta que cayó al piso. La conchita de Nicki quedó expuesta, hinchada, rosada y brillante de excitación y agua. María se inclinó y le dio un beso suave pero profundo justo en el pubis, luego bajó la lengua y lamió los labios externos con lentitud, saboreando el gusto de su amiga. Nicki tembló entera, soltando un "¡Ay, puta madre!" entre gemidos. María se puso de pie entonces, besándola en la boca con hambre, compartiendo el sabor de su propia conchita.

Nicki no esperó más. Entró del todo a la ducha, dejando que el agua caliente cayera como una cascada sobre sus cuerpos. María la siguió, pegándose a su espalda, sus tetas grandes aplastándose contra la espalda de Nicki. Pero Nicki giró, la miró con ojos brillantes y le quitó la tanga a María de un tirón decidido. La tela mojada cayó al piso y Nicki se arrodilló sin dudar.

Con el agua cayendo sobre su cabeza, Nicki abrió las piernas de María con las manos y hundió la cara entre sus muslos. Empezó a chuparle la vagina con devoción: lengua plana lamiendo todo el largo de los labios, luego succionando el clítoris hinchado como si fuera un caramelo. María soltó un gemido ronco, apoyando una mano en la pared para no caerse.  - ¡Nicki, carajo… chupámela así, boluda! ¡No pares, me vas a hacer acabar en dos segundos! -

Nicki subió las manos y agarró las tetas enormes de María, apretándolas con fuerza, pellizcando los pezones duros mientras seguía comiéndosela. Lamía, succionaba, metía la lengua dentro, luego volvía al clítoris con movimientos rápidos de punta. El agua corría por sus caras, mezclándose con los jugos que chorreaban de María. Esta última no aguantó mucho: agarró la cabeza de Nicki con ambas manos, empujándola contra su conchita, moviendo las caderas para frotarse contra su boca.  - Sí, putita… comémela toda… ¡ay, me vengo, boluda, me vengo! -

El orgasmo la atravesó como un rayo. María tembló entera, gritando el nombre de Nicki mientras sus jugos se mezclaban con el agua caliente. Nicki no paró de lamer hasta que María la apartó suavemente, jadeando, con las piernas temblorosas.

Se besaron bajo el chorro, un beso lento y profundo, lleno de saliva y agua, sus cuerpos pegados, tetas contra tetas, conchitas rozándose. Se lavaron mutuamente con jabón, manos resbaladizas recorriendo curvas, pero sin llegar a más: ya estaban exhaustas, los músculos doloridos de tanto placer. Se enjuagaron, se secaron con toallas enormes y suaves, y volvieron a la cama.

Se metieron bajo las sábanas desnudas, solo con tangas limpias puestas. Nicki se acurrucó contra el pecho de María, apoyando la cabeza entre sus tetas grandes y suaves, una pierna entre las de ella. María la abrazó por la cintura, besándole la frente.  
- Qué noche, che… no me lo esperaba -, murmuró Nicki, ya con los ojos pesados.  
- Yo tampoco, boluda. Pero no cambiaría nada -, respondió María, acariciándole el pelo mojado.  

Se quedaron en silencio, solo el sonido de sus respiraciones sincronizándose. El cansancio las venció rápido. Nicki se durmió primero, con una sonrisa pequeña en los labios, el cuerpo relajado contra el de María. Esta última tardó un poco más, mirando el techo, sintiendo el calor de Nicki pegado a ella, el latido de su corazón contra el suyo. Finalmente cerró los ojos, abrazándola más fuerte, y se durmió también.

Durmieron toda la noche entrelazadas, piel contra piel, en esa suite de lujo que había sido testigo de su locura. Afuera, Buenos Aires seguía su ritmo, pero adentro, solo existían ellas dos, exhaustas, satisfechas y completamente en paz.

0 comentarios - Maria Becerra y Nicki Nicole más unidas que nunca