Era un día de mierda en Buenos Aires, con ese calor pegajoso que te hace sudar hasta el alma. Ángela Torres, la pendeja esa que la rompe en todos lados, se bajaba del Uber negro que la traía al estudio de grabación en Palermo. Llevaba puestos unos jeans ajustados que le marcaban el culo como si fuera una escultura, una remera blanca básica que se le pegaba al cuerpo por el sudor, y unas zapatillas Converse rojas que le daban un toque callejero. Su pelo ondulado caía suelto sobre los hombros, y sus ojos marrones brillaban con esa picardía que la hace única. A los 27 años, ya era una estrella.
- ¡Buen día, che! ¿Listos para romperla con el videoclip de 'Favorita'?- , gritó Ángela al entrar al set, saludando con besos al aire a todo el equipo.
El director, un boludo de unos 40 con barba y anteojos, le sonrió y le dio un abrazo rápido. - ¡Ángela, divina! Hoy vamos a hacer magia. El concepto es sensual, urbano, con toques de baile callejero. Vas a estar bomba -
Ángela se rió, sacudiendo la cabeza. - Dale, boludo, no me hagas sonrojar. ¿Dónde está mi vestuarista? Necesito ponerme el outfit ese que me prometiste que me va a hacer volar cabezas -.
El director señaló hacia el fondo, donde un tipo alto, morocho, con tatuajes en los brazos y una sonrisa de pendejo travieso esperaba con un perchero lleno de ropa. Se llamaba Lucas, el vestuarista, y tenía esa vibe de cheto que sabe lo que quiere. Ángela lo miró de reojo y sintió un cosquilleo en el estómago. - Ahí está, vamos a ver qué me trajo -
Se acercó a Lucas, que la miró de arriba abajo con ojos hambrientos. - Hola, reina. Mirá lo que te preparé para hoy. Este top crop con brillos, una pollera corta de cuero que te va a marcar todo, y unas botas altas que te van a hacer parecer una diosa del pop -.
Ángela tomó la falda y la levantó, arqueando una ceja. - Boludo, esto es re corto. ¿Querés que se me vea la bombacha en el video? -. Lucas se rió, acercándose un poco más de lo necesario para ajustarle el top sobre la remera. Sus dedos rozaron su piel accidentalmente, o no tan accidentalmente. - Nah, che, es para que se vea lo justo. Pero si querés, te ayudo a probártelo. Sabés que soy experto en... ajustes precisos -
Ángela sintió un calor subiendo por su cuello, pero le siguió el juego con una sonrisa pícara. - Mirá vos, qué servicial. ¿Y si te pido que me ajustes bien la tanga también? No vaya a ser que se me corra durante el baile -
Lucas tragó saliva, sus ojos bajando a su cadera. - Por mí, encantado. Te la ajusto tan bien que no vas a querer sacártela nunca -. Ella se rió, dándole un empujoncito juguetón. - Cuidado, Lucas, que soy una mina ocupada. Dale, ayúdame a cambiarme en el camarín -.
Entraron al pequeño camarín improvisado, una habitación con espejos y luces fuertes. Ángela se sacó la remera sin pudor, quedando en corpiño negro de encaje. Lucas la miró fijo, mordiéndose el labio. - Boluda, estás para comerte entera. Ese corpiño te queda pintado -
Ella giró, posando. - Gracias, che. ¿Me ayudás con el top? -. Él se acercó, sus manos temblando un poco al abrocharlo, rozando sus tetas de manera sutil. - Listo. Pero si querés, te lo saco después... para un ajuste más profundo -. Ángela lo miró por el espejo, con ojos brillantes. - Ya vamos a ver -

Salieron al set, y la grabación empezó. Luces, música a todo volumen con el beat de "Favorita" retumbando en los parlantes. Ángela bailaba como una diosa, moviendo las caderas al ritmo, cantando playback con esa voz ronca que enloquece a todos. El equipo aplaudía entre tomas, pero uno en particular, un productor grandote llamado Martín, no podía quitarle los ojos de encima. Era un tipo de unos 35, musculoso, con cara de pendejo arrogante.
Durante la primera toma, se acercó para "corregir" su posición, poniendo una mano en su cintura. - Ángela, movete un poco más a la izquierda, che -. Su mano se deslizó un poco más abajo, rozando el borde de su falda. Ella sintió el toque, pero lo dejó pasar, sonriendo. - Gracias, Martín. ¿Te gusta cómo me muevo? -. Él guiñó un ojo. - Me encanta, boluda. Tenés un flow que calienta a cualquiera -
La grabación siguió, con Ángela sudando bajo las luces. En una pausa, se escapó diciendo: - Che, voy a arreglarme el vestuario un toque. La pollera se me sube toda -. Pero en realidad, corrió al camarín donde Lucas la esperaba, escondido detrás de una cortina.
Apenas entró, él la agarró por la cintura y la besó con furia, sus labios devorando los de ella. - Boluda, no aguanto más. Te vi bailando y me puse como loco -. Ángela jadeó, presionando su cuerpo contra el de él. - Shh, rápido, che. Solo un ratito -.
Sus manos bajaron a su falda, levantándola, mientras ella le desabrochaba el pantalón. Lucas la levantó contra la pared, penetrándola de un empujón fuerte. - ¡Ah, sí! Dale, más fuerte -, murmuró ella, mordiéndose el labio para no gritar. Él embestía rápido, sus caderas chocando con un ritmo frenético. - Sos una diosa, Ángela. Te voy a romper toda -
El encuentro duró solo minutos, pero intensos: ella clavando las uñas en su espalda, él mordiéndole el cuello, dejando marcas rojas. Terminaron jadeando, con Ángela ajustándose la tanga empapada. - Volvamos antes de que nos busquen, boludo -. Lucas la besó una vez más. - Esto no termina acá, reina -
De vuelta al set, la grabación continuó. Martín se acercó otra vez, esta vez para "ayudarla" con una pose. Su mano se posó en su muslo, subiendo un poco bajo la falda. - Relajate, che. Así quedás perfecta -. Ángela sintió el calor entre sus piernas, ya excitada por lo de Lucas. - Martín, sos un pícaro. Cuidado con esas manos -. Él sonrió, apretando un poco. - Solo ayudo, boluda. Pero si querés, ayudo más -. Ella se rió, apartándose suavemente, pero el toque la dejó caliente, con las tetas endurecidas bajo el top.
En otra toma, mientras bailaba, Martín se paró detrás para "dirigir", y su mano rozó su culo accidentalmente, o no. - Upa, perdón -. Ángela giró, con una mirada juguetona. - No pasa nada, che. Pero la próxima vez, avisá -. Él la miró fijo. - Tal vez la próxima sea intencional -. Ella se calentó más, pero no pasó a mayores; el set estaba lleno de gente.
Otro escape: Ángela fingió un problema con las botas. - Voy al camarín, esta bota me aprieta -. Corrió a Lucas, que la esperaba con la pija ya dura. - Vení, reina. Te voy a dar lo que necesitás -. La tiró sobre el sofá del camarín, sacándole la falda de un tirón. - ¡Sí, Lucas! Metémela ya -
Él la penetró de rodillas, embistiendo profundo, mientras ella gemía bajito. - Más, boludo, rompeme el orto -. No, esta vez fue vaginal, pero intenso: él agarrándole las tetas, pellizcando los pezones, ella arqueando la espalda. - Me vas a hacer acabar, che -. Terminaron rápido, con Ángela temblando, ajustándose la ropa. - Sos adictivo, hijo de puta-
La grabación siguió con más manoseos de Martín. En una escena de baile grupal, él se acercó como productor y le puso las manos en las caderas para "guiarla". Sus dedos se hundieron en su carne, rozando el borde de la tanga. - Movete así, Ángela. Sentí el ritmo -. Ella jadeó sutilmente, sintiendo la excitación crecer.
- Martín, me estás calentando, boludo -. Él susurró: - Eso es lo que quiero -. Otro toque en el brazo, bajando a su pecho casi, pero se contuvo. Ángela estaba en llamas, pero profesional: siguió bailando, con el cuerpo vibrando.
Finalmente, el director gritó: - ¡Corte! ¡Terminamos, gente! Gran trabajo -. Todo el equipo aplaudió. Ángela se despidió con besos y abrazos. - Gracias, boludos. La rompimos -.
Martín se acercó último, abrazándola fuerte. Su mano bajó a su culo, agarrándolo con fuerza, y le dio una nalgada sonora. - Chau, divina. Nos vemos pronto -. Ángela sintió el golpe como una chispa, su tanga ya mojada de nuevo. - ¡Ay, Martín! Sos un salvaje -. Se rió, pero se alejó rápido, desesperada por encontrar a Lucas.
Corrió al camarín, donde Lucas la esperaba desnudo casi, solo en boxers. - Vení, reina. Sé que estás desesperada -. Ángela se sacó el top y la falda, quedando en tanga y botas. - Sí, Lucas. Cogeme fuerte, che. No aguanto más -
Él la tiró al piso, sobre una alfombra, y la penetró con violencia, embistiendo como un animal. - ¡Ah, sí! Dale, rompeme la concha -. Sus gemidos llenaban el aire, ella clavándole las uñas, él mordiéndole las tetas. - Sos una puta divina, Ángela -
Cambiaron posiciones: ella arriba, cabalgándolo, sus tetas rebotando. - Más profundo, boludo. Llename -. Él la agarraba por el culo, metiendo un dedo atrás. - Te voy a dar por todos lados -
Pero Martín, el productor, la había seguido. Escuchó los gemidos y abrió la puerta sigilosamente. Los vio: Ángela montando a Lucas, gimiendo como loca. - ¡Qué hija de puta! -, pensó, pero se excitó al instante, sacándose la pija dura.
Ángela lo vio de reojo y, en vez de enojarse, sonrió perversa. Se levantó, solo con la tanga corrida a un lado, y se acercó a él, meneando las caderas. - Mirá vos, Martín. ¿Viniste a espiar? ¿O querés unirte, boludo? -
Martín tragó, mirando su cuerpo sudoroso. - Ángela, sos una tentación. Sí, quiero -. Ella miró a Lucas, que asintió con una sonrisa. - Dale, che. Vení, que hay para todos -
Ángela se arrodilló frente a Martín, sacándole el pantalón. - Mirá qué pija grande tenés. Me la voy a comer toda -. Empezó a chuparselá, lamiendo la cabeza, chupando profundo, mientras Lucas se paraba detrás y la penetraba de nuevo.
- ¡Ah, sí! Cogeme mientras se la chupo -. Martín gemía, agarrándole el pelo. - Boluda, sos experta -.
Cambiaron: Ángela se acostó en el sofá, con Martín metiéndosela en la boca y Lucas en la concha. - Dale, chicos. Usenme como quieran -. Lucas embestía fuerte, sus bolas chocando contra su culo. - Te voy a llenar, reina -. Martín le cogía la boca, profundo, haciendo que se ahogara un poco. - Tragátela toda -
Luego, doble penetración: Lucas abajo, en su concha, Martín atrás, en su orto. Ángela gritaba de placer. - ¡Sí, rompánme los dos! Me encanta -. Embestían al ritmo, sus pijas frotándose dentro de ella. - Boludos, me van a hacer explotar -
Ella se corrió una y otra vez, temblando, sus jugos chorreando. Cambiaron posiciones por todo el camarín: contra el espejo, donde veía su cara de placer; en el piso, con uno en cada agujero; ella chupando a uno mientras el otro la cogía por atrás. - Más, che. No paren -. Lucas le mordía los pezones, Martín le nalgueaba el culo rojo. - Sos nuestra puta, Ángela -
Duró horas, o eso parecía: - Metémela más fuerte, Martín. Lucas, chupame las tetas -. Ellos obedecían, sudando, gimiendo. - Te vamos a bañar en leche, boluda -.
Finalmente, Ángela, exhausta pero todavía encendida, se arrodilló en el piso. - Acábenme encima, chicos. Pero antes... nalgueenme fuerte, quiero sentirlo todo -. Lucas y Martín se miraron con una sonrisa perversa y se posicionaron a cada lado. Ella se puso en cuatro, empinando el culo alto, la tanga corrida a un lado dejando su piel roja y marcada de antes.
Lucas levantó la mano primero y le soltó una nalgada sonora, el sonido rebotando en las paredes del camarín. - ¡Ahhh, sí, boludo! Más fuerte -, gimió Ángela, arqueando la espalda. Martín no se quedó atrás: su palma cayó con fuerza sobre la otra nalga, dejando una huella roja al instante. - ¡Tomá, puta divina! -, gruñó él. Los golpes venían alternados, uno tras otro, cada nalgada más fuerte que la anterior. El culo de Ángela temblaba con cada impacto, enrojeciéndose cada vez más, mientras ella gemía sin control: - ¡Sí, así! ¡Nalguéenme, carajo! ¡Me encanta cuando me pegan fuerte! -
Lucas agarró una nalga con las dos manos, abriéndola un poco para que Martín le diera en el centro, justo donde la piel ardía. - ¡Ahhh, mierda, qué rico! -, gritó ella, mordiéndose el labio, los ojos entrecerrados de placer. Martín alternaba con palmadas rápidas, como si estuviera marcando ritmo: clap-clap-clap, cada una haciendo que sus tetas se sacudieran y que sus gemidos subieran de tono. - ¡Más, más! ¡No paren, boludos! Me van a hacer acabar solo con esto -
Los dos seguían, las manos ardiendo de tanto golpear, el culo de Ángela ya completamente rojo, caliente, vibrando con cada nalgada. Ella se retorcía, empujando el culo hacia atrás para pedir más, gimiendo como loca: - ¡Sí, sí! ¡Péguenme más fuerte! ¡Me ponen re caliente! -. Finalmente, entre gemidos y palmadas, Lucas y Martín se pajearon rápido, eyaculando al mismo tiempo sobre su espalda, sus tetas y su cara. Chorros calientes le cayeron encima mientras ella seguía gimiendo bajito, el culo todavía temblando por los últimos golpes.
Se levantó despacio, limpiándose con una toalla, el cuerpo brillante de sudor y semen, el culo ardiendo de placer. - Gracias, chicos... fue una locura -. Los chapó a ambos, profundo, con lengua, saboreando todavía el fuego de las nalgadas. - Nos vemos en el próximo videoclip, ¿eh? -. Salió del camarín, aún con la tanga empapada, sintiéndose como una reina absoluta, el ardor en las nalgas recordándole cada segundo de esa tarde prohibida.
- ¡Buen día, che! ¿Listos para romperla con el videoclip de 'Favorita'?- , gritó Ángela al entrar al set, saludando con besos al aire a todo el equipo.
El director, un boludo de unos 40 con barba y anteojos, le sonrió y le dio un abrazo rápido. - ¡Ángela, divina! Hoy vamos a hacer magia. El concepto es sensual, urbano, con toques de baile callejero. Vas a estar bomba -
Ángela se rió, sacudiendo la cabeza. - Dale, boludo, no me hagas sonrojar. ¿Dónde está mi vestuarista? Necesito ponerme el outfit ese que me prometiste que me va a hacer volar cabezas -.
El director señaló hacia el fondo, donde un tipo alto, morocho, con tatuajes en los brazos y una sonrisa de pendejo travieso esperaba con un perchero lleno de ropa. Se llamaba Lucas, el vestuarista, y tenía esa vibe de cheto que sabe lo que quiere. Ángela lo miró de reojo y sintió un cosquilleo en el estómago. - Ahí está, vamos a ver qué me trajo -
Se acercó a Lucas, que la miró de arriba abajo con ojos hambrientos. - Hola, reina. Mirá lo que te preparé para hoy. Este top crop con brillos, una pollera corta de cuero que te va a marcar todo, y unas botas altas que te van a hacer parecer una diosa del pop -.
Ángela tomó la falda y la levantó, arqueando una ceja. - Boludo, esto es re corto. ¿Querés que se me vea la bombacha en el video? -. Lucas se rió, acercándose un poco más de lo necesario para ajustarle el top sobre la remera. Sus dedos rozaron su piel accidentalmente, o no tan accidentalmente. - Nah, che, es para que se vea lo justo. Pero si querés, te ayudo a probártelo. Sabés que soy experto en... ajustes precisos -
Ángela sintió un calor subiendo por su cuello, pero le siguió el juego con una sonrisa pícara. - Mirá vos, qué servicial. ¿Y si te pido que me ajustes bien la tanga también? No vaya a ser que se me corra durante el baile -
Lucas tragó saliva, sus ojos bajando a su cadera. - Por mí, encantado. Te la ajusto tan bien que no vas a querer sacártela nunca -. Ella se rió, dándole un empujoncito juguetón. - Cuidado, Lucas, que soy una mina ocupada. Dale, ayúdame a cambiarme en el camarín -.
Entraron al pequeño camarín improvisado, una habitación con espejos y luces fuertes. Ángela se sacó la remera sin pudor, quedando en corpiño negro de encaje. Lucas la miró fijo, mordiéndose el labio. - Boluda, estás para comerte entera. Ese corpiño te queda pintado -
Ella giró, posando. - Gracias, che. ¿Me ayudás con el top? -. Él se acercó, sus manos temblando un poco al abrocharlo, rozando sus tetas de manera sutil. - Listo. Pero si querés, te lo saco después... para un ajuste más profundo -. Ángela lo miró por el espejo, con ojos brillantes. - Ya vamos a ver -

Salieron al set, y la grabación empezó. Luces, música a todo volumen con el beat de "Favorita" retumbando en los parlantes. Ángela bailaba como una diosa, moviendo las caderas al ritmo, cantando playback con esa voz ronca que enloquece a todos. El equipo aplaudía entre tomas, pero uno en particular, un productor grandote llamado Martín, no podía quitarle los ojos de encima. Era un tipo de unos 35, musculoso, con cara de pendejo arrogante.
Durante la primera toma, se acercó para "corregir" su posición, poniendo una mano en su cintura. - Ángela, movete un poco más a la izquierda, che -. Su mano se deslizó un poco más abajo, rozando el borde de su falda. Ella sintió el toque, pero lo dejó pasar, sonriendo. - Gracias, Martín. ¿Te gusta cómo me muevo? -. Él guiñó un ojo. - Me encanta, boluda. Tenés un flow que calienta a cualquiera -
La grabación siguió, con Ángela sudando bajo las luces. En una pausa, se escapó diciendo: - Che, voy a arreglarme el vestuario un toque. La pollera se me sube toda -. Pero en realidad, corrió al camarín donde Lucas la esperaba, escondido detrás de una cortina.
Apenas entró, él la agarró por la cintura y la besó con furia, sus labios devorando los de ella. - Boluda, no aguanto más. Te vi bailando y me puse como loco -. Ángela jadeó, presionando su cuerpo contra el de él. - Shh, rápido, che. Solo un ratito -.
Sus manos bajaron a su falda, levantándola, mientras ella le desabrochaba el pantalón. Lucas la levantó contra la pared, penetrándola de un empujón fuerte. - ¡Ah, sí! Dale, más fuerte -, murmuró ella, mordiéndose el labio para no gritar. Él embestía rápido, sus caderas chocando con un ritmo frenético. - Sos una diosa, Ángela. Te voy a romper toda -
El encuentro duró solo minutos, pero intensos: ella clavando las uñas en su espalda, él mordiéndole el cuello, dejando marcas rojas. Terminaron jadeando, con Ángela ajustándose la tanga empapada. - Volvamos antes de que nos busquen, boludo -. Lucas la besó una vez más. - Esto no termina acá, reina -
De vuelta al set, la grabación continuó. Martín se acercó otra vez, esta vez para "ayudarla" con una pose. Su mano se posó en su muslo, subiendo un poco bajo la falda. - Relajate, che. Así quedás perfecta -. Ángela sintió el calor entre sus piernas, ya excitada por lo de Lucas. - Martín, sos un pícaro. Cuidado con esas manos -. Él sonrió, apretando un poco. - Solo ayudo, boluda. Pero si querés, ayudo más -. Ella se rió, apartándose suavemente, pero el toque la dejó caliente, con las tetas endurecidas bajo el top.
En otra toma, mientras bailaba, Martín se paró detrás para "dirigir", y su mano rozó su culo accidentalmente, o no. - Upa, perdón -. Ángela giró, con una mirada juguetona. - No pasa nada, che. Pero la próxima vez, avisá -. Él la miró fijo. - Tal vez la próxima sea intencional -. Ella se calentó más, pero no pasó a mayores; el set estaba lleno de gente.
Otro escape: Ángela fingió un problema con las botas. - Voy al camarín, esta bota me aprieta -. Corrió a Lucas, que la esperaba con la pija ya dura. - Vení, reina. Te voy a dar lo que necesitás -. La tiró sobre el sofá del camarín, sacándole la falda de un tirón. - ¡Sí, Lucas! Metémela ya -
Él la penetró de rodillas, embistiendo profundo, mientras ella gemía bajito. - Más, boludo, rompeme el orto -. No, esta vez fue vaginal, pero intenso: él agarrándole las tetas, pellizcando los pezones, ella arqueando la espalda. - Me vas a hacer acabar, che -. Terminaron rápido, con Ángela temblando, ajustándose la ropa. - Sos adictivo, hijo de puta-
La grabación siguió con más manoseos de Martín. En una escena de baile grupal, él se acercó como productor y le puso las manos en las caderas para "guiarla". Sus dedos se hundieron en su carne, rozando el borde de la tanga. - Movete así, Ángela. Sentí el ritmo -. Ella jadeó sutilmente, sintiendo la excitación crecer.
- Martín, me estás calentando, boludo -. Él susurró: - Eso es lo que quiero -. Otro toque en el brazo, bajando a su pecho casi, pero se contuvo. Ángela estaba en llamas, pero profesional: siguió bailando, con el cuerpo vibrando.
Finalmente, el director gritó: - ¡Corte! ¡Terminamos, gente! Gran trabajo -. Todo el equipo aplaudió. Ángela se despidió con besos y abrazos. - Gracias, boludos. La rompimos -.
Martín se acercó último, abrazándola fuerte. Su mano bajó a su culo, agarrándolo con fuerza, y le dio una nalgada sonora. - Chau, divina. Nos vemos pronto -. Ángela sintió el golpe como una chispa, su tanga ya mojada de nuevo. - ¡Ay, Martín! Sos un salvaje -. Se rió, pero se alejó rápido, desesperada por encontrar a Lucas.
Corrió al camarín, donde Lucas la esperaba desnudo casi, solo en boxers. - Vení, reina. Sé que estás desesperada -. Ángela se sacó el top y la falda, quedando en tanga y botas. - Sí, Lucas. Cogeme fuerte, che. No aguanto más -
Él la tiró al piso, sobre una alfombra, y la penetró con violencia, embistiendo como un animal. - ¡Ah, sí! Dale, rompeme la concha -. Sus gemidos llenaban el aire, ella clavándole las uñas, él mordiéndole las tetas. - Sos una puta divina, Ángela -
Cambiaron posiciones: ella arriba, cabalgándolo, sus tetas rebotando. - Más profundo, boludo. Llename -. Él la agarraba por el culo, metiendo un dedo atrás. - Te voy a dar por todos lados -
Pero Martín, el productor, la había seguido. Escuchó los gemidos y abrió la puerta sigilosamente. Los vio: Ángela montando a Lucas, gimiendo como loca. - ¡Qué hija de puta! -, pensó, pero se excitó al instante, sacándose la pija dura.
Ángela lo vio de reojo y, en vez de enojarse, sonrió perversa. Se levantó, solo con la tanga corrida a un lado, y se acercó a él, meneando las caderas. - Mirá vos, Martín. ¿Viniste a espiar? ¿O querés unirte, boludo? -
Martín tragó, mirando su cuerpo sudoroso. - Ángela, sos una tentación. Sí, quiero -. Ella miró a Lucas, que asintió con una sonrisa. - Dale, che. Vení, que hay para todos -
Ángela se arrodilló frente a Martín, sacándole el pantalón. - Mirá qué pija grande tenés. Me la voy a comer toda -. Empezó a chuparselá, lamiendo la cabeza, chupando profundo, mientras Lucas se paraba detrás y la penetraba de nuevo.
- ¡Ah, sí! Cogeme mientras se la chupo -. Martín gemía, agarrándole el pelo. - Boluda, sos experta -.
Cambiaron: Ángela se acostó en el sofá, con Martín metiéndosela en la boca y Lucas en la concha. - Dale, chicos. Usenme como quieran -. Lucas embestía fuerte, sus bolas chocando contra su culo. - Te voy a llenar, reina -. Martín le cogía la boca, profundo, haciendo que se ahogara un poco. - Tragátela toda -
Luego, doble penetración: Lucas abajo, en su concha, Martín atrás, en su orto. Ángela gritaba de placer. - ¡Sí, rompánme los dos! Me encanta -. Embestían al ritmo, sus pijas frotándose dentro de ella. - Boludos, me van a hacer explotar -
Ella se corrió una y otra vez, temblando, sus jugos chorreando. Cambiaron posiciones por todo el camarín: contra el espejo, donde veía su cara de placer; en el piso, con uno en cada agujero; ella chupando a uno mientras el otro la cogía por atrás. - Más, che. No paren -. Lucas le mordía los pezones, Martín le nalgueaba el culo rojo. - Sos nuestra puta, Ángela -
Duró horas, o eso parecía: - Metémela más fuerte, Martín. Lucas, chupame las tetas -. Ellos obedecían, sudando, gimiendo. - Te vamos a bañar en leche, boluda -.
Finalmente, Ángela, exhausta pero todavía encendida, se arrodilló en el piso. - Acábenme encima, chicos. Pero antes... nalgueenme fuerte, quiero sentirlo todo -. Lucas y Martín se miraron con una sonrisa perversa y se posicionaron a cada lado. Ella se puso en cuatro, empinando el culo alto, la tanga corrida a un lado dejando su piel roja y marcada de antes.
Lucas levantó la mano primero y le soltó una nalgada sonora, el sonido rebotando en las paredes del camarín. - ¡Ahhh, sí, boludo! Más fuerte -, gimió Ángela, arqueando la espalda. Martín no se quedó atrás: su palma cayó con fuerza sobre la otra nalga, dejando una huella roja al instante. - ¡Tomá, puta divina! -, gruñó él. Los golpes venían alternados, uno tras otro, cada nalgada más fuerte que la anterior. El culo de Ángela temblaba con cada impacto, enrojeciéndose cada vez más, mientras ella gemía sin control: - ¡Sí, así! ¡Nalguéenme, carajo! ¡Me encanta cuando me pegan fuerte! -
Lucas agarró una nalga con las dos manos, abriéndola un poco para que Martín le diera en el centro, justo donde la piel ardía. - ¡Ahhh, mierda, qué rico! -, gritó ella, mordiéndose el labio, los ojos entrecerrados de placer. Martín alternaba con palmadas rápidas, como si estuviera marcando ritmo: clap-clap-clap, cada una haciendo que sus tetas se sacudieran y que sus gemidos subieran de tono. - ¡Más, más! ¡No paren, boludos! Me van a hacer acabar solo con esto -
Los dos seguían, las manos ardiendo de tanto golpear, el culo de Ángela ya completamente rojo, caliente, vibrando con cada nalgada. Ella se retorcía, empujando el culo hacia atrás para pedir más, gimiendo como loca: - ¡Sí, sí! ¡Péguenme más fuerte! ¡Me ponen re caliente! -. Finalmente, entre gemidos y palmadas, Lucas y Martín se pajearon rápido, eyaculando al mismo tiempo sobre su espalda, sus tetas y su cara. Chorros calientes le cayeron encima mientras ella seguía gimiendo bajito, el culo todavía temblando por los últimos golpes.
Se levantó despacio, limpiándose con una toalla, el cuerpo brillante de sudor y semen, el culo ardiendo de placer. - Gracias, chicos... fue una locura -. Los chapó a ambos, profundo, con lengua, saboreando todavía el fuego de las nalgadas. - Nos vemos en el próximo videoclip, ¿eh? -. Salió del camarín, aún con la tanga empapada, sintiéndose como una reina absoluta, el ardor en las nalgas recordándole cada segundo de esa tarde prohibida.
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