You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Familia México-Colombiana 7

Me llamo Héctor y a mis 50 años mi verga sigue respondiendo como si tuviera 20 cada vez que pienso en Noralba. Esas hermosas tetas que se caen pesadas, venas azules marcadas bajo la piel suave y tibia en donde me vine incontables veces, pezones anchos, casi negros, gruesos como el dedo pulgar, que se endurecian al instante y se alargan cuando los muerdo hasta que ella gritaba y se le saltaban las lágrimas de placer-dolor. Su culo: redondo, alto, carne firme que tiembla cuando le daba una nalgada fuerte, y cuando lo separaba con las manos el agujero se abria solo, rosado, arrugado, contrayéndose como si me estuviera invitando a entrar y destrozarlo. Su coño es una obra maestra: labios mayores carnosos y oscuros que se hinchan y se abren como carne madura, labios menores colgando mojados, clítoris grande y protuberante que se pone rojo sangre cuando está al límite, y dentro… caliente, húmeda, apretada, con paredes que me ordeñaban la verga como si quisieran tragársela entera.
Desde que nos separamos, cada paja es un ritual de ella. Me siento en el inodoro del baño de abajo sin que mi esposa Alejandra no se de cuenta, porque me puedo cojer a cualquier pero no a Noralba, es la única que Alejandra me tiene prohibida, me escupo en la palma hasta que chorrea saliva espesa, agarro mi verga de carne gruesa, venas gruesas como cables, cabeza morada e hinchada que gotea precum como una llave abierta— y me la ordeño lento al principio, imaginando que es la garganta de Noralba tragándomela hasta que la saliva le chorrea por la barbilla. Acelero, aprieto la base hasta que las venas se marcan más, y me corro gruñendo su nombre: chorros calientes y espesos que me salpican el abdomen, el pecho, la mano, goteando pesados hasta el piso mientras imagino que es su cara la que estoy pintando, su lengua la que lame cada gota.
La hermana de Noralba siempre fue un peligro. Culo más grande, tetas firmes que rebotaban cuando caminaba, pezones rosados que se marcaban siempre. Me rozaba la verga con la palma al pasar, se sentaba en mi regazo y se movía despacio hasta ponérmela como piedra. Nunca pasó nada… pero cuántas veces fantaseé con tenerlas a las dos en la misma cama: Noralba debajo, mi verga clavada hasta los huevos en su culo mientras su hermana me lame los huevos desde abajo, lengua larga metiéndose entre mis nalgas, y después se sube a mi cara para que le coma el coño hinchado y mojado mientras yo sigo follando a Noralba sin parar.
Despues de años de no saber nada de ella, el mensaje llegó como un latigazo directo a los huevos.
“Hola Flaquito. Estoy empapada desde anoche. Mi coño palpita solo de pensar en tu verga abriéndome. Quiero verte pajearte esa polla gorda mientras me meto cuatro dedos y me corro gritando tu nombre. Enciende la cámara YA.”
La verga se me puso dura al instante, presionando contra el cierre del pantalón hasta doler. Respondí:
“Carajo, Noralba. Estoy goteando solo de leerte. Abre todo. Quiero verte reventarte para mí.”
Estaba solo, me acosté en nuestra cama y Me arranqué la ropa. Mi verga saltó libre, gruesa, venas marcadas, cabeza morada brillante de precum que me chorreaba por el tronco hasta los huevos. Pulsé videollamada.
Ahí estaba ella: desnuda, tacones rojos, tetas colgando pesadas, pezones oscuros ya duros como piedras. Se separó los labios del coño con los dedos, mostrando todo: rojo furioso, brillante de miel, clítoris hinchado latiendo visiblemente.
“Enséñame esas tetas hermosas”, le gruñí.
Las levantó, las soltó con un golpe sordo que las hizo rebotar violentamente. Pellizcó los pezones, tiró hasta que se alargaron y gritó de dolor-placer. “Míralos… siguen siendo tuyos… rómpelos, muérdelos hasta que sangren, hazme llorar.”
Me agarré la base con fuerza, empecé a pajearme lento, apretando cada vez que subía al glande, sacando más precum que chorreaba por mis nudillos. “Date la vuelta. Separa ese culo hasta que se vea el fondo.”
Se giró, se agachó profundo, apoyó las manos en el piso, separó las nalgas con violencia hasta que el agujero se abrió como una boca hambrienta. Rosado, arrugado, contrayéndose. “¿Ves? Sigue siendo solo tuyo… quiero que me lo revientes otra vez… que me lo dejes rojo, hinchado, goteando tu semen espeso por horas.”
Aceleré el puño, la verga hinchándose más, venas latiendo. “Siéntate. Abre las piernas hasta que te duela. Métete los dedos y fóllate como si te estuviera clavando yo.”
Se sentó, abrió todo, metió dos, tres, cuatro dedos. Los curvó, los sacó empapados, hilos gruesos de miel colgando, se los metió en la boca entera y los chupó gimiendo como puta. “Sabe a mí… pero quiero tragarme tu corrida caliente hasta que me queme la garganta.”
Le solté todo crudo: “Te voy a poner en cuatro patas… te voy a escupir directo en el culo, saliva caliente corriendo por tu agujero… te voy a meter la lengua entera, lamiendo dentro, saboreando tus paredes calientes y apretadas… luego dos dedos, tres, cuatro, metiéndolos hasta el fondo, abriéndote brutal hasta que supliques que pare porque duele tan rico que te corres sin tocarte. Y cuando estés floja, temblando, agujero abierto y palpitando, te voy a clavar la verga de un empujón salvaje, seco, hasta los huevos, sintiendo cómo tu culo me aprieta como un tornillo caliente y estrecho. Te voy a follar como animal, jalándote el pelo hacia atrás hasta que se te arquea la espalda, dándote nalgadas que te dejen la carne morada, y cuando me corra te voy a inundar: chorros calientes y espesos golpeando tus paredes, semen abundante saliendo a borbotones por los bordes, chorreando por tus muslos, goteando al piso en charcos blancos mientras tiemblas y te corres gritando mi nombre.”
Ella metió casi la mano entera, se frotaba el clítoris con furia, dedos empapados entrando y saliendo con ruido húmedo. “Sí… rómpeme el culo… métemela hasta que me desgarre… quiero sentir cómo me abres, cómo me dejas colgando… quiero llegar a casa con el culo flojo, semen tuyo saliendo a chorros cuando me siente en el sofá, que mi marido vea el desastre que dejaste y sepa que su mujer es de tu propiedad”
La verga se me hinchó al límite, glande latiendo, venas como cables tensos. “Después te volteo… te meto la polla todavía sucia de mi corrida y de tu culo directo al coño… te follo tan profundo que golpeo el cuello del útero con cada embestida, sintiendo cómo se abre para recibirme… te hago squirtear chorros calientes que me mojan el abdomen, el pecho, la cara mientras te digo que eres mía para siempre… y cuando termine te pongo de rodillas, te abro la boca con los dedos, te agarro la lengua y te pinto la cara: chorros gruesos y calientes en la frente, en las mejillas, en los ojos, en la lengua… te hago tragar hasta que te atragantes, hasta que me mires con los ojos llorosos y semen chorreando por tu barbilla diciendo ‘soy tuya, Héctor… solo tuya… para siempre’.”
Eso la destrozó. Gritó mi nombre ronco, el coño se contrajo violentamente, un chorro potente salió disparado salpicando el espejo, el piso, sus tetas, sus muslos. Temblaba entera, pezones morados de tanto pellizcarlos, cara roja, ojos vidriosos.
Yo exploté. Gruñí como bestia, la verga latió salvaje: chorros potentes y espesos salieron volando —uno me pegó en la barbilla y me chorreó por el cuello, otro en el pecho, otro cayó pesado en mi mano que seguía ordeñándola—. Me corrí tanto que el semen caliente me goteaba por los huevos, por los muslos, formaba un charco en el piso. La verga siguió latiendo minutos después, goteando todavía.
Jadeamos mirándonos, ella con los dedos todavía dentro sintiendo las últimas contracciones, yo con la verga semi-dura chorreando.
“No basta”, le dije con voz rota, todavía duro. “En dos semanas te recojo donde sea. Te llevo. Te ato a la cama con esposas si te resistes. Te follo tres días enteros sin parar: coño hasta que quede rojo e hinchado, culo hasta que no puedas cerrar el agujero, boca hasta que te duela la mandíbula, tetas hasta que queden cubiertas de mi semen seco. Te voy a dejar temblando, voz rota, cuerpo marcado con mordidas, nalgadas, semen pegado en cada poro. Y cuando termine… vas a volver a tu casa oliendo a sexo crudo, coño colgando, culo flojo y goteando, semen seco en la piel. Tu marido va a olerlo todo… va a saber que te reclamé, que te marqué como mía otra vez.”
Ella sonrió, temblando, un hilo grueso de squirt todavía corriendo por su pierna interior.
“Tráete esposas… lubricante de litro… una cámara de alta definición. Graba cada embestida, cada chorro, cada grito. Quiero verte follarme mientras me dices que soy la mejor mujer que has tenido en tu vida… y después… quiero verlo una y otra vez mientras mi marido duerme al lado, sabiendo que nunca me va a tener así.”
Colgué.
Pero ya estaba contando los minutos.
Porque esto ya no es un recuerdo ni una fantasía.
Esto va a ser carne contra carne, semen y sudor y gritos.
Y cuando ocurra… voy a destrozarla hasta que no quede nada de la mujer que se casó con otro.
Solo quedará mi puta.
Mía.
Destrozada.
Llena de mí hasta reventar.

0 comentarios - Familia México-Colombiana 7