Desperté con el cuerpo todavía vibrando. La noche anterior había sido un caos de carne y sudor. Recordaba fragmentos borrosos entre el sueño a Lucas terminando dentro de mí, agotado, desplomándose sobre mi pecho... y luego a Camilo entrando sin pedir permiso, aprovechando mi estado de fatiga total, tomando su ronda mientras Lucas, , se recuperaba mirándonos con esa mezcla de celos y excitación que me había hecho sentir más deseada que nunca.
Santiago llegó esa mañana con Mateo dándome un beso y palmiando mis nalgas frías y dijo fuerte en la cosina con los tres hermanos
Santiago
Tienes un culote mi amor , me encanta cogerte ese culo a si frío

Yo solo me reí , y pensé jummm si supieras que dos de tus hermanos ayer me probaron y me usaron
Valeria
Jejeje tan lindo mi amor gracias
Santiago
Bueno muchachos yo estos días no voy a poder venir por qué la mina está creciendo mucho y ahora ,mientras conseguimos a otro supervisor me toca estar en los dos turnos
Valeria
Cómo así amor si así ya casi ni te veo ahora sí que menos
Santiago
Amor es temporal todo se va. A estabilizar y van aa ver qué a todos nos va a ir mejor
Bueno vamos a cuadrar los turnos de esta semana
Lucas y Camilo saltaron a decir que ellos quería seguir otra semana así como estaban
Santiago
Pues si Mateo no dice nada
Mateo
No pasa nada igual ya le estoy comiendo el ritmo
Santiago
Bueno no siendo más entonces vámonos ya
Santiago se había ido al a la mina, como siempre. Y Mateo... Ya había aceptado el turno nocturno. Una semana entera. Siete días donde la casa sería solo nuestra, sin reglas, sin horarios, sin excusas.
Sabiendo que Santiago no se Hiba a parecer por la casa me lleno de un morbo profundo
Me levanté y fui a la cocina y miré mi reflejo en el espejo. Ya casi no me quedaba ropa. Santiago me había comprado lencería bonita, conjuntos elegantes, pero eso se había perdido o roto . Ahora solo me quedaban tangas diminutas —unas negras de encaje que se me clavaban entre las nalgas— y camisetas viejas de Santiago que apenas me cubrían el culo. Eso era todo. Y algo en esa vulnerabilidad, en andar medio desnuda por la casa sabiendo lo que vendría, me mantenía en un estado de excitación constante.

Estaba en la cocina con solo esa tanga y sin nada arriba . Mis pezones se marcaban , erectos por la frescura de la mañana y la anticipación. Me paré frente a la mesada, apoyando las manos sobre la superficie fría, con la espalda arqueada, ofreciéndome sin vergüenza.
Estaba preparando el café, de espaldas a la puerta, cuando escuché sus pasos.
Lucas:
"Valeria," dijo Lucas desde el marco de la entrada, y su voz sonó ronca, cargada de intención.
Me volteé lentamente, apoyando mis caderas contra la mesada de cemento. La camiseta me llegaba justo a medio muslo, dejando ver el borde de la tanga negra.
"¿Sí, Lucas?" respondí, y mi propia voz sonó diferente. Más grave, más provocativa. "¿Te gusta lo que ves?"
Lucas dio dos pasos hacia mí, con la mirada fija entre mis piernas.
Lucas:
"Estás usando solo eso por la casa ahora," observó Lucas, acercándose hasta que su cuerpo casi rozaba el mío. "Como una puta que quiere ser vista. Como una perra en celo que quiere ser follada."
Valeria :
"Quizás lo soy," murmuré, sintiendo cómo se me aceleraba el corazón. "Quizás me gusta que me vean así. Que sepan que no llevo nada debajo. Que soy la puta de los hermanos de mi novio."
Lucas me tomó de la cintura y me levantó sin esfuerzo, sentándome sobre la fría mesada de cemento. El contraste entre la superficie helada y su calor me hizo jadear.
Lucas :
"Entonces mírate," dijo Lucas, agarrando mi barbilla para obligarme a mirar hacia abajo
Lucas :
. "Mira lo que eres, Valeria. Una novia infiel que se entrega a los hermanos de su prometido. Una zorra que se pone en tanga para ser usada."
"Si... soy una perra... una puta infiel..." repetí, y cada insulto me excitaba más. "Me encanta... Dios, me encanta ser esto... La puta de ustedes, Lucas..."
Lucas separó mis piernas con sus caderas y bajó su pantalón de trabajo. Estaba duro, rojo, palpitante. Lo tomó con la mano y lo frotó contra mi entrada, mojándose con mi humedad que ya fluía abundante.
"Te voy a tomar aquí," anunció Lucas, "en la cocina donde comes con Santiago. En la mesada donde desayuna tu novio. Y vas a gritar, Valeria. Quiero que esta casa sepa quién te está poseyendo ahora."
Me penetró de una estocada profunda y brutal que me arrancó un grito agudo.

"¡Aaaaaaah! ¡Lucas, Dios...!"
*¡Plap!*
La primera embestida sonó seco, húmedo, obsceno. Mis uñas se clavaron en sus hombros desnudos, arañando la piel mientras él comenzaba a moverse con un ritmo salvaje.
"¡Mmmmm... aaaaaah... sí, Lucas... más duro...!"
*¡Plap-plap-plap-plap!*
El ritmo se estableció rápido, desenfrenado. La mesada vibraba con cada embestida, haciendo tintinear los utensilios de cocina a nuestro alrededor.
"Escúchate," jadeaba Lucas contra mi oído, mientras sus caderas golpeaban contra las mías. "Escucha cómo te abres para mí... cómo gimes como una perra en celo..."

*¡Plap-plap-plap!*
"¡Ahh! ¡Ahh! ¡Aaaaaaaah...!"
Cada embestida me arrancaba un sonido diferente. Mis piernas se enroscaron en su cintura, instándolo a ir más profundo, más duro.
"¡Aaaaaaaah...! ¡Sí, así... fóllame, Lucas... fóllame como la puta que soy!"

Estaba tan húmeda que cada movimiento suyo producía un sonido obsceno, un *plash-plash-plash* rítmico que me avergonzaba y excitaba por igual. Sentía cada centímetro de su grosor estirándome, llenándome por completo.
"¿A quién perteneces?" gruñó Lucas, agarrando mi barbilla para obligarme a mirarlo a los ojos. Sus pupilas estaban dilatadas, negras de deseo.
"¡A ustedes... a los dos...!" balbuceé, sintiendo el orgasmo acercarse. "¡Soy de ustedes... su puta... su perra...!"
"Puta," escupió Lucas, y esa palabra fue el detonante.
El orgasmo me destrozó. Mis músculos se contrajeron alrededor de su miembro, pulsando con cada espasmo.
"¡¡Aaaaaaaah...!! ¡¡Me vengo...!! ¡¡Lucas, me vengo...!!"
*¡Plap-plap-plap!*
"¡¡Uuuuuh...!! ¡¡Valeria...!!"
Se quedó ahí, jadeando, vaciándose dentro de mí con fuerza, mientras yo gritaba mi placer al techo de la cocina.
---
No pasó ni una hora. Estaba en el baño, bajo la ducha, intentando limpiarme de Lucas, cuando escuché la puerta abrirse.
"Valeria," dijo Camilo desde el umbral, y su voz tenía esa sonrisa perezosa y peligrosa que ya conocía.
Me volteé bajo el chorro de agua, con el cabello mojado pegado a la espalda, con la tanga negra empapada y transparente.
"Camilo... estoy..." intenté decir, pero mi voz se quebró.
Camilo se desvistió sin prisa, dejando ver su cuerpo atlético, su miembro ya erecto, más grande que el de Lucas, más grueso. Mi mirada se clavó allí instintivamente.
"Escuché todo en la cocina," dijo Camilo, entrando a la ducha conmigo. El espacio era pequeño, íntimo, humeante. "Parece que Lucas te dejó bien abierta... pero yo soy más grande que él, Valeria. Y voy a hacerte gritar más fuerte."
"Camilo, por favor... es que..." intenté protestar, pero me tomó de la cintura y me volteó de espaldas a él, empujándome contra el vidrio empañado de la ducha
Obedecí. Me apoyé en las manos contra el vidrio de la ducha, arqueando la espalda, ofreciéndome. a Camilo dejando mi vagina expuesta, roja, todavía húmeda de Lucas.
"Mirate," dijo Camilo, alineándose con mi entrada. "Mira lo que eres. Una puta que se exhibe para sus cuñados . Que se pone en cuatro para ser follada."
"¡Aaaaaaaah...!" El grito me salió involuntario cuando entró.

Era enorme. Sentí cada centímetro de su grosor estirándome, llenándome hasta el fondo.
"¡Camilo... por favor... es demasiado... es tan grueso...!" supliqué, agarrándome del vidrio, sintiendo cómo mi cuerpo intentaba ajustarse a su tamaño.
"Shhh," susurró Camilo, comenzando a moverse con movimientos circulares profundos. "Déjate llevar... eres nuestra juguete esta semana, Valeria... nuestra putita personal..."
*¡Plap-plap-plap!*
Comenzó a embestirme en serio, y el sonido de nuestras pieles mojadas chocando llenaba el pequeño espacio del baño.
"¡Mmmmm... aaaaaah... Camilo... más lento... no cabe todo...!" grité, pero mis caderas se empujaban hacia atrás por su cuenta, traicionando mis palabras.

"No te hagas la tímida ahora," gruñó Camilo, agarrando mi cabello mojado y tirando hacia atrás. "Grita. Quiero que Santiago escuche cómo te cojen sus hermanos... quiero que sepa que su novia es una zorra insaciable..."
"¡Sí... sí... me encanta... soy una zorra...!" grité, abandonando toda reserva. "¡Fóllame, Camilo... fóllame como la puta que soy! ¡Aaaaaaah... mmmmm... sí, así... más profundo...!"
*¡Plap-plap-plap-plap-plap!*
"¡Me vengo... Dios, Valeria... me vengo dentro de ti...!" rugió Camilo, clavándose hasta el fondo.
"¡¡Aaaaaaaah...!! ¡¡Yo también...!! ¡¡Camilo...!!"
Me vine con él, contrayéndome violentamente alrededor de su pene .
"¡¡Mmmmmmm... aaaaaaaah...!!"

Para el cuarto día, ya no había pretensiones. Me usaban donde querían.
En la sala, sobre el sofá viejo donde Santiago y yo veíamos televisión, Lucas me tomó en 4 , con las piernas abiertas , embestía con fuerza.
"¡Mírate, Valeria!" decía Lucas, agarrando mis caderas para embestir e con más fuerza. "¡Siente siente al hermano de tu novio mira como te cojo! ¡Puta!"
"¡Sí, sí, soy una puta! ¡Aaaaaaah...!" gritaba yo, sintiendo cómo mi cuerpo traicionaba cualquier resistencia.

En el patio trasero, de noche, me arrodillé entre ellos, alternando sus miembros en mi boca, con los sonidos obscenos de mi boca llena.

"Chúpalo bien, Valeria," ordenaba Lucas, agarrando mi cabello mientras yo tenía a Camilo en la garganta. "Muéstrame cómo le haces a mi hermano. ¿Sabes que Santiago nunca te ha visto así? ¿Chupando dos vergas como una puta de calle?"
"¡Mmmmm... gluck-gluck-gluck... aaaaaah...!" intentaba responder con la boca llena, sintiendo el sabor de ambos, la textura diferente, el grosor de Camilo que apenas cabía en mi garganta.
"Qué buena boca tienes, zorra," gemía Camilo, empujando más profundo. "Se la vamos a tener que prestar a Mateo..."


Y entonces llegó la noche del trío.
Estaba en la habitación de Mateo, la más grande de la casa, con una cama que crujía peligrosamente. Solo llevaba la tanga negra, apenas cubriendo lo indispensable. Lucas y Camilo entraron juntos, ya desnudos, ya duros para mí, con una determinación en sus ojos que me hizo estremecer de anticipación.
"Esta noche te tomamos juntos," anunció Lucas, acariciándose mientras se acercaba. "Los dos a la vez. Doble penetración, putita. ¿Estás lista para sentirnos a los dos llenándote por completo?"
Tragué saliva, sintiendo el miedo y la excitación. Asentí, abriendo las piernas en invitación.
"Primero te preparo," dijo Lucas desde la cama, acostándose boca arriba. "Súbete encima de mí. En amazona. Quiero ver tu cara mientras Camilo te abre por atrás."

Obedecí. Me monté sobre Lucas, guiando su miembro hacia mi vaguina. Bajé lentamente, sintiendo su longitud deslizarse dentro de mí, llenándome mientras mis pechos colgaban sobre su rostro.
"¡Mmmmm... aaaaaah... Lucas... que rico...!" gemía, cabalgando con movimientos circulares. "¡Estás tan profundo...!"
Lucas agarró mis pezones con ambas manos, pellizcándolos mientras yo me movía sobre él. "Eso es, puta," gruñó Lucas. "Abrete bien para nosotros. Quiero que sientas a los dos hermanos de tu novio dentro de ti al mismo tiempo."
Yo cabalgaba mientras chupaba el pene de Camilo , pasaron unos minutos
Entonces sentí a Camilo pasarse detrás de mí. Escuché el sonido del lubricante, y luego sus manos separando mis nalgas, exponiendo mi culo .
"Relájate, zorra," susurró Camilo, posicionándose. "Vas a sentirme aquí... mientras Lucas te tiene adelante... vas a estar tan llena de nosotros, Valeria... tan nuestra..."
Sentí la presión de su glande contra mi ano, empujando, abriéndome. Grité cuando entró, lento pero inexorable, su grosor enorme estirándome al máximo junto con Lucas.

"¡Aaaaaaaah...!! ¡Dios... Dios... son dos... son dos vergas...!" lloriqueé, sintiendo la plenitud absoluta, la sensación de estar completamente llena por ambos lados. "¡Es demasiado... no caben... aaaaaah...!"
"Shhh... sí caben," gruñó Camilo desde atrás, agarrando mis caderas. "Mírate... tomando a los dos hermanos de Santiago... si supiera tu novio que eres nuestra puta de doble..."

"¡Sí... sí...!" grité yo, volviéndome más descarada, más verbal. "¡Fóllenme... usenme... soy la puta de ustedes... la zorra de los hermanos de mi novio! ¡Aaaaaaah... mmmmm... sí, así... más profundo...!"
Comenzaron a moverse en un ritmo que encontraron intuitivamente. Cuando Lucas subía, Camilo bajaba, creando una fricción constante, un vaivén que me volvía loca.
*¡Plap-plap-plap!* — el sonido de Camilo golpeando mis nalgas desde atrás.
*¡Plap-plap-plap!* — el sonido de Lucas embistiendo desde abajo.

"¡Escucha eso, Santiago!" gritó Lucas de repente, dirigiéndose a la nada, a la memoria de mi novio. "¡Escucha cómo tu novia gime con dos vergas dentro! ¡Tu dulce Valeria es nuestra puta, hermano! ¡La estamos llenando entre los dos!"
"¡Sí... sí... díselo...!" chillé yo, abandonada al morbo. "¡Dile que soy su puta... que me encanta... que prefiero sus vergas a la de él! ¡Aaaaaaaah...!!"
Camilo agarró mi cabello y tiró hacia atrás, obligándome a arquear la espalda mientras ambos me embestían con fuerza brutal.
"¡Puta infiel!" gruñó Camilo. "¡Zorra! ¡A quién perteneces, Valeria!"
"¡A ustedes... a los dos...!" grité, sintiendo el orgasmo más intenso de mi vida acercándose. "¡Soy de ustedes... su puta... su perra... llémenme... llémenme de semen...!"
"¡Me voy a venir...!" gritó Camilo desde atrás, clavándose hasta el fondo, sus dedos clavándose en mis caderas.
"¡Yo también...!" rugió Lucas desde abajo, agarrando mi cintura con desesperación.
"¡Sí... sí... llévenme... llévenme con ustedes...!" chillé. "¡Dentro... vengan dentro de mí... quiero sentirlos... quiero estar llena de su semen...! ¡Aaaaaaaah...!! ¡Mmmmmmm...!!"
Explotaron dentro de mí casi simultáneamente. Sentí las pulsaciones de Lucas inundando mi interior, y segundos después, la presión de Camilo liberándose en mi ano, caliente, abundante.
"¡¡Uuuuuh...!! ¡¡Valeria...!!"
"¡¡Aaaaaaaah...!! ¡¡Puta...!!"
Y yo me vine con ellos, contrayéndome violentamente alrededor de ambos, gritando sin filtro.
"¡¡Aaaaaaaah...!! ¡¡Sí...!! ¡¡Mmmmm...!! ¡¡Me vengo...!! ¡¡Llena de ustedes...!!"

Colapsamos juntos. Camilo se deslizó fuera de mí lentamente y cayó a un lado de la cama, mientras yo me desplomaba sobre el pecho de Lucas, ambos todavía conectados, jadeantes, sudorosos, con su semen derramándose de mí.
Ninguno se movió durante largos minutos. El silencio de la casa era total, roto solo por nuestra respiración entrecortada y el olor denso a sexo que impregnaba todo.
Y entonces lo sentí. Una presencia en la puerta.
Levanté la vista lentamente, todavía aturdida, todavía llena de ellos, con su semen derramándose de ambos lados, y mis ojos encontraron los de Mateo.
Estaba parado en el umbral, con su ropa de trabajo de la mina todavía puesta, con el casco bajo el brazo, inmóvil como una estatua. Llevaba días enteros sin verlo, desde que había aceptado el turno nocturno, y ahora estaba ahí, en la puerta de su propia habitación, mirándonos.
Nuestros ojos se encontraron. Los suyos eran oscuros, impenetrables, pero vi algo allí que me heló y me excitó simultáneamente: conocimiento absoluto. Sabía. Había sabido todo el tiempo, o lo había descubierto en esa semana, y ahora lo tenía confirmado, viéndome desnuda, cubierta de semen de sus hermanos menores, con la mirada de alguien que acaba de ver el plato principal de una cena que le pertenecía.
No dijo nada. Solo nos observó durante unos segundos que parecieron eternos, su mirada recorriendo mi cuerpo desnudo y usado, los cuerpos desnudos de Lucas y Camilo, la cama desordenada, el olor inconfundible de sexo que impregnaba el aire.
Luego, lentamente, sus labios se curvaron en una sonrisa que no llegó a sus ojos. Una promesa. Una amenaza. Un cobro de deuda que se avecinaba.
"Valeria," dijo Mateo finalmente, y mi nombre sonó como una sentencia, como un veredicto. "Mañana hablamos tú y yo. A solas."
Cerró la puerta sin hacer más ruido, y los tres nos quedamos en silencio, sabiendo que la semana sin reglas había terminado, pero que algo más grande, más peligroso, estaba por comenzar.
Santiago llegó esa mañana con Mateo dándome un beso y palmiando mis nalgas frías y dijo fuerte en la cosina con los tres hermanos
Santiago
Tienes un culote mi amor , me encanta cogerte ese culo a si frío

Yo solo me reí , y pensé jummm si supieras que dos de tus hermanos ayer me probaron y me usaron
Valeria
Jejeje tan lindo mi amor gracias
Santiago
Bueno muchachos yo estos días no voy a poder venir por qué la mina está creciendo mucho y ahora ,mientras conseguimos a otro supervisor me toca estar en los dos turnos
Valeria
Cómo así amor si así ya casi ni te veo ahora sí que menos
Santiago
Amor es temporal todo se va. A estabilizar y van aa ver qué a todos nos va a ir mejor
Bueno vamos a cuadrar los turnos de esta semana
Lucas y Camilo saltaron a decir que ellos quería seguir otra semana así como estaban
Santiago
Pues si Mateo no dice nada
Mateo
No pasa nada igual ya le estoy comiendo el ritmo
Santiago
Bueno no siendo más entonces vámonos ya
Santiago se había ido al a la mina, como siempre. Y Mateo... Ya había aceptado el turno nocturno. Una semana entera. Siete días donde la casa sería solo nuestra, sin reglas, sin horarios, sin excusas.
Sabiendo que Santiago no se Hiba a parecer por la casa me lleno de un morbo profundo
Me levanté y fui a la cocina y miré mi reflejo en el espejo. Ya casi no me quedaba ropa. Santiago me había comprado lencería bonita, conjuntos elegantes, pero eso se había perdido o roto . Ahora solo me quedaban tangas diminutas —unas negras de encaje que se me clavaban entre las nalgas— y camisetas viejas de Santiago que apenas me cubrían el culo. Eso era todo. Y algo en esa vulnerabilidad, en andar medio desnuda por la casa sabiendo lo que vendría, me mantenía en un estado de excitación constante.

Estaba en la cocina con solo esa tanga y sin nada arriba . Mis pezones se marcaban , erectos por la frescura de la mañana y la anticipación. Me paré frente a la mesada, apoyando las manos sobre la superficie fría, con la espalda arqueada, ofreciéndome sin vergüenza.
Estaba preparando el café, de espaldas a la puerta, cuando escuché sus pasos.
Lucas:
"Valeria," dijo Lucas desde el marco de la entrada, y su voz sonó ronca, cargada de intención.
Me volteé lentamente, apoyando mis caderas contra la mesada de cemento. La camiseta me llegaba justo a medio muslo, dejando ver el borde de la tanga negra.
"¿Sí, Lucas?" respondí, y mi propia voz sonó diferente. Más grave, más provocativa. "¿Te gusta lo que ves?"
Lucas dio dos pasos hacia mí, con la mirada fija entre mis piernas.
Lucas:
"Estás usando solo eso por la casa ahora," observó Lucas, acercándose hasta que su cuerpo casi rozaba el mío. "Como una puta que quiere ser vista. Como una perra en celo que quiere ser follada."
Valeria :
"Quizás lo soy," murmuré, sintiendo cómo se me aceleraba el corazón. "Quizás me gusta que me vean así. Que sepan que no llevo nada debajo. Que soy la puta de los hermanos de mi novio."
Lucas me tomó de la cintura y me levantó sin esfuerzo, sentándome sobre la fría mesada de cemento. El contraste entre la superficie helada y su calor me hizo jadear.
Lucas :
"Entonces mírate," dijo Lucas, agarrando mi barbilla para obligarme a mirar hacia abajo
Lucas :
. "Mira lo que eres, Valeria. Una novia infiel que se entrega a los hermanos de su prometido. Una zorra que se pone en tanga para ser usada."
"Si... soy una perra... una puta infiel..." repetí, y cada insulto me excitaba más. "Me encanta... Dios, me encanta ser esto... La puta de ustedes, Lucas..."
Lucas separó mis piernas con sus caderas y bajó su pantalón de trabajo. Estaba duro, rojo, palpitante. Lo tomó con la mano y lo frotó contra mi entrada, mojándose con mi humedad que ya fluía abundante.
"Te voy a tomar aquí," anunció Lucas, "en la cocina donde comes con Santiago. En la mesada donde desayuna tu novio. Y vas a gritar, Valeria. Quiero que esta casa sepa quién te está poseyendo ahora."
Me penetró de una estocada profunda y brutal que me arrancó un grito agudo.

"¡Aaaaaaah! ¡Lucas, Dios...!"
*¡Plap!*
La primera embestida sonó seco, húmedo, obsceno. Mis uñas se clavaron en sus hombros desnudos, arañando la piel mientras él comenzaba a moverse con un ritmo salvaje.
"¡Mmmmm... aaaaaah... sí, Lucas... más duro...!"
*¡Plap-plap-plap-plap!*
El ritmo se estableció rápido, desenfrenado. La mesada vibraba con cada embestida, haciendo tintinear los utensilios de cocina a nuestro alrededor.
"Escúchate," jadeaba Lucas contra mi oído, mientras sus caderas golpeaban contra las mías. "Escucha cómo te abres para mí... cómo gimes como una perra en celo..."

*¡Plap-plap-plap!*
"¡Ahh! ¡Ahh! ¡Aaaaaaaah...!"
Cada embestida me arrancaba un sonido diferente. Mis piernas se enroscaron en su cintura, instándolo a ir más profundo, más duro.
"¡Aaaaaaaah...! ¡Sí, así... fóllame, Lucas... fóllame como la puta que soy!"

Estaba tan húmeda que cada movimiento suyo producía un sonido obsceno, un *plash-plash-plash* rítmico que me avergonzaba y excitaba por igual. Sentía cada centímetro de su grosor estirándome, llenándome por completo.
"¿A quién perteneces?" gruñó Lucas, agarrando mi barbilla para obligarme a mirarlo a los ojos. Sus pupilas estaban dilatadas, negras de deseo.
"¡A ustedes... a los dos...!" balbuceé, sintiendo el orgasmo acercarse. "¡Soy de ustedes... su puta... su perra...!"
"Puta," escupió Lucas, y esa palabra fue el detonante.
El orgasmo me destrozó. Mis músculos se contrajeron alrededor de su miembro, pulsando con cada espasmo.
"¡¡Aaaaaaaah...!! ¡¡Me vengo...!! ¡¡Lucas, me vengo...!!"
*¡Plap-plap-plap!*
"¡¡Uuuuuh...!! ¡¡Valeria...!!"
Se quedó ahí, jadeando, vaciándose dentro de mí con fuerza, mientras yo gritaba mi placer al techo de la cocina.
---
No pasó ni una hora. Estaba en el baño, bajo la ducha, intentando limpiarme de Lucas, cuando escuché la puerta abrirse.
"Valeria," dijo Camilo desde el umbral, y su voz tenía esa sonrisa perezosa y peligrosa que ya conocía.
Me volteé bajo el chorro de agua, con el cabello mojado pegado a la espalda, con la tanga negra empapada y transparente.
"Camilo... estoy..." intenté decir, pero mi voz se quebró.
Camilo se desvistió sin prisa, dejando ver su cuerpo atlético, su miembro ya erecto, más grande que el de Lucas, más grueso. Mi mirada se clavó allí instintivamente.
"Escuché todo en la cocina," dijo Camilo, entrando a la ducha conmigo. El espacio era pequeño, íntimo, humeante. "Parece que Lucas te dejó bien abierta... pero yo soy más grande que él, Valeria. Y voy a hacerte gritar más fuerte."
"Camilo, por favor... es que..." intenté protestar, pero me tomó de la cintura y me volteó de espaldas a él, empujándome contra el vidrio empañado de la ducha
Obedecí. Me apoyé en las manos contra el vidrio de la ducha, arqueando la espalda, ofreciéndome. a Camilo dejando mi vagina expuesta, roja, todavía húmeda de Lucas.
"Mirate," dijo Camilo, alineándose con mi entrada. "Mira lo que eres. Una puta que se exhibe para sus cuñados . Que se pone en cuatro para ser follada."
"¡Aaaaaaaah...!" El grito me salió involuntario cuando entró.

Era enorme. Sentí cada centímetro de su grosor estirándome, llenándome hasta el fondo.
"¡Camilo... por favor... es demasiado... es tan grueso...!" supliqué, agarrándome del vidrio, sintiendo cómo mi cuerpo intentaba ajustarse a su tamaño.
"Shhh," susurró Camilo, comenzando a moverse con movimientos circulares profundos. "Déjate llevar... eres nuestra juguete esta semana, Valeria... nuestra putita personal..."
*¡Plap-plap-plap!*
Comenzó a embestirme en serio, y el sonido de nuestras pieles mojadas chocando llenaba el pequeño espacio del baño.
"¡Mmmmm... aaaaaah... Camilo... más lento... no cabe todo...!" grité, pero mis caderas se empujaban hacia atrás por su cuenta, traicionando mis palabras.

"No te hagas la tímida ahora," gruñó Camilo, agarrando mi cabello mojado y tirando hacia atrás. "Grita. Quiero que Santiago escuche cómo te cojen sus hermanos... quiero que sepa que su novia es una zorra insaciable..."
"¡Sí... sí... me encanta... soy una zorra...!" grité, abandonando toda reserva. "¡Fóllame, Camilo... fóllame como la puta que soy! ¡Aaaaaaah... mmmmm... sí, así... más profundo...!"
*¡Plap-plap-plap-plap-plap!*
"¡Me vengo... Dios, Valeria... me vengo dentro de ti...!" rugió Camilo, clavándose hasta el fondo.
"¡¡Aaaaaaaah...!! ¡¡Yo también...!! ¡¡Camilo...!!"
Me vine con él, contrayéndome violentamente alrededor de su pene .
"¡¡Mmmmmmm... aaaaaaaah...!!"

Para el cuarto día, ya no había pretensiones. Me usaban donde querían.
En la sala, sobre el sofá viejo donde Santiago y yo veíamos televisión, Lucas me tomó en 4 , con las piernas abiertas , embestía con fuerza.
"¡Mírate, Valeria!" decía Lucas, agarrando mis caderas para embestir e con más fuerza. "¡Siente siente al hermano de tu novio mira como te cojo! ¡Puta!"
"¡Sí, sí, soy una puta! ¡Aaaaaaah...!" gritaba yo, sintiendo cómo mi cuerpo traicionaba cualquier resistencia.

En el patio trasero, de noche, me arrodillé entre ellos, alternando sus miembros en mi boca, con los sonidos obscenos de mi boca llena.

"Chúpalo bien, Valeria," ordenaba Lucas, agarrando mi cabello mientras yo tenía a Camilo en la garganta. "Muéstrame cómo le haces a mi hermano. ¿Sabes que Santiago nunca te ha visto así? ¿Chupando dos vergas como una puta de calle?"
"¡Mmmmm... gluck-gluck-gluck... aaaaaah...!" intentaba responder con la boca llena, sintiendo el sabor de ambos, la textura diferente, el grosor de Camilo que apenas cabía en mi garganta.
"Qué buena boca tienes, zorra," gemía Camilo, empujando más profundo. "Se la vamos a tener que prestar a Mateo..."


Y entonces llegó la noche del trío.
Estaba en la habitación de Mateo, la más grande de la casa, con una cama que crujía peligrosamente. Solo llevaba la tanga negra, apenas cubriendo lo indispensable. Lucas y Camilo entraron juntos, ya desnudos, ya duros para mí, con una determinación en sus ojos que me hizo estremecer de anticipación.
"Esta noche te tomamos juntos," anunció Lucas, acariciándose mientras se acercaba. "Los dos a la vez. Doble penetración, putita. ¿Estás lista para sentirnos a los dos llenándote por completo?"
Tragué saliva, sintiendo el miedo y la excitación. Asentí, abriendo las piernas en invitación.
"Primero te preparo," dijo Lucas desde la cama, acostándose boca arriba. "Súbete encima de mí. En amazona. Quiero ver tu cara mientras Camilo te abre por atrás."

Obedecí. Me monté sobre Lucas, guiando su miembro hacia mi vaguina. Bajé lentamente, sintiendo su longitud deslizarse dentro de mí, llenándome mientras mis pechos colgaban sobre su rostro.
"¡Mmmmm... aaaaaah... Lucas... que rico...!" gemía, cabalgando con movimientos circulares. "¡Estás tan profundo...!"
Lucas agarró mis pezones con ambas manos, pellizcándolos mientras yo me movía sobre él. "Eso es, puta," gruñó Lucas. "Abrete bien para nosotros. Quiero que sientas a los dos hermanos de tu novio dentro de ti al mismo tiempo."
Yo cabalgaba mientras chupaba el pene de Camilo , pasaron unos minutos
Entonces sentí a Camilo pasarse detrás de mí. Escuché el sonido del lubricante, y luego sus manos separando mis nalgas, exponiendo mi culo .
"Relájate, zorra," susurró Camilo, posicionándose. "Vas a sentirme aquí... mientras Lucas te tiene adelante... vas a estar tan llena de nosotros, Valeria... tan nuestra..."
Sentí la presión de su glande contra mi ano, empujando, abriéndome. Grité cuando entró, lento pero inexorable, su grosor enorme estirándome al máximo junto con Lucas.

"¡Aaaaaaaah...!! ¡Dios... Dios... son dos... son dos vergas...!" lloriqueé, sintiendo la plenitud absoluta, la sensación de estar completamente llena por ambos lados. "¡Es demasiado... no caben... aaaaaah...!"
"Shhh... sí caben," gruñó Camilo desde atrás, agarrando mis caderas. "Mírate... tomando a los dos hermanos de Santiago... si supiera tu novio que eres nuestra puta de doble..."

"¡Sí... sí...!" grité yo, volviéndome más descarada, más verbal. "¡Fóllenme... usenme... soy la puta de ustedes... la zorra de los hermanos de mi novio! ¡Aaaaaaah... mmmmm... sí, así... más profundo...!"
Comenzaron a moverse en un ritmo que encontraron intuitivamente. Cuando Lucas subía, Camilo bajaba, creando una fricción constante, un vaivén que me volvía loca.
*¡Plap-plap-plap!* — el sonido de Camilo golpeando mis nalgas desde atrás.
*¡Plap-plap-plap!* — el sonido de Lucas embistiendo desde abajo.

"¡Escucha eso, Santiago!" gritó Lucas de repente, dirigiéndose a la nada, a la memoria de mi novio. "¡Escucha cómo tu novia gime con dos vergas dentro! ¡Tu dulce Valeria es nuestra puta, hermano! ¡La estamos llenando entre los dos!"
"¡Sí... sí... díselo...!" chillé yo, abandonada al morbo. "¡Dile que soy su puta... que me encanta... que prefiero sus vergas a la de él! ¡Aaaaaaaah...!!"
Camilo agarró mi cabello y tiró hacia atrás, obligándome a arquear la espalda mientras ambos me embestían con fuerza brutal.
"¡Puta infiel!" gruñó Camilo. "¡Zorra! ¡A quién perteneces, Valeria!"
"¡A ustedes... a los dos...!" grité, sintiendo el orgasmo más intenso de mi vida acercándose. "¡Soy de ustedes... su puta... su perra... llémenme... llémenme de semen...!"
"¡Me voy a venir...!" gritó Camilo desde atrás, clavándose hasta el fondo, sus dedos clavándose en mis caderas.
"¡Yo también...!" rugió Lucas desde abajo, agarrando mi cintura con desesperación.
"¡Sí... sí... llévenme... llévenme con ustedes...!" chillé. "¡Dentro... vengan dentro de mí... quiero sentirlos... quiero estar llena de su semen...! ¡Aaaaaaaah...!! ¡Mmmmmmm...!!"
Explotaron dentro de mí casi simultáneamente. Sentí las pulsaciones de Lucas inundando mi interior, y segundos después, la presión de Camilo liberándose en mi ano, caliente, abundante.
"¡¡Uuuuuh...!! ¡¡Valeria...!!"
"¡¡Aaaaaaaah...!! ¡¡Puta...!!"
Y yo me vine con ellos, contrayéndome violentamente alrededor de ambos, gritando sin filtro.
"¡¡Aaaaaaaah...!! ¡¡Sí...!! ¡¡Mmmmm...!! ¡¡Me vengo...!! ¡¡Llena de ustedes...!!"

Colapsamos juntos. Camilo se deslizó fuera de mí lentamente y cayó a un lado de la cama, mientras yo me desplomaba sobre el pecho de Lucas, ambos todavía conectados, jadeantes, sudorosos, con su semen derramándose de mí.
Ninguno se movió durante largos minutos. El silencio de la casa era total, roto solo por nuestra respiración entrecortada y el olor denso a sexo que impregnaba todo.
Y entonces lo sentí. Una presencia en la puerta.
Levanté la vista lentamente, todavía aturdida, todavía llena de ellos, con su semen derramándose de ambos lados, y mis ojos encontraron los de Mateo.
Estaba parado en el umbral, con su ropa de trabajo de la mina todavía puesta, con el casco bajo el brazo, inmóvil como una estatua. Llevaba días enteros sin verlo, desde que había aceptado el turno nocturno, y ahora estaba ahí, en la puerta de su propia habitación, mirándonos.
Nuestros ojos se encontraron. Los suyos eran oscuros, impenetrables, pero vi algo allí que me heló y me excitó simultáneamente: conocimiento absoluto. Sabía. Había sabido todo el tiempo, o lo había descubierto en esa semana, y ahora lo tenía confirmado, viéndome desnuda, cubierta de semen de sus hermanos menores, con la mirada de alguien que acaba de ver el plato principal de una cena que le pertenecía.
No dijo nada. Solo nos observó durante unos segundos que parecieron eternos, su mirada recorriendo mi cuerpo desnudo y usado, los cuerpos desnudos de Lucas y Camilo, la cama desordenada, el olor inconfundible de sexo que impregnaba el aire.
Luego, lentamente, sus labios se curvaron en una sonrisa que no llegó a sus ojos. Una promesa. Una amenaza. Un cobro de deuda que se avecinaba.
"Valeria," dijo Mateo finalmente, y mi nombre sonó como una sentencia, como un veredicto. "Mañana hablamos tú y yo. A solas."
Cerró la puerta sin hacer más ruido, y los tres nos quedamos en silencio, sabiendo que la semana sin reglas había terminado, pero que algo más grande, más peligroso, estaba por comenzar.
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