You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Me atraparon masturbandome Parte 2

Me atraparon masturbandome Parte 2
Después de ese segundo orgasmo que me dejó las piernas como gelatina, me quedé ahí un segundo, jadeando, con los dedos todavía empapados y el vestido rojo todo arrugado en la cintura. La tanga roja colgaba patéticamente de un tobillo. Miré el desastre en el espejo: pelo un poco revuelto, labial corrido, cara de puta satisfecha. Me encanta.
Me acomodé el vestido con un movimiento rápido, como si nada, y tiré la tanga al piso del baño sin siquiera mirarla. Total, era de La Perla, pero ya estaba arruinada con mis jugos. Ni ganas de ponérmela de nuevo.
Justo cuando iba a abrir la puerta, volví a escuchar el carrito rodando por el pasillo. La misma mina de limpieza. Entró sin golpear, como si el baño ya fuera suyo, y me clavó una mirada de arriba abajo, lenta, evaluándome como si fuera un producto en oferta.
Yo, con esa adrenalina todavía corriendo, le sonreí con toda la arrogancia que tengo guardada para estos casos. Pelo lacio cayéndome perfecto sobre los hombros, tacones Louboutin que hacen clic-clac en el piso de mármol, y esa actitud de "soy mejor que vos y las dos lo sabemos".
—Uy, mirá quién volvió —le dije, voz finita, bien cheta de Recoleta, arrastrando las palabras—. ¿Qué pasa, negrita? ¿Te gustó el show? Porque se te nota en la cara de muerta de hambre que tenés ganas de más.
Ella ni se inmutó. Apoyó el trapeador contra la pared y cruzó los brazos. Uniforme gris gastado, zapatillas baratas, pero con una seguridad que me dio bronca y morbo al mismo tiempo.
—Mirá vos, la princesita —me contestó, con ese tono calmado que te hace hervir la sangre—. Vestidito rojo de marca, tanguita fina tirada en el piso como si fuera papel higiénico... y vos acá, abierta de piernas como una cualquiera en el baño de la oficina. Qué clase, che. Se nota que en tu casa no te enseñaron modales, pero sí a abrirte fácil.
Me reí fuerte, de esa risa falsa y cortita que usamos las de mi zona cuando alguien nos pisa el ego.
—Ay por favor, no me vengas con sermón de barrio. Vos limpiás pisos y yo firmo cheques. Cada una en su lugar, ¿no? —Me acerqué un paso, tacones resonando—. Y admitilo: te quedaste mirando porque nunca viste una concha tan bien cuidada como la mía. Depilada láser, hidratada con cremas de 500 dólares el frasquito. Vos ni sabés lo que es eso, pobre.
Ella dio un pasito hacia adelante también, invadiendo mi espacio. Olía a desinfectante y a algo más áspero, real.
—Claro, reina. Tu concha carísima se moja igual que la de cualquier mina del conurbano cuando tiene ganas. La diferencia es que yo no necesito un baño de oficina para hacerme acabar... y vos sí. Patética. Goteando todavía, mirá cómo te chorrea por la pierna. Qué vergüenza ajena.
Me mordí el labio inferior, porque la verdad es que tenía razón y eso me ponía más caliente de lo que quería admitir. Sentí otra gota resbalar por el interior del muslo. Ella lo vio y sonrió chueca.
—Andá a trabajar, negrita —le tiré, intentando recuperar el control—. Que para eso te pagan. Yo ya terminé... por ahora.
Se agachó, agarró mi tanga roja del piso con dos dedos como si fuera basura, y la tiró directo al tacho sin mirarla.
—Tomá tu trapito de lujo. Y la próxima vez que quieras hacerte la fina mientras te metés los dedos, cerrá con llave de verdad, boluda. Porque yo entro cuando quiero.
Dio media vuelta, empujó el carrito y salió dejándome sola con el corazón a mil, la concha todavía palpitando y una sonrisa torcida en la cara.
Me quedé un rato más mirándome al espejo. Me retoqué el labial, me acomodé el pelo...
Acá nadie me va a decir qué hacer. Ni siquiera esa mina.

5 comentarios - Me atraparon masturbandome Parte 2

Savea2016
hufffff Luu como te pondria esa poronga que te envicie y no necesites saciarte en la office....