Aqui les trago un dia normal en mi vida, GYM y luego putita
Hola, mis putitos y putitas de Poringa, soy yo, la Zorrita Marcela, la puta más cachonda y adicta a la verga que hay en esta mierda de ciudad. Ustedes saben que me encanta contarles mis aventuras bien sucias y vulgares, con todos los detalles que les ponen la pija dura o el coño mojado. Hoy les voy a relatar una de mis rutinas diarias, esa que me hace sentir como la perra en celo que soy: ir al gym a sudar como una cerda, cambiarme en los baños para salir de puta callejera, y terminar con una cogida que me deja temblando. Agárrense las pollas, porque esta vez encontré un negro vergudo que me hizo mearme de placer y le regalé mi tanguita roja toda empapada. ¡Vamos al grano, cabrones!
Mi rutina empieza temprano, putos. Me despierto con el coño ya palpitando, pensando en las vergas que me voy a tragar ese día. Me pongo mi equipo de gym: un top ajustado que me marca las tetas gordas y unos shorts negros que se me meten en el culo, dejando ver mis muslazos y ese culazo redondo que tanto les gusta. Llego al gym, ese antro lleno de machos sudados y perras como yo que se exhiben. Empiezo con squats, bajando el culo hasta el suelo, sintiendo cómo mis nalgas se abren y mi tanguita roja se me clava en la raja. Sudor me chorrea por las tetas, y yo me imagino que es semen de algún cliente. Hago pesas, flexionando los brazos, y mis pezones se ponen duros contra la tela, rogando por una mamada. En el espejo veo mi cara de puta, con el collar de "ZORRA" que siempre llevo, y me mojo tanto que tengo que apretar las piernas para no gotear en el piso.
Después de una hora de sudar como una marrana, voy directo a los baños mixtos del gym. Ahí es donde me transformo en la prostituta barata que soy. Me meto en un cubículo, me quito la ropa deportiva empapada –esa camiseta negra con el logo que huele a mi sudor y a mi coño excitado– y saco mi outfit de puta: un top bandeau negro que dice "Putita adicta a la Verga" en letras blancas grandes, para que todos sepan lo que soy. Me lo pongo bien bajito, dejando que mis tetas gordas salgan por abajo, los pezones casi asomando, listos para ser chupados. Me bajo los shorts, quedándome en mi tanguita roja diminuta, esa que se me mete en el chocho y me roza el clítoris. Me pongo unos tacones negros altos, de puta callejera, y me miro en el espejo: pelo negro suelto, maquillaje corrido por el sudor, barriga plana con piercing, y ese culazo que invita a azotarlo. Me tiro fotos para ustedes, mis seguidores, posando como una perra: una de lado, levantando el top para mostrar las tetas; otra agachada, con el culo en pompa y la tanga roja visible; y una de frente, tirando del top para que vean lo adicta que soy a la polla.
Salgo del gym así vestida, sintiendo las miradas de los machos que me follan con los ojos. Camino por la calle, meneando el culo, buscando clientes. "¡Ey, papi, ¿quieres una mamada rápida por 20 bucks? Mi coño está ardiendo", les digo a los que pasan. Pero esa noche, putos, encontré oro: un negro alto, musculoso, con una cara de cabrón y un bulto en los pantalones que me hizo salivar. Lo vi en una esquina oscura, fumando, y me acerqué contoneándome. "Hola, negrito, ¿quieres follarte a esta putita latina? Te chupo esa verga gorda hasta que me ahogues con tu leche". Él me miró de arriba abajo, sonrió con esa dentadura blanca, y me dijo: "Ven acá, zorra, vamos a un callejón".
Me llevó a un cuarto de motel barato sucio, me empujó contra la pared y me bajó el top de un tirón. Mis tetas saltaron libres, y él las agarró como si fueran suyas, pellizcando los pezones duros hasta que gemí como una perra. "¡Ay, papi, sí, maltratame las tetas!", le supliqué. Me bajó los shorts, dejando mi tanguita roja expuesta, y metió su mano grande entre mis piernas. "Estás empapada, puta", gruñó, frotando mi clítoris hinchado. Saqué su verga: ¡dios mío, qué monstruo! Negra, gruesa, venosa, como de 25 cm, cabezona y lista para destrozarme. Me arrodillé en el piso mugriento, abrí la boca como una vaca y me la metí hasta la garganta. Gargajeaba, babas me corrían por la barbilla, mientras él me follaba la cara: "Trágatela toda, zorra adicta". luego me culio en la cama
Luego me puso de espaldas, me bajó la tanga roja hasta las rodillas, y me clavó esa verga negra de un solo empujón. "¡Aaaah, sí, rómpeme el coño, negro vergudo!", grité. Me follaba como un animal, embistiendo profundo, golpeando mi útero. Mi chocho chorreaba jugos, y el placer era tan intenso que sentí que me iba a mear. "¡Papi, me estás haciendo orinarme!", gemí, y él aceleró: "Méate, puta, méate en mi verga". No pude aguantar: un chorro caliente de pis me salió del coño, empapando su polla, mis piernas y La cama dejándola mojada. Temblaba de orgasmo, mi cuerpo convulsionando, mientras él seguía bombeando. "¡Soy tu puta meona, negro!", chillé.
Al final, se corrió dentro de mí, llenándome el coño de leche espesa. Saqué su verga chorreante, la limpié con mi lengua, saboreando mi pis y su semen mezclado. Como regalo, me quité la tanga roja toda mojada de pis y jugos, y se la di: "Toma, papi, para que te pajees recordándome". Él se rió, se la guardó en el bolsillo, y me dejó ahí, con el coño goteando y las piernas débiles.
Eso fue mi noche, putitos de Poringa. ¿Les gustó? Comenten abajo qué parte les puso más calientes, y manden fotos de sus vergas duras. ¡La Zorrita Marcela siempre lista para más! Besos en la punta de la polla. 😘












Hola, mis putitos y putitas de Poringa, soy yo, la Zorrita Marcela, la puta más cachonda y adicta a la verga que hay en esta mierda de ciudad. Ustedes saben que me encanta contarles mis aventuras bien sucias y vulgares, con todos los detalles que les ponen la pija dura o el coño mojado. Hoy les voy a relatar una de mis rutinas diarias, esa que me hace sentir como la perra en celo que soy: ir al gym a sudar como una cerda, cambiarme en los baños para salir de puta callejera, y terminar con una cogida que me deja temblando. Agárrense las pollas, porque esta vez encontré un negro vergudo que me hizo mearme de placer y le regalé mi tanguita roja toda empapada. ¡Vamos al grano, cabrones!
Mi rutina empieza temprano, putos. Me despierto con el coño ya palpitando, pensando en las vergas que me voy a tragar ese día. Me pongo mi equipo de gym: un top ajustado que me marca las tetas gordas y unos shorts negros que se me meten en el culo, dejando ver mis muslazos y ese culazo redondo que tanto les gusta. Llego al gym, ese antro lleno de machos sudados y perras como yo que se exhiben. Empiezo con squats, bajando el culo hasta el suelo, sintiendo cómo mis nalgas se abren y mi tanguita roja se me clava en la raja. Sudor me chorrea por las tetas, y yo me imagino que es semen de algún cliente. Hago pesas, flexionando los brazos, y mis pezones se ponen duros contra la tela, rogando por una mamada. En el espejo veo mi cara de puta, con el collar de "ZORRA" que siempre llevo, y me mojo tanto que tengo que apretar las piernas para no gotear en el piso.
Después de una hora de sudar como una marrana, voy directo a los baños mixtos del gym. Ahí es donde me transformo en la prostituta barata que soy. Me meto en un cubículo, me quito la ropa deportiva empapada –esa camiseta negra con el logo que huele a mi sudor y a mi coño excitado– y saco mi outfit de puta: un top bandeau negro que dice "Putita adicta a la Verga" en letras blancas grandes, para que todos sepan lo que soy. Me lo pongo bien bajito, dejando que mis tetas gordas salgan por abajo, los pezones casi asomando, listos para ser chupados. Me bajo los shorts, quedándome en mi tanguita roja diminuta, esa que se me mete en el chocho y me roza el clítoris. Me pongo unos tacones negros altos, de puta callejera, y me miro en el espejo: pelo negro suelto, maquillaje corrido por el sudor, barriga plana con piercing, y ese culazo que invita a azotarlo. Me tiro fotos para ustedes, mis seguidores, posando como una perra: una de lado, levantando el top para mostrar las tetas; otra agachada, con el culo en pompa y la tanga roja visible; y una de frente, tirando del top para que vean lo adicta que soy a la polla.
Salgo del gym así vestida, sintiendo las miradas de los machos que me follan con los ojos. Camino por la calle, meneando el culo, buscando clientes. "¡Ey, papi, ¿quieres una mamada rápida por 20 bucks? Mi coño está ardiendo", les digo a los que pasan. Pero esa noche, putos, encontré oro: un negro alto, musculoso, con una cara de cabrón y un bulto en los pantalones que me hizo salivar. Lo vi en una esquina oscura, fumando, y me acerqué contoneándome. "Hola, negrito, ¿quieres follarte a esta putita latina? Te chupo esa verga gorda hasta que me ahogues con tu leche". Él me miró de arriba abajo, sonrió con esa dentadura blanca, y me dijo: "Ven acá, zorra, vamos a un callejón".
Me llevó a un cuarto de motel barato sucio, me empujó contra la pared y me bajó el top de un tirón. Mis tetas saltaron libres, y él las agarró como si fueran suyas, pellizcando los pezones duros hasta que gemí como una perra. "¡Ay, papi, sí, maltratame las tetas!", le supliqué. Me bajó los shorts, dejando mi tanguita roja expuesta, y metió su mano grande entre mis piernas. "Estás empapada, puta", gruñó, frotando mi clítoris hinchado. Saqué su verga: ¡dios mío, qué monstruo! Negra, gruesa, venosa, como de 25 cm, cabezona y lista para destrozarme. Me arrodillé en el piso mugriento, abrí la boca como una vaca y me la metí hasta la garganta. Gargajeaba, babas me corrían por la barbilla, mientras él me follaba la cara: "Trágatela toda, zorra adicta". luego me culio en la cama
Luego me puso de espaldas, me bajó la tanga roja hasta las rodillas, y me clavó esa verga negra de un solo empujón. "¡Aaaah, sí, rómpeme el coño, negro vergudo!", grité. Me follaba como un animal, embistiendo profundo, golpeando mi útero. Mi chocho chorreaba jugos, y el placer era tan intenso que sentí que me iba a mear. "¡Papi, me estás haciendo orinarme!", gemí, y él aceleró: "Méate, puta, méate en mi verga". No pude aguantar: un chorro caliente de pis me salió del coño, empapando su polla, mis piernas y La cama dejándola mojada. Temblaba de orgasmo, mi cuerpo convulsionando, mientras él seguía bombeando. "¡Soy tu puta meona, negro!", chillé.
Al final, se corrió dentro de mí, llenándome el coño de leche espesa. Saqué su verga chorreante, la limpié con mi lengua, saboreando mi pis y su semen mezclado. Como regalo, me quité la tanga roja toda mojada de pis y jugos, y se la di: "Toma, papi, para que te pajees recordándome". Él se rió, se la guardó en el bolsillo, y me dejó ahí, con el coño goteando y las piernas débiles.
Eso fue mi noche, putitos de Poringa. ¿Les gustó? Comenten abajo qué parte les puso más calientes, y manden fotos de sus vergas duras. ¡La Zorrita Marcela siempre lista para más! Besos en la punta de la polla. 😘












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