You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Parte 1: La invasión a su intimidad

La amiga de mi hermana estaba buscando rentar una habitación en la ciudad para estar cerca de su trabajo, así que la invité a quedarse un mes para que pudiera buscar con más tranquilidad. Se empezó quedando en un cuarto del departamento de mi hermana (también tengo llaves y ocasionalmente voy a visitarle y ayudarle con reparaciones de la casa). Todo parecía normal; la amiga se iba a quedar por un mes mientras buscaba casa.
Pero ella empezó a trabajar en un bar, salía del departamento en la noche y regresaba en la madrugada, casi amaneciendo. Mi hermana, en su horario de trabajo diurno, hacía que básicamente siempre hubiera alguien en el departamento. Hasta que un día fui a visitarla, charlamos poco y me fui a la habitación libre para ver cómo estaba. Vi su maleta abierta. En ese momento estaba solo; me asomé lentamente sin hacer ruido y vi su ropa y accesorios. Desde hace tiempo ya conocía a la amiga y siempre le he tenido un chingo de ganas de cogérmela. En ese momento abrí un poco la maleta y vi sus calzones, tangas, ropa interior y demás. Tomé un calzon que se veía usado y lo olí delicadamente. Fue tan excitante su olor a vagina impregnado en el calzon que se me empezó a parar el pene. No podía hacer más que guardarlo nuevamente donde estaba, porque haría ruido y mi hermana podía venir a ver. Así que lo dejé para otra ocasión y me fui del departamento.
Pasó una semana. Llegando el sábado, escuché que mi hermana iba a salir con sus amigos y no iba a estar hasta el domingo. En ese momento se me pasó por la mente un momento de pasión desenfrenada y el deseo de husmear la maleta de su amiga. Fuese aquel sábado por la tarde. Ya más o menos sabía el movimiento de la amiga. Había una ventana justo arriba del cuarto desde donde se podía ver hacia adentro. Ya era de noche afuera, me asomé por la ventana y ella estaba saliendo de bañarse. Andaba con la toalla puesta en el cuerpo, paseándose por el cuarto preparando sus cosas para vestirse para el trabajo. El pene ya estaba bien parado y duro. Fue inevitable, me lo empecé a tocar y quise sacarlo para masturbarme ahí mismo. En ese momento saqué mi celular, lo puse en modo avión y empecé a grabarla mientras se desnudaba y se empezaba a poner su tanga y ropa interior, mientras yo me masturbaba viéndola desnuda con su vagina bien depilada, sus pechos medianos y su trasero grande digno de una cogida. Me vine ahí mismo, no pude contenerme.
Total, que ella se terminó de alistar, se vistió de una minifalda, tacones y un top negro bien ajustado, maquillada... y yo me quedé relajándome arriba de la habitación, solo escuchaba los tacones recorrer el piso, hasta que escuché cerrar la puerta de la casa. A lo lejos la escuché subir a su taxi y cerrar la puerta. Me esperé todavía unos 15 minutos ahí arriba con mucha satisfacción, relajándome. Fue entonces cuando bajé tranquilamente a la habitación de ella para ver la escena que había dejado, digna de una mujer sensual. Tomé un par de fotos para recuerdo y dejé las cosas en su lugar original. Empecé a revisar toda su ropa y encontré 6 calzones diferentes, brasieres, tops, calzetas, minifaldas, leggins, medias, pantimedias. ¡Para mí era un tesoro en vivo! Su perfume invadía todo el cuarto, sus cremas y maquillaje en la mesa, su ropa interior usada en el cesto abierto, la ropa del día anterior también.
Empecé tomando un calzon tipo brazileño usado, lo olfateé bien rico y después otro con corte tipo bikini, los alternaba. Después me bajé los pantalones y con mi pene bien erecto lo empezaba a golpear en la parte interior donde está la almohadilla del calzon usado mientras olía el otro. Poco a poco empezaba a bajar el prepucio de mi pene y tallar la parte interior del calzon alrededor de mi glande, lo enrolle por completo con su calzon y me empecé a masturbar vigorosamente. No me venía todavía. Después de un rato y husmeando entre sus calzones usados y nuevos, los dejé todos a la vista como si fuera mi colección. Yo ya estaba desnudo (les recuerdo que tomaba fotos cada vez que movía algo para que no levantara sospechas de encontrar sus cosas desordenadas). Además, algo que no les dije antes: me tomé una ducha rápida para matar todos los olores míos; me bañé con sus jabones y shampoo para despistar.
Entonces tomé un calzon usado con encaje color negro, me lo puse. Mi pene no entraba, apretaba bastante y eso me gustaba. Tomé un brasier negro con algo de encaje y almohadillas, lo rellene con un par de calzetas de ella para darle volumen a mis pechos falsos. Me empezaba a sentir ella. ¡Era tan satisfactorio todo ese momento!
Continuará...

0 comentarios - Parte 1: La invasión a su intimidad