El debut anal de mi hermosa mujer


Después de bastante tiempo volvemos, esta vez para contarles sobre como desvirgué la cola de "mi hermosa mujer". Espero les guste. Adorné el relato con algunas fotos que ya habrán visto y otras que no. Ojalá lo disfruten y les guste esta forma de salir del post tradicional.


A “Mi Hermosa Mujer” la conocí trabajando para una multinacional extranjera. Durante todo un año trabajamos juntos y si bien nos saludábamos, no teníamos más contacto que ése debido a que nuestro trabajo no nos daba tiempo para sociabilizar entre compañeros. Pasado un año, la casualidad hizo que ella se sentara a mi lado durante las jornadas laborales y a partir de ahí comenzamos a intercambiar mucho más que un simple saludo de entrada o salida a la empresa. Y si bien ya me había fijado en ella, no lo hice con la suficiente persistencia como para que ella lo notara, a partir de esos días de compartir puestos uno al lado del otro es que comenzamos el famoso juego de histeriqueo y a adentrarnos en detalles sobre nuestras vidas, por lo que me resultó una mujer por demás interesante.
Aumentando la etapa de histeriqueo, llegó un día en que casualidad de por medio nos encontramos toda una tarde-noche intercambiándonos mensajes de texto, lo que provocó de parte de ambos un mayor atrevimiento en nuestros acercamientos. Hasta que un día me invitó a comer a su casa, con la promesa de mi parte de relajarla del stress laboral haciéndole unos promocionados (durante nuestros días en la empresa) masajes y ella lo retribuiría con una buena cena casera. A esta altura hacia unos días en los que bromas con doble sentido yendo y viniendo entre ambos, ella siguiendo mi juego me había confesado que tenía un disfraz, por lo que mi calentura y ganas de “conocerla” en todo el amplio sentido del término había aumentado a más no poder.
Llegada la noche, me pasó su dirección y hacia allá fui por primera vez en mi vida sin demasiadas pretensiones o expectativas de que aquella noche pasase algo realmente interesante, aunque no sin ganas de que eso ocurra, pero no tenías ganas de ilusionarme y que finalmente no pasase nada. Me abrió la puerta vestida con una mini de jean, calzas debajo de la pollera, remera y botas, a lo que mas allá del habitual repaso visual que hacemos los hombres a una mujer hermosa no llamó demasiado mi atención ya que habitualmente al trabajo iba vestida de forma muy sexy (aún más cuando incrementamos el histeriqueo entre ambos). Después de cenar y contarnos nuestras vidas, llegó su invitación a sentarnos en el sillón a lo que yo me levante ilusionado ante semejante invitación. Ya en el sillón me propuse realizarle los prometidos masajes y con el solo contacto y presión de mis manos en su espalda y hombros, y con el acercamiento mío a su cuerpo especialmente a su cuello, ella giró y nos matamos en un beso tremendamente apasionado.
Mientras nos comíamos a besos mis manos recorrieron su cuerpo, primero por encima de la ropa para segundos después buscar su piel, que descubrí por demás suave, delicada, tersa y que se tensaba de una forma por demás sensual antes mis toqueteos. Su espalda, su abdomen, sus brazos y finalmente, atrayéndola hacia mí quedando inclinada sobre mi pecho, bajé por su espalda y metí mi mano por entre su calza y su piel, primero para descubrir una cola less diminuta y luego unas nalgas extremadamente suaves y carnosas que hasta ése momento jamás pensé que mi compañera de trabajo tuviese.

argentina

Para mi sorpresa era dueña de un culito tan deseable, pues con la ropa habitual no se destacaba ese tesoro escondido. No podía creer estar tocando el mejor culo que probé en mi vida, por lo que en los minutos siguiente me dediqué a amasar sus glúteos a mi antojo, apretándolos y hasta comencé a rozar con las yemas de mis dedos su ano, deleitándome con semejante banquete.
Aquellas caricias y roces en su ano dejaron lugar la presión de mi dedo mayor, mientras escuchaba (en los momentos que nuestras bocas nos estaban unidas) sus gemidos de placer y excitación elevándose con el correr de los minutos, lo que me animó a meter mi dedo en su cola no pudiendo creer que aquella hasta entonces casi desconocida mujer me dejase tocarla de esa forma en nuestra primera cita. Su ano me apretaba el dedo, se cerraba para después abrirse dejándome entrar más profundo. Aquella contracción de su culo me calentaba de una forma insostenible, mientras seguía perforando con el dedo ese terrible culo.
Minutos después nuestros besos seguían incrementando la pasión y mi dedo mayor seguía metido hasta el nudillo, moviéndose a mi antojo y sin oposición de parte de ella. Hasta que en un momento de respiro y percatándose que nuestra calentura ya era insostenible, me dice: “hoy no podemos hacer nada”. Lo cual entendí perfectamente ya que en mi manoseo mis manos había llegado a su pubis, aunque por encima de su ropa, y había notado que llevaba puesta una toalla femenina y no tuve más que aceptar su negativa (aunque yo no tuviese problema alguno en probar semejante mujer, aún en aquellos días) entendiendo las incomodidades que eso le significasen. Así es que por aquella noche no pasamos mas que de besos apasionados y manoseos de mi parte a tan tremenda mujer, manoseos que hicieron que la desnudase hasta dejarla solo en ropa interior y deleitarme con semejante vista y tacto.
Me fui de su dpto. a esos de las siete de la mañana y al otro día ni bien levantarme, comencé a mensajearle contándole lo mucho que me había calentado en especial su colita, a lo que no pude resistirme en preguntarle si le gustaba el sexo anal cuya respuesta fue que nunca lo había hecho por la cola.

hermosa

Ni qué decirles que mi calentura y obsesión por la cola de mi “hermosa mujer” creció a límites insostenibles y me juré a mi mismo ser el primero en penetrar ese culito.
El fin de semana pasó y otra vez llegado el lunes, nos agarró trabajando y al salir no pude más que seguir disfrutando de tan hermosa mujer por lo que fuimos a su dpto. y continuamos lo que había comenzado el fin de semana. Durante una semana la rutina fue la misma: en el mismo sillón donde nos comimos a besos esa primer noche disfrute de tocar ese cuerpo a mi antojo y masajear ese culito con todo mi deseo y cada vez me animaba más a rozar su ano, a meter mis dedos y durante toda esa semana me dediqué a preparar el desvirgue anal de “mi hermosa mujer”. Primero metía un dedo, como en la primer cita; después probaba con otro más, viendo las reacciones de mi mujer, que me animaban a más y mientras entraban mis dedos agarraba sus nalgas con mi mano libre y las estiraba para abrir su ano para dar paso a dos, tres y hasta cuatro dedos, mientras su culo se cerraba entorno de mis dedos, para luego abrirse y darme permiso a tan lindo juego perverso. Después de esa semana el culo de mi mujer, me pedí pija y ya no podía dormir sin pensar solo en desvirgarlo.
Por fin llegó el viernes a la noche y otra vez tenía una cita en su dpto. Antes de llegar, pasé por una cadena de farmacias de la ciudad y compré lubricante, ya que hasta entonces mis dedos habían entrado sin ayuda de lubricación pero sabía que mi pija no lo haría. Comimos y una vez que terminamos volvimos a comernos a besos y otra vez me dediqué con ansias a masajear el tremendo cuerpo de mi mujer, hasta desnudarla completamente. No podía aguantar las ganas de penetrar a tan tremenda mujer, mucho menos desvirgar su tesoro. Mi pija ya lo pedía, su dureza así lo demostraba. Una vez desnuda completamente, se sentó en el sillón y yo me coloqué por delante, apuntando con mi pija a su boca y ella entendiendo el mensaje, abrió sus labios para dar paso a mi glande y continuar con mi tronco.

mujer

Con mi calentura no podía más y sostuve su cabeza con mis manos para comenzar a penetrar su boca como si de su concha se tratase. Ella me detuvo, ahogada y decidí que era tiempo de avanzar. La agarré de un abrazo y la paré, para después girarla frente al sillón, nuestro sillón. Apoyó sus rodillas en él e inclinándose me dejó pasmado ante tanta belleza: su pelo largo y negro caía mitad en su espalda suave, delicada, que marcaba perfectamente su cintura y la otra mitad sobre sus hombros. Su cola erguida era un manjar imposible de rechazar.

anal

Culazo ofrecido al lobo, no lo podía creer. Su piel parecía más suave que nunca, no podía resistirme. Me arrodille e hice lo que nunca con una mujer, metí mi cara entre sus carnosos glúteos y comencé a lamer su ano con desesperación, degustaba su cola virgen como si fuese el mejor plato y de hecho lo era. El sabor y el olor de su culo virgen y su concha jugosa me embriagaban y mientras lo devoraba, me acariciaba la pija que por su dureza y grosor parecía estar a punto de estallar. No lo soporté más. Tomé el lubricante y abriendo sus carnosas, tersas y delicadas nalgas tiré un poco alrededor de su ano, esparciéndolo con los dedos alrededor de él, que cerrado parecía imposible de poder recibir una pija, pero había llegado el momento. Luego me tome mi pija y la embadurné con el lubricante, frotándome la cabeza y una vez lubricada, la acerqué a su colita hasta apoyar la punta de mi pija en su ano.

Culo

La agarré de la cintura y con la otra mano me sostuve la pija desde la base, para que nada impidiese desviarla de su objetivo. Mientras comencé a empujar, acariciaba su piel, su cintura, su espalda, que a esta altura quería morder mientras cogía su culazo. Sentía de a poco, casi milimétricamente como me iba metiendo en su cola. Ella estaba inmóvil, aguantando el desgarre anal.

pendeja

Miraba su espalda tensarse, marcando mejor su hermosura y de costado podía entrever sus ojos cerrados, apretados, soportando mi embestida. Le dediqué su tiempo, todo el necesario. No quería que todo terminara en un trauma, porque su cola ya era una obsesión para mí. Miraba mi glande desaparecer y no podía creer que el ano, pequeño y diminuto de mi hermosa mujer, estuviese recibiendo mi grosor. La pija parecía explotarme de lo erguida que estaba. Seguía firme, pero despacio metiéndome mas y más en ella, en su colita. Cuando le preguntaba si estaba bien, ella solo movía su cabeza, apretaba sus dientes, cerraba su boca, que se entreabría para dejar escapar gemidos de dolor y placer. Cuando por fin mis huevos rozaron sus labios vaginales, comencé a cogerla, todavía despacio. Sus gemidos se intensificaron. Seguía tensa, casi inmóvil pero entregando la cola al placer y al morbo de la desvirgación anal. Su cola ya me pertenecía y la dureza de mi pija así lo demostraba. Habremos estado cogiendo unos 20 minutos, su ano inocente me apretaba la dureza de mi virilidad y yo seguía desgarrándolo, sintiendo como sus paredes cedían ante la robustez de mi pija. Su culo me tomaba la pija y la estrujaba y eso era sencillamente un placer indescriptible que me convertía en un depravado, yo sabía que sino hubiese habido una relación de por medio aquella noche hubiese desgarrado analmente a mi “hermosa mujer”, porque la excitación por desflorar ése culo era tan grande que estaba cegado por mi calentura.
“Ya no la aguanto, acabá por favor”, me dijo mirando de reojo. Sabía que soportó el dolor de la primera vez hasta donde pudo, bastante bien se había portado. Incrementé mis embestidas y agarrándome de su delicada cintura, la cogía con fuerza olvidándome de su debut. Sus gemidos dejaron lugar a gritos de dolor-placer, mientras apretaba con fuerza el sillón aguantando el dolor. Mi pija se endureció hasta más no poder y comenzó a hincharse para empezar a desparramar leche en su interior. Bufé como una bestia, poseído por ése orto descomunal que por fin era mío. Todo lo que había querido lo tenía enfrente de mi pelvis. Me recosté sobre su espalda y una de sus manos se apoyó en mi cadera, como pidiendo clemencia y cedí. Retrocedí y despacio saqué mi pija de su culo, ahora roto centímetro a centímetro, disfrutando aún de mi retirada. Cuando estuve fuera, contemplé su ano desgarrado, latente, enrojecido cubierto de leche. Podía ver por su abertura, antes que pasaran algunos segundos y retomara en parte su forma virginal.

linda

Se sentó en el sillón y nos besamos, como para matizar con ternura tanta desesperación mía por coger su culo.
Desde ése día el culo de “mi hermosa mujer” me tiene loco. Cada vez que puedo lo acarició, lo sobo, lo aprieto, lo amaso con mis manos o simplemente me deleito cuando la veo todas las mañana levantarse de la cama y mover su orto al compás de sus pasos. Me he obsesionado tanto con la hermosura de mi mujer y en particular de su culo que por eso la “comparto” en cierta forma con Uds fotografiando cada vez que puedo a “mi hermosa mujer” y su tremendo culo. Después de aquella primera vez y por lo menos durante cinco meses, su culo fue mío todos los días, no habiendo uno solo en que no aprovechara la oportunidad de penetrarla, siempre con cogidas bestiales, arrancándoles esos gritos de placer que tanto me calientan en ella.


Para cerrar... les dejo más fotos de ella, "mi hermosa mujer" esperando que les guste como siempre y nos llenen de comentarios
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primera vez

Debut


El debut anal de mi hermosa mujer

argentina

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[i]Y de yapa para el final un video de mi mujer, haciendo lo que más me gusta: gritar como una perra






link: http://www.cum.com/video/?v=OMBR4UVO

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