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Le rompí el culo a mi prima

La zorra de mi prima y yo.

Le rompí el culo a mi prima

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Era la típica reunión familiar de fin de semana en la casa de la tía. Corrían las 11 de la noche, la mayoría ya estaba borracha o dormida en los sillones, la música bajita, el patio lleno de vasos de plástico y platos con restos de comida. Micaela, mi prima de 28 años, casada con ese tipo aburrido que se había quedado adentro platicando con los tíos, salió al patio a “tomar aire” con esa minifalda negra tan corta que cada vez que se movía se le veía el borde de la tanga y su culote, sus piernotas se le veían riquísimas, baja de estatura, mide 1.60 cm.

Yo la había estado mirando toda la noche. Ella lo sabía. Cada vez que pasaba cerca me rozaba “sin querer” con la cadera, me guiñaba un ojo cuando nadie veía, se mordía el labio mientras tomaba otra cerveza.

Cuando la vi meterse al baño de atrás del patio, el que nadie usa porque está medio escondido, supe que era mi momento. Esperé diez segundos y entré detrás de ella sin tocar. Cerré la puerta con llave.

—Mica… prima… ¿qué haces aquí sola? —le dije bajito, pegándome a su espalda.

Ella ni se asustó. Solo sonrió de lado, mirándome por el espejo mugroso.

—Sabes exactamente qué hago aquí. Y tú también lo sabes desde que llegaste y me viste con esta falda.

Le subí la falda de un jalón hasta la cintura. La tanga negra ya estaba húmeda en el centro. Le metí la mano por delante, rozándole el clítoris por encima de la tela mientras con la otra le tapaba la boca para que no hiciera ruido.

—Tu marido está a diez metros hablando pendejadas con mi papá… y tú aquí, empapada porque tu primo te va a romper el culo en el baño de la tía.

Ella gimió contra mi palma, asintió rápido, los ojos brillando de vicio y culpa.

La giré, la senté en el borde del lavabo mugroso, le abrí las piernas de golpe. Le bajé la tanga hasta los tobillos y la dejé colgando de un pie. Escupí en mis dedos y empecé a abrirle el culo sin contemplaciones: un dedo, dos, tres. Ella se retorcía, mordiéndose el puño para no gritar, pero empujaba hacia atrás pidiendo más.

—Moja bien mi verga, prima… porque no traje lubricante y no pienso ir despacio.

Me la saqué, ya dura como piedra. Ella se inclinó y la chupó con ganas, babeándola toda, mirándome a los ojos mientras la metía hasta la garganta. Cuando estuvo bien empapada, la levanté en el aire como si nada.

La puse de espaldas a mí, le pasé los brazos por debajo de las rodillas, las subí alto, muy alto, hasta que sus tacones quedaron casi tocando mis hombros. Full Nelson total. Su culo quedó expuesto, colgando, el agujero rosado palpitando justo frente a la punta de mi verga. El anillo todavía apretado, pero ya brillando de saliva y sus propios jugos.

—Respira hondo, Micaela… porque te voy a partir el culo aquí mismo, con toda la familia afuera. Y vas a tener que callarte mientras te lleno de verga y de semen.

Escupí directo en su ano y empujé de una. Entré los primeros 10 cm de golpe. Ella ahogó un grito contra mi hombro, el cuerpo temblando entero. Empecé a bombear sin piedad, profundo, violento. Cada embestida hacía que sus tetas rebotaran contra la tela de la blusa, que su culo se abriera más, que el sonido húmedo y obsceno rebotara en las paredes del baño.

Le hablaba al oído, sucio, bajito:

—¿Te gusta que tu primo te folle el culo así, casadita? ¿Mientras tu marido ni se entera? Mírate… abierta como puta, con las piernas atrás de la cabeza, recibiendo verga familiar hasta los huevos… te encanta ser la prima sucia, ¿verdad?

Ella solo gemía bajito, asentía, lágrimas de placer y esfuerzo rodándole por las mejillas. Su coño chorreaba sin parar, gotas caían al piso sucio, mezclándose con la baba que le resbalaba por la barbilla.

Aceleré. Brutal. Bestial. La tenía doblada en dos, clavándola hasta la raíz cada vez. Sentí cómo su esfínter se rindió por completo, cómo el agujero se aflojó y me dejó entrar hasta el fondo sin resistencia. Le di una nalgada fuerte que resonó un poco más de lo que debía.

—Voy a correrme dentro de ti, prima. Vas a salir de aquí con mi semen goteándote por el culo, y vas a volver a la mesa a sentarte al lado de tu marido con el ano lleno de tu primo.

Eso la hizo estallar. Se corrió sin tocarse, temblando violentamente en mis brazos, apretándome la verga con el culo mientras gemía mi nombre entre dientes. Yo empujé tres veces más, hasta el fondo, y me vacié dentro de ella. Chorros calientes, espesos, llenándole las tripas mientras seguía latiendo.

Cuando salí, el agujero quedó abierto, rojo, hinchado, y un hilo blanco espeso empezó a salir. La bajé despacio. Ella apenas podía pararse, las piernas temblorosas, la falda todavía subida, el semen goteando.

Se arregló la tanga como pudo, se bajó la falda, se limpió la baba con el dorso de la mano y me miró con esa sonrisa de puta satisfecha y culpable al mismo tiempo.

—Vuelvo primero… tú espérate dos minutos —susurró.

Salió tambaleándose un poco, con las mejillas rojas y el andar raro. Minutos después yo entré a la sala como si nada, me senté enfrente de ella. La vi cruzar las piernas con cuidado, apretando los muslos para que no se le escapara más semen, sonriéndole a su marido mientras él le pasaba otra cerveza sin sospechar nada.

Y yo solo pensé… en la próxima vez que nos veamos en otra reunión familiar.

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2 comentarios - Le rompí el culo a mi prima

Anonimus1208
Waoooo me gustaría verla que les estés reventamdo el culo está súper buena