You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Cap 5: Fotos expuestas a mi amigo y una noche de vallenatos

Cap 5: Fotos expuestas a mi amigo y una noche de vallenatos

Ya llevábamos unos años de relación y las cosas se ponían cada vez más intensas. Daniela seguía siendo esa chica responsable que estudiaba fisioterapia, pero conmigo empezaba a soltar su lado más salvaje, ese que la hacía mojarse solo con pensarlo. Un día, en mi casa, invité a mi amigo Ramiro sin avisarle a ella. Era uno de esos de confianza, de los que ya habían visto algo de morbo en la reunión anterior, y sabía que el tipo no se aguantaría las ganas de mirarla con ojos de hambre.

Daniela llegó poco después, sin saber que había alguien más. La saludé en el pasillo con un beso largo y profundo, mientras le apretaba el culo con fuerza por encima del pantalón, metiendo los dedos entre sus nalgas para sentir cómo se tensaba. Ella se sorprendió un poco, se tensó, pero correspondió el beso con un gemido ahogado, como si ya estuviera imaginando lo que vendría después. Cuando entramos a la sala, vio a Ramiro sentado en el sofá y se desubicó por completo. Se puso roja, disimulando una sonrisa nerviosa, y preguntó: "¿No me dijiste que estabas solo?". Pero pronto se integró a la charla como si nada, preguntando cómo estaba Ramiro y ofreciéndose para traer algo de beber, moviéndose con ese contoneo que hacía que su culo se marcara bajo el pantalón.

Daniela era de las que les gusta ser serviciales, así que se dispuso a atendernos: sacó cervezas de la nevera, nos sirvió con una sonrisa coqueta, inclinándose un poco más de lo necesario para que su escote se asomara, y se sentó un rato con nosotros antes de volver a la cocina por más. Las cervezas fueron bajando una tras otra, y ella nos acompañaba intermitentemente, tomando lo suficiente para que el alcohol la pusiera alegre y suelta, con las mejillas sonrosadas y los ojos brillando de esa forma que decía "estoy lista para lo que sea".

Yo decidí arriesgar. Nunca pensé en compartirla de verdad, pero el morbo de exponerla me daba vueltas en la cabeza, imaginando cómo se sentiría sabiendo que otro la devoraba con la mirada a través de sus fotos. Saqué mi celular y busqué las fotos que ella me había mandado antes. Empecé con una en ropa interior negra, posando en el espejo de su habitación, con las curvas marcadas, las piernas ligeramente abiertas y una mano cubriéndose el pecho de forma juguetona, pero dejando que los pezones se marcaran contra la tela. La amplié para que solo se viera desde la boca hacia abajo, ocultando los ojos. Se la mostré a Ramiro y le dije: "Mira esta de una chica que me estoy cogiendo... una puta de primera, ¿ves cómo posa, con esa tanga ajustada metiéndose entre sus labios, como si estuviera pidiendo que se la arranquen?".

Él se acercó, impresionado: "Joder, qué buenas tetas... se ve que sabe provocar, con esa pose tan caliente, como si estuviera lista para que la follen contra el espejo". Luego pasé a otra en la playa, con un bikini diminuto que apenas cubría sus nalgas, el sol iluminando su piel morena, el agua goteando por su cuerpo y una sonrisa pícara hacia la cámara, como si estuviera invitando a tocarla, a lamer cada gota. "Mira esta, en la playa... qué culo redondo y firme, perfecto para azotar". Ramiro elogió: "Qué rica, con esa tanga metida entre las nalgas... se nota que es una zorra exhibicionista, de las que se mojan con que las miren".

La tercera fue una casi mostrando sus senos: topless con las manos cubriéndolos apenas, el brasier tirado al lado, los pezones asomando ligeramente entre los dedos, mirada tímida pero con un brillo de deseo que gritaba "ven y chúpame". "Y esta... casi lo enseña todo, mira cómo se tapa pero deja ver lo justo para ponerte duro". Él dijo: "Perfectas para apretar y chupar... qué suerte, cabrón, esa puta sabe cómo calentar, apostaría que se toca pensando en esto".

Daniela estaba en la cocina, pero alcanzó a oír algo y le dio curiosidad. Se acercó disimuladamente y preguntó: "¿Qué ven tan entretenidos?". Yo le dije: "Nada, solo unas fotos". Le dejé el celular a Ramiro y me acerqué a ella en la cocina. Bajito, le confesé: "La verdad es que le estoy mostrando fotos de una puta". Ella se sorprendió y se enojó: "¡Ay no! ¿Mis fotos?". Le dije: "Sí, cariño, pero tranquila, están ampliadas sin rostro... no sospechará que eres tú". Ella se puso nerviosa, protestando: "Estás loco, Germán... si se da cuenta...". Pero la calmé con un beso y una caricia en el culo, metiendo los dedos bajo su pantalón para rozar su tanga húmeda, diciéndole que era solo un juego y que me ponía verte así expuesta, como una puta en vitrina. Ella ardió de vergüenza, pero disimuló y volvió a la sala como si nada, aunque sus mejillas rojas y su respiración agitada la delataban, como si el morbo la estuviera quemando por dentro.

Mientras tanto, Ramiro seguía elogiando las fotos en vos baja : "Qué buenas curvas... se ve que es una zorra que sabe posar, de las que abren las piernas por atención". Daniela lo oía todo desde cerca, fingiendo que servía más cervezas, pero por dentro ardía de bochorno y un poco de excitación, mordiéndose el labio mientras imaginaba qué diría si supiera que era ella.

Por el calor del día que la noche no lograba apagar, Daniela decidió darse un baño rápido. Salió vestida con una blusa de tiras que dejaba ver mucho escote, con un sostén de tela delgada que apenas contenía sus senos, dejando que los pezones se marcaran claramente contra la tela fina, endurecidos y provocadores, y un short corto que marcaba sus nalgas, subiéndose entre ellas con cada paso. Ramiro y yo no pudimos evitar mirarla, devorándola con los ojos, y ella lo notó, poniéndose más nerviosa, pero siguió atendiendo como si nada, inclinándose para servir y dejando que su escote se abriera más, mostrando cómo sus pezones empujaban la tela.

La noche se alargó. Seguimos tomando, y ya con el alcohol en la cabeza, pusimos música. Bailamos unos vallenatos, y Daniela bailó dos con Ramiro, demasiado juntos para mi gusto: él la agarraba por la cintura, metiendo las manos bajas para rozar su culo, y ella lo abrazaba por el cuello, riendo y hablando bajito mientras se movían al ritmo, sus cuerpos rozándose con cada paso, sus caderas chocando como si estuvieran follando con ropa. Estaban tomados, así que se reían de tonterías, comentando la canción o recuerdos de fiestas pasadas, como "esta me recuerda a cuando bailábamos en la playa... ¿te acuerdas cómo nos divertíamos?". En un momento, él se acercó más y le besó el cuello despacio, subiendo hasta su oreja, mordisqueándola suavemente mientras le susurraba cosas sucias como "estás tan caliente que me dan ganas de comerte aquí mismo", lo que la hizo reír con una carcajada borracha. Ella se separó un poco, lanzándole una mirada sorprendida y juguetona, con los ojos brillando de morbo. Luego, Ramiro intentó besarla en los labios, pero ella giró la cara rápido y le puso el cachete, riendo de nuevo mientras él, sin rendirse, bajaba de nuevo al cuello, besándolo con más intensidad, lamiendo su piel mientras ella cerraba los ojos un instante y lo abrazaba más fuerte, gimiendo bajito como si el alcohol la hiciera disfrutar el momento, sintiendo su aliento caliente. Ella lo detuvo antes de que estuviera cerca de su boca de nuevo, diciendo bajito: "Ey, no... Germán está aquí", pero con pocas ganas de que parara de verdad, como si el alcohol la hubiera hecho ceder un poco, mojándose entre las piernas. Ramiro, ya borracho, se detuvo enseguida, ella dejó de bailar y se alejo, pero Ramiro la tomó de la mano y la acercó de nuevo a él para reiterar su disculpa al oído: "Perdón, es que estás tan rica... pero no pasa nada, aunque me muero por probarte". Daniela le puso un dedo en la boca y le dijo "tranquilo", con una risa borracha, apartándose pero sin enojarse del todo, con los ojos brillando de deseo reprimido.

Ya tomados, nos sentamos en la mesa a beber y charlar; la conversación se volvió caliente. Hablábamos de cosas íntimas, como el tamaño del pene. Ramiro le preguntó directamente a Daniela: "¿Largo o grueso?". Ella, ya suelta y evidentemente borracha, midió con su brazo el tamaño que le gustaba, riendo de vergüenza: "Como este... largo y grueso, como el de mi novio... me encanta sentirlo todo adentro, llenándome ". Y agregó, con la voz pastosa por el alcohol: "La mujer que diga que no le gusta sentirlo es una mentirosa, ¡todas nos mojamos con una verga grande que nos haga gritar!". Ramiro se rió y dijo: "Uyyy Daniela", pero ella respondió: "Dejémonos de maricadas ya estamos grandes. A ustedes les gusta meterlo y a nosotros que nos lo metan hasta el fondo jajaja, ¿cierto amor?". Me miró a mí, y yo respondí afirmando, mientras le acariciaba las piernas y las nalgas sin descaro pero sin disimulo, apretando un poco su muslo bajo la mesa, metiendo los dedos cerca de su coño para sentir cómo se humedecía, lo que la hizo reír más y ponerse roja.

Luego hablamos de fantasías: yo conté una sobre sexo en público, describiendo detalles como "imagínate cogiendo en un carro con la puerta abierta, que te vean gemir mientras te clavo contra el asiento". Daniela añadió, entre risas: "Me da miedo, pero también me gusta la idea... el riesgo me pone nerviosa pero me moja tanto, me hace imaginar cosas prohibidas, como que el riesgo que alguien nos observe", mirando a Ramiro con picardía y mordiéndose el labio, cruzando las piernas para apretar su clítoris. Y Daniela agregó : "Por ejemplo, algunos se quieren comer a la mujer de sus amigos jajaja". Ramiro entendió la indirecta, se puso rojo y pidió disculpas a los dos: "Ey, perdón si me pasé...". Pero Daniela lo calló como la vez anterior, poniéndole un dedo en la boca: "Es broma, tranquilo, ya estoy borracha jajaja", y se rió, quitando tensión pero dejando el morbo flotando, como si estuviera tentada. Ramiro contó una anécdota de un trío casual, con detalles morbosos como "una noche con dos chicas, una chupando mientras la otra montaba... fue loco, los gemidos se mezclaban y todos acabamos empapados en sudor y semen". Daniela escuchaba atenta, preguntando detalles con curiosidad: "¿Y cómo fue? ¿No hubo celos? ¿Quién disfrutó más? ¿Se besaban entre ellas, o se lamían el coño?". Él le dijo a ambos, poniéndole una mano en la rodilla a Daniela y apretando un poco, subiendo hasta su muslo: "Cuando quieran experimentar, avísenme... estoy disponible para lo que sea, sería un placer unirme y follarte como mereces". Ella le acarició la mano, riendo: "No te hagas ilusiones, otro día jajaja", y le retiró la mano suavemente, pero con una mirada juguetona que decía "quizás". Yo Agregué: "El trío es una fantasía común, pero hay que estar seguros... ¿tú qué piensas, Daniela?". Ella dijo: "Me intriga, pero me da miedo... aunque con alcohol, quién sabe, podría dejarme follar por los dos", y todos reímos, con el ambiente cargado de tensión sexual, el aire oliendo a deseo.

Al final de la noche ya cansados, Ramiro, ya borracho, pidió quedarse a dormir en la sala. Daniela y yo nos fuimos a la habitación y cogimos con intensidad, sabiendo que él probablemente nos oía a través de la puerta delgada: sus gemidos, los golpes de la cama... no nos importó, al contrario, lo hacía más caliente.

En la habitación, mientras la penetraba en misionero primero, clavándome profundo en su coño húmedo, luego la puse a cuatro patas embistiéndola fuerte por detrás, agarrándole las nalgas y azotándolas hasta que se pusieran rojas, hablamos de las fotos. Yo le dije: "Me encantó exponerte así... que Ramiro viera lo puta que eres, imaginándote con la verga dura por ti". Ella, jadeando: "Estás loco... espero que no se viera mi cara". Yo respondí: "Tú eres mi puta y puedo compartir tus fotos, mostrar cómo te mojas por atención". Ella protestó entre gemidos: "Soy tu puta... no la de tus amigos... ¡ayyy, más fuerte!". Luego le reclamé sobre el beso en el cuello: "Y tú... ¿por qué te dejaste besar el cuello por él, zorra?". Ella, ya caliente y tomada (estaba evidentemente borracha, con el aliento a cerveza y los ojos vidriosos), respondió: "Ay amor, tú sabes que yo con alcohol me caliento... y él estaba con ganas... pero tú debes cuidarme, porque borracha no respondo por mis actos, podría dejar que me folle cualquiera", y se rió jaja, arqueando la espalda para recibirme más profundo, clavándose ella misma en mi verga. Yo le dije: "Por eso que sucedió y por cómo respondiste, sin duda eres una puta adicta". Ella jadeó: "Bueno, con tragos puede que sí... pero solo tu puta, ¡fóllame más!".

Pero quise jugar más con ella, humillarla en su borrachera. La saqué de golpe, dejando su coño chorreando y vacío, y le dije: "Dime que te encanta mi verga, puta, o no te la meto de nuevo". Ella, desesperada, casi gritando con voz ronca por el alcohol: "¡Me encanta tu verga, Germán! ¡Me fascina tu chimbo, es tan grueso y duro, me llena como ninguno!". Yo jugué con ella, rozando la punta contra sus labios hinchados sin entrar, torturándola: "Dilo más fuerte, zorra, convénceme". Daniela, borracha y al borde, suplicó: "¡Por favor, métemelo ya! ¡Me encanta tu verga, me fascina tu chimbo enorme, lo necesito adentro ahora! Si no me lo metes, voy a buscar a alguien que sí quiera meterselo, como Ramiro, que seguro está duro escuchándonos... ¡fóllame o salgo a buscar verga!". Su voz era un gemido desesperado, alto lo suficiente para que Ramiro la oyera desde la sala, y eso me puso más duro. La penetré de golpe, embistiéndola salvajemente mientras ella gritaba de placer, corriéndose como una puta en calor, sus jugos empapando las sábanas.

Al día siguiente, con Daniela aún en casa (se había quedado a dormir), busqué humillarla más para que se volviera aún más sumisa y puta, rompiendo sus barreras poco a poco. Cuando escuché la puerta de la habitación abrirse, le dije a Ramiro que esperara sin hacer ruido en la sala, escondido en una esquina desde donde pudiera ver todo. Fui hacia Daniela, que salió vestida solo con un hilo diminuto que se perdía entre sus nalgas redondas y la misma blusa de tiras de la noche anterior, pero sin sostén, dejando sus senos solo cubiertos por delgada tela de la blusa y marcando sus pezones. Preguntó por Ramiro: "¿Y tu amigo? ¿Ya se fue?". Yo mentí: "Sí, se fue temprano, estamos solos, mi puta". La abracé por detrás, llevándola a la cocina que estaba frente a la sala, posicionándola de espaldas a ella para que no pudiera ver, pero Ramiro sí tuviera vista perfecta de su culo expuesto.

Le besé el cuello despacio, lamiendo su piel salada por el sudor de la noche, subiendo a sus orejas, mordisqueándolas mientras le susurraba: "Me encantó comerte borracha anoche, verte suplicar por verga como una zorra desesperada". Ella, con resaca pero aún caliente, suspiró: "A mí también me gustó, amor... me pones tan puta cuando juegas así". Pero antes de continuar, se puso seria un momento: "Perdón por todo lo que dije anoche y por lo que pasó con tu amigo... yo no te engañaría nunca, fue por el alcohol, amor, no soy así". Yo la calmé: "No pasa nada, cariño, sé que eres mía... pero me encanta verte suelta". Siguieron los besos, cada vez más intensos, y yo le subí la blusa lentamente, dejando ver todo su culo perfecto, el hilo diminuto devorado entre sus nalgas, como si estuviera pidiendo que la follaran por atrás. Luego se la quité por completo, tirándola a un mueble cercano con un gesto despreocupado, dejando sus senos expuestos , sus pezones duros provocando chuparlos. Ramiro observaba en silencio, con los ojos clavados en ella, probablemente tocándose, y eso me excitaba más. Me solté el pantalón, dejando que mi verga se asomara dura, y Daniela, excitada a pesar de la resaca, me la sacó por completo, masturbándome con su mano suave pero firme, recorriendo toda la extensión de mi pene de la base a la punta, apretando con ganas mientras me miraba con ojos lujuriosos: "Mmm, me encanta esta verga tuya, amor... tan gruesa y larga, me hace mojar solo de tocarla, sé que te pone que te lo diga". Sus dedos subían y bajaban lentos, masajeando las venas hinchadas, haciendo que gotas de presemen salieran, y a mí no me importaba en lo absoluto que Ramiro me viera desnudo, al contrario, el morbo de exponerme así me ponía más duro.
Ella siguió: "Ahora cómeme, como la puta que tanto me dices que soy". Yo respondí: "Claro que sí, mi puta adicta a la verga".
Ella se rió: "A la tuya, jaja", pero yo, para humillarla, dije en voz alta: "Al menos espera a que se vaya, Ramiro". Daniela se sobresaltó, volteó a mirar con los ojos abiertos de sorpresa, mezclando vergüenza y rabia al ver a Ramiro ahí, mirándola con una sonrisa lasciva, devorando su cuerpo semidesnudo. "¡Idiota, por qué no dijiste nada!", gritó, sin saber si se lo decía a mí o a él, o a los dos, cubriéndose los senos como podía con los brazos, sus pezones asomando entre los dedos, roja como un tomate. Se dio la vuelta y corrió a la habitación, cerrando la puerta con rabia, pero yo sabía que por dentro el morbo la había dejado mojada, lista para ser aún más sumisa la próxima vez.

Ya cuando todo pasó, Ramiro se despidió de Daniela a través de la puerta: "Chao, Daniela, perdón, no dije nada porque me dio pena". Ella, aún molesta pero calmándose, respondió: "Chao Ramiro, no pasa nada, la culpa es del idiota de Germán".

Esa “niña buena” que estudiaba fisioterapia estaba cambiando rápido. Cada vez disfrutaba más del riesgo, de la humillación y de sentirse usada como mi puta. Ya no solo protestaba… ahora lo aceptaba y se corría con eso, convirtiéndose en la zorra que siempre quise.

Solo para los que llegaron al final, les comparto algunas de las imágenes que ese día le mostré a Ramiro. Pero pata ustedes van sin recortes 🔥🔥
fotos reales

puta

exnovia

novia puta

real

0 comentarios - Cap 5: Fotos expuestas a mi amigo y una noche de vallenatos