Que tal, gente. He decidido hacer un post recopilando las tres partes de este relato, con algunas ligeras correcciones.
Que lo disfruten
La historia que voy a contar pasó hace algunos años cuando trabajaba en una empresa de marketing digital. En aquel entonces, todo parecía ir bien en el trabajo: los proyectos iban viento en popa, el ambiente era amigable y mi jefe me había elogiado varias veces por mi dedicación y compromiso.
Fue en ese momento cuando noté la presencia de Pau, una de mis compañeras de trabajo. Pau era una mujer atractiva y sexy, con un cabello negro y lacio que enmarcaba su rostro de rasgos provocativos. Sus pechos eran grandes y redondos, siempre enfundados en escotes provocativos que hacían que todos los hombres de la oficina se giraran a su paso. Y su culo, ni qué decir: grande y firme, siempre resaltado por pantalones ajustados que dejaban poco a la imaginación.
Pau era conocida en la empresa por su belleza pero también por los rumores que circulaban a su alrededor. Se decía que tenía sexo con los jefes a cambio de beneficios y ventajas en el trabajo. Al principio, me negué a creer en esos chismes, pensando que todo era fruto de la envidia. Pero a medida que pasaban los días, empecé a notar ciertas actitudes y gestos de Pau que me hacían dudar.
Un día, para mi sorpresa, me ascendieron a un puesto de mayor responsabilidad en la empresa. Fue entonces cuando Pau comenzó a acercarse a mí de una forma más evidente. Al principio, pensé que sus atenciones eran puramente amistosas, pero poco a poco sus gestos se volvieron más íntimos. Empezó a tocarme el brazo cuando hablábamos, a susurrarme al oído cuando estábamos a solas y a lanzarme miradas sugerentes que me hacían sentir incómodo y excitado al mismo tiempo.
Una tarde, después de una reunión extenuante con los jefes, Pau me invitó a quedarnos trabajando hasta tarde en la oficina. Aunque al principio me resistí, accedí a quedarme un rato más para terminar unas tareas pendientes. Mientras trabajábamos juntos, Pau se acercó a mí lentamente, con una expresión seductora en su rostro.
"¿Qué tal si dejamos de trabajar por un momento y nos relajamos un poco?", me susurró al oído, con su aliento cálido acariciando mi piel.
Antes de que pudiera articular una respuesta, Pau tomó mi mano y la llevó a sus labios, chupándome los dedos lentamente y de forma erótica. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y mi mente se nubló con el deseo.
"Esto está mal", balbuceé, tratando de recordarme a mí mismo que no debíamos estar haciendo eso.
"Estoy segura de que te gusta", dijo con confianza. "¿No quieres probar lo que puedo ofrecerte, cariño? Todos los otros jefes de la oficina han quedado encantados con las cosas que sé hacer".
Antes de que pudiera protestar, Pau puso mis manos en su culo y me susurró al oído: "Todo esto puede ser tuyo, ¿no te gusta lo que ves?"
La textura de sus nalgas era suave y cálida bajo mis manos. No pude resistirme más y mis labios buscaron los suyos con ansias, nuestras lenguas entrelazándose en un beso apasionado.
Mis manos recorrieron su culo, sintiendo lo grande y sexy que era. Su textura era suave y firme a la vez, y no pude resistir la tentación de apretarlo con fuerza y lujuria. Jamás en mi vida había tocado un culo tan perfecto y tan precioso como ese, era un auténtico culazo de 10. Pau gemía suavemente contra mis labios, sus manos acariciando mi espalda mientras su cuerpo se arqueaba hacia el mío en búsqueda de más contacto.
Pau me empujó hacia el escritorio, sus manos hábiles desabotonaron mi camisa y la deslizaron por mis hombros.
Mis manos recorrieron su espalda, desabrochando su blusa lentamente para revelar su sujetador de encaje que apenas contenía sus pechos generosos. La miré a los ojos mientras mis labios descendían por su cuello, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a sus pechos. Los tomé con mis manos, sintiendo su suavidad y firmeza bajo mis palmas mientras mi lengua jugueteaba con sus pezones erectos.
Pau se dejó llevar por la pasión, me miró con ojos llenos de lujuria y deseo, y sin decir una palabra, se quitó el pantalón, dejándome ver su cuerpo casi desnudo que me dejó sin aliento.
Solo llevaba puesta una tanguita blanca que le quedaba preciosa entre sus dos nalgas. Era una visión de ensueño, con sus pechos erguidos y su culo redondo y firme tentándome a acercarme más.
Ella comenzó a desbrochar mi pantalón mientras me observaba con una sonrisa traviesa en los labios. Una vez que mi miembro había quedado libre, Pau no perdió tiempo y se inclinó hacia mí, tomando mi pene en su boca y chupando lo con habilidad y pasión, haciendo que gemidos de placer escaparan de mis labios.
Sus labios carnosos recorrían mi miembro una y otra vez, su lengua jugando con cada centímetro y succionando con fuerza. Cada succión enviaba ondas de placer a través de mi cuerpo, haciéndome gemir de placer. De vez en cuando bajaba hasta mis bolas y las chupaba sin dejar de masturbarme, para luego volver a tragarsela toda. Yo la tomé de la cabeza con ambas manos y empecé a follarmela por la boca, cosa que a ella le encantaba. Pau sabía exactamente cómo complacerme y no dejó de chupar hasta que me encontré al borde del éxtasis. Chupaba como una diosa y como una puta al mismo tiempo, mientras no dejaba de mirarme a los ojos de manera sensual.
Pero Pau no había terminado conmigo todavía. Se levantó del escritorio y colocó mis manos en sus pechos. Si su culo era perfecto, sus tetas no se quedaban atrás para nada. Eran grandes y suaves, tanto que no parecían reales. Los apreté con deseo, maravillado por lo magníficos que se veían y cómo me envolvían por completo.
"Sabes qué más puedo hacer con estos", susurró Pau, antes de inclinarse hacia adelante y tomar mi miembro en medio de sus pechos. Comenzó a deslizarlos arriba y abajo, realizando una increíble rusa que me dejó sin aliento. La sensación era indescriptible, mi verga desaparecía por completo entre sus tetas que me apretaban de manera deliciosa.
Mis manos se aferraron a su cintura, guiando sus movimientos mientras disfrutaba de la sensación del delicioso titfuck que Pau me estaba dando. El roce de su piel contra la mía y la visión de sus pechos envolviendo mi miembro me llevaron a un nivel de placer que nunca antes había experimentado.
Cuando sentí que estaba cerca de venirme, Pau se levantó y se inclinó sobre el escritorio, con su culo entangado levantado hacia mí, tentándome con su oferta. "Puedes hacer lo que quieras conmigo", susurró, con voz ronca de deseo. "Soy toda tuya".
La visión de Pau en esa posición, su culo en pompa y sus ojos suplicantes, fue más de lo que podía resistir. Me acerqué a ella, acariciando su piel suave y tersa. Tomé su tanguita blanca y la hice a un lado, antes de penetrarla con fuerza y pasión. Los gemidos de Pau llenaron la habitación, mezclándose con los míos en un palpitar de deseo desenfrenado.
Comencé a bombearla y cada embestida era más intensa que la anterior. Su coño apretaba mi verga con fuerza y se sentía caliente y húmedo como no se imaginan.
"Más fuerte", me suplicó entre gemidos. "Dame más duro papi"
No pude resistir la demanda de Pau y aumenté el ritmo y la intensidad de mis embestidas. Nuestros cuerpos chocaban una y otra vez y sus nalgas deliciosas chocaban contra mi pelvis con cada metida de verga que le daba. Pau se retorcía bajo mis embestidas, su cuerpo arqueándose hacia mí en busca de más placer.
Sus uñas se clavaron en el escritorio mientras yo la cogía con más fuerza, haciendo que sus gemidos se convirtieran en gritos de éxtasis. Pau pedía más, pedía ser nalgueada, y yo no podía negarle ese placer. Mis manos cayeron sobre sus nalgas, golpeándolas con fuerza y ritmo, haciendo que sus gemidos se intensificaran y su placer se incrementara. Nalgueaba su culo con fiereza, marcándola con cada golpe y sintiendo cómo su piel se enrojecía bajo mis manos.
Era un espectáculo delicioso verla entregada así, con su cuerpo temblando de placer bajo mis nalgadas y embestidas salvajes. La cogía con pasión y lujuria, sintiendo cada centímetro de su interior apretado y ardiente envolviendo mi verga, llevándome al borde de la locura.
"¡Sí, sí... así, sí! ¡Cógeme como la putita que soy!", gritó Pau, su voz llena de deseo y lujuria. Sus palabras encendieron aún más mi pasión, haciéndome embestirla con una intensidad salvaje y desenfrenada. El sudor cubría nuestros cuerpos, el sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en la habitación mientras nos entregábamos al deseo y la lujuria sin límites.
Pero en un momento, Pau detuvo nuestras embestidas, separándose de mí y girándose para mirarme directamente a los ojos. Su mirada estaba llena de deseo y determinación, y su sonrisa era pícara y seductora.
"Ahora me toca a mí", dijo con voz suave pero firme, antes de empujarme suavemente hasta que quedé sentado en una silla frente a ella.
Mis ojos se abrieron sorprendidos por su acción, pero mi sorpresa se convirtió rápidamente en deseo al verla acercarse a mí con una mirada llena de lujuria en sus ojos. Se montó sobre mí de espaldas, guiando mi verga hacia su interior con habilidad.
Pau se movía con agilidad sobre mí, llevando el control de la cogida. Sus caderas se movían de manera experta, haciendo que mi excitación se disparara aún más. Cada gemido que escapaba de sus labios era como música para mis oídos. La sensación de su piel contra la mía, el aroma de su perfume embriagador, todo contribuía a mi delirio de placer.
Mis manos se aferraron a sus caderas, sintiendo el vaivén de sus movimientos mientras me cabalgaba con pasión. Pau estaba en su elemento, disfrutando del poder que tenía sobre mí en ese momento
“¡Oh Dios, sí! ¡Dame más, más... no pares!" gritaba ella, sus palabras perdidas entre gemidos y susurros de placer.
La silla en la que estaba sentado crujía con el ritmo de nuestros movimientos, pero en ese momento no había lugar para preocupaciones. Solo existía el roce de nuestras pieles, el sonido de nuestros gemidos y el frenesí de nuestras embestidas.
Pau se inclinó hacia adelante, ofreciéndome su espalda arqueada y su culo exquisito, que en conjunto con su cinturita delgada se veía aún más grande y apetitoso. Sus manos se aferraron al borde de la silla, su cabello caía en cascada por su espalda mientras sus caderas se movían en perfecta sincronía con las mías.
La visión de su cuerpito entregado a mí, de su culito apuntando hacia mí en una invitación tentadora, me impulsó a seguir adelante, a darle todo el placer que podía ofrecerle. Y cuando finalmente llegó el momento, cuando ya no pude contenerme más, le avisé a Pau que iba a correrme. Ella sonrió de manera juguetona, diciendo que podía hacerlo donde quisiera.
"Quiero correrme en tus tetas", le dije con voz ronca y cargada de deseo. Pau asintió y se arrodilló frente a mí, sus pechos perfectos apuntando hacia mí de manera tentadora. Me masturbé frente a ella con rapidez, sintiendo cómo el calor de mi excitación crecía hasta que finalmente dejé salir una enorme carga de leche que bañó sus tetas completamente. Pau sonreía satisfecha mientras se limpiaba con su mano, recogiendo cada gota de mi semen en sus dedos y llevándoselos a la boca para saborearlo.
Pau y yo nos limpiamos y nos miramos con complicidad. Nos vestimos lentamente, mientras yo no dejaba de pensar en que ella había resultado ser tan puta como todos decían en la oficina. Salimos juntos de la oficina y caminamos por la calle, y antes de despedirnos Pau me susurró algo al oído que inmediatamente me volvió a dejar duro como piedra:
“Parece que de verdad te encanta mi culo. Si vienes mañana a mi casa, me lo puedes romper"
La idea de volver a tener la oportunidad de follarmela, pero esta vez por su culito apretado, me excitó de inmediato. No pude evitar sonreír y asentir con la cabeza, aceptando su provocativa invitación. Quedamos en encontrarnos al día siguiente en su casa después del trabajo.
Esa noche no pude dejar de pensar en lo que había sucedido entre Pau y yo en la oficina. El pensamiento de follármela por el culo me mantenía despierto y excitado durante horas, deseando que llegara el día siguiente lo antes posible.
Al día siguiente, apenas pude concentrarme en mi trabajo, ansioso por llegar a la casa de Pau. Finalmente, llegó la hora de salir y no perdí ni un segundo en dirigirme hacia su dirección. Llamé a la puerta y ella me recibió con un vestido rojo ajustado que marcaba sus curvas.
Nos sentamos en el sofá y comenzamos a tomar un trago, reímos y bromeamos como si nada hubiera sucedido entre nosotros. Pero ambos sabíamos lo que queríamos, lo que estábamos ansiosos por hacer.
Después de un rato de conversación banal, Pau me llevó a su habitación, donde nos miramos fijamente, con deseo palpable en el aire.
"Estoy lista para ti", dijo Pau con una voz suave pero cargada de deseo. "Pero quiero algo a cambio esta vez."
La miré con curiosidad, esperando a escuchar cuál sería su propuesta.
"Quiero un aumento", comenzó ella, su mirada fija en la mía. "Y quiero la libertad de faltar al trabajo cuando lo desee. A cambio, te dejaré follarme por el culo."
Mis ojos se abrieron sorprendidos por su petición, pero mi excitación no disminuyó en lo más mínimo. Sabía que no podía resistir la idea de poseer su culito delicioso, así que asentí con determinación.
"Está bien, Pau", le dije con una sonrisa pícara. "Te daré lo que deseas, a cambio de probar ese culito apretado tuyo."
Pau sonrió satisfecha y comenzó a desabrochar mi pantalón con habilidad, mientras acercaba su boca a la mía para besarme con pasión. Nuestros labios se encontraron en un beso lujurioso y excitante, mientras mis manos recorrían su cuerpo deseoso de ella. Sin dejar de besarme, Pau se quitó la bajo la parte de arriba del vestido, revelando un sujetador negro que apenas contenía sus voluptuosos senos. Mis ojos no podían apartarse de su cuerpo, de la forma en que se movía con gracia y sensualidad. Pronto, Pau se deshizo de su sujetador y sus senos quedaron al descubierto, erectos y tentadores.
No pude resistir la tentación de acercarme y tomar uno de sus pezones entre mis labios, chupando y mordisqueando con avidez. Pau gemía de placer, arqueando su espalda y ofreciéndome sus senos para que los disfrutara. Después, Pau se quitó por completo el vestido, revelando unas medias y ligueros negros que realzaban su sensualidad y una diminuta tanguita que apenas cubría sus partes íntimas.
Tras esto se arrodilló frente a mí y tomó mi miembro en su mano con delicadeza. Comenzó a besarlo suavemente, recorriendo cada centímetro con sus labios y lengua, enviando olas de placer a través de mi cuerpo entero. Luego, sin previo aviso, se lanzó a chupármela con voracidad, haciendo una increíble garganta profunda que me hizo gemir de placer. Sus movimientos eran expertos y coordinados, como si hubiera practicado esta técnica una y otra vez.
Mi excitación crecía con cada succión, cada lamida, cada gesto de su lengua traviesa. Cada vez que sentía que estaba a punto de explotar, ella frenaba un poco, prolongando el placer. Sentía su boca caliente y húmeda envolviendo mi erección, llevándome al borde del éxtasis en cuestión de segundos. Comencé a mover mis caderas lentamente, controlando el ritmo de la mamada que estaba recibiendo.
Pau gemía suavemente cada vez que la penetraba en la boca, haciendo que mi excitación aumentara aún más. No pude resistirme más y la tomé del cabello, guiándola para que aumentara el ritmo y la intensidad de sus movimientos. Pau obedeció sin dudar, entregándose por completo a mi placer y dejándome follar su boca con desenfreno
Finalmente se la saqué de la boca y mientras no dejaba de restregársela por la cara, le dije que quería que me montara antes de cogérmela por el culo. Pau asintió, se levantó y se quitó la diminuta tanguita que cubría su suave y húmedo sexo.
Se subió sobre mí, guiando mi miembro erecto hacia su entrada mojada, y empezó a cabalgarme con un ritmo frenético. Sus gemidos de placer llenaban la habitación, mezclándose con mis gruñidos guturales. Sus caderas se movían en círculos, moliendo contra mi polla de un forma deliciosa.
La sensación de tener a Pau sobre mí, sintiendo su calor y su humedad era abrumadora. Mis manos se aferraban a su culote, ayudándola a mantener el ritmo de la cabalgata salvaje. Cada embestida era más intensa que la anterior, llevándonos a ambos al borde del abismo del placer.
Pau inclinó su cuerpo hacia adelante, acercando su rostro al mío, y nuestros labios se encontraron en un beso apasionado y lujurioso. Nuestras lenguas se entrelazaban en una danza salvaje, mientras continuábamos follando con una intensidad que nos dejaba sin aliento. El sudor empapaba nuestros cuerpos, haciéndonos brillar a la luz de la luna que se filtraba por la ventana.
El éxtasis se apoderaba de mí, sintiendo las contracciones de mi miembro a punto de explotar dentro de su coño delicioso. Pau gemía en mi oído, aumentando la intensidad de sus movimientos, llevándome al límite de mi resistencia. Mis brazos la rodearon, acariciando su espalda sudorosa y sintiendo su corazón latir con frenesí.
Pero sin duda lo mejor de tener a Pau montándome era ver cómo sus enormes tetas rebotaban con cada movimiento. Eran como dos globos preciosos que llenaban mi visión, tentándome a apretarlos y disfrutar de su suavidad mientras ella se entregaba a mí con pasión.
Mis manos se posaron en sus melones, apretándolos con firmeza mientras Pau gemía de placer con mi verga adentro. La sensación de tener esos enormes pechos entre mis manos, mientras ella seguía moviéndose sobre mí con desenfreno, era increíblemente excitante. Podía sentir el calor que desprendían, la suavidad de su piel bajo mis dedos, y el peso exquisito que tenían en mis manos.
Pau arqueó la espalda, ofreciéndome sus pechos con ansias, invitándome a disfrutar de ellos a mi antojo. Mis dedos se deslizaron por sus pezones erectos, pellizcándolos suavemente y arrancando gemidos de placer de sus labios entreabiertos. Finalmente, Pau alcanzó el clímax, gimiendo fuertemente mientras su cuerpo se estremecía de placer.
Nos quedamos allí, abrazados y empapados en sudor, tratando de recuperar el aliento después de la explosiva pasión que acabábamos de compartir. Pau se acurrucó contra mi pecho, suspirando de satisfacción. Después de un momento, nos miramos a los ojos y nos sonreímos cómplicemente, sabiendo que aún nos esperaba otra ronda de placer. Sin decir una palabra, Pau se puso en cuatro patas sobre la cama, ofreciéndome su culito tentador.
Tomé un poco de lubricante y lo apliqué en su entrada trasera, preparándola para lo que estaba por venir. Comencé con un dedo, explorando su ano con delicadeza y cuidado. Pau gimió suavemente, disfrutando de las nuevas sensaciones que le estaba brindando. Luego, introduje otro dedo y comencé a moverlos lentamente dentro de ella, preparándola para mi miembro. Pau arqueó la espalda y empujó sus caderas hacia atrás, ansiosa por recibirme. Sin más preámbulos, coloqué mi verga en su entrada y comencé a empujar lentamente. Con un gemido de placer, me abrí paso en su ano estrecho y caliente, sintiendo cómo me envolvía en un éxtasis indescriptible.
Pau gimió de placer y dolor al mismo tiempo, adaptándose a mi tamaño y a la sensación de ser penetrada por atrás. Me detuve un momento para darle tiempo de acostumbrarse, acariciando su espalda y sus caderas empapadas en sudor. Una vez que estuvo lista, comencé a moverme dentro de ella, aumentando el ritmo con cada embestida. Pau gemía y se retorcía de placer, disfrutando de la sensación de ser cogida por el culo. Sus gemidos eran música para mis oídos, excitándome aún más y llevándome a un nivel de placer que creía inalcanzable.
"Ay si papi, sigue así", gemía Pau entre suspiros entrecortados. "Esta tan duro y grande, me encanta".
Sus palabras me excitaban y me motivaban a cogerla con más fuerza y más pasión. Sentía cómo su culito se contraía alrededor de mi miembro, apretándome con fuerza y aumentando mi placer hasta niveles insospechados. Mis embestidas se hicieron cada vez más intensas, llevando a Pau al borde del éxtasis una vez más.
"¿Te gusta así, putita?", le pregunté entre gemidos, mientras seguía embistiéndola con furia.
"¡Sí, sí, sí! ¡Soy tu putita, cógeme más duro!", respondió Pau con lujuria, con las palabras saliendo de sus labios entre fuertes gemidos.
Mis embestidas se volvieron más rápidas y descontroladas, sintiendo el placer arder en cada fibra de mi ser. El sonido de nuestros cuerpos chocando y las exclamaciones de placer de Pau llenaban la habitación, creando una sinfonía de lujuria y deseo. No podía contenerme más, estaba a punto de correrme y liberar todo el placer acumulado dentro de mí.
"¡Pau, me voy a correr!", exclamé entre gemidos, sintiendo cómo el placer me invadía por completo.
"¡Sí, papi, lléname el culito de leche! ¡Llénamelo y va a ser tuyo para siempre!", respondió Pau con voz entrecortada por el placer.
Aquellas palabras fueron la gota que colmó el vaso de mi excitación. Mis embestidas se volvieron aún más intensas, buscando el clímax final. Y finalmente, con un bramido de placer, me dejé llevar por la ola de éxtasis y me corrí dentro de Pau, llenando su culito apretado con mi leche caliente y espesa.
Ambos jadeábamos exhaustos, con el sudor bañando nuestros cuerpos y el aire cargado de la tensión sexual que habíamos liberado. Me dejé caer a su lado, abrazando a Pau con satisfacción y complicidad. Desde ese día en adelante, cada vez que Pau quería algo en el trabajo, me daba las nalgas para conseguirlo. Y yo no podía resistirme a sus encantos, a su entrega, a su delicioso culito que ya me pertenecía por completo.
Que lo disfruten
La historia que voy a contar pasó hace algunos años cuando trabajaba en una empresa de marketing digital. En aquel entonces, todo parecía ir bien en el trabajo: los proyectos iban viento en popa, el ambiente era amigable y mi jefe me había elogiado varias veces por mi dedicación y compromiso.
Fue en ese momento cuando noté la presencia de Pau, una de mis compañeras de trabajo. Pau era una mujer atractiva y sexy, con un cabello negro y lacio que enmarcaba su rostro de rasgos provocativos. Sus pechos eran grandes y redondos, siempre enfundados en escotes provocativos que hacían que todos los hombres de la oficina se giraran a su paso. Y su culo, ni qué decir: grande y firme, siempre resaltado por pantalones ajustados que dejaban poco a la imaginación.
Pau era conocida en la empresa por su belleza pero también por los rumores que circulaban a su alrededor. Se decía que tenía sexo con los jefes a cambio de beneficios y ventajas en el trabajo. Al principio, me negué a creer en esos chismes, pensando que todo era fruto de la envidia. Pero a medida que pasaban los días, empecé a notar ciertas actitudes y gestos de Pau que me hacían dudar.
Un día, para mi sorpresa, me ascendieron a un puesto de mayor responsabilidad en la empresa. Fue entonces cuando Pau comenzó a acercarse a mí de una forma más evidente. Al principio, pensé que sus atenciones eran puramente amistosas, pero poco a poco sus gestos se volvieron más íntimos. Empezó a tocarme el brazo cuando hablábamos, a susurrarme al oído cuando estábamos a solas y a lanzarme miradas sugerentes que me hacían sentir incómodo y excitado al mismo tiempo.
Una tarde, después de una reunión extenuante con los jefes, Pau me invitó a quedarnos trabajando hasta tarde en la oficina. Aunque al principio me resistí, accedí a quedarme un rato más para terminar unas tareas pendientes. Mientras trabajábamos juntos, Pau se acercó a mí lentamente, con una expresión seductora en su rostro.
"¿Qué tal si dejamos de trabajar por un momento y nos relajamos un poco?", me susurró al oído, con su aliento cálido acariciando mi piel.
Antes de que pudiera articular una respuesta, Pau tomó mi mano y la llevó a sus labios, chupándome los dedos lentamente y de forma erótica. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y mi mente se nubló con el deseo.
"Esto está mal", balbuceé, tratando de recordarme a mí mismo que no debíamos estar haciendo eso.
"Estoy segura de que te gusta", dijo con confianza. "¿No quieres probar lo que puedo ofrecerte, cariño? Todos los otros jefes de la oficina han quedado encantados con las cosas que sé hacer".
Antes de que pudiera protestar, Pau puso mis manos en su culo y me susurró al oído: "Todo esto puede ser tuyo, ¿no te gusta lo que ves?"
La textura de sus nalgas era suave y cálida bajo mis manos. No pude resistirme más y mis labios buscaron los suyos con ansias, nuestras lenguas entrelazándose en un beso apasionado.
Mis manos recorrieron su culo, sintiendo lo grande y sexy que era. Su textura era suave y firme a la vez, y no pude resistir la tentación de apretarlo con fuerza y lujuria. Jamás en mi vida había tocado un culo tan perfecto y tan precioso como ese, era un auténtico culazo de 10. Pau gemía suavemente contra mis labios, sus manos acariciando mi espalda mientras su cuerpo se arqueaba hacia el mío en búsqueda de más contacto.
Pau me empujó hacia el escritorio, sus manos hábiles desabotonaron mi camisa y la deslizaron por mis hombros.
Mis manos recorrieron su espalda, desabrochando su blusa lentamente para revelar su sujetador de encaje que apenas contenía sus pechos generosos. La miré a los ojos mientras mis labios descendían por su cuello, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a sus pechos. Los tomé con mis manos, sintiendo su suavidad y firmeza bajo mis palmas mientras mi lengua jugueteaba con sus pezones erectos.
Pau se dejó llevar por la pasión, me miró con ojos llenos de lujuria y deseo, y sin decir una palabra, se quitó el pantalón, dejándome ver su cuerpo casi desnudo que me dejó sin aliento.
Solo llevaba puesta una tanguita blanca que le quedaba preciosa entre sus dos nalgas. Era una visión de ensueño, con sus pechos erguidos y su culo redondo y firme tentándome a acercarme más.
Ella comenzó a desbrochar mi pantalón mientras me observaba con una sonrisa traviesa en los labios. Una vez que mi miembro había quedado libre, Pau no perdió tiempo y se inclinó hacia mí, tomando mi pene en su boca y chupando lo con habilidad y pasión, haciendo que gemidos de placer escaparan de mis labios.
Sus labios carnosos recorrían mi miembro una y otra vez, su lengua jugando con cada centímetro y succionando con fuerza. Cada succión enviaba ondas de placer a través de mi cuerpo, haciéndome gemir de placer. De vez en cuando bajaba hasta mis bolas y las chupaba sin dejar de masturbarme, para luego volver a tragarsela toda. Yo la tomé de la cabeza con ambas manos y empecé a follarmela por la boca, cosa que a ella le encantaba. Pau sabía exactamente cómo complacerme y no dejó de chupar hasta que me encontré al borde del éxtasis. Chupaba como una diosa y como una puta al mismo tiempo, mientras no dejaba de mirarme a los ojos de manera sensual.
Pero Pau no había terminado conmigo todavía. Se levantó del escritorio y colocó mis manos en sus pechos. Si su culo era perfecto, sus tetas no se quedaban atrás para nada. Eran grandes y suaves, tanto que no parecían reales. Los apreté con deseo, maravillado por lo magníficos que se veían y cómo me envolvían por completo.
"Sabes qué más puedo hacer con estos", susurró Pau, antes de inclinarse hacia adelante y tomar mi miembro en medio de sus pechos. Comenzó a deslizarlos arriba y abajo, realizando una increíble rusa que me dejó sin aliento. La sensación era indescriptible, mi verga desaparecía por completo entre sus tetas que me apretaban de manera deliciosa.
Mis manos se aferraron a su cintura, guiando sus movimientos mientras disfrutaba de la sensación del delicioso titfuck que Pau me estaba dando. El roce de su piel contra la mía y la visión de sus pechos envolviendo mi miembro me llevaron a un nivel de placer que nunca antes había experimentado.
Cuando sentí que estaba cerca de venirme, Pau se levantó y se inclinó sobre el escritorio, con su culo entangado levantado hacia mí, tentándome con su oferta. "Puedes hacer lo que quieras conmigo", susurró, con voz ronca de deseo. "Soy toda tuya".
La visión de Pau en esa posición, su culo en pompa y sus ojos suplicantes, fue más de lo que podía resistir. Me acerqué a ella, acariciando su piel suave y tersa. Tomé su tanguita blanca y la hice a un lado, antes de penetrarla con fuerza y pasión. Los gemidos de Pau llenaron la habitación, mezclándose con los míos en un palpitar de deseo desenfrenado.
Comencé a bombearla y cada embestida era más intensa que la anterior. Su coño apretaba mi verga con fuerza y se sentía caliente y húmedo como no se imaginan.
"Más fuerte", me suplicó entre gemidos. "Dame más duro papi"
No pude resistir la demanda de Pau y aumenté el ritmo y la intensidad de mis embestidas. Nuestros cuerpos chocaban una y otra vez y sus nalgas deliciosas chocaban contra mi pelvis con cada metida de verga que le daba. Pau se retorcía bajo mis embestidas, su cuerpo arqueándose hacia mí en busca de más placer.
Sus uñas se clavaron en el escritorio mientras yo la cogía con más fuerza, haciendo que sus gemidos se convirtieran en gritos de éxtasis. Pau pedía más, pedía ser nalgueada, y yo no podía negarle ese placer. Mis manos cayeron sobre sus nalgas, golpeándolas con fuerza y ritmo, haciendo que sus gemidos se intensificaran y su placer se incrementara. Nalgueaba su culo con fiereza, marcándola con cada golpe y sintiendo cómo su piel se enrojecía bajo mis manos.
Era un espectáculo delicioso verla entregada así, con su cuerpo temblando de placer bajo mis nalgadas y embestidas salvajes. La cogía con pasión y lujuria, sintiendo cada centímetro de su interior apretado y ardiente envolviendo mi verga, llevándome al borde de la locura.
"¡Sí, sí... así, sí! ¡Cógeme como la putita que soy!", gritó Pau, su voz llena de deseo y lujuria. Sus palabras encendieron aún más mi pasión, haciéndome embestirla con una intensidad salvaje y desenfrenada. El sudor cubría nuestros cuerpos, el sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en la habitación mientras nos entregábamos al deseo y la lujuria sin límites.
Pero en un momento, Pau detuvo nuestras embestidas, separándose de mí y girándose para mirarme directamente a los ojos. Su mirada estaba llena de deseo y determinación, y su sonrisa era pícara y seductora.
"Ahora me toca a mí", dijo con voz suave pero firme, antes de empujarme suavemente hasta que quedé sentado en una silla frente a ella.
Mis ojos se abrieron sorprendidos por su acción, pero mi sorpresa se convirtió rápidamente en deseo al verla acercarse a mí con una mirada llena de lujuria en sus ojos. Se montó sobre mí de espaldas, guiando mi verga hacia su interior con habilidad.
Pau se movía con agilidad sobre mí, llevando el control de la cogida. Sus caderas se movían de manera experta, haciendo que mi excitación se disparara aún más. Cada gemido que escapaba de sus labios era como música para mis oídos. La sensación de su piel contra la mía, el aroma de su perfume embriagador, todo contribuía a mi delirio de placer.
Mis manos se aferraron a sus caderas, sintiendo el vaivén de sus movimientos mientras me cabalgaba con pasión. Pau estaba en su elemento, disfrutando del poder que tenía sobre mí en ese momento
“¡Oh Dios, sí! ¡Dame más, más... no pares!" gritaba ella, sus palabras perdidas entre gemidos y susurros de placer.
La silla en la que estaba sentado crujía con el ritmo de nuestros movimientos, pero en ese momento no había lugar para preocupaciones. Solo existía el roce de nuestras pieles, el sonido de nuestros gemidos y el frenesí de nuestras embestidas.
Pau se inclinó hacia adelante, ofreciéndome su espalda arqueada y su culo exquisito, que en conjunto con su cinturita delgada se veía aún más grande y apetitoso. Sus manos se aferraron al borde de la silla, su cabello caía en cascada por su espalda mientras sus caderas se movían en perfecta sincronía con las mías.
La visión de su cuerpito entregado a mí, de su culito apuntando hacia mí en una invitación tentadora, me impulsó a seguir adelante, a darle todo el placer que podía ofrecerle. Y cuando finalmente llegó el momento, cuando ya no pude contenerme más, le avisé a Pau que iba a correrme. Ella sonrió de manera juguetona, diciendo que podía hacerlo donde quisiera.
"Quiero correrme en tus tetas", le dije con voz ronca y cargada de deseo. Pau asintió y se arrodilló frente a mí, sus pechos perfectos apuntando hacia mí de manera tentadora. Me masturbé frente a ella con rapidez, sintiendo cómo el calor de mi excitación crecía hasta que finalmente dejé salir una enorme carga de leche que bañó sus tetas completamente. Pau sonreía satisfecha mientras se limpiaba con su mano, recogiendo cada gota de mi semen en sus dedos y llevándoselos a la boca para saborearlo.
Pau y yo nos limpiamos y nos miramos con complicidad. Nos vestimos lentamente, mientras yo no dejaba de pensar en que ella había resultado ser tan puta como todos decían en la oficina. Salimos juntos de la oficina y caminamos por la calle, y antes de despedirnos Pau me susurró algo al oído que inmediatamente me volvió a dejar duro como piedra:
“Parece que de verdad te encanta mi culo. Si vienes mañana a mi casa, me lo puedes romper"
La idea de volver a tener la oportunidad de follarmela, pero esta vez por su culito apretado, me excitó de inmediato. No pude evitar sonreír y asentir con la cabeza, aceptando su provocativa invitación. Quedamos en encontrarnos al día siguiente en su casa después del trabajo.
Esa noche no pude dejar de pensar en lo que había sucedido entre Pau y yo en la oficina. El pensamiento de follármela por el culo me mantenía despierto y excitado durante horas, deseando que llegara el día siguiente lo antes posible.
Al día siguiente, apenas pude concentrarme en mi trabajo, ansioso por llegar a la casa de Pau. Finalmente, llegó la hora de salir y no perdí ni un segundo en dirigirme hacia su dirección. Llamé a la puerta y ella me recibió con un vestido rojo ajustado que marcaba sus curvas.
Nos sentamos en el sofá y comenzamos a tomar un trago, reímos y bromeamos como si nada hubiera sucedido entre nosotros. Pero ambos sabíamos lo que queríamos, lo que estábamos ansiosos por hacer.
Después de un rato de conversación banal, Pau me llevó a su habitación, donde nos miramos fijamente, con deseo palpable en el aire.
"Estoy lista para ti", dijo Pau con una voz suave pero cargada de deseo. "Pero quiero algo a cambio esta vez."
La miré con curiosidad, esperando a escuchar cuál sería su propuesta.
"Quiero un aumento", comenzó ella, su mirada fija en la mía. "Y quiero la libertad de faltar al trabajo cuando lo desee. A cambio, te dejaré follarme por el culo."
Mis ojos se abrieron sorprendidos por su petición, pero mi excitación no disminuyó en lo más mínimo. Sabía que no podía resistir la idea de poseer su culito delicioso, así que asentí con determinación.
"Está bien, Pau", le dije con una sonrisa pícara. "Te daré lo que deseas, a cambio de probar ese culito apretado tuyo."
Pau sonrió satisfecha y comenzó a desabrochar mi pantalón con habilidad, mientras acercaba su boca a la mía para besarme con pasión. Nuestros labios se encontraron en un beso lujurioso y excitante, mientras mis manos recorrían su cuerpo deseoso de ella. Sin dejar de besarme, Pau se quitó la bajo la parte de arriba del vestido, revelando un sujetador negro que apenas contenía sus voluptuosos senos. Mis ojos no podían apartarse de su cuerpo, de la forma en que se movía con gracia y sensualidad. Pronto, Pau se deshizo de su sujetador y sus senos quedaron al descubierto, erectos y tentadores.
No pude resistir la tentación de acercarme y tomar uno de sus pezones entre mis labios, chupando y mordisqueando con avidez. Pau gemía de placer, arqueando su espalda y ofreciéndome sus senos para que los disfrutara. Después, Pau se quitó por completo el vestido, revelando unas medias y ligueros negros que realzaban su sensualidad y una diminuta tanguita que apenas cubría sus partes íntimas.
Tras esto se arrodilló frente a mí y tomó mi miembro en su mano con delicadeza. Comenzó a besarlo suavemente, recorriendo cada centímetro con sus labios y lengua, enviando olas de placer a través de mi cuerpo entero. Luego, sin previo aviso, se lanzó a chupármela con voracidad, haciendo una increíble garganta profunda que me hizo gemir de placer. Sus movimientos eran expertos y coordinados, como si hubiera practicado esta técnica una y otra vez.
Mi excitación crecía con cada succión, cada lamida, cada gesto de su lengua traviesa. Cada vez que sentía que estaba a punto de explotar, ella frenaba un poco, prolongando el placer. Sentía su boca caliente y húmeda envolviendo mi erección, llevándome al borde del éxtasis en cuestión de segundos. Comencé a mover mis caderas lentamente, controlando el ritmo de la mamada que estaba recibiendo.
Pau gemía suavemente cada vez que la penetraba en la boca, haciendo que mi excitación aumentara aún más. No pude resistirme más y la tomé del cabello, guiándola para que aumentara el ritmo y la intensidad de sus movimientos. Pau obedeció sin dudar, entregándose por completo a mi placer y dejándome follar su boca con desenfreno
Finalmente se la saqué de la boca y mientras no dejaba de restregársela por la cara, le dije que quería que me montara antes de cogérmela por el culo. Pau asintió, se levantó y se quitó la diminuta tanguita que cubría su suave y húmedo sexo.
Se subió sobre mí, guiando mi miembro erecto hacia su entrada mojada, y empezó a cabalgarme con un ritmo frenético. Sus gemidos de placer llenaban la habitación, mezclándose con mis gruñidos guturales. Sus caderas se movían en círculos, moliendo contra mi polla de un forma deliciosa.
La sensación de tener a Pau sobre mí, sintiendo su calor y su humedad era abrumadora. Mis manos se aferraban a su culote, ayudándola a mantener el ritmo de la cabalgata salvaje. Cada embestida era más intensa que la anterior, llevándonos a ambos al borde del abismo del placer.
Pau inclinó su cuerpo hacia adelante, acercando su rostro al mío, y nuestros labios se encontraron en un beso apasionado y lujurioso. Nuestras lenguas se entrelazaban en una danza salvaje, mientras continuábamos follando con una intensidad que nos dejaba sin aliento. El sudor empapaba nuestros cuerpos, haciéndonos brillar a la luz de la luna que se filtraba por la ventana.
El éxtasis se apoderaba de mí, sintiendo las contracciones de mi miembro a punto de explotar dentro de su coño delicioso. Pau gemía en mi oído, aumentando la intensidad de sus movimientos, llevándome al límite de mi resistencia. Mis brazos la rodearon, acariciando su espalda sudorosa y sintiendo su corazón latir con frenesí.
Pero sin duda lo mejor de tener a Pau montándome era ver cómo sus enormes tetas rebotaban con cada movimiento. Eran como dos globos preciosos que llenaban mi visión, tentándome a apretarlos y disfrutar de su suavidad mientras ella se entregaba a mí con pasión.
Mis manos se posaron en sus melones, apretándolos con firmeza mientras Pau gemía de placer con mi verga adentro. La sensación de tener esos enormes pechos entre mis manos, mientras ella seguía moviéndose sobre mí con desenfreno, era increíblemente excitante. Podía sentir el calor que desprendían, la suavidad de su piel bajo mis dedos, y el peso exquisito que tenían en mis manos.
Pau arqueó la espalda, ofreciéndome sus pechos con ansias, invitándome a disfrutar de ellos a mi antojo. Mis dedos se deslizaron por sus pezones erectos, pellizcándolos suavemente y arrancando gemidos de placer de sus labios entreabiertos. Finalmente, Pau alcanzó el clímax, gimiendo fuertemente mientras su cuerpo se estremecía de placer.
Nos quedamos allí, abrazados y empapados en sudor, tratando de recuperar el aliento después de la explosiva pasión que acabábamos de compartir. Pau se acurrucó contra mi pecho, suspirando de satisfacción. Después de un momento, nos miramos a los ojos y nos sonreímos cómplicemente, sabiendo que aún nos esperaba otra ronda de placer. Sin decir una palabra, Pau se puso en cuatro patas sobre la cama, ofreciéndome su culito tentador.
Tomé un poco de lubricante y lo apliqué en su entrada trasera, preparándola para lo que estaba por venir. Comencé con un dedo, explorando su ano con delicadeza y cuidado. Pau gimió suavemente, disfrutando de las nuevas sensaciones que le estaba brindando. Luego, introduje otro dedo y comencé a moverlos lentamente dentro de ella, preparándola para mi miembro. Pau arqueó la espalda y empujó sus caderas hacia atrás, ansiosa por recibirme. Sin más preámbulos, coloqué mi verga en su entrada y comencé a empujar lentamente. Con un gemido de placer, me abrí paso en su ano estrecho y caliente, sintiendo cómo me envolvía en un éxtasis indescriptible.
Pau gimió de placer y dolor al mismo tiempo, adaptándose a mi tamaño y a la sensación de ser penetrada por atrás. Me detuve un momento para darle tiempo de acostumbrarse, acariciando su espalda y sus caderas empapadas en sudor. Una vez que estuvo lista, comencé a moverme dentro de ella, aumentando el ritmo con cada embestida. Pau gemía y se retorcía de placer, disfrutando de la sensación de ser cogida por el culo. Sus gemidos eran música para mis oídos, excitándome aún más y llevándome a un nivel de placer que creía inalcanzable.
"Ay si papi, sigue así", gemía Pau entre suspiros entrecortados. "Esta tan duro y grande, me encanta".
Sus palabras me excitaban y me motivaban a cogerla con más fuerza y más pasión. Sentía cómo su culito se contraía alrededor de mi miembro, apretándome con fuerza y aumentando mi placer hasta niveles insospechados. Mis embestidas se hicieron cada vez más intensas, llevando a Pau al borde del éxtasis una vez más.
"¿Te gusta así, putita?", le pregunté entre gemidos, mientras seguía embistiéndola con furia.
"¡Sí, sí, sí! ¡Soy tu putita, cógeme más duro!", respondió Pau con lujuria, con las palabras saliendo de sus labios entre fuertes gemidos.
Mis embestidas se volvieron más rápidas y descontroladas, sintiendo el placer arder en cada fibra de mi ser. El sonido de nuestros cuerpos chocando y las exclamaciones de placer de Pau llenaban la habitación, creando una sinfonía de lujuria y deseo. No podía contenerme más, estaba a punto de correrme y liberar todo el placer acumulado dentro de mí.
"¡Pau, me voy a correr!", exclamé entre gemidos, sintiendo cómo el placer me invadía por completo.
"¡Sí, papi, lléname el culito de leche! ¡Llénamelo y va a ser tuyo para siempre!", respondió Pau con voz entrecortada por el placer.
Aquellas palabras fueron la gota que colmó el vaso de mi excitación. Mis embestidas se volvieron aún más intensas, buscando el clímax final. Y finalmente, con un bramido de placer, me dejé llevar por la ola de éxtasis y me corrí dentro de Pau, llenando su culito apretado con mi leche caliente y espesa.
Ambos jadeábamos exhaustos, con el sudor bañando nuestros cuerpos y el aire cargado de la tensión sexual que habíamos liberado. Me dejé caer a su lado, abrazando a Pau con satisfacción y complicidad. Desde ese día en adelante, cada vez que Pau quería algo en el trabajo, me daba las nalgas para conseguirlo. Y yo no podía resistirme a sus encantos, a su entrega, a su delicioso culito que ya me pertenecía por completo.
0 comentarios - Pau, putita de la oficina (saga completa)