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Sueño - Fantasia

Nada pasó.  
De verdad, nada.
En contexto cambiare los nombres, mi ex le pondre la letra B y su amigo la V, yo sere E.

El calor sofocante de donde vivíamos me deja con la piel pegajosa contra las sábanas húmedas y el ventilador zumbando como un susurro inútil, cierro los ojos y me entrego a la fantasía. Imagino que sí pasó. Que toda esa tensión eléctrica que fui acumulando —con miradas que ardían, respuestas secas que ocultaban deseo, actitudes altivas que eran puro escudo— se rompió una tarde cualquiera. Que V dejó de ser solo el hombre amable que nos hospedaba y se convirtió en el que me tocó como si mi cuerpo fuera algo precioso, con manos callosas, aliento caliente, y una mirada oscura que me desnudaba hasta el alma.

Todo empezó porque B y V se conocieron en un trabajo en un estado diferente a donde ellos son, llegaron casi al mismo tiempo al mismo trabajo. V, callado, trabajador, de 1.66 supongo, con esa sonrisa fácil pero reservada, de piel medio a moreno claro . B, más alto, extrovertido, 1,73, Se hicieron amigos rápido: cervezas frías después del trabajo, charlas sobre la vida.1 mes después firmaron contrato indefinido y decidieron llevar a las familias. Rentaron casas cercanas.

Pero vino un inconveniente B: por unos problemas tuvo que regresar a donde nosotros viviamos, perdió la casa que había rentado. Dos meses después, B decidió volver, pero sin lugar donde quedar. V, por la amistad con B y porque su familia aún no llegaba, ofreció su casa temporalmente. En lo que B conseguia empleo.

—Nada más hasta que encuentres algo, le dijo V por teléfono, su voz calmada resonando en el altavoz.

Y así llegamos. el se sorprendio a no saber que iria conmigo.

Desde el primer día me puse en modo defensivo, como una armadura. Hablé con desdén del calor que pegaba la ropa a la piel, “tan común” en esa zona, la casa “pequeña” . Miré a V de arriba abajo y le solté un “hola” seco. No era que me irritara; al contrario. Me molestaba profundamente que fuera tan atento, tan amable en todo. Me ofrecía agua fresca con hielo, me preguntaba con voz cálida si necesitaba algo, me hablaba con una cortesía tranquila que olía a respeto genuino. Y eso me sacaba de quicio porque B ya no hacía nada de eso conmigo. B llegaba cansado de la busqueda, apenas me rozaba con la mirada, dormíamos de espaldas en una cama que olía a soledad. Yo me sentía invisible, olvidada, y de pronto tenía delante a un hombre que, sin proponérselo, me procuraba con una delicadeza que me hacía apretar los muslos bajo la mesa. Me hacía la difícil para no admitir cuánto me afectaba esa comparación.

Pero él no se inmutaba. Seguía siendo el mismo: correcto, atento, con ese olor sutil a sudor limpio después del trabajo.

Los primeros roces empezaron casi sin darme cuenta, como chispas en la oscuridad.

Un viernes llegó temprano del trabajo, pensó que la casa estaba sola. El baño principal queda justo al costado del cuarto de huéspedes donde dormíamos B y yo. Lo vi al cruzar el pasillo en boxers ajustados, negros, la tela tensa contra su piel. El torso algo definido no gordo ni delgado, las piernas fuertes pisando descalzo el piso fresco. La tela marcaba todo: la curva firme de sus glúteos, el bulto generoso al frente. Me quedé paralizada en la puerta del baño, ente rapido y cerre la puerta sintiendo un calor líquido subir por mi vientre bajo, un cosquilleo húmedo entre mis piernas. Cerré la puerta rápido, el corazón latiéndome como tambor y no dije nada.

Después empecé a fijarme en cómo lavaba su ropa. Tenía un cuartito de servicio pequeño al fondo de la casa, con lavadora, y un fregadero. Siempre que podía, V lavaba solo, en short deportivo corto, sin camisa. El calor lo justificaba. Lo observaba desde la cocina o fingiendo pasar por ahí: Me mordía el labio inferior, saboreando mi propia saliva, imaginando esas manos ásperas en mi piel suave, el olor a hombre caliente invadiendo mis fosas nasales.

Y yo empecé a provocarlo, aunque me lo negara a mí misma. Cuando me tocaba lavar, me ponía mini shorts y blusas escotadas o chicas, aveces en top deportivo sin sostén, por el calor.

Un día coincidimos en ese cuartito chiquito, el aire cargado de humedad y olor a cloro. Yo estaba lavando, inclinada sobre el fregadero, el mini short subiéndose por mis muslos suaves, el sudor perlando mi nuca. V entró de repente —quería limpiar el baño y necesitaba el ácido muriático que guardaba en un estante alto, me dijo permiso tomare unas cosas. Apenas cabíamos: su cuerpo caliente a centímetros del mío. Alcanzó la botella, pero el estante estaba inestable; al tirar de ella, todo se callo. Un par de frascos cayeron al piso húmedo. Instintivamente se agachó para recogerlos, su aliento rozo mi pierna, y al enderezarse, su cuerpo presionó contra el mío. Sentí su pecho ancho contra mi espalda, el latido acelerado de su corazón a través de la camiseta fina y luego, apesar de ser mas bajito que yo al pararse, su miembro grueso, pulsante bajo el short se presionó contra mis nalgas por un segundo eterno. Un roce firme, caliente, haciéndome calentar bajito, senti un calor húmedo. Él se apartó rápido, murmurando un “perdón” , enrojecido, volviendo adisculparse, volte seria le dije que no pasa nada. Pero yo me quedé ahí, temblando, las rodillas flojas, el pulso latiendo entre mis piernas. No dije nada, pero esa noche me toqué por primera vez despacio, oliendo mis dedos después.

A partir de ahí, empecé a dejar puertas entreabiertas a propósito.
Una mañana tuve una sensacion, el llego temprano y B aun no volvia, una ventana de la recamara da a la sala, senti como me observaba, luego de que él me viera dormida en blusa holgada y un cachetero sentia sabor de la tentación en mi lengua.

Las miradas en la cocina se volvieron insoportables: sus ojos oscuros clavados en mi escote mientras bebía agua.
Una tarde de jueves, B avisó que llegaría tarde. El calor era asfixiante, el aire pesado como miel. Me metí a bañar, dejé la puerta entreabierta a propósito, el agua caliente cayendo por mi piel clara, Salí envuelta en una toalla corta que apenas cubría, el cabello rubio pegado al cuello húmedo, gotas de agua resbalando por mi escote profundo, los pezones endurecidos visibles bajo la tela fina. el estaba en su recamara, cuando pase a la mia me recoste y tuve unsueño donde el me espiaba,

mi sueño fue que me vio hace rato en el baño
¿Me estabas espiando, V? —preguntaba, pero mi voz era pura invitación.

Él balbuceó algo sobre la puerta, su voz temblando. Me acerqué despacio, mis ojos verdes clavados en los suyos, hasta quedar a centímetros, mi aliento cálido rozando sus labios.

—No mientas. Te vi.

yo olía a jabón fresco, a piel caliente, el a hombre excitado. Sentí su aliento en mis labios, saboreando la anticipación. me decia que le atraia pero que no podriamos por la amistad, ambos lo mantuvimos en secreto

—Hace meses que nadie me toca —la voz quebrada—. B ya ni lo intenta. Me siento… invisible.

Él tragó saliva, el sonido audible en el silencio. Levantó la mano y acarició mi mejilla con una ternura que me derritió, sus dedos ásperos contra mi piel suave.

—No eres invisible. Eres… hermosa.

El beso empezó lento, exploratorio: sus labios suaves y cálidos contra los míos, sabiendo a menta y deseo. Pero pronto se volvió hambriento: su lengua invadiendo mi boca con urgencia, mis manos en su nuca tirando de su cabello corto, gimiendo contra él mientras su sabor me inundaba. La toalla cayó al suelo con un sonido suave. Me tomó en brazos con facilidad, sus manos fuertes y calientes apretando mis nalgas desnudas, los dedos hundiéndose en la carne suave, y me llevó a su cuarto, el olor a sus sábanas limpias envolviéndonos.

Nos desnudamos con prisa febril, pero también con caricias lentas y deliberadas. Besó mi cuello, lamió el lóbulo de mi oreja con la lengua caliente, bajó por mis pechos pesados, succionando mis pezones rosados hasta hacerme arquear la espalda y gemir su nombre con voz rota: “V… ay, sí… por favor…”. Sus manos grandes recorrieron mis caderas anchas, mis muslos temblorosos, abriéndome con delicadeza mientras sus dedos callosos rozaban mi piel sensible. Cuando sus dedos me tocaron ahí, mojada y hinchada, jadeé fuerte, el sonido húmedo de mi excitación audible mientras me penetraba despacio. Sus labios bajaron por mi vientre plano, besando cada centímetro hasta llegar a mi centro. Me saboreó despacio, la lengua experta y caliente lamiendome, los dedos curvándose dentro de mí golpeando ese punto perfecto, el olor almizclado de mi deseo llenando la habitación hasta que exploté temblando, gritando contra la almohada..

Me puse encima primero, necesitando controlarlo, sintiéndome poderosa y viva. Lo guié dentro de mí despacio, sintiendo cómo me llenaba centímetro a centímetro: grueso, venoso, pulsante, caliente como hierro al rojo. Gemí largo y profundo mientras me movía, mis caderas ondulando en círculos lentos, mis pechos rebotando pesados, sus manos apretando mis nalgas con fuerza, dejando marcas rojas. El sonido húmedo y obsceno de nuestros cuerpos chocando, el clap rítmico y sudoroso, sus jadeos roncos y graves: “E… Dios… estás tan apretada… tan mojada…”. El olor a sexo crudo, a sudor salado, a piel contra piel. Luego él arriba, profundo, intenso, embistiéndome con fuerza controlada pero salvaje, mis piernas envueltas alrededor de su cintura estrecha, clavándole las uñas en la espalda morena mientras le suplicaba más, más fuerte, más profundo, el cabezal golpeando la pared con cada embestida hasta que llegamos juntos en un orgasmo cegador: yo contrayéndome alrededor de él, gritando su nombre contra su hombro sudoroso, él derrumbándose con un gemido largo y animal, llenándome de calor pulsante.

Quedamos abrazados, sudorosos, respirando agitados y entrecortados, sus dedos acariciando mi cabello rubio húmedo, el olor a nosotros impregnado en la habitación.

—Esto no puede pasar otra vez —dijimos, pero sin convicción, mi cuerpo aún temblando pegado al suyo, sintiendo su corazón latir contra mi pecho.

Él besó mi frente sudorosa, su aliento cálido en mi piel.

—Lo sé.

Pero en mi fantasía, sí pasa. Pasa una y otra y otra vez, con todos los sentidos encendidos: su sabor en mi boca, su olor en mi piel, sus gemidos en mis oídos, su calor dentro de mí.

En la realidad, nada pasó.

Pero Dios, cómo me hubiera gustado que sí.


Sueño - Fantasia

3 comentarios - Sueño - Fantasia

Gamber
Vaya que buen relato estremadamente ardiente gracias mis 10 puntos mi bella Taniigel 😜😀😀😘😘😘😘😘😘😘👌👌👌👌