Si no conoces la historia de mi sobrina Mili arranca en el relato anterior en:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6273388/La-Sobrina-del-pueblo-1-Leccion-en-el-dpto-de-Nueva-Cordoba.html
Pasaron las semanas y la convivencia se había vuelto un campo minado. Yo sentía que Vero me miraba raro; no era una mirada de bronca, sino una de esas que te analizan hasta el alma. Con Mili seguíamos dándole cada vez que podíamos, en el baño, en la cocina, incluso una vez en el balcón del depto mientras Vero se bañaba. Yo pensaba que éramos unos genios del engaño, pero me olvidaba que mi mujer es más despierta que un rayo.
Una noche de esas pesadas de febrero, en las que el calor no te deja ni respirar, estábamos los tres viendo una peli en el living. Mili estaba tirada en el sofá cama con un short que era un insulto a la decencia y Vero, al lado mío, como si nada. De repente, mi mujer me mira y tira:
— Qué calor hace en este living, Mili. Por qué no te venís a dormir a la pieza con nosotros? Ponemos el aire a full y dormimos los tres en la cama grande.
Yo casi me atraganto con el fernet. Mili me miró de reojo con los ojos como platos, pero Vero no nos dio tiempo a reaccionar. Nos arreó a los dos para el cuarto. Apagamos la luz y nos acostamos. La situación era bizarra: Vero se puso al medio, yo a su derecha y Mili a su izquierda. El único ruido era el zumbido del aire acondicionado.
En medio de esa oscuridad total, sentí que la mano de Vero se metía por abajo de mi boxer y me empezaba a masajear la pija, que ya estaba como un garrote. Al mismo tiempo, escuché un suspiro de Mili y me di cuenta de que Vero también le estaba tocando la concha a ella con la otra mano. Nos quedamos los tres quietos, sintiendo el calor de los cuerpos, hasta que mi mujer rompió el silencio con una voz que me heló la sangre:
— Pensaban que no me daba cuenta? Si van a andar de joda en mi casa, la jefa soy yo.
Ahí nomás estiró el brazo y prendió el velador. La luz tenue iluminó la escena. Me miró con una sonrisa de puta que pocas veces le vi y de una le bajó el short a la sobrina de un tirón.
— Vení Mili, que te voy a enseñar cómo se atiende a un hombre de verdad —dijo Vero mientras se sacaba la remera y quedaba en un corpiño de encaje que le hacía reventar las tetas.
Me saqué el boxer y cuando Vero vio mi verga toda venosa y parada, se relamió. Agarró a Mili de los pelos, le bajó la cabeza hacia mi entrepierna y le ordenó que me la chupara mientras ella le metía los dedos a la pendeja. Era un descontrol: Mili dándome con todo, y mi mujer saboreando el flujo de su propia sobrina frente a mis ojos.
— Ahora te toca a vos, Mili —dijo Vero, separándose de mí con un hilo de baba—. Ponete en cuatro.
Mili se acomodó de espaldas en la cama matrimonial, con ese culazo firme apuntando al techo. Vero se puso adelante y le empezó a comer la boca mientras yo me acomodaba atrás. Le escupí bien el hoyito y le empecé a meter el dedo gordo en el culo, mientras de a poco le iba metiendo la verga por la empapada concha de la pendeja. Mili gemía contra los labios de la tía, sintiendo cómo yo la abría por los dos lados al mismo tiempo.
Yo le daba con todo el placer, disfrutando de cómo sus paredes me apretaban y de la complicidad de mi mujer, que le mordía el cuello y le decía guarangadas al oído. La pendeja estaba totalmente fuera de sí, entregada al morbo de ser usada por los dos en esa cama. No aguanté mucho más. La saqué de adentro de Mili, y Vero me agarró la verga con las dos manos.
— Bañanos de leche hijo de puta! —me gritó mi mujer.
Me empecé a pajear con una furia total arriba de Mili y le acabé un buen chorro en el pecho, bañándole esas tetas gigantes con leche caliente. Mili se quedó vibrando, mirando cómo mi leche le recorría la piel, y Vero se acercó justo para recibir el segundo disparo directo en la cara cerrando los ojos.
— Qué rica que está tu leche, amor, qué lástima que esta pendeja te haya estado vaciando la leche que me pertenece. Y vos pendeja atrevida vení para acá y dame esa leche que es mía —dijo Vero mientras le empezaba a limpiar las tetotas lecheadas a la sobrina con la lengua—. Ahora limpiale bien la pija a mi marido y después comeme bien la concha hasta que a este pelotudo se le vuelva a parar, que ahora me toca a mi.
Mili obedeció sin chistar, dejándome reluciente bajo la mirada orgullosa de mi mujer y de un salto se fue a la concha de Vero. Yo aproveché la escena para empezar de nuevo con el pulgar en el ano de Mili, lo cual hizo que de a poco la pija se me fuera levantando de nuevo. La putita se arqueaba de placer con mi dedo en el culo y la concha de Vero en su boca; yo ya fantaseaba con tenerlas a las dos en cuatro y romperles el culo a la vez.
Vero, viendo que ya se me ponía gomosa, me pidió que me acercara y me la empezó a comer violentamente. Cuando ya estaba dura, la corrió a la pendeja y me pidió que le rompa la concha, mientras Mili, sin que se lo pidiéramos, se le sentó en la cara. Vero le empezaba a comer el culo mientras la muy trola quedaba enfrente mío y me comía la boca con un gusto a concha de Vero y mi propia leche mezclados. No pude aguantar mucho esa escena y le tiré mi última leche disponible a Vero toda dentro de su concha, mientras la muy zorra le pidió a Mili que se baje y le sacara todo mi resto de adentro con la lengua.
Mili obedeció y otra vez apareció ese culito frente a mi cara. Esta vez fui con la lengua, pero la verga ya no me respondía de nuevo; había largado demasiada leche en poco tiempo porque la situación había sido muy extrema. A lo que Vero le dice a Mili con asco:
— Miralo al pajero este, dos putas hermosas con él y no llega al tercero. Vamos a tener que salir a buscar uno más joven que nos pueda complacer, nena.
Mili, con mi lengua en su ano y mi mano en su concha, solo asentía con la cabeza. Vero remató con un:
— Bueno pendeja putita, basta de gozar y andate al sillón, y más vale que no te vuelvas a hacer la zorra sin mi. Y vos, impotente de mierda, tenés diez minutos para que se te ponga dura y me rompas bien el culo, que hace bastante no me cogés como se debe por andarte haciendo el loco con esta putita campechana.
Fin.
https://www.poringa.net/posts/relatos/6273388/La-Sobrina-del-pueblo-1-Leccion-en-el-dpto-de-Nueva-Cordoba.html
Pasaron las semanas y la convivencia se había vuelto un campo minado. Yo sentía que Vero me miraba raro; no era una mirada de bronca, sino una de esas que te analizan hasta el alma. Con Mili seguíamos dándole cada vez que podíamos, en el baño, en la cocina, incluso una vez en el balcón del depto mientras Vero se bañaba. Yo pensaba que éramos unos genios del engaño, pero me olvidaba que mi mujer es más despierta que un rayo.
Una noche de esas pesadas de febrero, en las que el calor no te deja ni respirar, estábamos los tres viendo una peli en el living. Mili estaba tirada en el sofá cama con un short que era un insulto a la decencia y Vero, al lado mío, como si nada. De repente, mi mujer me mira y tira:
— Qué calor hace en este living, Mili. Por qué no te venís a dormir a la pieza con nosotros? Ponemos el aire a full y dormimos los tres en la cama grande.
Yo casi me atraganto con el fernet. Mili me miró de reojo con los ojos como platos, pero Vero no nos dio tiempo a reaccionar. Nos arreó a los dos para el cuarto. Apagamos la luz y nos acostamos. La situación era bizarra: Vero se puso al medio, yo a su derecha y Mili a su izquierda. El único ruido era el zumbido del aire acondicionado.
En medio de esa oscuridad total, sentí que la mano de Vero se metía por abajo de mi boxer y me empezaba a masajear la pija, que ya estaba como un garrote. Al mismo tiempo, escuché un suspiro de Mili y me di cuenta de que Vero también le estaba tocando la concha a ella con la otra mano. Nos quedamos los tres quietos, sintiendo el calor de los cuerpos, hasta que mi mujer rompió el silencio con una voz que me heló la sangre:
— Pensaban que no me daba cuenta? Si van a andar de joda en mi casa, la jefa soy yo.
Ahí nomás estiró el brazo y prendió el velador. La luz tenue iluminó la escena. Me miró con una sonrisa de puta que pocas veces le vi y de una le bajó el short a la sobrina de un tirón.
— Vení Mili, que te voy a enseñar cómo se atiende a un hombre de verdad —dijo Vero mientras se sacaba la remera y quedaba en un corpiño de encaje que le hacía reventar las tetas.
Me saqué el boxer y cuando Vero vio mi verga toda venosa y parada, se relamió. Agarró a Mili de los pelos, le bajó la cabeza hacia mi entrepierna y le ordenó que me la chupara mientras ella le metía los dedos a la pendeja. Era un descontrol: Mili dándome con todo, y mi mujer saboreando el flujo de su propia sobrina frente a mis ojos.
— Ahora te toca a vos, Mili —dijo Vero, separándose de mí con un hilo de baba—. Ponete en cuatro.
Mili se acomodó de espaldas en la cama matrimonial, con ese culazo firme apuntando al techo. Vero se puso adelante y le empezó a comer la boca mientras yo me acomodaba atrás. Le escupí bien el hoyito y le empecé a meter el dedo gordo en el culo, mientras de a poco le iba metiendo la verga por la empapada concha de la pendeja. Mili gemía contra los labios de la tía, sintiendo cómo yo la abría por los dos lados al mismo tiempo.
Yo le daba con todo el placer, disfrutando de cómo sus paredes me apretaban y de la complicidad de mi mujer, que le mordía el cuello y le decía guarangadas al oído. La pendeja estaba totalmente fuera de sí, entregada al morbo de ser usada por los dos en esa cama. No aguanté mucho más. La saqué de adentro de Mili, y Vero me agarró la verga con las dos manos.
— Bañanos de leche hijo de puta! —me gritó mi mujer.
Me empecé a pajear con una furia total arriba de Mili y le acabé un buen chorro en el pecho, bañándole esas tetas gigantes con leche caliente. Mili se quedó vibrando, mirando cómo mi leche le recorría la piel, y Vero se acercó justo para recibir el segundo disparo directo en la cara cerrando los ojos.
— Qué rica que está tu leche, amor, qué lástima que esta pendeja te haya estado vaciando la leche que me pertenece. Y vos pendeja atrevida vení para acá y dame esa leche que es mía —dijo Vero mientras le empezaba a limpiar las tetotas lecheadas a la sobrina con la lengua—. Ahora limpiale bien la pija a mi marido y después comeme bien la concha hasta que a este pelotudo se le vuelva a parar, que ahora me toca a mi.
Mili obedeció sin chistar, dejándome reluciente bajo la mirada orgullosa de mi mujer y de un salto se fue a la concha de Vero. Yo aproveché la escena para empezar de nuevo con el pulgar en el ano de Mili, lo cual hizo que de a poco la pija se me fuera levantando de nuevo. La putita se arqueaba de placer con mi dedo en el culo y la concha de Vero en su boca; yo ya fantaseaba con tenerlas a las dos en cuatro y romperles el culo a la vez.
Vero, viendo que ya se me ponía gomosa, me pidió que me acercara y me la empezó a comer violentamente. Cuando ya estaba dura, la corrió a la pendeja y me pidió que le rompa la concha, mientras Mili, sin que se lo pidiéramos, se le sentó en la cara. Vero le empezaba a comer el culo mientras la muy trola quedaba enfrente mío y me comía la boca con un gusto a concha de Vero y mi propia leche mezclados. No pude aguantar mucho esa escena y le tiré mi última leche disponible a Vero toda dentro de su concha, mientras la muy zorra le pidió a Mili que se baje y le sacara todo mi resto de adentro con la lengua.
Mili obedeció y otra vez apareció ese culito frente a mi cara. Esta vez fui con la lengua, pero la verga ya no me respondía de nuevo; había largado demasiada leche en poco tiempo porque la situación había sido muy extrema. A lo que Vero le dice a Mili con asco:
— Miralo al pajero este, dos putas hermosas con él y no llega al tercero. Vamos a tener que salir a buscar uno más joven que nos pueda complacer, nena.
Mili, con mi lengua en su ano y mi mano en su concha, solo asentía con la cabeza. Vero remató con un:
— Bueno pendeja putita, basta de gozar y andate al sillón, y más vale que no te vuelvas a hacer la zorra sin mi. Y vos, impotente de mierda, tenés diez minutos para que se te ponga dura y me rompas bien el culo, que hace bastante no me cogés como se debe por andarte haciendo el loco con esta putita campechana.
Fin.
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