Che, les juro que esa noche en Gesell con Dai fue de las que no se olvidan nunca, de esas que te quedan grabadas en la cabeza y cada vez que la recordás se te para al instante. Fue una mezcla perfecta de salida romántica que se fue al carajo por el morbo, alcohol, celos y calentura acumulada.
Se las cuento bien detallada, paso a paso, porque fue larga y cada segundo valió la pena. Quiza con continuacion. Y como justo nos estamos por ir me acorde y me calente. Estábamos en gesell, alquilamos una casa con mis suegros. Dai me lo venía diciendo hacía meses: "Esta vez que van mis viejos" “Quiero una salida solos, como cuando éramos novios, sin responsabilidades, sin apuro”. Una tarde, estabamos tomando algo, mis suegros y los chicos estaban jugando TEG. Y aveces se hacen interminables las partidas, estaban re enviciados. Ella me miró con cara de “ahora o nunca” y me dijo: “Vamos a salir, no acepto un no”.
Bueno dale - le dije- donde queres ir, comemos una pizza y despues tomamos algo?.
Si, y me llevas a ese pub que vimos hoy si??
Esa tarde mientras paseabamos por el centro, vimos el cartel : “Noche de Arjona – Imitador en vivo”. Yo odio a Arjona con toda el alma, ella lo vio y se le iluminaron los ojos. “Quiero ir, por favor”. Le dije que ni en pedo.
Al de arjona? - le pregunte-.
“Dale, porfis se bueno”. Al final negocié: “Ok, pero te ponés ropa sexy de verdad. Algo sin corpiño y una tanga que bien metida en el orto”. Ella sonrió con picardía: “Hecho”.
Esa noche se puso un vestido ajustado en la parte de arriba, que le marcaba las tetas perfecto (sin corpiño, se notaban los pezones cuando se movía), y suelto abajo pero corto, apenas le tapaba el culo. Debajo: tanga negra finita, de encaje, y medias licra negras con esas tiras simulando liguero, abiertas adelante y atrás para que se viera piel. Sandalias de taco medio.

Cuando salió del baño me miró y me dijo: “¿Te gusta?”. Yo ya estaba medio duro solo de verla. “Mucho”, le contesté. Salimos.
Llegamos al boliche. Adentro estaba lleno de gente de 30-40, parejas, grupos, luces tenues. La promo era daiquiris 2x1, así que pedimos uno para arrancar. La mecánica del lugar era rara: el imitador de Arjona subía 20 minutos, tocaba sus temas, después bajaba y ponían música variada una hora como pub normal, con luces bajas y gente bailando. Arrancó el show y yo ya estaba sufriendo. El tipo cantaba “Te conozco” y “Mujeres”, y yo pensando “qué mierda estoy haciendo acá”.
Después de los primeros daiquiris y la primera tanda, le dije: “Me quiero ir”. Ella me miró con ojos de cachorrito: “Dale, quedate hasta que termine y te prometo algo bueno…se acerco a mi oido y largo " te dejo usar mi cola esta noche”. Eso me frenó en seco. “bueno,ok- ja”. “Sí, pero tenés que bancarte todo el show”. Acepté sin dudar. Ella se puso contenta, pidió otro daiquiri y empezó a disfrutar de verdad: bailaba sentada, cantaba bajito, el alcohol la soltaba cada vez más.
Con las luces altas cuando el tipo no estaba, me sentía expuesto. Vi que había un balcón interno arriba de la barra, se accedía por una escalera chiquita cerca de la entrada. Parecía oscuro, poca gente, solo unas mesitas circulares para apoyar vasos, todo para estar de pie. Le dije: “Subamos ahí, desde arriba se ve mejor y es más tranqui”. Subimos. Yo me puse atrás, la abracé por la cintura, le apoyé la cara en el hombro. Desde ahí veíamos todo: las mesas abajo, la pista pequeña, el escenario. Ella se recostó contra mí, moviéndose un poco al ritmo de la música que empezaba a sonar.
Para romper el hielo le tiré: “¿A quién te cogerías de los que ves?”. Ella miró alrededor, tardó un rato y señaló a uno random en la pista: “Aquel”. “¿Por qué?”. “No sé, parece lindo”.
Se dio cuenta que no dijo lo que yo esperaba, como que no siguio el juego y de repente sacó el tema que menos esperaba: “¿Te acordás cuando me propusiste lo de Pinar de Rocha?”. Claro que me acordaba. Fue una noche de copas hace años, le conté la fantasía de ir a ese boliche temático de jueves, separarnos adentro, que ella se deje levantar por algún tipo, se toquen un poco, se besen, y yo mire desde lejos y despues ir a un telo, nosotros dos. Nunca lo hicimos.
Que lo mencionara justo ahí me puso la piel de gallina. “Sí, me acuerdo”, le dije. “¿Y si jugamos algo parecido hoy?”, le dije al oido. El morbo me tomo el control de mi, "Pero nos quedamos hasta que termina", Ya no quería irme para nada.
Le dije: “¿Te animás a hacerlo de verdad? Bajás a la pista, bailás un rato sola, y yo te miro desde acá. Si estás sola, alguien se acerca, así funciona”. Ella se rió nerviosa: “¿En serio querés?”. “Sí, dame el gusto como yo te lo estoy dando a vos”. Hizo una pausa, tomó un sorbo de daiquiri: “Ok”. Bajó la escalera con el vaso en la mano.
Se paró en la pista, empezó a mover las caderas tranqui, siguiendo el ritmo. No pasó ni un minuto y se le acercó el chabón: morocho, fachero. Camisa blanca remangada mostrando tatuajes en los antebrazos, jeans ajustados, zapatitos negros, pelo corto con gel. La agarró de la cintura desde atrás, sin invadir mucho al principio, solo marcando el baile. Ella se prendió, seguía moviéndose con el vaso en alto. Se cortó la música, subió el imitador otra vez y dijo: “Veo que hay gente moviéndose, vamos con unas moviditas del si el norte fuera el sur”. Se engancharon full: él la apoyaba por la cintura, ella reía, giraba, disfrutaba bailar como loca (a Dai le encanta bailar, a mí no). El tipo era bueno o le gustaba aparentar, la hacía girar, la acercaba, la separaba. Ella estaba en su salsa.
Pasaron dos canciones rápidas. El lugar cambió a modo show: luces solo en el escenario, el resto tenue. Arrancó una lenta. El chabón se fue un segundo, volvió con dos tragos nuevos, le ofreció uno. Le habló al oído, ella se inclinó para escuchar, se rió fuerte, agarró el vaso y miró el escenario. Él se pegó más, seguía hablando al oído, ella contestaba, reía, a veces carcajada abierta. Yo desde arriba veía todo: las sonrisas, cómo se inclinaba, cómo él le rozaba la cintura. No sabía qué carajo se decían, y eso me volvía loco. Celos puros, pero también morbo tremendo. Me tomaba la cerveza de a sorbos grandes para calmarme.
Terminó la lenta, se movieron a un costado donde había una mesita alta para apoyar vasos. Otra canción lenta. Él la tomó por atrás, pegado, bailando lento pero con roce. Le hablaba al oído constante, ella reía o contestaba. Empezó a balancearse de costado, moviendo el culo de un lado al otro siguiendo la música. Él quieto, dejándola hacer. Era obvio que le pasaba el culo por la pija, rozándolo a propósito. Él le hablaba más, ella no contestaba al principio, después reía sin girar la cabeza, siempre mirando el escenario como si nada.
Siguió otra canción igual: mismo baile, mismo roce, mismos susurros. Terminó esa tanda, luces bajas total, modo boliche full. Ella le dijo algo corto y subió al balcón. Llegó agitada, cara colorada. “No se ve nada desde abajo”, me dijo. “Viste, cumplí”.
“Vi todo”, le contesté. “¿Y qué onda?”.
“Nada… me gustó bailar, estuvo buenísimo. Pero después se puso pesado”.
Me desinflé un poco. Pensé que me iba a decir que se calentó, que le había gustado el roce. “¿Qué te dijo?”. “Que me quiere coger”, lo dijo como si nada. “¿Le dijiste que fuiste al baño o algo?”. “No, le dije que estaba con una amiga, que iba a ver qué hacía y volvía a decirle si me quedaba o me iba”.
No me cerraba del todo. La había visto re cómoda, riendo, moviéndose contra él.
“¿Vas a volver un rato más?”. Pregunte.
Hizo una pausa larga, tomó aire: “Vamos a casa y garchamos, ¿no querés?”.
“Sí quiero, pero te pregunté si querés ir un rato más con él”.
Terminó el trago de un sorbo: “Marcos, mirá… el pibe está re caliente, medio tomado. Me dijo un montón de cosas sucias, tiene la pija dura como piedra, me besó el cuello cuando bailábamos lento. Yo estoy toda mojada y media borracha también. Si vuelvo no sé qué va a pasar… no sé si te va a gustar que me dé un beso o algo más”. Me acerqué disimulado y le metí la mano por abajo del vestido. La tanguita estaba empapada, los dedos se me mojaron al toque. Ella suspiró fuerte, me miró con ojos vidriosos. La besé profundo, su boca sabía a daiquiri y calentura. Estaba en llamas.
“Hagamos una cosa”, le dije. “Andá de nuevo. Decile que tu amiga se va y que vos también te tenés que ir, que te espera tu marido. Pedile el número. Dejalo que te cargosee un toque más, yo miro desde acá. Si veo que se pone denso te mando mensaje, atendés y con esa excusa te rajás”. Ella dudó un segundo. Pero acepto.
La agarré del brazo cuando se iba, la acerqué y le susurré al oído: “Quiero que te lo transes un poco… que lo dejes avanzar”. Gimió bajito, le salió de adentro, un gemido chiquito que no pudo controlar. “¿Estás seguro?”. “Sí”. “Pero después nos vamos, ¿ok?”. “Sí, dale. Te mando mensajes”.
Bajó. Se pusieron a hablar otra vez, ida y vuelta al oído, risas, miradas. Cinco minutos que se me hicieron una eternidad. Fantaseaba con cada palabra que no escuchaba, me volvía loco de celos y calentura mezclados, sentia la pija toda mojada, unas ganas de tocarme mientras los miraba.
Hacia rato cuando fui al baño vi un rincón perfecto: detrás de una columna grande, una curva en la pared que formaba como una S oscura, escondida de la vista principal. Le escribí: “Tomá la iniciativa porque si no se va a estirar demasiado. Decile que te tenés que ir, pedile el número y después decile que tenés 10 minutos más. Llevalo para el lado del baño, hay una curvita escondida detrás de la columna. Transá un rato ahí. Cuando te mande otro mensaje te vas, nos vemos en la puerta. Ok?”. “Ok”, me contestó al toque.
La vi anotar el número en el celular, le dijo algo al oído y fueron caminando para ese lado. Cuando pasaron la columna, ella se apoyó contra la pared, lo agarró de la mano y lo acercó. El primer beso fue largo, intenso, se comieron la boca mal, besos zarpados, bien calientes.
Medio que me dio cosa ver como se transaban a mi mujer. Fue como un minuto de extasis. No se vien como describirlo con palabras. Algo raro.
Él dejó de besarla un segundo, le dijo algo al oído (ella ya no reía, estaba seria, concentrada). Volvió a besarla, manos en el culo, sobándolo fuerte, apretándolo. Le hablaba otra vez, ella bajó una de las manos que tenia en el cuello de el, era la mano que estaba del otro lado de mi vision, seguramente le estaria tocando la pija por encima del jean. Estaban pegadísimos no se veia que hacian.
Él bajó a su cuello, besando, chupando, ella se dejaba. Después bajó más, le besó las tetas por el escote del vestido. Ella lo sacó rápido y lo volvió a besar en la boca, como diciendo “no tan lejos”. Se ve que no quería exponerse, que alguien viera las tetas al aire; aunque no llego a sacarselas, lo iba a hacer. En un momento pude ver el brazo de ella subiendo y bajando despacio, estaba pajenadolo, no se si por arriba de la ropa o le habia metido la mano adentro del pantalon. Él le dijo algo más y ella abrió un poco la pierna, separándolas. La mano de él desapareció por abajo del vestido. Ella levantó la cabeza, ojos cerrados, mordiéndose el labio inferior, mirando el techo. La estaba tocando la conchita, se notaba por cómo movía el brazo y cómo ella se retorcía contra la pared.
Conocía esa expresión en la cara de Dai: había perdido el control totalmente. Estaba entregada, mojada, borracha, caliente a punto de acabar.Si el tipo la levantaba ahí mismo y se la metía, ella seguramente lo dejaba. Me estaba matando verla así, pero también me ponía como loco. Tenía que frenar antes de que cruzaran la línea. Le mandé mensaje: “Ya está, rajá”. Nada, ni se inmutó, seguía gimiendo bajito. Chequeé que el mensaje llegó, le escribí de nuevo: “Dai, ahora”. Ahí reaccionó. Le dijo algo al tipo, pararon en seco. Se separaron un poco, ella sacó el celular, leyó. Hablaron 30 segundos, él insistió, volvieron a besarse fuerte un último beso. Cuando se separaban, él le manoteó la concha por encima del vestido, un último apretón, y se alejaron.
La vi salir rápido por la puerta principal.
Yo empece a caminar hacia la salida tambien, cuando en una ultima mirada veo que el tipo va tambien, como apurado, que no se le escape su conquista. No se que paso, no fue un pensamiento, mas bien un impulso, me frene y deje que la alcance.
Bueno gente, la historia sigue, en otro relato que subire.
Les dejo un adelanto, "tomo el control de lo que sigue por mensajes de texto".
Si les gusto el relato, compartanlo y dejen puntos asi queda arriba.
Si alguno anda gesell o pinamar o mar azul la.segunda quincena de enero manden privado.
Se las cuento bien detallada, paso a paso, porque fue larga y cada segundo valió la pena. Quiza con continuacion. Y como justo nos estamos por ir me acorde y me calente. Estábamos en gesell, alquilamos una casa con mis suegros. Dai me lo venía diciendo hacía meses: "Esta vez que van mis viejos" “Quiero una salida solos, como cuando éramos novios, sin responsabilidades, sin apuro”. Una tarde, estabamos tomando algo, mis suegros y los chicos estaban jugando TEG. Y aveces se hacen interminables las partidas, estaban re enviciados. Ella me miró con cara de “ahora o nunca” y me dijo: “Vamos a salir, no acepto un no”.
Bueno dale - le dije- donde queres ir, comemos una pizza y despues tomamos algo?.
Si, y me llevas a ese pub que vimos hoy si??
Esa tarde mientras paseabamos por el centro, vimos el cartel : “Noche de Arjona – Imitador en vivo”. Yo odio a Arjona con toda el alma, ella lo vio y se le iluminaron los ojos. “Quiero ir, por favor”. Le dije que ni en pedo.
Al de arjona? - le pregunte-.
“Dale, porfis se bueno”. Al final negocié: “Ok, pero te ponés ropa sexy de verdad. Algo sin corpiño y una tanga que bien metida en el orto”. Ella sonrió con picardía: “Hecho”.
Esa noche se puso un vestido ajustado en la parte de arriba, que le marcaba las tetas perfecto (sin corpiño, se notaban los pezones cuando se movía), y suelto abajo pero corto, apenas le tapaba el culo. Debajo: tanga negra finita, de encaje, y medias licra negras con esas tiras simulando liguero, abiertas adelante y atrás para que se viera piel. Sandalias de taco medio.

Cuando salió del baño me miró y me dijo: “¿Te gusta?”. Yo ya estaba medio duro solo de verla. “Mucho”, le contesté. Salimos.
Llegamos al boliche. Adentro estaba lleno de gente de 30-40, parejas, grupos, luces tenues. La promo era daiquiris 2x1, así que pedimos uno para arrancar. La mecánica del lugar era rara: el imitador de Arjona subía 20 minutos, tocaba sus temas, después bajaba y ponían música variada una hora como pub normal, con luces bajas y gente bailando. Arrancó el show y yo ya estaba sufriendo. El tipo cantaba “Te conozco” y “Mujeres”, y yo pensando “qué mierda estoy haciendo acá”.
Después de los primeros daiquiris y la primera tanda, le dije: “Me quiero ir”. Ella me miró con ojos de cachorrito: “Dale, quedate hasta que termine y te prometo algo bueno…se acerco a mi oido y largo " te dejo usar mi cola esta noche”. Eso me frenó en seco. “bueno,ok- ja”. “Sí, pero tenés que bancarte todo el show”. Acepté sin dudar. Ella se puso contenta, pidió otro daiquiri y empezó a disfrutar de verdad: bailaba sentada, cantaba bajito, el alcohol la soltaba cada vez más.
Con las luces altas cuando el tipo no estaba, me sentía expuesto. Vi que había un balcón interno arriba de la barra, se accedía por una escalera chiquita cerca de la entrada. Parecía oscuro, poca gente, solo unas mesitas circulares para apoyar vasos, todo para estar de pie. Le dije: “Subamos ahí, desde arriba se ve mejor y es más tranqui”. Subimos. Yo me puse atrás, la abracé por la cintura, le apoyé la cara en el hombro. Desde ahí veíamos todo: las mesas abajo, la pista pequeña, el escenario. Ella se recostó contra mí, moviéndose un poco al ritmo de la música que empezaba a sonar.
Para romper el hielo le tiré: “¿A quién te cogerías de los que ves?”. Ella miró alrededor, tardó un rato y señaló a uno random en la pista: “Aquel”. “¿Por qué?”. “No sé, parece lindo”.
Se dio cuenta que no dijo lo que yo esperaba, como que no siguio el juego y de repente sacó el tema que menos esperaba: “¿Te acordás cuando me propusiste lo de Pinar de Rocha?”. Claro que me acordaba. Fue una noche de copas hace años, le conté la fantasía de ir a ese boliche temático de jueves, separarnos adentro, que ella se deje levantar por algún tipo, se toquen un poco, se besen, y yo mire desde lejos y despues ir a un telo, nosotros dos. Nunca lo hicimos.
Que lo mencionara justo ahí me puso la piel de gallina. “Sí, me acuerdo”, le dije. “¿Y si jugamos algo parecido hoy?”, le dije al oido. El morbo me tomo el control de mi, "Pero nos quedamos hasta que termina", Ya no quería irme para nada.
Le dije: “¿Te animás a hacerlo de verdad? Bajás a la pista, bailás un rato sola, y yo te miro desde acá. Si estás sola, alguien se acerca, así funciona”. Ella se rió nerviosa: “¿En serio querés?”. “Sí, dame el gusto como yo te lo estoy dando a vos”. Hizo una pausa, tomó un sorbo de daiquiri: “Ok”. Bajó la escalera con el vaso en la mano.
Se paró en la pista, empezó a mover las caderas tranqui, siguiendo el ritmo. No pasó ni un minuto y se le acercó el chabón: morocho, fachero. Camisa blanca remangada mostrando tatuajes en los antebrazos, jeans ajustados, zapatitos negros, pelo corto con gel. La agarró de la cintura desde atrás, sin invadir mucho al principio, solo marcando el baile. Ella se prendió, seguía moviéndose con el vaso en alto. Se cortó la música, subió el imitador otra vez y dijo: “Veo que hay gente moviéndose, vamos con unas moviditas del si el norte fuera el sur”. Se engancharon full: él la apoyaba por la cintura, ella reía, giraba, disfrutaba bailar como loca (a Dai le encanta bailar, a mí no). El tipo era bueno o le gustaba aparentar, la hacía girar, la acercaba, la separaba. Ella estaba en su salsa.
Pasaron dos canciones rápidas. El lugar cambió a modo show: luces solo en el escenario, el resto tenue. Arrancó una lenta. El chabón se fue un segundo, volvió con dos tragos nuevos, le ofreció uno. Le habló al oído, ella se inclinó para escuchar, se rió fuerte, agarró el vaso y miró el escenario. Él se pegó más, seguía hablando al oído, ella contestaba, reía, a veces carcajada abierta. Yo desde arriba veía todo: las sonrisas, cómo se inclinaba, cómo él le rozaba la cintura. No sabía qué carajo se decían, y eso me volvía loco. Celos puros, pero también morbo tremendo. Me tomaba la cerveza de a sorbos grandes para calmarme.
Terminó la lenta, se movieron a un costado donde había una mesita alta para apoyar vasos. Otra canción lenta. Él la tomó por atrás, pegado, bailando lento pero con roce. Le hablaba al oído constante, ella reía o contestaba. Empezó a balancearse de costado, moviendo el culo de un lado al otro siguiendo la música. Él quieto, dejándola hacer. Era obvio que le pasaba el culo por la pija, rozándolo a propósito. Él le hablaba más, ella no contestaba al principio, después reía sin girar la cabeza, siempre mirando el escenario como si nada.
Siguió otra canción igual: mismo baile, mismo roce, mismos susurros. Terminó esa tanda, luces bajas total, modo boliche full. Ella le dijo algo corto y subió al balcón. Llegó agitada, cara colorada. “No se ve nada desde abajo”, me dijo. “Viste, cumplí”.
“Vi todo”, le contesté. “¿Y qué onda?”.
“Nada… me gustó bailar, estuvo buenísimo. Pero después se puso pesado”.
Me desinflé un poco. Pensé que me iba a decir que se calentó, que le había gustado el roce. “¿Qué te dijo?”. “Que me quiere coger”, lo dijo como si nada. “¿Le dijiste que fuiste al baño o algo?”. “No, le dije que estaba con una amiga, que iba a ver qué hacía y volvía a decirle si me quedaba o me iba”.
No me cerraba del todo. La había visto re cómoda, riendo, moviéndose contra él.
“¿Vas a volver un rato más?”. Pregunte.
Hizo una pausa larga, tomó aire: “Vamos a casa y garchamos, ¿no querés?”.
“Sí quiero, pero te pregunté si querés ir un rato más con él”.
Terminó el trago de un sorbo: “Marcos, mirá… el pibe está re caliente, medio tomado. Me dijo un montón de cosas sucias, tiene la pija dura como piedra, me besó el cuello cuando bailábamos lento. Yo estoy toda mojada y media borracha también. Si vuelvo no sé qué va a pasar… no sé si te va a gustar que me dé un beso o algo más”. Me acerqué disimulado y le metí la mano por abajo del vestido. La tanguita estaba empapada, los dedos se me mojaron al toque. Ella suspiró fuerte, me miró con ojos vidriosos. La besé profundo, su boca sabía a daiquiri y calentura. Estaba en llamas.
“Hagamos una cosa”, le dije. “Andá de nuevo. Decile que tu amiga se va y que vos también te tenés que ir, que te espera tu marido. Pedile el número. Dejalo que te cargosee un toque más, yo miro desde acá. Si veo que se pone denso te mando mensaje, atendés y con esa excusa te rajás”. Ella dudó un segundo. Pero acepto.
La agarré del brazo cuando se iba, la acerqué y le susurré al oído: “Quiero que te lo transes un poco… que lo dejes avanzar”. Gimió bajito, le salió de adentro, un gemido chiquito que no pudo controlar. “¿Estás seguro?”. “Sí”. “Pero después nos vamos, ¿ok?”. “Sí, dale. Te mando mensajes”.
Bajó. Se pusieron a hablar otra vez, ida y vuelta al oído, risas, miradas. Cinco minutos que se me hicieron una eternidad. Fantaseaba con cada palabra que no escuchaba, me volvía loco de celos y calentura mezclados, sentia la pija toda mojada, unas ganas de tocarme mientras los miraba.
Hacia rato cuando fui al baño vi un rincón perfecto: detrás de una columna grande, una curva en la pared que formaba como una S oscura, escondida de la vista principal. Le escribí: “Tomá la iniciativa porque si no se va a estirar demasiado. Decile que te tenés que ir, pedile el número y después decile que tenés 10 minutos más. Llevalo para el lado del baño, hay una curvita escondida detrás de la columna. Transá un rato ahí. Cuando te mande otro mensaje te vas, nos vemos en la puerta. Ok?”. “Ok”, me contestó al toque.
La vi anotar el número en el celular, le dijo algo al oído y fueron caminando para ese lado. Cuando pasaron la columna, ella se apoyó contra la pared, lo agarró de la mano y lo acercó. El primer beso fue largo, intenso, se comieron la boca mal, besos zarpados, bien calientes.
Medio que me dio cosa ver como se transaban a mi mujer. Fue como un minuto de extasis. No se vien como describirlo con palabras. Algo raro.
Él dejó de besarla un segundo, le dijo algo al oído (ella ya no reía, estaba seria, concentrada). Volvió a besarla, manos en el culo, sobándolo fuerte, apretándolo. Le hablaba otra vez, ella bajó una de las manos que tenia en el cuello de el, era la mano que estaba del otro lado de mi vision, seguramente le estaria tocando la pija por encima del jean. Estaban pegadísimos no se veia que hacian.
Él bajó a su cuello, besando, chupando, ella se dejaba. Después bajó más, le besó las tetas por el escote del vestido. Ella lo sacó rápido y lo volvió a besar en la boca, como diciendo “no tan lejos”. Se ve que no quería exponerse, que alguien viera las tetas al aire; aunque no llego a sacarselas, lo iba a hacer. En un momento pude ver el brazo de ella subiendo y bajando despacio, estaba pajenadolo, no se si por arriba de la ropa o le habia metido la mano adentro del pantalon. Él le dijo algo más y ella abrió un poco la pierna, separándolas. La mano de él desapareció por abajo del vestido. Ella levantó la cabeza, ojos cerrados, mordiéndose el labio inferior, mirando el techo. La estaba tocando la conchita, se notaba por cómo movía el brazo y cómo ella se retorcía contra la pared.
Conocía esa expresión en la cara de Dai: había perdido el control totalmente. Estaba entregada, mojada, borracha, caliente a punto de acabar.Si el tipo la levantaba ahí mismo y se la metía, ella seguramente lo dejaba. Me estaba matando verla así, pero también me ponía como loco. Tenía que frenar antes de que cruzaran la línea. Le mandé mensaje: “Ya está, rajá”. Nada, ni se inmutó, seguía gimiendo bajito. Chequeé que el mensaje llegó, le escribí de nuevo: “Dai, ahora”. Ahí reaccionó. Le dijo algo al tipo, pararon en seco. Se separaron un poco, ella sacó el celular, leyó. Hablaron 30 segundos, él insistió, volvieron a besarse fuerte un último beso. Cuando se separaban, él le manoteó la concha por encima del vestido, un último apretón, y se alejaron.
La vi salir rápido por la puerta principal.
Yo empece a caminar hacia la salida tambien, cuando en una ultima mirada veo que el tipo va tambien, como apurado, que no se le escape su conquista. No se que paso, no fue un pensamiento, mas bien un impulso, me frene y deje que la alcance.
Bueno gente, la historia sigue, en otro relato que subire.
Les dejo un adelanto, "tomo el control de lo que sigue por mensajes de texto".
Si les gusto el relato, compartanlo y dejen puntos asi queda arriba.
Si alguno anda gesell o pinamar o mar azul la.segunda quincena de enero manden privado.
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