Nora llevaba tres noches durmiendo mal. La tienda pequeña que había traído el primer día ya no aguantaba: el agua se filtraba por las costuras y el saco olía a humedad vieja. Cuando vio la lona más grande en la esquina, cerca de donde la acampada se desparramaba hacia Preciados, no lo pensó dos veces.
Dentro ya había gente. Cuatro cuerpos apretados entre mochilas y sacos. El aire olía a ropa mojada, a tabaco de liar y a ese olor ácido que deja la lluvia cuando se mezcla con el plástico. Había poco espacio. Nora se quitó las botas en la entrada y se metió de lado, buscando un hueco.
—Pasa, pasa —dijo una voz grave y cansada desde el fondo.
Era Dani. Pelo largo recogido a medias, barba sin cuidar, sudadera llena de agujeros. Llevaba días intentando hablarle. Siempre con esa sonrisa ladeada y frases que sonaban a libre y horizontal. Nora le había contestado poco. No porque le cayera mal, sino porque le sobraba esa necesidad de caer bien.
A su izquierda estaba Rocío. Cuerpo amplio, pechos pesados que se notaban incluso debajo de la camiseta ancha, muslos gruesos que ocupaban espacio sin pedir perdón. Tenía el pelo rizado recogido de cualquier manera y una risa fácil que bajaba de tono cuando alguien le hacía un gesto de silencio. Al otro lado, Lina. Piel morena clara, ojos alargados, pelo negro muy liso que le caía por la espalda. Hablaba poco y miraba mucho. Y al fondo, Martín. Gafas empañadas, forro polar sobre una camisa que había visto mejores días, aspecto de quien no planeaba quedarse a dormir en la calle pero ya no tenía otro sitio.
Nora se acomodó entre Lina y el borde de la tienda. El frío entraba igual. Los cuerpos se tocaban sin remedio. Dani se desplazó un poco hacia ella, ofreciéndole parte de su saco.
—Estás helada —murmuró.
—Estamos todos —contestó ella sin mirarlo.
Él no se rindió. Le rozó el brazo con los dedos, como si comprobara la temperatura. Nora no se apartó del todo, pero tampoco le dio entrada. Dani insistió un rato más en voz baja: comentarios sobre la asamblea de la tarde, sobre lo absurdo de los decretos, sobre lo bien que se estaba cuando la gente compartía de verdad. Nora respondía con monosílabos. Al final él suspiró y se giró hacia el otro lado.
Rocío estaba más cerca. Y Rocío no ponía distancia. Cuando Dani le puso la mano en el muslo, ella solo abrió un poco las piernas y dejó que subiera. No dijo nada. Solo respiró más hondo. Nora los vio de reojo. La mano de Dani desapareció debajo de la tela. Rocío arqueó la espalda y soltó un sonido bajo, casi un gruñido. Lina, a su lado, no apartó la vista. Martín se quedó muy quieto.
El silencio de la plaza pesaba. Afuera solo se oía la lluvia y, de vez en cuando, el roce de alguna lona. Dentro, el aire se calentó rápido. Dani bajó los leggins de Rocío con torpeza. Ella le ayudó, levantando las caderas. Cuando él se inclinó y le pasó la lengua entre los muslos, Rocío agarró sus rastas con una mano y lo pegó más. El sonido húmedo se escuchó claro en la tienda.
Nora sintió que Lina se movía. La otra chica le rozó la rodilla con los dedos, una pregunta silenciosa. Nora no contestó con palabras. Solo giró la cara y Lina la besó. Labios gruesos, lengua lenta, sabor a menta de chicle barato. El beso se alargó. Las manos de Lina subieron por debajo de la sudadera de Nora y le tocaron los pechos con los dedos fríos. Nora se tensó un segundo y después se dejó.
Dani seguía entre las piernas de Rocío, lamiendo con ganas, metiendo la lengua y los dedos. Rocío jadeaba bajito, intentando no hacer ruido. De pronto Dani levantó la cabeza y miró a Nora. Tenía la boca brillante y una expresión de “mira lo que hago”. Nora sostuvo la mirada sin sonreír. Él volvió a bajar, pero ahora con menos concentración. Una de sus manos buscó la de Nora y se la llevó a la entrepierna. Nora se la quitó con un movimiento seco.
—No —dijo solo.
Dani se quedó un segundo quieto. Después soltó una risa corta, nerviosa, y se volvió del todo hacia Rocío. Se quitó los pantalones. La polla le salió dura, ya brillante de saliva. Rocío lo miró, se lamió los labios y se inclinó. Se la metió entera de un solo movimiento, sin asco, con la misma facilidad con la que había abierto las piernas. Dani soltó un gemido bajo y le agarró el pelo.
Martín se había acercado sin que nadie lo notara del todo. Estaba de rodillas detrás de Dani, observando. Nora lo vio. Vio cómo Martín miraba el culo de Dani, cómo se pasaba la lengua por el labio inferior. Y entonces Nora habló. No alto. Justo lo suficiente para que los cinco lo oyeran.
—Si te haces el moderno y libre… entonces aguanta.
Dani se giró hacia ella con la polla todavía en la boca de Rocío. La expresión se le cambió. Quiso decir algo, pero Martín ya tenía las manos en sus caderas. Le bajó un poco más los pantalones, le abrió los glúteos con los pulgares y le escupió encima. El sonido fue claro. Dani se tensó. Martín le metió un dedo, después dos, sin mucha delicadeza. Dani apretó los dientes y volvió a mirar a Nora. Ella no apartó la vista. fin del primer capitulo, `parte 2 en la red social del autor original https://x.com/memestodoslos24/status/2112905945819000902
Dentro ya había gente. Cuatro cuerpos apretados entre mochilas y sacos. El aire olía a ropa mojada, a tabaco de liar y a ese olor ácido que deja la lluvia cuando se mezcla con el plástico. Había poco espacio. Nora se quitó las botas en la entrada y se metió de lado, buscando un hueco.
—Pasa, pasa —dijo una voz grave y cansada desde el fondo.
Era Dani. Pelo largo recogido a medias, barba sin cuidar, sudadera llena de agujeros. Llevaba días intentando hablarle. Siempre con esa sonrisa ladeada y frases que sonaban a libre y horizontal. Nora le había contestado poco. No porque le cayera mal, sino porque le sobraba esa necesidad de caer bien.
A su izquierda estaba Rocío. Cuerpo amplio, pechos pesados que se notaban incluso debajo de la camiseta ancha, muslos gruesos que ocupaban espacio sin pedir perdón. Tenía el pelo rizado recogido de cualquier manera y una risa fácil que bajaba de tono cuando alguien le hacía un gesto de silencio. Al otro lado, Lina. Piel morena clara, ojos alargados, pelo negro muy liso que le caía por la espalda. Hablaba poco y miraba mucho. Y al fondo, Martín. Gafas empañadas, forro polar sobre una camisa que había visto mejores días, aspecto de quien no planeaba quedarse a dormir en la calle pero ya no tenía otro sitio.
Nora se acomodó entre Lina y el borde de la tienda. El frío entraba igual. Los cuerpos se tocaban sin remedio. Dani se desplazó un poco hacia ella, ofreciéndole parte de su saco.
—Estás helada —murmuró.
—Estamos todos —contestó ella sin mirarlo.
Él no se rindió. Le rozó el brazo con los dedos, como si comprobara la temperatura. Nora no se apartó del todo, pero tampoco le dio entrada. Dani insistió un rato más en voz baja: comentarios sobre la asamblea de la tarde, sobre lo absurdo de los decretos, sobre lo bien que se estaba cuando la gente compartía de verdad. Nora respondía con monosílabos. Al final él suspiró y se giró hacia el otro lado.
Rocío estaba más cerca. Y Rocío no ponía distancia. Cuando Dani le puso la mano en el muslo, ella solo abrió un poco las piernas y dejó que subiera. No dijo nada. Solo respiró más hondo. Nora los vio de reojo. La mano de Dani desapareció debajo de la tela. Rocío arqueó la espalda y soltó un sonido bajo, casi un gruñido. Lina, a su lado, no apartó la vista. Martín se quedó muy quieto.
El silencio de la plaza pesaba. Afuera solo se oía la lluvia y, de vez en cuando, el roce de alguna lona. Dentro, el aire se calentó rápido. Dani bajó los leggins de Rocío con torpeza. Ella le ayudó, levantando las caderas. Cuando él se inclinó y le pasó la lengua entre los muslos, Rocío agarró sus rastas con una mano y lo pegó más. El sonido húmedo se escuchó claro en la tienda.
Nora sintió que Lina se movía. La otra chica le rozó la rodilla con los dedos, una pregunta silenciosa. Nora no contestó con palabras. Solo giró la cara y Lina la besó. Labios gruesos, lengua lenta, sabor a menta de chicle barato. El beso se alargó. Las manos de Lina subieron por debajo de la sudadera de Nora y le tocaron los pechos con los dedos fríos. Nora se tensó un segundo y después se dejó.
Dani seguía entre las piernas de Rocío, lamiendo con ganas, metiendo la lengua y los dedos. Rocío jadeaba bajito, intentando no hacer ruido. De pronto Dani levantó la cabeza y miró a Nora. Tenía la boca brillante y una expresión de “mira lo que hago”. Nora sostuvo la mirada sin sonreír. Él volvió a bajar, pero ahora con menos concentración. Una de sus manos buscó la de Nora y se la llevó a la entrepierna. Nora se la quitó con un movimiento seco.
—No —dijo solo.
Dani se quedó un segundo quieto. Después soltó una risa corta, nerviosa, y se volvió del todo hacia Rocío. Se quitó los pantalones. La polla le salió dura, ya brillante de saliva. Rocío lo miró, se lamió los labios y se inclinó. Se la metió entera de un solo movimiento, sin asco, con la misma facilidad con la que había abierto las piernas. Dani soltó un gemido bajo y le agarró el pelo.
Martín se había acercado sin que nadie lo notara del todo. Estaba de rodillas detrás de Dani, observando. Nora lo vio. Vio cómo Martín miraba el culo de Dani, cómo se pasaba la lengua por el labio inferior. Y entonces Nora habló. No alto. Justo lo suficiente para que los cinco lo oyeran.
—Si te haces el moderno y libre… entonces aguanta.
Dani se giró hacia ella con la polla todavía en la boca de Rocío. La expresión se le cambió. Quiso decir algo, pero Martín ya tenía las manos en sus caderas. Le bajó un poco más los pantalones, le abrió los glúteos con los pulgares y le escupió encima. El sonido fue claro. Dani se tensó. Martín le metió un dedo, después dos, sin mucha delicadeza. Dani apretó los dientes y volvió a mirar a Nora. Ella no apartó la vista. fin del primer capitulo, `parte 2 en la red social del autor original https://x.com/memestodoslos24/status/2112905945819000902
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