Irene no había planeado que la cosa llegara tan lejos… o al menos eso se decía a sí misma mientras abría la puerta de la suite. Pero la verdad, la verdad que le latía entre las piernas, era que llevaba semanas deseando exactamente esto.
Susi entró primero, ladrando de alegría. Detrás apareció Malik, ahora presentado como “el veterinario”, con esa sonrisa ancha y los hombros que Irene ya conocía demasiado bien. Jack iba a su lado, nervioso, excitado, con la mirada de un hombre que por fin estaba cruzando la línea que siempre había temido.
—Tranquila, cariño —dijo Jack, cerrando la puerta—. Malik solo va a mirarle las patas y el pelaje. Susi se ha estado rascando mucho.
Irene asintió. Por dentro se le revolvía el estómago de pura anticipación. Llevaba leggins beige ceñidos y una blusa negra semitransparente. Debajo, nada. El plug pequeño que se había puesto esa mañana le recordaba cada paso lo que su culo había estado pidiendo.
Malik se arrodilló junto a la perra, pero sus ojos no dejaron de recorrer el cuerpo de Irene.
—Buen animal —murmuró, acariciando el lomo de Susi—. Pero la dueña… también parece necesitar una revisión profunda.
Jack soltó una risa tensa. Irene notó el bulto en el pantalón de su marido. Malik se levantó, se acercó a ella y, sin pedir permiso, le pasó la mano por la cadera hasta el culo.
—Jack me contó que te gusta que te toquen aquí —dijo en voz baja, empujando el plug con dos dedos a través de la tela—. Dijo que solo le metes el dedo… y que tú quieres más. ¿Es verdad, Irene?
Irene miró a su marido. Jack estaba rojo, pero no se movió. Solo asintió, casi imperceptiblemente.
—Es verdad —susurró ella, y la voz le salió más ronca de lo esperado—. Quiero que me abras de verdad. Quiero que los dos me uséis. Quiero que me mires mientras él me llena el culo, Jack. Quiero ver tu cara cuando veas cómo se me abre.
Jack tragó saliva.
—Hazlo, Malik. Quiero verla. Quiero ver a mi mujer pedirlo.
Malik sonrió, esa sonrisa lenta y segura de quien sabe exactamente lo que está haciendo.
—Buena chica —dijo, bajándole los leggins de un tirón hasta los muslos—. Se nota que estás cachonda. Se te nota en la forma en que tiemblas. ¿Cuánto tiempo llevas deseando esto, Irene? ¿Cuántas noches te has tocado el culo pensando en una polla negra mientras tu marido dormía al lado?
Irene se dobló sobre el escritorio de madera, separando las piernas.
—Demasiadas —admitió, y la confesión le provocó un escalofrío de placer—. Cada vez que Jack me abrazaba por detrás y solo me metía el dedo… yo imaginaba esto. Imaginaba que me mirabas mientras otro hombre me abría de verdad. Y ahora… ahora estoy feliz. Estoy empapada. Quiero que me uses.
Malik le sacó el plug con un movimiento lento. El agujero se cerró un segundo y luego quedó entreabierto, rosado, brillante. Jack se inclinó y le metió dos dedos, abriéndola mientras Malik se desabrochaba el pantalón. La polla negra salió gruesa, venosa, ya dura.
—Mírala, Jack —dijo Malik, acariciándose—. Tu mujer está babosa solo de verla. ¿Quieres que se la meta ya?
—Métela —respondió Jack, con la voz rota de excitación—. Quiero oírla gemir.
Irene se arrodilló primero. Tomó la polla de Malik con ambas manos y la lamió de base a punta, saboreando el sabor a hombre.
—Así —gimió ella entre chupadas—. Quiero que me la prepares bien… para que después me la metas hasta el fondo.
Jack se colocó detrás y le separó las nalgas, metiéndole la lengua en el culo mientras ella chupaba. El contraste la volvía loca: la verga negra llenándole la garganta y la lengua de su marido abriéndole el ano.
—Joder, Irene… —jadeó Jack—. Estás más puta que nunca. Y me encanta.
Cuando la saliva ya chorreaba por las bolas de Malik, él la levantó, la puso de cuatro sobre la cama y le apoyó la cabeza del glande contra el esfínter.
—Respira, vixen —ordenó—. Quiero oírte pedirla. fin del primer capitulo, parte 2 en la red social del autor original
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Susi entró primero, ladrando de alegría. Detrás apareció Malik, ahora presentado como “el veterinario”, con esa sonrisa ancha y los hombros que Irene ya conocía demasiado bien. Jack iba a su lado, nervioso, excitado, con la mirada de un hombre que por fin estaba cruzando la línea que siempre había temido.
—Tranquila, cariño —dijo Jack, cerrando la puerta—. Malik solo va a mirarle las patas y el pelaje. Susi se ha estado rascando mucho.
Irene asintió. Por dentro se le revolvía el estómago de pura anticipación. Llevaba leggins beige ceñidos y una blusa negra semitransparente. Debajo, nada. El plug pequeño que se había puesto esa mañana le recordaba cada paso lo que su culo había estado pidiendo.
Malik se arrodilló junto a la perra, pero sus ojos no dejaron de recorrer el cuerpo de Irene.
—Buen animal —murmuró, acariciando el lomo de Susi—. Pero la dueña… también parece necesitar una revisión profunda.
Jack soltó una risa tensa. Irene notó el bulto en el pantalón de su marido. Malik se levantó, se acercó a ella y, sin pedir permiso, le pasó la mano por la cadera hasta el culo.
—Jack me contó que te gusta que te toquen aquí —dijo en voz baja, empujando el plug con dos dedos a través de la tela—. Dijo que solo le metes el dedo… y que tú quieres más. ¿Es verdad, Irene?
Irene miró a su marido. Jack estaba rojo, pero no se movió. Solo asintió, casi imperceptiblemente.
—Es verdad —susurró ella, y la voz le salió más ronca de lo esperado—. Quiero que me abras de verdad. Quiero que los dos me uséis. Quiero que me mires mientras él me llena el culo, Jack. Quiero ver tu cara cuando veas cómo se me abre.
Jack tragó saliva.
—Hazlo, Malik. Quiero verla. Quiero ver a mi mujer pedirlo.
Malik sonrió, esa sonrisa lenta y segura de quien sabe exactamente lo que está haciendo.
—Buena chica —dijo, bajándole los leggins de un tirón hasta los muslos—. Se nota que estás cachonda. Se te nota en la forma en que tiemblas. ¿Cuánto tiempo llevas deseando esto, Irene? ¿Cuántas noches te has tocado el culo pensando en una polla negra mientras tu marido dormía al lado?
Irene se dobló sobre el escritorio de madera, separando las piernas.
—Demasiadas —admitió, y la confesión le provocó un escalofrío de placer—. Cada vez que Jack me abrazaba por detrás y solo me metía el dedo… yo imaginaba esto. Imaginaba que me mirabas mientras otro hombre me abría de verdad. Y ahora… ahora estoy feliz. Estoy empapada. Quiero que me uses.
Malik le sacó el plug con un movimiento lento. El agujero se cerró un segundo y luego quedó entreabierto, rosado, brillante. Jack se inclinó y le metió dos dedos, abriéndola mientras Malik se desabrochaba el pantalón. La polla negra salió gruesa, venosa, ya dura.
—Mírala, Jack —dijo Malik, acariciándose—. Tu mujer está babosa solo de verla. ¿Quieres que se la meta ya?
—Métela —respondió Jack, con la voz rota de excitación—. Quiero oírla gemir.
Irene se arrodilló primero. Tomó la polla de Malik con ambas manos y la lamió de base a punta, saboreando el sabor a hombre.
—Así —gimió ella entre chupadas—. Quiero que me la prepares bien… para que después me la metas hasta el fondo.
Jack se colocó detrás y le separó las nalgas, metiéndole la lengua en el culo mientras ella chupaba. El contraste la volvía loca: la verga negra llenándole la garganta y la lengua de su marido abriéndole el ano.
—Joder, Irene… —jadeó Jack—. Estás más puta que nunca. Y me encanta.
Cuando la saliva ya chorreaba por las bolas de Malik, él la levantó, la puso de cuatro sobre la cama y le apoyó la cabeza del glande contra el esfínter.
—Respira, vixen —ordenó—. Quiero oírte pedirla. fin del primer capitulo, parte 2 en la red social del autor original
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