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En la oficina

Ese martes no estaba muy bien. Tenía dolor de cuello, la postura en el asiento de atrás me había dejado dolorida.  
Estaba en mi oficina haciendo ejercicios para el cuello cuando entró Gastón el de mantenimiento.  Te duele el cuello me dijo. Si. Bastante le respondí. 
sabes que soy masajista, me dijo, si queres te hago masajes. Lo miré a los ojos y le respondí porque no pero cierra la puerta con traba. 
me senté en un puf y me entregue. Lo primero que noté es que se puso pegado a mi.  Podía sentir tu pija en mi espalda. No le dije nada, tal vez sea terapéutico y ayude al cuello. 
Gastón empezó a hacerme masajes en el cuello.  Me camisa de ceda verde marcaba mis pechos subir y bajar de acuerdo a la presión de Gastón sobre mi cuello 
me pidió que me desabroche uno o dos botones de mi camisa. Así quedan los hombros al iré y es mejor trabajo con el contacto. Sus manos grandes y duras estremecían cada uno de mis músculos. De repente me bajó un bretel de mi corpiño, es mejor para los masajes, te molesta me pregunto. No. Si es para los masajes. Entonces me bajo el otro. Sus manos cálidas empezaron a bajar de a poco por mi pecho. Mis pezones se marcaban en la camisa cada segundo más. Depues de un rato me dijo, voy a masajearte la espalda hasta la cintura. Y me empezó a marcar puntos de tensión.
Te molesta si paso mis manos por abajo de la camisa?   Para nada le respondí sin dejar que él lo justificara. Suavemente empezó a masajear de arriba hacia abajo su mano entraba por mi cintura por dentro de mi pollera
 Repitiendo varias veces este proceder. A esta altura yo ya estaba exitada. Pero no se lo demostraba. Al fin y al cabo es Gastón el de mantenimiento. Sus masaje se convirtieron en caricias suaves y lentas. Al llegar al corpiño me lo desprendió, lo único que pude decir fue un pequeño gemido entrecortado.  
Veo que tenías  varios puntos de tensión en tu espalda y cintura.  Por suerte ya te los pude solucionar. Pero seguro tenes puntos de tensión. En todo el cuerpo. 
Seguro grité.  
Queres que los solucione me dijo.  
Claro solucionamos. 
Bueno. Primero acostaste boca abajo. Note que él se sentó de rodilla sobre mi. Mi cuerpo pasaba por debajo de él. Me tomó de la cintura y con la palma de la mano abierta empezó a hacer círculos de la cintura hacia mis nalgas. Muy suave pero firme. Cada movimiento de su mano me estremecía. Al llegar a la mitad de mis cachetes hizo presión con los dedos y empezó a apretar haciendo círculos. La sensación fue  fue fue de placer. Poso sus dos manos en mis cachetes y empezó a bajar, bajar bajar por mis piernas hasta los pies.  Date vuelta. Me dijo lo hice y por unos segundos me quedé mirándolo a los ojos.  Mi mirada era de hace lo que quieras con migo.  
Tomo mi pierna derecha y se la puso sobre su hombro.  Empujó mi pollera hasta dejar la pierna al descubierto. Suavemente empezó a masajear la parte trasera de la pierna y despacio iba subiendo  empecé a a gemir. Mientras que su mano ya casi estaba entre mis entrepierna. Cerré los ojos. Si mano se metió por debajo de la pollera hasta mi cintura. De ahí fue para el centro y bajó muy despacio hasta tener toda su mano sobre mi concha. Mis gemidos a esta altura eran de un placer feroz. Jugo con sus dedos sobre la bombacha hasta que la agarro y me la arranco rompiéndola. Abrí más mis piernas y lo esperé, lo desee, quería que me poseyere. De repente. Sentí su lengua depacio muy despacio.  Saboreando cada milímetro de mi concha que a este altura pedía a gritos ser penetrada. Pero no. El siguió despacio. La punta de su lengua bordeaba mi clitoris haciéndome estallar de felicidad , sentía que estaba volando. Metió algunos dedos los sacó y se los llevó a la boca. Creo que ya estás lista. Se paró y bajó los pantalones y se bajó los calzones,  Dios grité, nunca había visto algo semejante. Era enorme, era gorda y era cabezona. Se arrodilló me levantó las piernas y me penetro. Diooossss fue lo primero que grité. Me cogio por 40 minutos seguidos. Mi concha ya no quería más estaba roja y cansada. Por favor me vas a matar le dije. El se rio. Y me puso su enorme y dura pija sobre mi barriga.  Me miro y me pregunto. Te parece que podes desperdiciar todo esto? Claro que no pensé. Pero el dolor de concha era enorme. Me levanté de la agarré con mis dos manos y me la metí en boca. Más, más. Llego a mi garganta. Por mi cuello se notaba la cabeza dentro mío. Empezó a cogerme por la boca. Hasta que me lleno de leche. Basta Gastón no doy más. Je je me respondió date vuelta me dijo. Y me mandó su enorme pija criminal ade ro de mi culo.  Mis gemidos pasado a ser gritos y él seguía metiéndola hasta el fondo. Me cogio por 20 minutos.  Acá quedaría bien la frase “‘me ronpio el culo”.  
Mi alarma del teléfono sonó. Gastón se me hizo tarde. Tengo una reunión.  Sácala que me tengo que cambiar. 
Esa noche al llegar a casa parecía como si hubiera estado cabalgando. Me hice un baño de asiento con agua fría para bajar la inflamación y el dolor de concha. Igualmente te digo. La pasé genial y no veo la hora de volver a coger a Gaston.  

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