Mi esposo invitó a mis suegros a pasar un fin de semana con nosotros. Llegaron el sábado por la mañana y se quedaban hasta el domingo por la tarde. Todo el sábado, cuando habÃa un instante a solas, mi suegro me metÃa mano al culo, mientras me decÃa que tenÃa que ser suya nuevamente. La verdad, lo deseaba mucho. Mi esposo heredó muchos de los talentos de su padre, pero no el tamaño de su verga ni su genialidad en la cama.
Al final del sábado no habÃa pasado nada. Me acosté y me quedé dormida rápidamente
El domingo desperté de buen humor. Supongo por la larga noche en paz y tranquila. Me duché y junto con mi suegra preparamos el desayuno. Fue un sabroso desayuno familiar. Durante el mismo decidimos que almorzarÃamos. Quedamos en que mi suegra cocinarÃa ese dÃa un pescado al horno que le quedaba divino. TenÃamos casi todos los ingredientes, excepto el pescado y el pimentón.
Mi suegra tendrÃa que ir al mercado a comprarlo. Le pidió a mi suegro que la acompañe y él le dijo que lo espere mientras se duchaba para vestirse y salir. Ella le dijo que mejor irÃa con mi esposo que ya estaba listo. El aceptó. En ese instante cruzamos miradas con mi suegro y supimos que era nuestro momento. El mercado quedaba a tres cuadras donde vivÃamos con mi esposo y, entre ir, comprar y volver, no serÃan más de 20 minutos.
No necesité terminar el desayuno para estar ya caliente y húmeda. Ni bien supe que serÃa poseÃda por mi suegro otra vez, la calentura me llenó y sentà como mi vagina se humedecÃa, incluso hasta imaginarla chorreando sobre mi tanga. Los últimos minutos del desayuno se me hicieron interminables y en el instante que mi esposo salió y cerró la puerta, sentà la mano de mi suegro en mis nalgas.
Volteé y lo besé apasionadamente, con locura. Como si lo amara. Sólo lo deseaba y mucho, pero en ese instante la pasión lo era todo. Entre besos salvajes ambos nos desvestimos y nos acomodamos en el sofá de la sala. Mi mano ya tenÃa su poderosa y dura verga. Me senté a su lado y comencé a chuparsela con deseo loco. QuerÃa tomarme ya su semen, pero también querÃa sentirlo dentro.
Tras unos minutos de chuparsela como una perra en celo, me senté sobre él, besándolo. SentÃa su verga llenarme la concha que chorreaba sobre él. Me chupaba los pezones y tuve un primer orgasmo que me hizo temblar completamente por casi un minuto. Cuando dejé de temblar mi suegro me pidió el culo, me levanté y me senté de espaldas a él.
Con una mano acomodé su verga en la entrada de mi culo y me fui sentando lentamente sobre ella. La sentà entrar lentamente, llenándome de placer. Era sólo un juego, pues estaba tan excitada que hubiera podido metérmela toda en un solo empujón. Pero asà quise y asà lo disfruté, centÃmetro a centÃmetro fui sentándome hasta tenerla toda dentro y mis nalgas muy pegadas a sus piernas.
Me quedé quieta y sin decirle nada, el viejo supo que hacer. Comenzó a moverse con violencia hacia arriba y hacia abajo y en movimientos laterales. Tuve dos orgasmos seguidos y sentÃa como seguÃa chorreando mi panocha.
Me empujó y me levanté. Me ordenó que me pusiera como perra. Lo obedecÃ, me puse como perra sobre el sofá y él, de pie detrás mÃo, me la volvió a meter en el culo, me decÃa lo puta que era, lo perra que era,Â
Siguió asÃ, bombeando e insultando hasta que se me vino un nuevo orgasmo que lo hizo venirse. Con rapidez la sacó y se acomodó junto a mi boca. La abrà y la tiro dentro. Sentà el sabor de su semen Me sentà tan puta, en mi casa, sobre mi sofá, con el papá de mi esposo, que casi dirÃa que tuve un nuevo orgasmo. Cuando dejó de eyacular me dijo que se bañarÃa. Se fue rápido.
Recogà mi ropa tirada en el piso y fui al baño de mi cuarto. Me lave el rostro y los dientes. Cuando mi esposo y mi suegra llegaron, estaba lavando el desayuno. Mi esposo me dio un tierno y amoroso beso.
Al final del sábado no habÃa pasado nada. Me acosté y me quedé dormida rápidamente
El domingo desperté de buen humor. Supongo por la larga noche en paz y tranquila. Me duché y junto con mi suegra preparamos el desayuno. Fue un sabroso desayuno familiar. Durante el mismo decidimos que almorzarÃamos. Quedamos en que mi suegra cocinarÃa ese dÃa un pescado al horno que le quedaba divino. TenÃamos casi todos los ingredientes, excepto el pescado y el pimentón.
Mi suegra tendrÃa que ir al mercado a comprarlo. Le pidió a mi suegro que la acompañe y él le dijo que lo espere mientras se duchaba para vestirse y salir. Ella le dijo que mejor irÃa con mi esposo que ya estaba listo. El aceptó. En ese instante cruzamos miradas con mi suegro y supimos que era nuestro momento. El mercado quedaba a tres cuadras donde vivÃamos con mi esposo y, entre ir, comprar y volver, no serÃan más de 20 minutos.
No necesité terminar el desayuno para estar ya caliente y húmeda. Ni bien supe que serÃa poseÃda por mi suegro otra vez, la calentura me llenó y sentà como mi vagina se humedecÃa, incluso hasta imaginarla chorreando sobre mi tanga. Los últimos minutos del desayuno se me hicieron interminables y en el instante que mi esposo salió y cerró la puerta, sentà la mano de mi suegro en mis nalgas.
Volteé y lo besé apasionadamente, con locura. Como si lo amara. Sólo lo deseaba y mucho, pero en ese instante la pasión lo era todo. Entre besos salvajes ambos nos desvestimos y nos acomodamos en el sofá de la sala. Mi mano ya tenÃa su poderosa y dura verga. Me senté a su lado y comencé a chuparsela con deseo loco. QuerÃa tomarme ya su semen, pero también querÃa sentirlo dentro.
Tras unos minutos de chuparsela como una perra en celo, me senté sobre él, besándolo. SentÃa su verga llenarme la concha que chorreaba sobre él. Me chupaba los pezones y tuve un primer orgasmo que me hizo temblar completamente por casi un minuto. Cuando dejé de temblar mi suegro me pidió el culo, me levanté y me senté de espaldas a él.
Con una mano acomodé su verga en la entrada de mi culo y me fui sentando lentamente sobre ella. La sentà entrar lentamente, llenándome de placer. Era sólo un juego, pues estaba tan excitada que hubiera podido metérmela toda en un solo empujón. Pero asà quise y asà lo disfruté, centÃmetro a centÃmetro fui sentándome hasta tenerla toda dentro y mis nalgas muy pegadas a sus piernas.
Me quedé quieta y sin decirle nada, el viejo supo que hacer. Comenzó a moverse con violencia hacia arriba y hacia abajo y en movimientos laterales. Tuve dos orgasmos seguidos y sentÃa como seguÃa chorreando mi panocha.
Me empujó y me levanté. Me ordenó que me pusiera como perra. Lo obedecÃ, me puse como perra sobre el sofá y él, de pie detrás mÃo, me la volvió a meter en el culo, me decÃa lo puta que era, lo perra que era,Â
Siguió asÃ, bombeando e insultando hasta que se me vino un nuevo orgasmo que lo hizo venirse. Con rapidez la sacó y se acomodó junto a mi boca. La abrà y la tiro dentro. Sentà el sabor de su semen Me sentà tan puta, en mi casa, sobre mi sofá, con el papá de mi esposo, que casi dirÃa que tuve un nuevo orgasmo. Cuando dejó de eyacular me dijo que se bañarÃa. Se fue rápido.
Recogà mi ropa tirada en el piso y fui al baño de mi cuarto. Me lave el rostro y los dientes. Cuando mi esposo y mi suegra llegaron, estaba lavando el desayuno. Mi esposo me dio un tierno y amoroso beso.
1 comentarios - Cogà con mi suegro luego del desayuno familiar