Al bajarnos del taxi y entrar en mi casa con mi compañera de universidad, Verónica, le dije que no hiciéramos ruido. Abrí la puerta sin que mis hermanos ni mi mamá lo notaran y llegamos a mi habitación. Como habíamos estado en el quirófano con material contaminado, le dije que nos diéramos una ducha antes de dormir por separado.
Al momento de pedirle la ropa, se desnudó por completo delante de mí. Quedé sorprendido, ya que el uniforme ocultaba su verdadero cuerpo y recién tenía dos meses de haberse realizado una abdominoplastia e implantes mamarios. ¡Uff, qué cuerpo tan fenomenal! Sus senos eran perfectos, su abdomen y caderas me tenían loco, y su vagina rosada estaba completamente depilada.
Le dije que podía pasar al baño de la habitación y lo hizo. Mientras tanto, tiré la ropa en la lavadora. Salió del baño y le pasé un bóxer mío junto con una camisa gigante. Pasé yo al baño, terminé de ducharme, le cedí mi cama y coloqué una colchoneta en el piso para que ella estuviera cómoda. Hice como si nada hubiese pasado, olvidé lo del quirófano y lo de antes de ir a la ducha. Le entregué unas sábanas limpias, apagué la luz y me acosté en la colchoneta.
Inmediatamente se tiró encima de mí, me habló al oído y me dijo: "De esta no te vas a salvar". Me pasaba la lengua por la oreja mientras mi pene se iba levantando de su cueva y me susurraba cosas ricas al oído. Mantenía el movimiento de su culo y vagina encima de mi pene; no tenía puesto el bóxer que le había prestado. Sentía el calor de su vagina y de su culo sobre mi pijama corta.
Metí las manos por debajo de su camisa y sentí esos senos como gelatinas, blanditos y firmes: los senos más ricos que había tocado en mi vida. La besé metiéndole la lengua. Me quitó la camisa y el pantalón de la pijama, se quitó su camisa y hacía movimientos circulares sobre mi pene; cada vez sentía más el calor de su vagina. Estábamos tan excitados que los besos eran apasionados. Estaba muy mojada; sentí cómo caían fluidos de su vagina entre mis piernas y mi región inguinal.
Tomó mi verga con la mano derecha y la introdujo en su vagina. Sentí el calor más grande de mi vida. Se movía suavemente, sentía que me quemaba y ambos nos mojábamos. Todo empezó lento y poco a poco fue aumentando la velocidad. Mientras pasaba mi lengua por sus senos operados, ella me lamía las orejas y me decía: "Dame duro, papi; quiero sentir tu verga en mi útero". Le di durísimo, hasta que tuvo un orgasmo y se orinó encima de mí.
La cambié de posición, en cuatro sobre la cama. Tenía un culo tremendo; me imaginé que le habían hecho una transferencia glútea (el día de la abdominoplastia le inyectaron grasa en los glúteos). Tener ese culo en cuatro fue fenomenal. Metí mi verga en su vagina y, mientras le introducía el dedo índice en el ano, gritaba de placer; llegaba a llorar y mordía la almohada. Cada vez era más y más rápido.
Me dijo que cambiáramos de posición y esta vez ella se montó encima de mí. Me cabalgaba y se movía muy rápido. Ya casi no aguantaba, le dije que me iba a venir y nos vinimos al mismo tiempo. Se orinó y gritó tan fuerte que pensé que había despertado a mi familia. No lo podía creer: me vine dentro de ella. Verónica solo se reía. Nos arropamos con las sábanas y nos quedamos dormidos sin ropa.
Al día siguiente esperé a que mis hermanos y mi mamá fueran a trabajar y nos quedamos solos en la casa, únicamente con la empleada del servicio... Continuará.
Al momento de pedirle la ropa, se desnudó por completo delante de mí. Quedé sorprendido, ya que el uniforme ocultaba su verdadero cuerpo y recién tenía dos meses de haberse realizado una abdominoplastia e implantes mamarios. ¡Uff, qué cuerpo tan fenomenal! Sus senos eran perfectos, su abdomen y caderas me tenían loco, y su vagina rosada estaba completamente depilada.
Le dije que podía pasar al baño de la habitación y lo hizo. Mientras tanto, tiré la ropa en la lavadora. Salió del baño y le pasé un bóxer mío junto con una camisa gigante. Pasé yo al baño, terminé de ducharme, le cedí mi cama y coloqué una colchoneta en el piso para que ella estuviera cómoda. Hice como si nada hubiese pasado, olvidé lo del quirófano y lo de antes de ir a la ducha. Le entregué unas sábanas limpias, apagué la luz y me acosté en la colchoneta.
Inmediatamente se tiró encima de mí, me habló al oído y me dijo: "De esta no te vas a salvar". Me pasaba la lengua por la oreja mientras mi pene se iba levantando de su cueva y me susurraba cosas ricas al oído. Mantenía el movimiento de su culo y vagina encima de mi pene; no tenía puesto el bóxer que le había prestado. Sentía el calor de su vagina y de su culo sobre mi pijama corta.
Metí las manos por debajo de su camisa y sentí esos senos como gelatinas, blanditos y firmes: los senos más ricos que había tocado en mi vida. La besé metiéndole la lengua. Me quitó la camisa y el pantalón de la pijama, se quitó su camisa y hacía movimientos circulares sobre mi pene; cada vez sentía más el calor de su vagina. Estábamos tan excitados que los besos eran apasionados. Estaba muy mojada; sentí cómo caían fluidos de su vagina entre mis piernas y mi región inguinal.
Tomó mi verga con la mano derecha y la introdujo en su vagina. Sentí el calor más grande de mi vida. Se movía suavemente, sentía que me quemaba y ambos nos mojábamos. Todo empezó lento y poco a poco fue aumentando la velocidad. Mientras pasaba mi lengua por sus senos operados, ella me lamía las orejas y me decía: "Dame duro, papi; quiero sentir tu verga en mi útero". Le di durísimo, hasta que tuvo un orgasmo y se orinó encima de mí.
La cambié de posición, en cuatro sobre la cama. Tenía un culo tremendo; me imaginé que le habían hecho una transferencia glútea (el día de la abdominoplastia le inyectaron grasa en los glúteos). Tener ese culo en cuatro fue fenomenal. Metí mi verga en su vagina y, mientras le introducía el dedo índice en el ano, gritaba de placer; llegaba a llorar y mordía la almohada. Cada vez era más y más rápido.
Me dijo que cambiáramos de posición y esta vez ella se montó encima de mí. Me cabalgaba y se movía muy rápido. Ya casi no aguantaba, le dije que me iba a venir y nos vinimos al mismo tiempo. Se orinó y gritó tan fuerte que pensé que había despertado a mi familia. No lo podía creer: me vine dentro de ella. Verónica solo se reía. Nos arropamos con las sábanas y nos quedamos dormidos sin ropa.
Al día siguiente esperé a que mis hermanos y mi mamá fueran a trabajar y nos quedamos solos en la casa, únicamente con la empleada del servicio... Continuará.
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