Capítulo I:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6423881/Detective-Sencler-1.html
Capítulo II: Cita en comisaría.
La cena en el puerto se alargó y llegó tarde a casa. Tan pronto lo hizo, el detective se puso cómodo y se metió en la cama, quería estar fresco para entrenar temprano al día siguiente. Ya por la tarde fue a la oficina. Shawna, su secretaria, le sirvió uno de sus legendarios cafés y charlaron un rato:
—¡Joooder…! —arrugó el ceño el detective y resopló al dar el primer sorbo a la taza.
—¿Fuerte? —sonrió ella al ver a Sencler menear la cabeza.

—Más que un peso pesado —consiguió decir con un hilo de voz.
—Eso está bien, tienes que estar despierto para esta tarde. ¿Conseguiste el coche?
—A las siete me lo dan.
—¿No vas muy justo? La cita con la comisaria es a y media.
—A esa hora hay menos tráfico por el centro... Si no, tendrá que esperar.
—Madre mía Sencler, siempre igual, todo así, precipitado... sobre la bocina. Este bufete es un auténtico desastre.
—Pagamos las facturas, ¿no?
—Algunos meses no...
—Hace tiempo que no nos pasa —el detective dio otro sorbo al café y se encendió un cigarro, se le estaba poniendo dolor de cabeza.
—Llámame loca, pero yo espero que la comisaria te haya llamado para ofrecerte un buen caso.
—Sería mucho orgullo para tragarse, aunque es posible, me da la sensación de que es de esa clase de personas dedicadas a la acumulación de bienes materiales.
—Nosotros no... Claro —la secretaria hizo una mueca mirándose las uñas.
—Ayer lo pasé bien y hoy me levanté henchido de dignidad...
—Qué mala suerte... Ya podía haberte pasado otro día. ¿No sería por algún ligue...? —y lo miró a la cara para confirmar— ¿En serio? No pudo darte tiempo.
—¿Y tu quieres ser detective? Menudas dotes de deducción...
—¿Fue en el taller...? Alguna de allí...
—No hay que irse más lejos... La chica de la recepción.
—Madre mía Sencler, tú y tu “maldición”. Gracias a dios yo estoy a salvo, nunca comprenderé ese magnetismo que tienes con las mujeres.
—Créeme Shawnie, fue necesario... Si no mi “Chevi” pasaría allí las navidades.
Otro café y dos cigarros después, sobre las seis, Sencler se despidió de Shawnay marchó al concesionario, había un buen paseo hasta él. Una vez se vio agarrando el volante de su querido “Chevi”, la niña de sus ojos, una sonrisa se le dibujó en la cara, sabía que eran un tándem imparable. Al llegar a la comisaría central y mirar el reloj una nueva sonrisa, eran y veinticinco, Shawnie estaría tan orgullosa. Al poco, después de realizar todos los trámites en recepción y de que confirmaran su identidad y la cita, le hicieron pasar hasta la recepción del despacho de la comisaria Parrish. Allí, tras una mesa estaba su secretaria.

—Hola.
—Hola...
—¿Es usted el detective privado Templeton Sencler?
—Sí, soy yo... Tengo cita con la comisaria ahora.
—Sí, me ha pedido que le pregunte si puede esperar un poco, le ha surgido un asunto urgente que tenía que atender. Me dijo que intentaría no tardar mucho.
—¿“No tardar mucho”, eh? —Sencler apretó la mandíbula—. Está bien.
Respiró entonces, al haber llegado a contrarreloj debía bajar las pulsaciones,no tenía buena pinta aquello. Si terminaba por marcharse al habiendo perdido la paciencia no volvería. Miró alrededor, muebles caros, diseño de interiorismo, pasta del contribuyente para hacerle más agradable la vida a su comisaria jefe... Y algo más, aquella secretaria no paraba de mirarle de reojo.
—Se ha quedado buena tarde, ¿no cree? —sonrió, siempre le habían gustado las frases hechas para romper el hielo.
—Sí —se sorprendió la chica, a priori le pareció un poco tímida, algo esquiva—... Sí que es verdad.
—¿Nos conocemos?
—No —de nuevo ese sobresalto, un “no” rotundo... Debía indagar, tenía tiempo.Qué mejor que recurrir a más frases hechas y, por qué no, a alguna mentirijilla.
—Su cara me suena de algo... ¿Del hipódromo puede ser?
—No, no... No creo... No voy nunca, no me gustan las apuestas... Bueno, ni los caballos. Quizá me haya visto por aquí, por comisaria... pero me acordaría —ahí estaba, el cabo del que tirar.
—¿Por qué debería acordarse?
—Uy... ¿Por qué va a ser? —se le subieron los colores. Sencler supo que había pinchado en hueso.
—Estoy en ascuas señorita... Ferguson... —nada como leer el cartelito sobre las mesas de las personas.
—Es posible que yo le conozca, usted estuvo saliendo, bueno si se le puede llamar así, con una amiga mía, una compañera de comisaría...
—¿Con Gracie?
—No...
—¿Con esa que era rubia...? ¿Mi... Millie?
—No...
—No sé a quién se refiere... ¿Pelirroja, alta y con buenas...? —gesticuló como agarrando al aire.
—No... Con Elaine Terry...
—Elaine... Elaine...
—Morena... Bueno castaña, también con buenas...
—Ahhhh... ¿En serio? ¿Elaine...? —entonces se dio cuenta—... No fastidie... Yo nunca quise... ¿Habló con ella?
—Somos amigas...
—Bueno, dígale que lo siento.
—No creo que le acepte las disculpas, siempre estuvo muy resentida con usted,incluso a día de hoy. Le dejó una huella muy profunda.
—Sí... ella a mi también. Sí no es indiscreción... ¿qué le contó?
—Es indiscreción...
—Vamos, muñeca... No me puede dejar así... —Sencler se levantó del sofá en el que esperaba y se acercó a la mesa de la chica. Dejó fluir su “maldición”
—Me dijo... Vamos, me dijo que... Usted...
—No lo piense, suéltelo...
—Me contó, ya sabe... detalles de cómo... de sus relaciones íntimas...
—¿Y...?
—Me dijo que fue increíble, que nunca había sentido nada igual.
—Creo que fue en su apartamento... Al principio estaba un poco dubitativa, pero nos besamos y la cosa se calentó. La puse contra el ventanal que daba a la calle, qué puedo decir, en esas circunstancias yo también soy una persona apasionada... En efecto, entonces su amiga se relajó, y vaya manera de hacerlo,en serio... Creí que los vecinos avisarían a la policía... Como temblaba... Y como me agarraba...
—¿Por qué no volvió a llamarla?
—¿Por qué debería haberlo hecho?
—No sé... Para ella, aquel encuentro representó algo más. Iba a casarse y dejó a su prometido.
—No debería haberlo hecho.
—Es usted un chulo...
—Sí... y por eso le gusto —le acercó la boca y ella lo beso.
—Señor Sencler, espere... mi jefa puede venir en cualquier momento.
—Cierre con llave...
—Ella tiene llaves.
—Llamaría antes de usarlas, ¿no cree?
—Ummm, sí... seguramente.
Ella, embrujada por la “maldición” del detective, cerró la puerta se echó en sus brazos. Al poco gemía empotrada contra su propio escritorio.

—Joooder, Ummmm... Era es así... Ahhhh, ahhhh... Qué maravilla...
Después de un rato afanándose en la chica recordó el por qué estaba allí:
—Señorita Ferfuson...
—Ahhh... ¿Sí...?
—¿No sabrá para que me ha citado su jefa?
—Es por el asunto del collar robado a la viuda del Almirante Morrison—maldición, era la comisaria Parrish, había abierto la puerta en silencio.

—Bufff, madre mía. Sra. Comisaria... Perdono es que yo... El detective me dijo...
—Seguid... Siempre he querido contemplar esa mítica habilidad que tiene el detective y de la que todas las mujeres de comisaría hablan.

—Seguramente lo hayan exagerado, es bastante normal.
—Ufff, ahhhh... Ahhhhh —la secretaria estuvo un rato bufando delante de su jefa, no conseguía reprimir el placer de cada arremetida—. Perdone comisaria... Uffff, esto es un poco violento... ¿Me va a despedir?
—No... señorita Ferfuson, pero ya está bien. Vístase y tómese el resto del día libre, ya me ocupo yo del invitado... Y por favor, vuelva a cerrar con llave al salir.
La secretaria obedeció, y tan pronto se hubo marchado, la comisaria se acercó con determinación al detective, se arrodilló frente a él y le agarró por la polla. Sencler observó con perplejidad como comenzaba a pajearle con fuerza y prefirió no resistirse. En poco tiempo le estaba eyaculando sobre la cara...

—¿Ha terminado?
—Ufff... sí, comisaria...
—Está bien. Esto sólo era un gesto de buena voluntad, tengo que pedirle un favor detective... Bueno se lo tenemos que pedir el departamento de policía de esta ciudad, el alcalde y yo...
Continuará...
Capítulo III: https://www.poringa.net/posts/relatos/6429266/Detective-Sencler-3.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6423881/Detective-Sencler-1.html
Capítulo II: Cita en comisaría.
La cena en el puerto se alargó y llegó tarde a casa. Tan pronto lo hizo, el detective se puso cómodo y se metió en la cama, quería estar fresco para entrenar temprano al día siguiente. Ya por la tarde fue a la oficina. Shawna, su secretaria, le sirvió uno de sus legendarios cafés y charlaron un rato:
—¡Joooder…! —arrugó el ceño el detective y resopló al dar el primer sorbo a la taza.
—¿Fuerte? —sonrió ella al ver a Sencler menear la cabeza.

—Más que un peso pesado —consiguió decir con un hilo de voz.
—Eso está bien, tienes que estar despierto para esta tarde. ¿Conseguiste el coche?
—A las siete me lo dan.
—¿No vas muy justo? La cita con la comisaria es a y media.
—A esa hora hay menos tráfico por el centro... Si no, tendrá que esperar.
—Madre mía Sencler, siempre igual, todo así, precipitado... sobre la bocina. Este bufete es un auténtico desastre.
—Pagamos las facturas, ¿no?
—Algunos meses no...
—Hace tiempo que no nos pasa —el detective dio otro sorbo al café y se encendió un cigarro, se le estaba poniendo dolor de cabeza.
—Llámame loca, pero yo espero que la comisaria te haya llamado para ofrecerte un buen caso.
—Sería mucho orgullo para tragarse, aunque es posible, me da la sensación de que es de esa clase de personas dedicadas a la acumulación de bienes materiales.
—Nosotros no... Claro —la secretaria hizo una mueca mirándose las uñas.
—Ayer lo pasé bien y hoy me levanté henchido de dignidad...
—Qué mala suerte... Ya podía haberte pasado otro día. ¿No sería por algún ligue...? —y lo miró a la cara para confirmar— ¿En serio? No pudo darte tiempo.
—¿Y tu quieres ser detective? Menudas dotes de deducción...
—¿Fue en el taller...? Alguna de allí...
—No hay que irse más lejos... La chica de la recepción.
—Madre mía Sencler, tú y tu “maldición”. Gracias a dios yo estoy a salvo, nunca comprenderé ese magnetismo que tienes con las mujeres.
—Créeme Shawnie, fue necesario... Si no mi “Chevi” pasaría allí las navidades.
Otro café y dos cigarros después, sobre las seis, Sencler se despidió de Shawnay marchó al concesionario, había un buen paseo hasta él. Una vez se vio agarrando el volante de su querido “Chevi”, la niña de sus ojos, una sonrisa se le dibujó en la cara, sabía que eran un tándem imparable. Al llegar a la comisaría central y mirar el reloj una nueva sonrisa, eran y veinticinco, Shawnie estaría tan orgullosa. Al poco, después de realizar todos los trámites en recepción y de que confirmaran su identidad y la cita, le hicieron pasar hasta la recepción del despacho de la comisaria Parrish. Allí, tras una mesa estaba su secretaria.

—Hola.
—Hola...
—¿Es usted el detective privado Templeton Sencler?
—Sí, soy yo... Tengo cita con la comisaria ahora.
—Sí, me ha pedido que le pregunte si puede esperar un poco, le ha surgido un asunto urgente que tenía que atender. Me dijo que intentaría no tardar mucho.
—¿“No tardar mucho”, eh? —Sencler apretó la mandíbula—. Está bien.
Respiró entonces, al haber llegado a contrarreloj debía bajar las pulsaciones,no tenía buena pinta aquello. Si terminaba por marcharse al habiendo perdido la paciencia no volvería. Miró alrededor, muebles caros, diseño de interiorismo, pasta del contribuyente para hacerle más agradable la vida a su comisaria jefe... Y algo más, aquella secretaria no paraba de mirarle de reojo.
—Se ha quedado buena tarde, ¿no cree? —sonrió, siempre le habían gustado las frases hechas para romper el hielo.
—Sí —se sorprendió la chica, a priori le pareció un poco tímida, algo esquiva—... Sí que es verdad.
—¿Nos conocemos?
—No —de nuevo ese sobresalto, un “no” rotundo... Debía indagar, tenía tiempo.Qué mejor que recurrir a más frases hechas y, por qué no, a alguna mentirijilla.
—Su cara me suena de algo... ¿Del hipódromo puede ser?
—No, no... No creo... No voy nunca, no me gustan las apuestas... Bueno, ni los caballos. Quizá me haya visto por aquí, por comisaria... pero me acordaría —ahí estaba, el cabo del que tirar.
—¿Por qué debería acordarse?
—Uy... ¿Por qué va a ser? —se le subieron los colores. Sencler supo que había pinchado en hueso.
—Estoy en ascuas señorita... Ferguson... —nada como leer el cartelito sobre las mesas de las personas.
—Es posible que yo le conozca, usted estuvo saliendo, bueno si se le puede llamar así, con una amiga mía, una compañera de comisaría...
—¿Con Gracie?
—No...
—¿Con esa que era rubia...? ¿Mi... Millie?
—No...
—No sé a quién se refiere... ¿Pelirroja, alta y con buenas...? —gesticuló como agarrando al aire.
—No... Con Elaine Terry...
—Elaine... Elaine...
—Morena... Bueno castaña, también con buenas...
—Ahhhh... ¿En serio? ¿Elaine...? —entonces se dio cuenta—... No fastidie... Yo nunca quise... ¿Habló con ella?
—Somos amigas...
—Bueno, dígale que lo siento.
—No creo que le acepte las disculpas, siempre estuvo muy resentida con usted,incluso a día de hoy. Le dejó una huella muy profunda.
—Sí... ella a mi también. Sí no es indiscreción... ¿qué le contó?
—Es indiscreción...
—Vamos, muñeca... No me puede dejar así... —Sencler se levantó del sofá en el que esperaba y se acercó a la mesa de la chica. Dejó fluir su “maldición”
—Me dijo... Vamos, me dijo que... Usted...
—No lo piense, suéltelo...
—Me contó, ya sabe... detalles de cómo... de sus relaciones íntimas...
—¿Y...?
—Me dijo que fue increíble, que nunca había sentido nada igual.
—Creo que fue en su apartamento... Al principio estaba un poco dubitativa, pero nos besamos y la cosa se calentó. La puse contra el ventanal que daba a la calle, qué puedo decir, en esas circunstancias yo también soy una persona apasionada... En efecto, entonces su amiga se relajó, y vaya manera de hacerlo,en serio... Creí que los vecinos avisarían a la policía... Como temblaba... Y como me agarraba...
—¿Por qué no volvió a llamarla?
—¿Por qué debería haberlo hecho?
—No sé... Para ella, aquel encuentro representó algo más. Iba a casarse y dejó a su prometido.
—No debería haberlo hecho.
—Es usted un chulo...
—Sí... y por eso le gusto —le acercó la boca y ella lo beso.
—Señor Sencler, espere... mi jefa puede venir en cualquier momento.
—Cierre con llave...
—Ella tiene llaves.
—Llamaría antes de usarlas, ¿no cree?
—Ummm, sí... seguramente.
Ella, embrujada por la “maldición” del detective, cerró la puerta se echó en sus brazos. Al poco gemía empotrada contra su propio escritorio.

—Joooder, Ummmm... Era es así... Ahhhh, ahhhh... Qué maravilla...
Después de un rato afanándose en la chica recordó el por qué estaba allí:
—Señorita Ferfuson...
—Ahhh... ¿Sí...?
—¿No sabrá para que me ha citado su jefa?
—Es por el asunto del collar robado a la viuda del Almirante Morrison—maldición, era la comisaria Parrish, había abierto la puerta en silencio.

—Bufff, madre mía. Sra. Comisaria... Perdono es que yo... El detective me dijo...
—Seguid... Siempre he querido contemplar esa mítica habilidad que tiene el detective y de la que todas las mujeres de comisaría hablan.

—Seguramente lo hayan exagerado, es bastante normal.
—Ufff, ahhhh... Ahhhhh —la secretaria estuvo un rato bufando delante de su jefa, no conseguía reprimir el placer de cada arremetida—. Perdone comisaria... Uffff, esto es un poco violento... ¿Me va a despedir?
—No... señorita Ferfuson, pero ya está bien. Vístase y tómese el resto del día libre, ya me ocupo yo del invitado... Y por favor, vuelva a cerrar con llave al salir.
La secretaria obedeció, y tan pronto se hubo marchado, la comisaria se acercó con determinación al detective, se arrodilló frente a él y le agarró por la polla. Sencler observó con perplejidad como comenzaba a pajearle con fuerza y prefirió no resistirse. En poco tiempo le estaba eyaculando sobre la cara...

—¿Ha terminado?
—Ufff... sí, comisaria...
—Está bien. Esto sólo era un gesto de buena voluntad, tengo que pedirle un favor detective... Bueno se lo tenemos que pedir el departamento de policía de esta ciudad, el alcalde y yo...
Continuará...
Capítulo III: https://www.poringa.net/posts/relatos/6429266/Detective-Sencler-3.html
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