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Un ex amigo me quedó debiendo plata y me cogí a su mujer

Germán, un ex amigo y ex compañero de laburo, me pidió una plata para poder terminar su casa. Con la amistad que teníamos obviamente que accedí, pero con el tiempo empezó a tener comportamientos extraños, algunas promesas de devolución que no llegaron, entre otras actitudes que no me gustaron.

Un día decidí encararlo pero optó por el camino del bardeo, por lo que esa deuda lo iba a cobrar a toda costa.

El destino me iba a poner a Yanina (su mujer) en mi camino, cuando fui a un casino y me la crucé trabajando como funcionaria de limpieza. Me saludó lo más bien y me pasó su número, porque me quería comentar algunas cosas que habían pasado con Germán.

Esa misma madrugada al terminar su turno, me deja un mensaje de WhatsApp que lo ví en la mañana. "Cómo estás? Quiero decirte que Germán anda muy raro, desde que empezó a meterse en quilombos y no para. Me tiene podrida. Que te debe? Me pasa hablando mal de vos cuando se que vos eras como un hermano para él."

Me puse a contarle lo que me debía, además de que saltaron mentiras que la involucraba a ella. Por lo tanto, se enojó. Yo no me iba a quedar de brazos cruzados. Necesitaba cobrar su deuda de alguna manera.

Yanina me dice que lo va a solucionar, pero deja de hablarme por un par de días. Hasta que al día seis me escribe. "Hola, cómo estás? Tengo parte de la deuda que tiene Germán contigo. Como está muy en cualquiera, le dije que tenía horas extras. Te queda bien vernos en tu casa? O donde vos digas". Por ende, la invité a mi casa, tomando los recaudos posibles.

Llega en horas de la noche y aparece Yanina. La saludo y nos quedamos hablando en el comedor de casa. La noté un poco mal, porque Germán estaba comportándose de manera violenta. Que se iba de la casa y volvía a los días. En el desahogo me dijo que no quería volver más con el.

Cómo mi hermana tenía casa en el Centro, le pedí si podía aguantarme su alquiler para que ella estuviera un tiempo ahí. Coordinamos un poco la salida de su situación. Ella no sabía cómo agradecer por el gesto, pero yo tenía que cobrarme algo de Germán.

Le dije que esa plata que me iba a dar, la usara para la mudanza y parte del alquiler. Pero se me ocurrió una idea bastante oscura, pero se la plantee. Ya que ella me decía que estaba celoso y se tuvo que escapar prácticamente, qué tal si me la cojo, para que se entere y sufra un poco?

Al principio no le convenció la idea, pero a medida que fuimos hablando, le gustó la sed de verganza. O venganza, perdón.

Todo comenzó con un beso de lengua de su parte, mientras me tocaba la verga por encima del pantalón. Al principio con desespero pero le pedí que fuera más lento, sino no íbamos a aprovechar la venganza.

Le fui sacando la ropa de a poco mientras nos acercabamos al cuarto, si bien no tenía mal olor, ya se notaba que había empezado a sudar, pero poco me importaba.

Empecé por tirarla en la cama con su enorme culo para arriba, abrir su culo monumental, empezar a chuparle el ano y la concha, que estaba mezclado entre sudor y fluidos. Se ve que le venía gustando la tensión.

En ningún momento dejé de pajearme, por lo que tuve que controlarme para no acabar como un boludo.

Luego de eso, ella comenzó a chuparme la verga, con una fuerza impresionante. Me hacia palpitar el glande, mientras bordeaba con su lengua toda esa parte, además de bajar y subir de manera constante, con la boca bien abierta para que pudiera respirar algo de aire. La cantidad de saliva que tenía en su boca, mezclado con algo de mi leche apresurada, la volvía a tomar para escupir mi pija a lo largo y ancho. Le gustaba metersela en la parte interna del cachete de su boca para hacer presión, mientras hacia eso, yo le daba cachetadas en su mejilla para que sintiera cómo casi se me escapa la pija de su boca.

Empecé a sacar algunas fotos y hacer videos cortos con mi celular, para poder enviarle al cornudo deudor de Germán. No sé podía perder el espectáculo de su señora o ex, hasta ese momento, de comerse una buena pija o disfrutar que le chupen la concha, algo que ni sabía hacer.

Llegó el momento sublime, al darla vuelta boca arriba, empecé a jugar con mi verga en la puerta de su concha, mientras hacía ruido de lo tan empapada que estaba. Empecé a cogerla a pelo, viendo cómo su cuerpo se movía con cada cogida fuerte.

Ver cómo se movían esas tetas y la panza de gordita que tenía, mientras me agarraba de sus caderas, no paraba de gritar de placer. Al punto que pudo hacer algo de squirt. Inolvidable.

Esa concha que comenzó a coger de joven y ahora transitando los 30, tiene una experiencia maravillosa. Esos labios algo caídos pero con el cierre necesario para hacerte acabar en minutos.

Algo que casi si me pasa, lo de acabar rapido, fue cuando se puso a cabalgar arriba de mi pija, pegando saltos que me destrozaban las piernas y la verga. Me la estiraba con sus paredes apretadas como si fuera una boca con una temperatura elevadisima. Ella también iba acabando por lo que sentía todo su calor y líquidos de su fluido chorreaban arriba de mis huevos.

Luego de cabalgar un rato, se bajó de mi verga y me empezó a chupar nuevamente, le pasaba la lengua a mis huevos para también succionar todos sus jugos mezclados con los míos.

Todo ese material (el cual perdí cuando me lo afanaron al celular), se lo iba guardando para enviárselo a Germán. Antes de acabar, decidimos hacer un último paso: enviarle los videos y fotos a Germán.

A medida que iban llegando, empezaron las llamadas desesperadas a mi celular. En ese momento, mientras su celular vibraba, lo usaba como vibrador justamente mientras le metía mis dedos y le chupaba la concha. No tardo ni un minuto en acabar.

Entonces, cuando me estaba masturbando y chupando la pija, abrí la videollamada con él, dejando la cámara en el momento exacto que ella me extraía con su boca, los litros de leche que se acumularon e iban cayendo por sus tetas, su panza y piernas.

La cantidad de puteadas e insultos fueron innumerables. Pero la deuda ya estaba saldada.

Esa noche se quedó en mi casa, sentí que Germán anduvo por el barrio, pero no se animó a golpear la puerta de casa.

Nunca más lo ví, nunca más me llamó y Yani pudo rehacer su vida tranquila. Eso sí, creo que Germán aprendió a no deber nada a más nadie.

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