Capítulo I: El concesionario del embarcadero.
Sencler llegó al concesionario por los pelos y como una exhalación. Gracias a dios que por lo menos la recepcionista seguía allí.
—¿Qué desea? —preguntó la chica haciendo una mueca al escuchar el portazo que daba tras él al intentar cerrar. Iba como elefante en cacharrería.

—Me llamo Templeton Sencler. Soy el tipo del Camaro clásico, venía a recogerlo.
—Espere… —rebuscó entonces en una montonera de papeles que tenía a su derecha—. Sí, es este… Todavía no está. ¿Nadie le dijo que le llamaríamos cuando estuviese arreglado?
—Sí, su compañero, el que está por las mañanas, pero me ha surgido un imprevisto y lo necesito ya… Es importante señorita.
—Pues lo siento…
—¿Cuándo podríais tenerlo?
—Bufff, con estos coches clásicos nunca se puede saber… Suelen requerir de piezas difíciles de encontrar.
—Mi “Chevi” no necesitaba ninguna, sólo había que repararle la lona de la capota, algo de chapa, y hacerle la revisión.
—Por lo que veo, el jefe de taller aún no le ha dado prioridad a su… “Chevi”… —sonrió continuando con la revisión de los papeles.
—¿Y podrían darle esa prioridad? Lo necesito como muy tarde para mañana a última hora.
—Tenemos mucho trabajo atrasado Señor Sencler…
Hacía muchos años que, en semejantes circunstancias, Sencler siempre optaba por la misma resolución, la que nunca le fallaba y a la que siempre terminaba recurriendo… Su “maldición”. Respiró profundamente, tomó asiento y sonrió a la chica.
—No me diga, Señorita Raine —dijo mirando de reojo al cartelito de su mesa —, que usted no puede hacer nada para que el jefe de taller priorice a mi “Chevi”
Ella devolvió la sonrisa… Siempre empezaba así.
—¿Y si le dijera que no?
—No la creería…
—No me diga… ¿Por qué?
—Ese jefe de taller será un hombre, ¿no?
—Ajá…
—Si el mundo funciona tal y como creo, sólo con que ese tipo tenga ojos en la cara…
A ella se le escapó una risilla.
—Seguimos en el mismo punto Señor Sencler… Todavía no sé qué ganaría yo.
—¿Dinero?
—¿De cuánto hablamos?
—¿Cincuenta…? Cien…
—Jajaja… Déjelo… No quiero que me despidan por corrupta.
—Puedo gastarme esa pasta invitándola a cenar…
—Me gusta un restaurante que hay en el puerto, pero le costaría el doble ¿Mañana a esta hora?
—Tengo un asunto importante que atender, recuerda… De ahí lo de la urgencia con mi coche. Si lo tuviera a punto la llevaría para allá ahora mismo, esta noche no tengo planes.
—Anda… pues yo tampoco… Es un buen plan, me gusta, loco e inesperado…Vayamos.
—¿Tiene coche?
—No, tengo algo mejor.
Terminó de echar el cierre al concesionario y condujo a Sencler, por la parte de atrás, a un pequeño embarcadero que había, contiguo.
—¿Le gusta mi barquito…?
—Sí… ¿Sabe conducirlo?
—Jajaja… Los barcos se navegan Señor Secler, no se conducen…
—Por favor, tutéame, me llamo Templeton, Tempie para los amigos…
—Está bien Tempie, yo me llamo Bree…
Subieron a bordo y, después de enseñárselo fueron a popa… Ella se acomodó en los asientos de allí…

—¿No te pones cómodo? Tenemos que hacer tiempo, el restaurante no abre hasta las nueve —ella se había descalzado y abría un poco las piernas.
—Sí claro —al verle las bragas supo lo que iba a ocurrir abordo de aquel barco. Ella se le abalanzó y se besaron.
—Eres guapo, cabrón… Ummm, el tipo más guapo que he visto en mi vida.
—A mí no me lo parece cuando me miro por las mañanas al espejo… Yo prefiero una tía buena y tetona como tú…
—Adulador… Qué cachonda me estás poniendo… Vamos a ver que escondes ahí abajo…

»No se puede decir que yo no te atraiga, ¿eh?… Se te ha puesto super dura… Ummmpf —se metió la polla de Sencler en la boca— ¿Te gusta así?
—Lo haces muy bien, encanto…
—Se nota que no es la primera vez que lo hago, ¿eh?
—No quería ser yo quien lo dijera…
—Ummmpf… Ummmpf…
—Oye… Con respecto a mi coche…
— Ummmpf… Dime…
—¿Crees que mañana…?
—Dependiendo de cómo te portes… —entonces la chica se dio la vuelta y le amenazó con su contorneado culo. Sencler lo envistió sabiendo que jamás hubiera podido hacer otra cosa que no fuera eso.

Follaron y, poco antes de las nueve, Sencler se corrió en la cara de la recepcionista. Ella, después de limpiarse, gobernó el barco hasta el muelle del restaurante y allí puntualmente, cenaron en una velada de lo más divertida y atípica. Cuando le preguntó, ella dijo haber quedado muy satisfecha y que diera por hecho lo del arreglo de su Chevrolett Camaro al día siguiente.
Continuará…
Sencler llegó al concesionario por los pelos y como una exhalación. Gracias a dios que por lo menos la recepcionista seguía allí.
—¿Qué desea? —preguntó la chica haciendo una mueca al escuchar el portazo que daba tras él al intentar cerrar. Iba como elefante en cacharrería.

—Me llamo Templeton Sencler. Soy el tipo del Camaro clásico, venía a recogerlo.
—Espere… —rebuscó entonces en una montonera de papeles que tenía a su derecha—. Sí, es este… Todavía no está. ¿Nadie le dijo que le llamaríamos cuando estuviese arreglado?
—Sí, su compañero, el que está por las mañanas, pero me ha surgido un imprevisto y lo necesito ya… Es importante señorita.
—Pues lo siento…
—¿Cuándo podríais tenerlo?
—Bufff, con estos coches clásicos nunca se puede saber… Suelen requerir de piezas difíciles de encontrar.
—Mi “Chevi” no necesitaba ninguna, sólo había que repararle la lona de la capota, algo de chapa, y hacerle la revisión.
—Por lo que veo, el jefe de taller aún no le ha dado prioridad a su… “Chevi”… —sonrió continuando con la revisión de los papeles.
—¿Y podrían darle esa prioridad? Lo necesito como muy tarde para mañana a última hora.
—Tenemos mucho trabajo atrasado Señor Sencler…
Hacía muchos años que, en semejantes circunstancias, Sencler siempre optaba por la misma resolución, la que nunca le fallaba y a la que siempre terminaba recurriendo… Su “maldición”. Respiró profundamente, tomó asiento y sonrió a la chica.
—No me diga, Señorita Raine —dijo mirando de reojo al cartelito de su mesa —, que usted no puede hacer nada para que el jefe de taller priorice a mi “Chevi”
Ella devolvió la sonrisa… Siempre empezaba así.
—¿Y si le dijera que no?
—No la creería…
—No me diga… ¿Por qué?
—Ese jefe de taller será un hombre, ¿no?
—Ajá…
—Si el mundo funciona tal y como creo, sólo con que ese tipo tenga ojos en la cara…
A ella se le escapó una risilla.
—Seguimos en el mismo punto Señor Sencler… Todavía no sé qué ganaría yo.
—¿Dinero?
—¿De cuánto hablamos?
—¿Cincuenta…? Cien…
—Jajaja… Déjelo… No quiero que me despidan por corrupta.
—Puedo gastarme esa pasta invitándola a cenar…
—Me gusta un restaurante que hay en el puerto, pero le costaría el doble ¿Mañana a esta hora?
—Tengo un asunto importante que atender, recuerda… De ahí lo de la urgencia con mi coche. Si lo tuviera a punto la llevaría para allá ahora mismo, esta noche no tengo planes.
—Anda… pues yo tampoco… Es un buen plan, me gusta, loco e inesperado…Vayamos.
—¿Tiene coche?
—No, tengo algo mejor.
Terminó de echar el cierre al concesionario y condujo a Sencler, por la parte de atrás, a un pequeño embarcadero que había, contiguo.
—¿Le gusta mi barquito…?
—Sí… ¿Sabe conducirlo?
—Jajaja… Los barcos se navegan Señor Secler, no se conducen…
—Por favor, tutéame, me llamo Templeton, Tempie para los amigos…
—Está bien Tempie, yo me llamo Bree…
Subieron a bordo y, después de enseñárselo fueron a popa… Ella se acomodó en los asientos de allí…

—¿No te pones cómodo? Tenemos que hacer tiempo, el restaurante no abre hasta las nueve —ella se había descalzado y abría un poco las piernas.
—Sí claro —al verle las bragas supo lo que iba a ocurrir abordo de aquel barco. Ella se le abalanzó y se besaron.
—Eres guapo, cabrón… Ummm, el tipo más guapo que he visto en mi vida.
—A mí no me lo parece cuando me miro por las mañanas al espejo… Yo prefiero una tía buena y tetona como tú…
—Adulador… Qué cachonda me estás poniendo… Vamos a ver que escondes ahí abajo…

»No se puede decir que yo no te atraiga, ¿eh?… Se te ha puesto super dura… Ummmpf —se metió la polla de Sencler en la boca— ¿Te gusta así?
—Lo haces muy bien, encanto…
—Se nota que no es la primera vez que lo hago, ¿eh?
—No quería ser yo quien lo dijera…
—Ummmpf… Ummmpf…
—Oye… Con respecto a mi coche…
— Ummmpf… Dime…
—¿Crees que mañana…?
—Dependiendo de cómo te portes… —entonces la chica se dio la vuelta y le amenazó con su contorneado culo. Sencler lo envistió sabiendo que jamás hubiera podido hacer otra cosa que no fuera eso.

Follaron y, poco antes de las nueve, Sencler se corrió en la cara de la recepcionista. Ella, después de limpiarse, gobernó el barco hasta el muelle del restaurante y allí puntualmente, cenaron en una velada de lo más divertida y atípica. Cuando le preguntó, ella dijo haber quedado muy satisfecha y que diera por hecho lo del arreglo de su Chevrolett Camaro al día siguiente.
Continuará…
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